massobreloslunes: octubre 2006

domingo, 29 de octubre de 2006

FAQ

Rueda de prensa. Flashes de fotógrafos destellando por doquier. Por una esquina asoma la pequeña Matilda, poco más de metro y medio de rubia peleona, un poco intimidada por tanta expectación. Se sienta en una mesa donde varios micrófonos se yerguen desafiantes. La masa de periodistas se ha erizado de manos levantadas.

- Ejem... - Matilda carraspea para probar los micros -. Contestaré por orden a todas las preguntas.
Va señalando alternativamente a los reporteros, que estiran el brazo como si quisieran hacerlo crecer.
- ¿Por qué este cambio de dirección? - pregunta una chica rubia, con pinta de acabar de salir de una facultad supermoderna.
- Veamos... El cambio de dirección tiene dos razones. La primera es de orden completamente personal. El otro blog estaba cargado de referencias y de historias que siento que ya no me pertenecen. Seguir escribiendo ahí era como cargar con el lastre de un pasado que, aunque es mío, tampoco tengo ganas de estar recordando a diario. La segunda razón es un poco más social. Aunque yo soy una exhibicionista emocional y no me suele importar mucho lo que piensen de mí, hay ciertas razones para que ciertos posts no sean accesibles a cierta gente. Y como no tenía ganas de ir censurando el blog como si de un periódico en tiempos de franco se tratara, he pensado que lo mejor es hacer borrón y cuenta nueva.
- ¿Y por qué el pseudónimo?
- Más que nada, para dificultar, en la medida de lo posible, que me vuelvan a encontrar... o más que nada, que relacionen a Matilda con la chica del otro blog.
- Pero ¿no te parece un poco ingenuo todo esto? Quien te quiera encontrar, te va a encontrar.
- Ya, sí, eso está claro... la cuestión no es impedir, la cuestión es dificultar. Tampoco es que quiera desaparecer del mapa. La situación no exige medidas tan drásticas.
- ¿Y el nombre? ¿Más sobre los lunes?
- Bueno, es un nombre como otro cualquiera del que probablemente me hartaré en dos semanas, ya me conocéis. En cualquier caso, para mí significa que en la vida hay que hablar de los lunes más que de los sábados, de la desazón y la rutina más que del ocio o de las mañanas soleadas.Todo tiene cabida en la escritura, pero los lunes son más interesantes.
- ¿Y Matilda? ¿Eres tan pedante como para identificarte con ella?
- Para ser sinceros, Matilda leía incluso más que yo y bastante antes que yo. No me puedo identificar con ella porque ella es superdotada y yo soy normal (tirando a lista, pero normal). A mí de Matilda me encantan su sinceridad, su mirada sobre el mundo y su amor por la lectura. Lo importante de Matilda no es la pila de libros sobre la que se sienta, sino el que tiene entre las manos, y los ojos abiertos, despiertos, que miran al mundo y no al libro. Vale, no he conseguido no parecer un poco pedante, pero espero que al menos se entienda.
- ¿Y qué pasa con tu blog antiguo? ¿Lo vas a perder definitivamente?
- No sé muy bien qué hacer con él... para mí lo ideal sería colgarlo con una dirección cualquiera, para que la gente se lo encontrara por casualidad y lo pudiera leer. Sin embargo, igual sí, igual desaparece. Si alguien tiene mucho interés en leer algo, me lo puede pedir... quizás incluso haga una versión impresa del blog y me lo quede yo. Eso está por decidir.

Sigue habiendo manos levantadas, pero Matilda está un poco mareada y, además, necesita ir al baño. Antes de marcharse, se disculpa por no haber podido ser más prolija en sus respuestas y asegura que va a seguir ahí al pie del cañón, como antes, escribiendo chorradas y hablando de vez en cuando de sí misma en tercera persona.
Luego se baja dando un saltito de la silla y echa a andar por la tarima para, acto seguido, desaparecer por una puertecita y ponerse a buscar los servicios frenéticamente.

domingo, 22 de octubre de 2006

Lecciones de Marina sobre el amor, volumen II

En los cuentos siempre hay una advertencia. Cuando el mago, o el hada, o quienquiera que sea que va a ayudar o a imponer una prueba al héroe, le explica cómo debe hacerlo, suele incluir un aviso. “No toques nada” o “no comas nada” o “no mires a los ojos de la estatua” o “no vuelvas la vista atrás”. Y siempre, no falla, el héroe cae en la trampa y hace caso omiso de las instrucciones. Luego, en general, aunque las cosas se embarullen por su culpa, encuentra la forma de salir airoso, que para eso es un cuento y termina bien. Hoy me pregunto: ¿por qué? La advertencia era sencilla. Era un compromiso. Decir una cosa y hacerla. Es por tu bien, no por putearte. Y los héroes siguen liándola, cogiendo comida o tocando las riquezas o mirando atrás como subnormales. Podrías haberlo hecho bien, podrías haber sido rico y feliz, podrías haber salido victorioso y no lo has hecho.
Los cuentos son la realidad. Los humanos tocamos la plancha para ver si está caliente y pasamos los dedos por encima de los cuchillos para ver si están afilados. Nuestras madres nos dicen que nos abriguemos y no lo hacemos. Nuestras parejas nos dicen que no les mintamos y lo hacemos. Y luego, cuando nos quemamos, nos cortamos, nos resfriamos o nos dejan, nos quejamos.
Así nos va.

martes, 17 de octubre de 2006

Extraña mezcla

Creo que lo malo, no ya de escribir, que al fin y al cabo tampoco escribo tanto, sino de leer, es que una acaba adquiriendo una especie de deformación no profesional, por así decirlo. Se podría llamar "sentido de la historia" (me lo acabo de inventar). En mi caso, consiste en que tiendo a buscar que mi vida, o incluso las vidas de los demás, tengan una conexión, un orden. Las personas no son personas, sino personajes, y tienen sus motivaciones ocultas, sus caracteres arquetípicos y una especie de destino, fatal o no, que los lleva a un sitio que no tengo muy claro cuál es, pero existe.
Así, miro mi vida y pienso que si fuera una novela no tendría ni pies ni cabeza. Como mucho, sería un mamotreto tipo John Irving, como "El Mundo según Garp": un libro que no tiene más remedio que gustarte pero cuyo argumento, al final, no podrías explicar con precisión. Una sucesión más o menos entretenida de peripecias vitales que no se sabe bien si llevan a alguna parte.
Todo esto viene a que J. me dijo el otro día una frase que me gustó: "la extraña mezcla de circunstancias que es mi vida, y que no tengo más remedio que aceptar, porque no tengo otra". Yo a veces veo mi vida un poco absurda. Ni mala ni buena; absurda, sin más. Y la mayoría del tiempo no la acepto y me pongo a buscar frenéticamente el personaje que le falta o el cápitulo que le dará un poco de redondez al argumento.
Hoy, sin embargo, he desayunado en la facultad un mollete y un café con leche. Mientras esperaba en la barra he suspirado profundamente. "Vaya suspiro, hija mía", me ha dicho el camarero mientras me servía la leche en el café. "Es que estoy contenta", me he apresurado a aclarar yo, "contenta de desayunar".
Así que hoy sí que me gusta esta extraña mezcla de circunstancias que es mi vida.

martes, 10 de octubre de 2006

Escala de valores

Está la escritura, sí. Está que el arte, o su sucedáneo, no se censura. Está la sinceridad, los exorcismos vía literaria; está que mi verdad es mi verdad, y es mi decisión contarla o no hacerlo, y que los castillos de arena de los demás son, pues eso, sus castillos, y no es mi responsabilidad mantenerlos en pie.

Pero también está la gente que te importa, y cosas menos tangibles que las letras pero más reales que ese ente informe al que llamamos literatura. Están la tristeza, el dolor y el miedo, la culpa y la angustia, el perdón y la reconciliación.

Cada uno los ordena de una manera. Para mí, sin duda, la escritura, o su sucedáneo, va después.

miércoles, 4 de octubre de 2006

Ingenioso diálogo estilo ingenioso filólogo

- ¿Es usted la bloguera que me llamó para concertar una cita?
- La misma.
- De acuerdo, pase y siéntese.
- Gracias, doctor. Qué consulta más agradable tiene.
- Dejémonos de cortesías y vamos al grano. ¿Qué síntomas tiene?
- Veamos... no puedo bloguear.
- Vaya, vaya... así que no puede... Seamos francos: ¿no puede o no quiere?
- Quiero, doctor, quiero, pero las circunstancias de la vida me lo imposibilitan.
- ¿Qué circunstancias?
- Pues... para empezar, no tengo línea de teléfono en casa.
- Vaya por Dios... eso es grave. Pero quizás pueda usted encontrar una vía alternativa... un ciber o algo parecido.
- Verá: el único ciber que hay cerca de mi casa es un locutorio diminuto donde no se puede postear.
- ¿Por?
- Primero: es muy pequeño; segundo: hay mucha gente siempre entrando, saliendo y gritando; tercero: los teclados son una porquería, están duros como piedras, y no es que yo sea una fetichista de los teclados, pero con esos, francamente, no se puede.
- Pues estamos buenos.
- Eso opino yo. Además, mi gatita está enferma, mi chico está lejos, tengo que fregar platos y, en general, estoy dentro de la pequeña crisis del comienzo de curso: adaptación y etc.
- Entonces...
- ¿Me dará la baja?
- Bueno, es un caso un poco especial, quizás pueda hacerlo... pero no por mucho tiempo. Le firmaré una baja del territorio bloguero durante unos días, pero no más. En cuanto sus circunstancias cambien, debe usted retomar su labor. De lo contrario, perderá sus privilegios y dejará de percibir sus remuneraciones.
- ¿Qué remuneraciones, doctor, si a mí por esto no me dan un duro?
- Remuneraciones simbólicas, hija... comentarios, respeto ajeno, links...
- Bah, tampoco pierdo mucho, entonces.
- Usted sabrá. Yo con firmarle el papelito, cumplo.
- De acuerdo, doctor, muchas gracias.
- De nada, guapa, a mandar.