massobreloslunes: julio 2006

jueves, 27 de julio de 2006

Trapos sucios

Una de las cosas que te hace darte cuenta de que la vida, de hecho, pasa, es que cada cierto tiempo miras atrás y te avergüenzas un poco de lo que hacías o decías en el pasado. Esto pasa con mucha frecuencia cuando tienes, digamos, trece, catorce o quince años, y cada año te crees que has llegado definitivamente a la adultez y que el año anterior eras una cría vergonzosa. Yo pensaba que uno de los síntomas de estar, por fin, madurando, sería que dejaría de avergonzarme constantemente de las cosas que hago o digo. Sin embargo, he encontrado una lista de diez cosas que, a día de hoy, YA me avergüenzan. En un alarde de desmitificación de esa criatura sensible e ilustrada que creéis que soy, voy a escribirla a continuación.

1. La melodía de mi móvil es Shakira cantando Hips don’t lie. Además, me he pasado un día entero meditando si bajarme el tono en real o en polifónico.
2. En algún rincón de mi mente, quiero ser como Shakira.
3. En algún otro rincón de mi mente, quiero ser Jennifer Aniston (obsérvese la ausencia del cómo en esta frase).
4. Mi móvil tiene una foto de mi gata como fondo de pantalla. En las dos pantallas.
5. He pasado grandes momentos en compañía de novoyadecirquién (no se trata de ir avergonzando también a mis allegados) viendo Menuda noche y riéndome de los niños (insisto: niños) que salen.
6. Creo que las películas que más veces he visto en mi vida son Sister Act 2 y Dirty Dancing. En otro rincón de mi mente, estoy convencida de que son obras maestras del séptimo arte.
7. Ayer fui a ver Cars y lloré. Mucho.
8. Duermo con mi oso. Es más, ahora que en mi habitación da toda la solana matutina y que la gata del vecino se mete subrepticiamente en mi cuarto por las noches, duermo con mi madre.
9. He estado enganchada a tres ediciones de operación triunfo. TRES.
10. Escribo en un foro sobre gatos. A diario.

(Y vale, sí, este tipo de post es una especie de versión bloguera de la programación de la tele en verano. No esperéis mucho más durante estos meses)
(También quería que os riérais un poco ;)

domingo, 23 de julio de 2006

Lecciones de Marina sobre el amor. Vol 1

Gerva me contó una vez que su padre siempre decía que el amor es como una copa. Una vez que se rompe, puedes intentar arreglarla, pero nunca es lo mismo.
No sé si la vida se deja reducir a metáforas tan simplistas, pero sí es cierto que una vez que haces daño a alguien, nunca es lo mismo. Luego intentas arreglarlo y es como cuando tratas de salir de las arenas movedizas; cada vez te hundes más y más, y esta metáfora sí que no es buena, porque es más que hundirse: es como clavarse pinchos, intentar desenredarse de una zarza, donde cada movimiento produce más daño, y más sangre.
Por eso, aunque te consideres más o menos una buena persona, hay veces que tienes que aceptar que has hecho daño. Hay veces en que lo mejor es apartarse y dejar que sea la vida, y no tú, quien cure las heridas. No puedes pretender edificar sobre cimientos podridos. Tampoco puedes querer volver a vivir en una casa que abandonaste.
No puedes pretender salvar a quien tú misma has hundido.
He dicho.

jueves, 13 de julio de 2006

Rompiendo el hielo

Vas instalándote en las vacaciones como quien se instala en una casa nueva. Al fin y al cabo, llevas mes y medio paseando tu cuerpecito de biblioteca en biblioteca, arrastrándolo bajo el calor de la tarde en Granada y metiéndole a presión conocimientos más o menos útiles. Eso de encontrarte de repente sin nada que hacer, ociosísima y tumbadísima en casa, con la playa a dos pasos y empalmando una siesta con otra te resulta, cuando menos, raro. Pero te acomodas, porque es fácil acomodarse a esto, no es como si te meten en un campo de concentración o te ponen a trabajar en la mina, pongamos por caso. Es fácil acostumbrarse al playeo matutino con la Albina, vuelta y vuelta al sol como los espetos; a los desayunos con tranquilidad y DVD de Friends en versión original; a las noches viendo cortos en la terraza del Larios y tomando tapas en el Beato. Pasa tan rápido el tiempo aquí en Málaga... cada verano se empalma con el anterior en una sucesión de tiempo ininterrumpido y no te das cuenta de que entre uno y otro hay un curso entero, y de un año para otro la gente termina las carreras, corta con sus novios/as, se opera las tetas o se va de casa. Y tú ahí, intentando hacer tu vida como quien hace un tapiz.
Es raro volver a casa, siempre es raro. Hasta la gata lo nota, la pobre, recluida por voluntad propia en mi cuarto y bufándole al perro cada vez que osa acercarse por sus dominios. Mi familia me ha dijado sola y se han pirado, cada uno a un sitio, porque en esta casa siempre fuimos todos un poco a nuestra bola. Yo abro la nevera y echo de menos mi comida, mi té de vainilla, mi bolognesa vegetal, y hago una compra a mi estilo pero no es lo mismo. Marina, eres una nostálgica de mierda y una nostálgica absurda, porque llevas un mes repitiendo que quieres Málaga y quieres verano y quieres casita, y ahora estás aquí dando vueltas en una casa vacía y extrañando las comidas para gorda de Ana, los desnudos intempestivos de Mariano y hasta los platos sucios de Josy. Extrañando las bajadas a media mañana del Albaicín, con los ojos hinchados de haber dormido poco y la conciencia tan intranquila como la entrepierna.
A lo mejor es así como yo hago las cosas. J. dice que a él le gustan las despedidas "a la francesa", que cuando algo acaba asume que ya se ha acabado y pasa a lo siguiente. Muy bonito, muy vitalista, muy progre. Servidora, si no dramatiza un poco, revienta. Si no hace unos pocos de aspavientos cada vez que empieza un verano, acaba un curso, empieza el año, llegan las navidades, se cambia de casa y etc etc etc, Marina se muere. Como dijo Santi el otro día, "Marina es muy de Querido diario.
Este va a ser mi tercer verano bloguero. Es raro bloguear en verano, asistir a las crisis existenciales de todos los blogueros que se quedan en casa muriéndose de calor y de aburrimiento e intentar sacar algo de creatividad de tu cabecita derretida. Todos los veranos me propongo escribir más, y casi nunca lo hago. Como mucho, me mantengo.
No encuentro la forma de terminar el post, y me noto un poco oxidada después de tanto tiempo sin escribir. Simplemente, quería contaros cómo me va y poner fin al parón de exámenes, que estaba empezando a atraparme con el típico círculo vicioso de "como no tengo ganas de escribir, no escribo, y como no escribo, no tengo ganas de escribir". Este post sólo intenta romper el hielo para poder empezar otra vez con más fuerza.
A veces, la mejor manera de terminar es poner un punto. Y ya está. Punto. Ahí lo tenéis. Punto.