massobreloslunes: Marbayzín

sábado, 16 de diciembre de 2006

Marbayzín

Marbayzín es el mar que me invento para olvidar que en esta ciudad no hay mar. Llego a él a través de las calles, como subida en una lancha, y el punto donde hemos quedado tú y yo es aquel que elijo para echar el ancla y esperarte. Justo ahí, mi amor, al final de la calle de las teterías, enfrente de una iglesia cuyo nombre aún no me he aprendido. Cuando apareces, me zambullo en el mar albayzinero como el buzo que se tira de espaldas al agua. Bienvenida marítima de besos húmedos y salados en la oscuridad de una calle que bien podría ser de roca. Caminamos hasta tu casa cogidos de la mano, como dos sirénidos que dejan que les aúpe la marea. Subiendo las cuestas con la fuerza de salmones a contracorriente, llegamos a tu casa, la gruta submarina que despide luz como el cofre de un tesoro.
Dentro el aire es menos frío, como las masas de agua cálida que se desplazan a veces a través del océano. Antes de flotar hasta el banco de arena fina que es tu cama, te cojo de la mano y te pido que me subas a la azotea. Me yergo como un vigía, gritando "¡Ah del barco!. Frente a mí se extienden las olas de mi mar del Albayzín, con cierta blancura de espuma que reluce pese a la oscuridad de la noche. El silencio es enorme, como si buceáramos a muchos metros bajo la superficie del agua. Contemplamos el mar desde arriba y desde dentro, y a nuestro alrededor revolotean las mariposas nocturnas con la cadencia de peces voladores.
Ahora eres tú quien me coge de la mano y me lleva escaleras abajo suavemente, como si flotáramos. Navegamos el desorden de tu cuarto y nos metemos en la cama. A través de tu ventana se ve la calle como desde un ojo de buey, y nos mecemos mucho rato al compás de las olas que balancean nuestro camarote. Siento las calles empedradas golpear afuera, con dulces embates de barrio antiguo y calles desiertas. Si tu casa fuera un barco, mi amor, estaría ahora mismo sumergido junto a los peces abisales del fondo. Sería uno de esos barcos fantasmas, hundidos hace mucho tiempo, refugio de peces y de sirenos enamorados como tú y yo.
Cierro los ojos y te escucho ya dormido a mi lado. Mientras yo también me duermo, balanceándome suavemente como si hiciera el muerto sobre las olas, juraría que tu respiración cada vez se parece más al sonido del mar.

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