Promesas, promesas...

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lunes, 27 de enero de 2014

Escalofríos

Está tú sentada, tan tranquila, tomándote una taza de caldito y dándote una vuelta por los periódicos digitales para ver qué se cuece por el mundo. Que si el referéndum catalán, que si la sanidad madrileña, que si a Dukan lo han expulsado del colegio de médicos. Tienes tu opinión sobre todo eso, claro, pero lo miras con cierta distancia: a través de la gruesa pared de metacrilato que te han enseñado a poner entre la realidad y tu mente.

Entonces lees que el gobierno cree que la reforma del aborto va a ser buena para la economía, y te vuelven a la cabeza los datos que has almacenado desde el sábado fatídico en que la ley acaparó los titulares. La necesidad de dos informes de psiquiatras, los días de reflexión, las nuevas normas en caso de malformación grave.

De nuevo, haces tus planes. Porque nunca se sabe, porque ningún método te ofrece un 100% de seguridad y porque si de algo estás tú segura es de que no quieres ser madre. Tienes tus razones, claro que sí, pero más importante que ellas es la certeza brutal que te corroe los huesos: respetas a quien lo elija, pero no quieres eso para ti, no quieres esa vida, no la quieres. Piensas que a ti no te sería difícil conseguir los informes psiquiátricos, que por algo trabajas en Salud Mental, pero luego te dices que al carajo; con tal de no aguantar la humillación de que otro decida por ti, mejor te miras un vuelo con Ryanair y te vas a Londres, como viste una vez en un capítulo de Cuéntame.

Y aun así, aunque sabes que lo tienes todo a tu favor y que, en cualquier caso, vas a gastar en condones lo que haga falta, y que muy mala suerte tendrías que tener para verte en esas, la sensación es distinta de la que te produce el resto de las noticias. Porque la ley del aborto te da miedo. Se te mete en el estómago como una presencia intrusa y cruel. La ley del aborto tiene que ver contigo, con tus entrañas, con tu futuro y con tu vida.

Te da escalofríos pensar en los niños que puedan salir de esa ley, porque recuerdas a tus pacientitos diminutos y cómo se te parte el corazón cuando intuyes que no son bienvenidos en su casa. Te da escalofríos pensar en las madres y padres que puedan salir de esa ley, en las depresiones posparto y las psicosis puerperales. Te da escalofríos pensar en los problemas de pareja, las peleas a gritos y las custodias compartidas.

Pero, sobre todo, te da escalofríos ponerte en la piel de la que no pueda conseguir los informes o pagarse el vuelo a donde sea. Porque tú, con toda tu suerte y todas las probabilidades a tu favor, no quieres ni imaginarte hasta dónde llegarías para evitar que pasara.

jueves, 26 de diciembre de 2013

Balance del año

Ya está aquí, ya llegó: el meme de todos los años que a mí me gusta escribir y no tengo claro que a vosotros os guste leer. Pero qué queréis que os diga. Es mi blog, y etcétera etcétera. Por si alguien tiene curiosidad, aquí está el del año pasado y aquí el del anterior

1. ¿Qué hiciste en 2012. que nunca habías hecho antes?
Ir a Estados Unidos. Plancharme el pelo. Hacer vías de largos y algo de escalada clásica. Tener consultas vía Skype y vía mail. Escribir una novela en un mes.

2. ¿Mantuviste tus resoluciones de Año Nuevo, y harás nuevas?
Bah. Qué va. Si me propuse algo, no me acuerdo. Ya he comentado en varias ocasiones que yo me hago resoluciones casi cada día. Lo de fin de año me parece de cobardes.

3. ¿Se casó alguien cercano a ti?
 El MIR. Y fuimos Pablito y yo así de guapos



4. ¿Nació alguien cercano a ti?
No está cerca en espacio, pero sí en el corazón: el niño de Batalecotal. Que, además, nació el mismo día que mi novela.

5. ¿Murió alguien cercano a ti?
Una buena amiga de mi madre y dos pacientes. 

6. ¿Qué países visitaste?
Estados Unidos y Marruecos, ambos para escalar. Estoy on fire.

7. ¿Qué te gustaría tener en 2014 que no has tenido en 2013?
Preocupante la celeridad con la que el universo me concede lo que pongo en este apartado. ¿Furgo para 2012? Pues furgo. ¿Maromo definitivo para 2013? Ahí lo tengo, sentado frente a mí. Así que he de tener cuidado con lo que escribo.

Me gustaría ser capaz de ganarme (medio bien) la vida cuando termine el PIR, sin necesidad de recurrir a la prostitución o el tráfico de drogas. Eso supone a) que me vaya bien Psicosupervivencia y me salgan unos cuantos clientes vía mail/Skype y b) que mi novela, una vez editada y corregida, se convierta en un best seller mundial, tipo Sombras de Grey pero con más calidad y (lo siento) menos sexo.

8. ¿Qué fechas de este año permanecerán en tu memoria?
El 8 de mayo: el día que el elefante entró en la habitación. O, bueno, el día que Pablo entró en la cafetería en la que habíamos quedado y empezó a iluminar mi mundo con sus ojazos azules.

9. ¿Cuál es tu mayor logro del año?
Encontrar el amor. Tuve que ir hasta Utah, ¡¡Utah!! 
Poner en funcionamiento mi fantabuloso blog de psicología, Psicosupervivencia, y tener ya casi 80 entradas publicadas y un número bastante decente de seguidores (726 víctimas a día de hoy. No nos mires, únete).

10. ¿Cuál ha sido tu mayor fracaso?
Creo que fui un fracaso como madrileña. No sirvo. Tampoco me importa.

11. ¿Has sufrido una enfermedad o herida?
Me hice un esguince de tobillo en febrero. Mi inconstancia rehabilitadora hace que aún me siga dando la lata. Por lo demás, todo bien. Además, el Acné del Averno ha desaparecido gracias a mi quinta tanda de Roacután. A ver cuánto me dura.

12. ¿Qué ha sido lo mejor que has comprado?
Un billete de avión a Denver, Colorado.
Y a pesar de lo que pudiera decir en el pasado... Me encanta mi iPad. Es tan prescindible como disfrutable.

13. ¿El comportamiento de quién merece celebración?

El de mi Pablo, por supuesto. Me cuida de una forma vergonzosa para una adulta. Por ejemplo: cuando me meto en la cama por la noche y se me ha olvidado TODO (la bolsa caliente de cereales, el móvil para poner la alarma, la botella de agua) pero, al contacto con el nórdico, me quedo inválida, como Frida Khalo, y le pido a gritos que me traiga mi kit de dormir. Me mima, me entiende, me respeta, me asegura cuando escalo, conduce cuando estoy cansada, se deja querer, se esfuerza por ser mejor. Además, trabaja como una mula, escala como un titán, corre, lee, escribe y, en general, hace que cada día me asombre de tener al lado a alguien como él.

También celebro el comportamiento de los lectores que hicieron de Madrid un lugar menos solitario (Laura, Carmen, Marta, Babette), el de Álex cuando me llevó a urgencias con el tobillo hecho polvo y me entretuvo para que no llorara, el de Pablo y Jenna con su hospitalidad en Boulder, el de los otros hosts de Couchsurfing que me cuidaron y alojaron en EEUU, el de mis compañeros de salud mental que hacen lo que pueden por aliviar el sufrimiento ajeno, el de mis pacientes bravos que luchan contra los problemas y buscan soluciones y... bueno, algo se me olvida, seguro, pero estáis todos en mi corazoncito.

14. ¿La actitud de quién te ha hecho sentir deprimido u horrorizado?
Todos los años me niego a contestar esta pregunta, y voy a seguir la tradición.

15. ¿Dónde ha ido la mayor parte de tu dinero?
A cafés en Madrid y cafés en general. Por otra parte, mi presupuesto en comida y mi paleo-obsesión han bajado un poco.
A libros. Tengo un problema serio con eso.
A EEUU. Qué ruina.

16. ¿Qué te ha hecho mucha ilusión?
Visitar Estados Unidos, alias La Dimensión Desconocida. Encontrar el amor: no ha defraudado para nada mis expectativas. Irme a vivir con Pablo. Mejorar en mi escalada con lentitud, pero con seguridad.

17. ¿Qué canción te recordará siempre el 2013?
Ho Hey, de los Lumineers. Oída por primera vez en Denver, en el coche de Jeremy, y reescuchada unos seiscientos millones de veces desde entonces.

18. Comparando con hace un año, estás: 
i. ¿Más contenta o más triste? Más contenta. Mucho mas contenta. Exponencialmente más contenta.

ii. ¿Más delgada o más gorda? Más delgada. El amor me alimenta, así que he perdido casi seis kilos desde mayo; esta mañana estaba en un sorprendente 49.4. No pesaba eso desde que era vegetariana y mi cuerpo se comía a sí mismo.

iii. ¿Más rica o más pobre? Más o menos igual: al borde de la indigencia. Vivir en Madrid y el viaje a EEUU destrozó mi bolsillo. Pero contenta. Y mucho.

19. ¿Qué te gustaría haber hecho más?
Meditar. Uf. Y entrenar, que la segunda mitad del año ha estado llena de perezón.

20. ¿Qué te gustaría haber hecho menos?
Ir en metro. Perder el tiempo en el curro por razones ajenas a mi voluntad.

21. ¿Cómo pasarás la Navidad?
Ya hemos liquidado la parte familiar, y ahora Pablo y yo nos vamos una semana a escalar a Margalef, en Tarragona. ¡Yuhu!

22. ¿Te has enamorado en el 2011?
Por favor. Enamorarse es un eufemismo. Yo he entrado en un estado de conexión espiritual con mi auténtica alma gemela, mi compañero de la vida, mi gemelo astral cósmico. Yo he alcanzado otro escalón en la conciencia humana. Yo he entendido el significado de las canciones de amor y he recuperado la fe en el género humano.
Vamos, que sí, que me he enamorado.

23. ¿Cuántos rollos de una noche?
Uno. Si todo va bien, el último.

24. ¿Tu programa de televisión favorito?

Anatomía de Grey permanece. También contribuye que tenga CERO competencia.

25. ¿Odias a alguien a quien no odiaras a estas alturas del año pasado?

Yo no odio. Yo soy amor. Pero a veces se destapan en mí profundos pozos de rencor que desconocía por gente a la que fingía apreciar. Tengo un par de pozos malolientes en funcionamiento ahora mismo, pero espero depurarlos pronto.

26. ¿El mejor libro que has leído?
Sin ningún género de dudas, El Arte de la Defensa, de Chad Harbach.

27. ¿Cuál ha sido tu mayor descubrimiento musical?

Los Lumineers. Obvio.

28. ¿Qué querías y conseguiste?
Un novio.

29. ¿Cuál es tu mejor recuerdo de 2011?
El viaje a EEUU. Conocer a Pablo en Utah y cada uno de los cientos de momentos maravillosos que hemos compartido desde entonces. El mes de noviembre escribiendo la novela.

30. ¿Tu película favorita del año?
Sé que suena fatal, pero vimos "The Hunger Games" ayer y me gustó mucho. Ya he dicho alguna vez que veo pocas pelis.

31. ¿Qué hiciste en tu cumpleaños y cuántos cumpliste?
Cumplí 28. Estaba escalando con Pablo en Idaho. Me enmarroné en una vía rarísima y tuvimos que dejar una cinta colgando hasta el día siguiente. Se nos hizo tarde y sólo conseguimos para cenar una ensalada muy cutre y unos dulces chungos de peanut butter. Lo comimos bajo las estrellas con los frontales puestos, y Pablo me pidió perdón por no haber conseguido una cena mejor. Yo le dije que apagara el frontal, miramos las estrellas y le dije que no había una cena mejor que esa. Después (censura, censura) y dormimos abrazaditos en la tienda North Face.

Best Birthday Ever.

32. ¿Qué es lo que hubiera hecho tu año mucho más satisfactorio?
Quizá que las rotaciones de Madrid hubieran sido un poco más satisfactorias. Pero es quejarse de vicio.

33. Describe tu concepto de la moda en 2011.
Vaqueros. Leotardos bajo los pantalones durante el invierno en Madrid. Más vaqueros. Mis pantalones térmicos color lila que Pablo está empezando a apreciar a fuerza de mera exposición.

34. ¿Qué te ha hecho permanecer cuerda?
En Madrid, los pequeños momentos de presente y soledad, entrenar en el roco e importar a un argentino para que me diera mimos. En Cádiz estoy bastante cuerda, pero el sonido del mar en el salón ayuda mucho.

36. ¿Qué tema político te ha inquietado más?
La nueva ley del aborto. Me parece una locura retrógrada e insultante. Ligadura de trompas YA.

37. ¿A quién has echado de menos?
A la PK, que está en la India. A Elsa, que está en Brasil. A Aran, que está en Málaga. A mucha más gente, porque cada vez me voy de más sitios.

38. ¿Quién es la mejor persona a la que has conocido?
Es que sé que me repito, pero es la pura verdad: mi Pablo.

39. Dinos una lección valiosa que has aprendido en 2013.
Que lo importante para encontrar el amor es estar preparado, no perder la esperanza y apostarlo todo una vez que lo ves claro.

40. ¿Dirías que el 2013 ha sido un buen año a pesar de todo?
Empezó regular, pero a partir de abril se ha puesto estupendo. Yo sé que todo el mundo va por ahí quejándose de 2013, pero yo no me puedo quejar. Conocer a Pablo ha sido, con diferencia, LO MEJOR que me ha pasado en la vida. Con diferencia. Un año con él no puede ser otra cosa que un año maravilloso, fabuloso, el mejor de mi vida. Estoy agradecida a ese número supuestamente tan feo. Para mí, siempre será el más hermoso.


Qué cosssssa

¡Feliz año nuevo, guapetes!

martes, 17 de diciembre de 2013

Vivir con Pablo

Vivir con Pablo es...

... irme a dormir con frío porque él no está y morirme de calor en cuanto entra en la cama.

... despertarme cuando él se acuesta, mantener conversaciones absurdas en el límite de la conciencia y arruinar mis ciclos del sueño para toda la noche.

... no poder salir de la cama por la mañana porque me atrapa con llaves poderosas y me dice: "¿pero dónde te creés que vas? Vos tenés que estar conmigo. Decíselo a tu jefe".

... preguntar qué significan dos de cada tres palabras que pronuncia, y asombrarme con la capacidad argentina para encontrarles sinónimos a los genitales y todo lo relacionado con ellos (por ejemplo, ¿quién adivinaría lo que quiere decir "acogotarse el pollo"?).

... no poder entrar en la cocina porque está invadida por frutas, verduras, germinados, cartones de leche de soja, la licuadora, la batidora y miles de botellas de agua mineral.

... tener ganas de ofrecerle palomitas y/o un babero cada vez que me quito (inocentemente) la ropa para ponerme el pijama.

... ver interrumpida la escritura por sesiones urgentes de mimo-time (os contará que yo le interrumpo más veces a él. Miente)

... recibir ofrecimientos generosos para ayudarme a sostener mi propio culo.

... tener un apoyo incondicional para comer chocolate, dormir siestas y autoproclamarme Emperatriz del Mundo.

... comer respondiendo las larguísimas encuestas sobre mí, mi pasado y mi futuro que se inventa sobre la marcha porque "gorda, yo quiero saberlo TODO de vos".

... estar lista para irme a dormir y no tener más remedio que sentarme con él a ver vídeos de escalada, porque no para de repetir "HOLY SHIT!" mientras mira a Ondra encadenar "La Dura Dura".

... sumar a mi desorden su desorden, multiplicarlo por dos y vivir en ello.

... ir siempre tarde al trabajo porque no me puedo resistir a esconderle notitas en el ordenador para que las encuentre cuando se despierte.

... haber tenido que aceptar por fin que quizá, pero sólo quizá, mi maravillosa bata de felpa morada para estar por casa no es la indumentaria más sexy del mundo.

... tener a alguien celoso de mi bolsa caliente de cereales.

... no poder mirar a Jackson Avery en Anatomía de Grey sin que él desee su muerte.

... proponernos ver pelis todos los fines de semana sin asumir que la escalada no nos deja tiempo para nada más.

... perder la objetividad sobre lo que escribo, porque para él es todo MARAVISHOSO y ME ENCANTÓ.

... ver la cara que pone mirando un vídeo de comer pulpos vivos, y luego aguantar que me diga que si yo sabía que no era bueno para él, ¿¿¿por qué le he dejado hacerlo???

... ser incapaz de entender cómo alguien puede pronunciar tan mal la palabra quillo [ki-i-i-o].


Vivir con Pablo es como si todos los días fueran la mañana de reyes.

Vivir con Pablo es como vivir a la vez con tu mejor amigo, con la Wikipedia y con un argentino ultra-sexy que quiere irse a la cama contigo.

Vivir con Pablo es lo mejor que me ha pasado en la vida.

Pablo incitándome a dormir la siesta para abusar de mí


[La idea me la dio este post de Lorz]

viernes, 29 de noviembre de 2013

Reflexiones tras ganar el NaNoWriMo

Acabo de validar mi protonovela en la página web de NaNoWriMo. Acto seguido, he buscado en Youtube la canción "Lo hicimos - We did it!" De Dora Exploradora y me he dedicado un pequeño baile de la victoria.

¿Un mes para eso? ¿En serio?

Sobre la novela.

Como ya dije, creo que es un primer borrador bastante decente. Las últimas escenas no están escritas, sólo bocetadas, pero como el argumento está cerrado y he pasado de sobra las 50000 palabras, me voy a considerar ganadora. Ahora queda parar unos días, asimilar la resaca y decidir qué hago ahora con todas esas palabras.

(¿Qué hago con todas estas palabras? He ahí la historia de mi vida)

¿Primeras conclusiones?

Escribir una novela en un mes no es tan difícil. Lo difícil es pensar una novela en un mes. Si tienes un buen hábito de escritura y sabes lo que va a ocurrir en cada escena, tipografiar cincuenta mil palabras en un mes te requerirá menos de dos horas al día. No es para tanto.

Insisto: el problema es pensar. Ha sido averiguar qué iba a pasar con mis personajes queridos lo que me ha costado verdadero trabajo. Además, cada decisión iba acompañada por dudas existenciales sobre si eso era realmente lo que debía pasar o si estaba pensando idioteces bajo presión.

A pesar de eso, surgen cosas. Tú piensas que estás tomando decisiones al azar y después, cuando relees lo que has escrito, te das cuenta de que has alcanzado un sentido más profundo. El escritor sabe más de lo que piensa sobre su obra, decía mi primer profesor de escritura. Eliges nombres, ciudades, personajes y situaciones y, de repente, entiendes las cosas como cuando un paciente te cuenta algo de su pasado y tú atas cabos y dices: "ahora sí".

Me espera un trabajo arduo de reescritura, edición y post-producción. No creo que tarde menos de un año en completar algo decente que pueda vender para empezar mi camino al bestsellerismo. Sin embargo, estoy segura de que voy a seguir trabajando en esta novela. Y cuando ese duro año termine, la Marina del futuro tendrá, atentos, Una Novela Escrita.

Cuando terminé de escribir lo que ya sabía de la novela aproximadamente una semana después de empezar, me pregunté "¿y ahora qué carajo hago?". Como un depredador del conocimiento, leí cuatro libros seguidos acerca de construir argumentos para novelas. En realidad, los libros estaban más dirigidos a autores de fantasía o de ficción comercial facilona, pero muchas de las instrucciones me sirvieron. Construye los personajes, crea conflicto, aclara motivaciones y metas. Utilicé algo de eso y también algo de "esto se me acaba de ocurrir y lo voy a meter, porque yo lo valgo", y poco a poco construí algo parecido a una trama.

Así he descubierto que yo también puedo imaginarme cosas. Antes pensaba que los argumentos se entregan enteros y perfectos a los autores, como las Tablas de la Ley a Moisés, y que a mí nadie me había dado esa imaginación y, por tanto, estaba condenada al ostracismo literario. Ahora me he dado cuenta de que los argumentos se construyen poco a poco, con mucho sudor, muchas lágrimas, mucha asociación libre y mucha sensación de "esto que estoy escribiendo es una gilipollez como un piano". Pero se construyen. Mi historia será buena, mala o regular pero Es Una Historia.

Descubrir que puedo contar historias largas o, lo que es lo mismo: descubrir que puedo escribir una novela si me lo propongo, es como descubrir que soy capaz de volar.

Por último, me he dado cuenta de una cosa:

Yo siempre he querido escribir. Además, yo siempre he querido escribir novelas Me gusta el blog. Me gusta Psicosupervivencia. Me gustan los ensayos y los cuentos. Pero lo que lleva salvándome la vida desde pequeña, lo que siempre ha marcado la diferencia entre un buen día y un día de mierda, son las novelas. Ese me parece mi destino más digno. Eso es lo que querría hacer toda mi vida si sólo me dieran una opción.

(Lo que es un tema, claro está, porque soy psicóloga)

Tampoco se trata de pensar en blanco y negro. No son profesiones incompatibles. Pero creo que debo empezar a tratar la ficción como mi prioridad. Yo sé que cambio a menudo de opinión, como un pobre barquito a merced de los elementos y que, de hecho, hace unos meses anuncié que dejaba este blog para dedicarme de lleno a Psicosupervivencia. Pero la pura verdad es que desde que no escribo aquí y, en general, desde que no escribo nada que no tenga que ver con la psicología, se me ha secado el alma.

Esa ha sido la otra cosa importante que he recuperado con el NaNoWriMo: la alegría de escribir. De repente, mi trabajo y toda la desmotivación que sentía sobre él, la sensación de pérdida, la tristeza y el cansancio se han desvanecido. Me sentía contenta porque estaba escribiendo otra vez. He pasado bastantes horas delante del ordenador, con la mirada perdida y sin saber qué carajo poner en el siguiente capítulo. También he tenido momentos de odiar mi historia, a los personajes y a los concursos de Internet. Pero ha habido momentos grandiosos, divertidos, en los que miraba a la pantalla y pensaba, como Truman Capote, que soy tan buena que no puedo ni respirar.

(Ninguno de los dos extremos es cierto. No soy una basura. Tampoco soy Truman Capote, obvio)

Resumiendo...

Me ha gustado mucho ganar el NaNoWriMo. Ha sido fuckin' divertidísimo. Me ha sacado a patadas de mi zona de confort. He aprendido cosas nuevas. Estaba vacía y me he llenado de nuevo. De palabras, de significados y de la magia insana de inventar un mundo que es sólo tuyo y al que únicamente tú tienes acceso. Es un vicio. Mi vocación es esa. Yo quiero contar historias y es lo que he querido siempre. No sé en qué se traduce eso en términos de realidad, o de cambios conductuales a corto plazo, pero tampoco creo que eso sea lo más importante. Lo más importante es ese conocimiento íntimo, que se queda conmigo ahora y para siempre, pase lo que pase.

En Estados Unidos conocí a un chico que llevaba la pequeña pieza metálica de un fisurero colgada del cuello. Me gustó el adorno y le pregunté qué quería decir para él. "Esto se queda conmigo - explicó -. Es mi forma de recordar que, pase lo que pase, siempre seré un escalador. Aunque no volviese a escalar una pared en mi vida. Soy un escalador, y eso no va a cambiar". De la misma forma, aunque no vuelva a escribir una palabra en mi vida, soy una escritora. Eso no va a cambiar. Lo sabía antes del NaNo, pero, ¿qué puedo decir? Ojalá los humanos pudiéramos aprender las lecciones de la vida una sola vez.

A todas aquellas almas benévolas que se han apuntado a la lista de correo: no habéis recibido nada porque aún no he mandado nada. Dije que sólo información relevante y nada de spam. Todo llegará.

Se os quiere, siempre.

martes, 26 de noviembre de 2013

Siete mil palabras

Eso es lo que me queda para terminar el NaNoWriMo, oh, ciruelos y ciruelas. Parece que quizá este año, por fin, llegue al final de esta aventura de otoño.

Ya haré una reflexión profunda sobre escribir una novela en treinta días, pero he de admitir que la experiencia es, cómo decirlo... desigual. Hoy estás en la cima del mundo y mañana te quieres tirar a la basura. La web tiene un foro donde las nanovíctimas se consuelan unas a otras; uno de los subforos se llama "NaNoWriMo ate my soul" (NaNoWriMo se comió mi alma), y en él la gente se queja de lo hartos que están de escribir. Hace unos días, alguien comenzó un hilo titulado "My novel is so bad", en el que había que terminar la frase con cómo de mala crees que es tu novela. Había algunos muy buenos, como "mi novela es tan mala que una editorial para autopublicación la ha rechazado", o "mi novela es tan mala que el gato caminando por el teclado, de hecho, la mejoró".

Hoy yo tenía uno de esos días de querer tener un gato para que caminara por el teclado. Me parecía todo de lo más unidimensional. Estaba asqueada de los personajes, de mi estúpida historia, de los agujeros enormes que deja en tu argumento escribir a este ritmo y, en fin, de no escribir nada importante ni sesudo que legar a la Humanidad. Así que he decidido leer todo lo que llevaba escrito hasta ahora, y de paso ajustar el recuento de palabras. He tardado tres horas, y al final de esas tres horas puedo decir sin pudor que MI NOVELA MOLA.

Ya lo he dicho. Para haberlo escrito en menos de un mes, está muy bien. Es una novela que yo querría leer si la hubiera escrito otra persona. Sigue teniendo agujeros de tipo tunel de tren en la trama, y algunas frases escritas con prisa me dan ganas de sacarme los ojos pero, en general, no es un primer borrador del que avergonzarse. Para nada.

Además de cierto orgullo, otra emoción me ha inundado a medida que leía del tirón toda mi sarta de despropósitos. No sé bien cómo definirla. Estaba entusiasma, o conmovida, o una mezcla de ambos. Me acordaba de un post que leí el otro día en el foro. En él, Adhara mencionaba este post y hablaba de cómo cada vez que abandonas una idea por pensar que todavía no está lo suficiente madura o que no es lo suficientemente seria, Dios mata a una novela. Y es verdad.

Sé que en unos días, cuando se me pasen la Dignidad y el Entusiasmo que sentía hoy al releer lo que he escrito, volverá la Vergüenza. Y la Vergüenza me dirá que nadie en su sano juicio escribiría algo tan intrascendente y trivialmente contemporáneo como lo que he escrito hoy. Cuando la pura verdad es que sólo ahora puedo escribir de lo que escribo ahora. Sólo si supero esa Vergüenza y escribo de lo que quiero escribir ahora, verán la luz mis pobres personajes, esas criaturas tiernas y perdidas que tienen una historia que contar. Quizá no sea la historia con más trascendencia del mundo, pero es la suya, y a ellos les importa. A mí también.

Para los que tienen curiosidad: en la novela hay blogs, y viajes, y ciudades, y amor. Hay diálogos campechanos y párrafos no muy largos, para que nadie se agote. No hay nada experimental ni innovador, del tipo no utilizar la letra E. Hay referencias a mi culturilla cutre de chica despistada. No hay sesudas reflexiones filosóficas. Hay sexo. Hay trucos sucios para enganchar vuestro interés. Hay neologismos absurdos, chistes malos y siglas. Muchas siglas.

Mi novela es lo más.

Me quedan siete mil palabras y (lo más difícil) todo un arco argumental que cerrar antes de declararme oficialmente ganadora. Yes, baby. Después os contaré cuáles son mis planes para su (auto)publicación y distribución. Si pasas por aquí, querido lector, y no puedes soportar la idea de no ser el primero en enterarte el día que la publique, por favor: apúntate a la lista de correo hecha para la ocasión. Soy demasiado vaga como para spamearte.

Emocionada me hallo.

Besos para todos.

sábado, 9 de noviembre de 2013

NaNoWriMo 2013

Estoy sentada en mi salón con el culo entumecido. Cada vez que hable de mi salón, por cierto, tenéis que imaginar las olas del mar sonando suavemente de fondo. Yo pensaba que me gustaba el sonido del silencio, pero todavía no sabía lo que es tener el mar encendido todo el día.

Pablito está aterrizando en Filadelfia ahora mismo, y yo le echo de menos tanto que estoy escribiendo una novela para distraerme. Viva y bravo por mí. En efecto: este año he vuelto a apuntarme al NaNoWriMo. Pero esta vez tengo fe. Llevo 12503 palabras, y teniendo en cuenta que empecé el día cuatro, no voy demasiado retrasada sobre el horario previsto. Estoy participando en los foros, he donado veinticinco dólares y he comprado el libro del jipi que empezó toda la movida hace algunos años. Cien por cien compromiso y automecanismos psicológicos para evitar el abandono.

¿Qué puedo decir sobre la novela? Ahora mismo es un engendro y no tiene ningún tipo de sentido, pero le tengo fe. Al menos, tengo fe en el proceso. SÉ que este año voy a terminar, aunque no sé si el resultado será digno de ser publicado. Iré actualizando. Por cierto: recuerdo que creé una lista de correo para dar información sobre mi posible futuro libro con artículos del blog, y asumo que los que querían saber de ese libro, también querrán saber de la novela. Los que se apuntaron y aún no han recibido NADA, sencillamente porque no he escrito NADA digno de ser publicado, os pueden asegurar que es una lista 100% spam-free. En algún momento escribiré un libro de algo, así que si te interesa recibir información cuando eso suceda, tú también puedes apuntarte aquí.

Hoy he escrito unas siete mil palabras además de estas, así que me temo que lo voy a dejar. La buena noticia es que quizá la ausencia y lejanía de mi Pablo (oh, dolor y destrucción) me dejen el cerebro libre para actualizar con más frecuencia.

Os quiero, ciruelos y ciruelas.

jueves, 31 de octubre de 2013

Por qué no escribo

¿Dónde está Marina? Esa pregunta recorre sin parar la blogosfera circula por las cabezas de los tres lectores que me quedan. En este blog hay un silencio casi absoluto. Psicosupervivencia avanza a trancas y barrancas. La gente que me conoce sabe que no me he muerto. Y se preguntan: ¿dónde está esta chica? Se le llenaba la boca con la escritura y lo importante que era para ella su blog. ¿En serio nos ha abandonado por su nuevo novio? Y se contestan: qué va. Estará escribiendo una novela, o algo.

Nada más lejos de la realidad (me encanta esa expresión).

¿Qué estoy haciendo con mi vida?

1. Trabajar. Penosamente. Quiero terminar el PIR. Me quedan seis meses. Cada uno de estos días de trabajo se desliza despacio, como una gota al final de una estalactita. Necesito terminar el PIR, lo digo en serio y, mientras eso llega, me agobio por tener que dedicarle mis mejores horas al SAS. Estoy hasta el potorro de ser residente, y me da igual quién lea esto. Jefes, tutores y compañeros: estoy. hasta. el. potorro.

Esa situación laboral me tiene la energía por los suelos. Llego a casa a las tres y pico con ganas de dormir la siesta y morirme, por ese orden. Yo sé que esto es muy de buscar excusas, pero creo de corazón que la cosa escritora va a mejorar cuando pueda sacudirme de encima las manos pegajosas de la sanidad pública.

2. Morir de amor. Lo que nadie te dice cuando encuentras al amor de tu vida es la de tiempo que requiere. De repente es como descubrir una afición nueva. O una religión. Desde que estoy con Pablo, soy una conversa: me he convertido al Pablismo. Y claro, el Pablismo tiene sus rituales, como los veinte minutos de acurrucamiento matutino pre-laboral, las pausas para abrazos en cualquier actividad compartida, las excursiones al Royalty para tomar tarta de limón y (oh, sí, wait for it) el SEXO.

Por no hablar de la escalada a dos. Pero de eso trataremos en el siguiente punto.

De momento, vamos a dejarlo en que amar requiere tiempo y un preocupante y profundo cambio de estado mental. Nunca me había sentido tan unida a alguien como a este chico. Es muy raro. No se trata sólo de sentir cosas y hacer cosas; como ya he explicado en algún otro post, siento que se ha ampliado mi conciencia. Que yo sigo pensando lo mismo, pero que esos pensamientos resuenan en Pablo, y que de alguna manera también pienso sus cosas. Es raro. Entra en la cama a las cinco de la mañana, después de haber estado trabajando toda la noche, y sus pies están helados, como imagino que estarán los pies de los cadáveres. Yo se los caliento con los míos mientras le susurro "muahaha, ¡¡siente lo que es ser mujer!!", y sé que estaba tan concentrado frente al ordenador que se le ha olvidado que tenía frío, y que puedo imaginar perfectamente que le pase algo así.

Quiero mucho a este chico, lo digo en serio.

Pero, volviendo al tema, que se me olvida, el amor me ocupa tiempo. Porque, además, yo soy una novia entregada. Soy una novia ardiente como una Juana de Arco del amor. Tonterías, las justas.

3. Escalar, entrenar, etc. Cuidado con lo que deseas. Es decir: si deseas un novio que ame enfermizamente la escalada, cuidado, porque podrías acabar con un novio que ame enfermizamente la escalada. Y si quieres a alguien con quien entrenar y trepar, cuidado, porque podrías terminar compartiendo entrenamientos inhumanos de cuatro horas con un argentino chiflado que, cuando estás hasta el mismo e intentas estirar en el suelo, te pregunta, como quien no quiere la cosa, si has hecho suspensiones en los romos y lo bien que te vendrían unos abdominales antes de acabar.

Mirad qué bien que nos lo pasamos.



El problema es que la escalada es una amante mucho más exigente que Pablo.

Escalar es genial, pero pulveriza una proporción de tiempo y energía enorme. Que no me importaba cuando no tenía que hacer un hueco en mi agenda con el rótulo "besos", pero ahora se suma a todo lo demás.

4. Poco más. En serio. Es que no sé dónde se van mis días. Me acuesto hecha polvo y sin haber parado un momento, ni a tirarme en el sofá a ver Grey, ni a leer. Nada. Alguien se está fumando mi tiempo, y lo digo en serio.

Y os dejo, porque como parte integral de mi enésimo intento por volver a mi camino, ahora estoy levantándome con las gallinas y escribiendo antes de irme al trabajo. Y, como sospechaba, no hay nada bueno en eso, porque justo ahora, que estoy aquí más a gusto que un arbusto, tengo que levantar mi culo en pijama de la silla e irme al hospital a escuchar una charla de tres horas sobre la entrevista estructural de Otto Kernberg.

Matadme.