massobreloslunes: noviembre 2005

domingo, 27 de noviembre de 2005

Domingo

Me despierto sin resaca, gracias a mi buena decisión de tomar sólo cerveza anoche. Pienso “qué bien, es domingo”, subo la persiana y me vuelvo a tumbar un rato mientras veo entrar el sol desde la calle. Después de remolonear, me levanto, me hago un zumo, tostadas y colacao y me lo llevo todo en una bandeja al salón. Veo “Quintillizos”, doy un par de vueltas por Internet (qué lujo tenerlo ya en casa) y me propongo estudiar. No estudio nada. Cuando me quiero dar cuenta estoy en la terraza, calentándome al sol de invierno, con los ojos cerrados y los pantalones remangados sobre las rodillas. Ana se despierta y se me une, y se fuma un cigarro mientras suspira: “qué bien estamos aquí, Mari”.
Limpio y, como siempre que limpio, me propongo hacerlo más a menudo. Saco los libros de la estantería y les paso amorosamente el trapo del polvo. Aparto la cama y barro enormes bolas de pelusa con personalidad propia que se han quedado atrapadas debajo. Friego con fregasuelos marca Hacendado y olor a primavera.
Comemos tallarines de sobre porque no nos apetece cocinar. Pinchamos alternativamente música en nuestros respectivos ordenadores, y nos extasiamos un rato con una foto de un tío al que conoció Ana en un chat (qué mandíbula, qué nariz, qué ojos, repetimos como bobas).
Fregamos los platos mientras hablamos de cómo exactamente le vamos a montar el club de fans al tío de la foto. Limpio la cocina y arreglo el lavadero, mientras Ana chatea sentada en el sillón, portátil en mano, riéndose sola frente a la pantalla. Decide hacer crepes y me obliga a quedarme en el salón mientras ensucia alegremente la cocina recién limpiada, y tras un par de intentos repegados a la sartén viene orgullosa con un crepe primorosamente enrollado y relleno de chocolate.
Ahora estoy aquí, sentada en el salón, mirando los posters que hemos colgado esta semana, lamiéndome los restos de chocolate de los labios, tecleando, intentando recoger con los pies algo del calor que emana el calefactor.
Y todo esto sólo para decirte que no te he echado de menos nada nada.

miércoles, 23 de noviembre de 2005

Yo quiero un nombre para mi blog

De acuerdo, chicos, estoy harta de tener un blog anónimo. Es como un hijo de la inclusa al que nadie quiere bautizar. Le he dado vueltas a algunos nombres, pero ninguno me termina de convencer, así que he pensado en pediros ayuda.
¿Qué os sugiere este blog? ¿Qué os sugiero yo? ¿En qué pensáis cuando abrís marinainthemiddle? Se admiten frases, juegos de palabras, nombres inventados y fantasías eróticas.
Sí, sí, SÉ que ponerle nombre a un blog es algo muy personal que debería currarme yo pero, qué queréis que os diga, NO SE ME OCURRE NADA. Si me regaláis alguno, os pondré una dedicatoria en una esquinita o algo así, ¿ok?
Los que propongo yo son:
Marina in the Middle (el antiguo, pero no me gusta demasiado ya).
Infinito Proyecto de Mí Misma (este es de un poema de Chantal Maillard).
Marina por Medio o Marina en Medio(este lo propuso Golfo
Marina Anda Suelta (este me gustó, pero ahora que lo leo parece como que tengo diarrea :S)
Como veis, no estoy muy lúcida. Espero sugerencias.
Gracias :D

sábado, 19 de noviembre de 2005

Metapost

¿Dónde está la frontera entre la privacidad y la ficción? ¿Dónde acaba Marina la real y empieza Marinainthemiddle? Me he puesto hoy a reflexionar a cuenta de una conversación con un amigo, que dice que le parece muy heavy mi costumbre de dar la dirección de mi blog a la gente que conozco. Es cierto que a veces me gustaría que éste fuera un lugar secreto, ser únicamente un ente virtual a quien nadie conoce. La cuestión, supongo, es que yo soy más escritora que bloguera. Un bloguero es más anónimo, más travieso, más virtual. Como escritora, no debería darme miedo que los demás lean lo que yo quiero que lean, aunque hable de mi dolor, aunque aparezcan mis fantasmas. En muchos casos, este blog es un ejercicio de exhibicionismo, de perder mis miedos. Utilizo mucho a las personas, sus rasgos, sus historias. Exagero lo que veo y lo convierto en ficción, pero puede verse mi huella como el rastro de una renqueante babosa. No quiero que me de miedo que esas personas se reconozcan o me reconozcan a mí , porque pienso seguir haciéndolo toda la vida.
Sin embargo, ¿hasta dónde pensáis que llega mi desnudez emocional? Es cierto que hay mucho de mí aquí, pero como dice este post, “no os cuento mi vida, sólo os la escamoteo”. Cada uno de los textos que publico ha pasado antes por un filtro que es mi propia censura. No se trata de mirar si cuentan o no algo íntimo, o si dejan demasiado al descubierto quién soy yo exactamente. Opino que hay dos formas de escribir: utilizando la literatura como pretexto para contar las miserias y utilizando las miserias como pretexto para hacer literatura. Personalmente, prefiero la segunda, y ése es el criterio de calidad por el que mido lo que publico en el blog. Cuando la historia ha de ser contada, sin importar que me deje bien o mal, sin importar que realce o no la imagen de pseudointelectual que en fondo me gusta dar… entonces voy y la cuento. No me importa usar mi vida para escribir, pero sí me importa escribir para que los demás sepan cómo es mi vida. Imagino que sigue siendo el consejo número dos.
En cualquier caso, no sé si me conocéis. No sé si es más real la Marina que escribe aquí que la que toma cafés y cañas en el otro mundo, el real. Supongo que es la segunda la que está verdaderamente viva, pero me fío tanto de las palabras que no lo puedo asegurar del todo.
Ahora sólo me queda saber vuestra opinión ; )

miércoles, 16 de noviembre de 2005

M

Hoy he salido a las siete de la mañana de debajo del edredón y he mirado incrédula la hora en el móvil. Me he vestido frente al calefactor del baño, tiritando de frío, y he sacado fuerzas para hacerme un zumo de naranja. En la calle hay niebla, y al respirar me sale vaho incluso por la nariz. A primera hora hemos tenido una especie de miniexamen inesperado que me he inventado como buena contadora de historias, y después he desayunado un colacao y un mollete cubierto por una capa helada de tomate rallado.
Tengo ansiedad, como un elevadísimo porcentaje de personas de los países desarrollados (los de los países subdesarrollados, por no tener no tienen ni permiso para angustiarse). No es que mi vida sea estresante, ni que en mis cientocincuentamil trabajos para clase me esté jugando mucho más que una nota que ya sé de antemano que será buena. Simplemente soy así, ésta es mi forma de encarar la vida. No lo digo con la cobardía de quien no intenta cambiarlo, sino con el valor de quien abre los ojos y mira fijamente lo que tiene enfrente.
Hace un rato escuchaba al de Social y me masajeaba las muñecas, intentando relajarme. No pasa nada, no pasa nada, ¿de qué o de quién tienes miedo? Y al final resulta que la única forma que conozco de quitarme la ansiedad es tecleando, así que he venido a la biblioteca, me he sentado frente al ordenador, he comentado un par de blogs y he revisado el correo. Luego me he puesto a escribir: por la niebla, por el tomate helado, por el examen, por la angustia.
Busco la letra de "M", de los Piratas. Me la puso Ana la otra noche, mientras bebíamos cerveza en el piso antes de irnos de marcha para celebrar un par de cosas (que es lunes, que somos libres, que estamos vivas). "Yo quiero ser M", decía Ana mientras cantaba entusiasmada, con la cabeza ladeada y una sonrisa tristona en los labios. Esta mañana, mientras hago karaoke interior y pienso en el frío, yo también quiero ser M. "Mi amor se cae al suelo y no se queja demasiado". No sé cómo es M; sólo puedo improvisar los adjetivos que se me ocurren cuando leo la canción. M es valiente, es fuerte, es el tipo de mujer del que un hombre se puede sentir orgulloso. Yo no soy M. No es que no sea fuerte ni valiente, pero no soy ese tipo de persona; soy otra, tengo otras cualidades y otros defectos, pero no soy M.
Efectivamente, la ansiedad está desapareciendo. A mi alrededor, la gente busca información importante en Internet: artículos de revista, libros de la biblioteca, páginas del Colegio Oficial de Psicólogos. Creo que soy la única que se entretiene con asuntos personales, con niñerías de adicta a la red. No importa; estoy en una esquina y tampoco me ve nadie. Ellos trabajan y yo estoy aquí contactando invisiblemente con vosotros, los que me leéis; enviando mis palabras por si a alguien le quedan bien y decide ponérselas un rato.
"M está segura de que todo irá mejor". Al menos, en eso sí me parezco un poco a ella.
Yo quiero que alguien me escriba una canción.

domingo, 13 de noviembre de 2005

Preocupación

Creo que me estoy volviendo adulta. Estoy empezando a idealizar mi infancia.

viernes, 11 de noviembre de 2005

Nociceptores

Mi profesor de Psicología Fisiológica (más de cien kilos de imponente y respetable erudito) nos ha explicado hoy la analgesia congénita, una enfermedad en la que el paciente no siente dolor sea cual sea el estímulo que se le aplique. Lo que parece una ventaja suele conllevar lesiones muy desagradables. En palabras de mi profesor: "Está el niño en la clase junto al radiador y de repente la profesora se da cuenta de que huele a carne quemada, y cuando el niño se aparta del radiador se deja colgando los jirones de piel". (Esto merece ser incluido en la "antología de momentos deliciosos en clase de fisiología", junto con "eutanasia a un ratón" y "trepana tu propio cráneo").
Todo esto viene a que eso es lo que siento yo últimamente: que huele a carne quemada y no aparto el brazo porque no me duele, y que a lo mejor para cuando empiece a doler ya es demasiado tarde y me dejo los trozos colgando del radiador, renegridos, humeantes, huérfanos.

jueves, 10 de noviembre de 2005

Amén

Hoy, después de seis horas de clase con una ridícula pausa para comer, he tenido una revelación. Se me ha aparecido la Virgen y, refulgiendo entre las nubes que cubren Granada, me ha dicho: "Marina, bienvenida a la realidad. Aunque no te lo creas, estás es-tu-dian-do una ca-rre-ra. Eso implica venir a clase, hacer trabajos, estudiar y aprobar exámenes. Llevas ya dos meses sin hacer ni el huevo, ¿no crees que es hora de que vayas espabilando?". Yo he agachado mi dulce cabeza y he dicho: "Sí, oh, sí".
Como conclusión, perdonadme si no actualizo mucho.

jueves, 3 de noviembre de 2005

Te voy a recordar así siempre

Un par de metros cúbicos de aire compartido.
Lluvia repiqueteando en el techo metálico.
Los sillones inclinados, como en un viaje transoceánico.
Tú que besas y tocas y te extiendes, todo manos, todo boca, todo piel.
Yo que también beso y toco y me retraigo y hundo los dedos en tu carne esponjosa y calculo la velocidad a la que el sudor va cubriendo tu frente.
Mi pelo, que poco a poco deja de ser pelo y se convierte en maraña, en pelusa, en sal.
Quitarte la ropa, quitarme la ropa, y qué difícil es describir cómo te me vas vistiendo de desnudez y convirtiéndote en el otro tú que no lleva ropa y es más tú que nunca.
Clavarnos, cómo no, el freno de mano un par de veces.
Te vas empapando poco a poco, como una esponja escurrida por una mano enorme, invisible.
Y las partes del cuerpo secretas que, en esta oscuridad, son como siempre deberían ser: recónditas, ocultas, más reconocibles por el tacto que por la vista.
Encajar, como las piezas de construcción con las que jugaba de pequeña.
Ir y venir al ritmo de alguien que, distraído, canta para nosotros desde los altavoces traseros.
Hincharme y reventar, como una pompa de jabón, como un globo de colores, como una bandada de gaviotas que se dispersa.
Te condensas y goteas sobre mí como una nube de borrasca. La lluvia traza caminos sobre el vaho de los cristales.
Y tú que gritas, como en un parto, como si te estuvieran sacando una espina, como asombrado.
Acariciarnos, puliéndonos el uno al otro hasta limarnos los ángulos del cuerpo.
Respirar lo que queda de nosotros en este aire enrarecido.
Y quedarnos henchidos, plenos, un poco mustios por esa manía que tiene la vida de no repetirse nunca a sí misma.