massobreloslunes: Piano

miércoles, 19 de marzo de 2008

Piano




Hola, fondo norte:

Hoy voy a hablaros del piano. Llevo una hora o así tocando y me he quedado relajada como después de un buen polvo. Y eso que, con la falta de práctica (en Granada no puedo tocar), mis manos son como torpes pinzas de langosta. Pero bueno: toco cosas sencillitas y disfruto igual.

Cuando yo era pequeña, mis padres tomaron la sabia decisión de no meterme en el conservatorio. Digo sabia porque yo era una niña con tendencia a agobiarme, y no quiero imaginarme qué habría pasado de haber entrado en la espiral de auto/hetero-exigencia y disciplina militar que supone estudiar música. Además, creo sinceramente que yo habría sido una pianista con talento, con lo cual a) o hubiera llegado al estrellato, cosa que dudo, porque soy muy vaga o b) lo habría dejado, como tanta gente, en mitad de la adolescencia, y me habría sentido frustrada y chunga. Así que de niña no sabía tocar ningún instrumento, más allá de la mítica flauta de música al nivel de un hippie de calle Elvira. Cuando veía a los niños que sí estaban en el conservatorio, me daban algo parecido a la envidia. Yo me acercaba a un piano y tocaba la música de Sonrisas y Lágrimas ("Do es trato de varón", etc) con el índice, y aquellos pequeños superdotados, aquellos iniciados en la magia de la coordinación bimanual, ponían todos los dedos sobre las teclas y conseguían hacer salir melodías como cascadas de agua.

De pequeña tuve el típico teclado de tres escalas, y me ponía musiquitas de fondo y tocaba la melodía con la derecha. Con trece o catorce años, mis padres me compraron un teclado un poquito más grande, por no se qué ocurrencia de Reyes, y un libro de partituras de Alejandro Sanz (Suspiro. Suspiro, suspiro). Con mis muy rudimentarios conocimientos de solfeo, que consistían básicamente en que en la segunda línea va sol, pseudoleí algunas de las partituras y aprendí a pseudotocarlas en mi tecladillo. Luego, en unas vacaciones que pasé en Inglaterra, la niña de la familia me enseñó una pequeña pieza que se llamaba algo relacionado con un payaso, y practiqué y practiqué hasta que los "Oh, you're a very good player" se convertieron en "Could you please play quietly?". Total, que ahí me tenéis con catorce años, tocando "Lo ves", mi canción del payaso y la marcha fúnebre poniendo el teclado en modo órgano de iglesia. De vez en cuando, escuchaba la Marcha Turca de Mozart en las melodías presintonizadas y pensaba que yo nunca nunca jamás en la vida podría hacer algo parecido a eso, que era por lo menos de semidioses, y sacaba la melodía de la izquierda e intentaba tocarla sin hacerme demasiado lío con los dedos.

Y un día, mi vecina dijo que su hijo estaba dando clases de piano y mi madre me preguntó si me apetecía aprender. Acepté enseguida. A mis padres les agradezco, además de la manutención durante 23 años y el cariño casi incondicional que me profesan, las oportunidades que me han dado para desarrollarme en habilidades que luego no me han servido para nada. Y especialmente, nunca le agradeceré lo bastante a mi madre que, durante tres años y medio, me pagara los veinte eurazos la hora que valían las clases de piano y me comprara un piano de pared para practicar en casa.

Empecé con las típicas piecitas adaptadas para niños, con sus dibujos y todo. Como avanzaba rápido, poco a poco mis partituras dejaron de tener arranged escrito en la parte superior, y me fui atreviendo con cosas más complicadas. Mi profesora, una ucraniana alta que comía poquísimo porque decía que el hambre era buena para el arte, no me daba mucho la brasa con el solfeo y me iba enseñando cositas sobre la marcha. Leo música como una retrasada mental, pero llegué a tocar pasablemente, teniendo en cuenta lo tarde que había empezado. Sé que nunca conseguía dominar bien bien ninguna pieza; íbamos avanzando sin que quedaran perfectas, porque al fin y al cabo se trataba de divertirse, y a mí me faltaba habilidad manual para muchas de ellas. Pero ser capaz de perpetrar la Marcha Turca, o la Sonata en Do, o la Para Elisa, fue conseguir unirme por fin al club de las personas superespeciales que eran capaces de hacer surgir de sus dedos cascadas de notas.

Desde que empecé la carrera he dejado de tocar regularmente, y es una pena, porque se pierde habilidad y fuerza en los dedos a una velocidad pasmosa. Sólo cuando vengo a casa en vacaciones intento mantener, aunque sea, algunas de las piezas que más me gustan, y refresco otras que ya no recuerdo, avanzando farragosamente por las partituras, contando "do re mi fa sol" como los niños pequeños. Pero sigue haciéndome muy feliz. Es una de las pocas cosas que no me cuesta trabajo ponerme a hacer. Me gustaría que me cayera del cielo algo de dinero para poder comprarme un piano digital y seguir practicando viva donde viva. Si no, mi plan es llevarme algún día el piano de aquí a mi futura solución habitacional y seguir aprendiendo. Vale que mis neuronas no son ya tan plásticas y versátiles como las de los niños que empiezan con el método Yamaha, pero no se me da mal.

En el primer ordenador que tuve, el Word me daba un consejo cada día, en plan "Puedes guardar tus documentos pulsando Ctrl+G", o "Microsoft Word puede ayudarte a buscar sinónimos en Herramientas->Idioma->Sinónimos". Un día, el consejo que me dio el procesador fue "Nunca es tarde para aprender a tocar el piano". Y tanto. Supongo que nunca es tarde para hacer lo que uno realmente desea hacer. O casi nunca: ya no estáis a tiempo de ser gimnastas de élite o el dalai lama. Pero espero que se entienda el mensaje.

PD: Por cierto, para los que estabais preocupados por mi estado de ánimo semanasantero, ya me encuentro mucho mejor. La proximidad de mi regreso a Granada y el intercambio social con amigos y familiares me está haciendo mucho bien.

3 comentarios:

  1. a mi lo de la música no se me da para nada...a pesar de lo mucho que la disfruto(disfruto escucharla) son incontables las veces(infructuosas) que he comenzado clases de algún instrumento y he terminado aprendiendo nada(o muy poco que es casi lo mismo)...igual pienso que todos de niños tenemos( y con esto quiero decir deberiamos) que vernos expuestos a clases de música, deportes, etc,etc,etc... por ahi de repente aparecen los mozarts y los zidanes de hoy...

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  2. p.d.: que bien que te estes sintiendo mejor...arriba esos animos! :D

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  3. Quien tuvo, retuvo.
    No te preocupes, es cuestión de quitar telarañas y pillar la práctica otra vez. La teoría, o la anarquía de la improvisación, sigue latente.
    Salud/OS!
    PD: La música, a veces, es mejor que el polvo más salvaje que puedas echar. Pero acepto la analogía porque se le acerca.

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