massobreloslunes: Vacaciones

lunes, 14 de julio de 2008

Vacaciones

Cuando Pablo y yo entramos aquella mañana en la cocina restregándonos los ojos de sueño, mi madre colocó sobre la mesa dos cuencos de helado medio derretido.
- ¿Me lo puedo comer? – preguntó Pablo, mirando el tazón de plástico con los ojos muy abiertos. Pablo siempre pide permiso para todo: para tomarse una fanta, para subirse al columpio y hasta para quitarse una piedra del zapato. Yo ya había metido la cuchara hasta el fondo, porque mi madre es de las que cambian enseguida de idea.
- El frigorífico se ha estropeado – dijo mamá, mientras apilaba en la encimera las bolsas de palitos de pescado -. Tenemos que comernos el helado antes de que se derrita. ¡Jaime! ¿Has encontrado ya el número?
La voz de papá llegó desde el salón.
- He llamado a Balay y me han dicho que eso es el servicio técnico y que ahora me dan el número. Estoy esperando.
Mamá se recogió el pelo con una mano. Siempre estaba sudando. Ella decía que era porque trabajaba como una esclava, y más en vacaciones que durante el año. Decía que estaba deseando volver a casa para tomarse unas vacaciones de verdad. Yo creo que tenía calor porque casi nunca bajaba a la piscina con nosotros: se quedaba en casa limpiando el polvo y haciendo unos cuencos enormes de gazpacho que siempre tenía que tirar, porque ni a Pablo ni a mí nos gustaba nada.
Nosotros ya habíamos terminado el helado. Empecé a dar golpes con la cuchara en el tazón.
- ¡Más, más, más! – Pablo se me unió, entusiasmado.
- ¡Ya vale! A ver, Os voy a poner más, pero esto es sólo hoy, ¿vale? Mañana desayunamos cereales otra vez.
- ¿El frigorífico no va a seguir roto mañana? – preguntó Pablo.
- Espero que no. Además, mañana ya no quedará helado.
- Bueno – dije yo – compramos más helado y mañana volvemos a romper el frigorífico, ¿vale?
Estaba claro que era una broma, pero a mamá no pareció hacerle mucha gracia. Pablo se retorcía de risa. Las gotas de colores le caían por la barbilla hasta la tripa desnuda.
- ¡Jaime! ¿Qué pasa con el técnico? - mamá limpió a Pablo con un trapo.
- Que tiene que ser mañana – papá entró en la cocina. Él también estaba sudando. Yo pensé que si el técnico no venía, lo mejor que podíamos hacer era irnos todos a la piscina, porque a pesar de lo temprano que era hacía mucho calor.
Mamá se sujetó la cabeza con las manos, como si le doliera.
- Se nos va a estropear todo. No me lo puedo creer. Llevamos tres días aquí y nos pasa esto, y con la compra recién hecha. Es que no me lo puedo creer…
Papá le puso el brazo en el hombro.
- Vamos, tranquila. Esto tiene alguna solución, seguro.
- Pues no sé yo qué solución. Quita, que me das calor.
- ¿Nos vamos a la piscina? – pregunté.
Irnos a la piscina me parecía una buena idea, porque hacía calor y ya no tenía más ganas de helado, y papá y mamá no parecían querer comer helado tampoco. Pero los dos me miraron como si yo fuera tonto y siguieron discutiendo sin contestarme siquiera.
- Bueno, Raquel, pero no me hables así porque no es culpa mía, ¿vale? Vamos a buscar alguna solución. ¿Y si les llevamos las cosas a los vecinos?
- ¿A quiénes, a los de Santander? Sí, vaya, como son tan simpáticos… Además, que todo el mundo acaba de llegar, Jaime, que no van a tener sitio porque acaban de hacer la compra, igual que nosotros.
- Pues a mí me cae bien Javi – dije yo. Era verdad. No me parecía justo que mamá se metiera con su familia; al fin y al cabo, era nuestro frigorífico el que se había roto. Javi sabía hacer surf y tenía una tabla super chula, y me enseñaba de vez en cuando, aunque casi nunca me la dejaba porque decía que era muy cara.
- Ya, Dani – dijo papá -, si Javi es muy simpático, y sus papás también. Es que mamá está un poco nerviosa por lo del frigorífico, ¿sabes?
- ¡Ya estamos con los nervios de mamá! ¡Yo no estoy nerviosa! ¡Si fuera una inconsciente como tú, a lo mejor no estaría tan nerviosa! ¡Que con este calor se van a pudrir las cosas en nada de tiempo, y a ti te da igual!
Para no estar nerviosa, mamá no parecía nada tranquila. Esta vez, sin embargo, no dije nada.
- Bueno, ¿y si cocinamos las cosas? Así aguantarán hasta mañana y luego lo congelamos todo.
- Cocinamos, dice, ¡ja! – mamá se rió, pero era una risa como la que hacemos nosotros en el colegio cuando alguien dice algo sin gracia -. Cocino yo, querrás decir, porque tú no tocas un plato.
- Mira, Raquel, si te vas a poner en ese plan…
Miré a Pablo, que estaba chupando el cuenco de colores. Se lo quité de la cara y vi que se había llenado de helado el pelo y la frente.
- ¿Qué plan, eh? ¿Qué plan?
- Mamá…
- Porque es muy fácil hablar de planes si tú no cocinas nunca…
- Mamá…
- Y cuando te digo lo liada que estoy, tu solución es que comamos en la calle. ¡Como si fuera gratis!
- ¡Mamá!
- ¡Qué!
- Que mira cómo se ha puesto Pablo.
- Ay, Daniel, de verdad, pues iros a la piscina y así se limpia, anda, y de paso no estáis por medio.
- Sí, eso – dijo papá – y tú deberías bajarte con ellos, Raquel, y así te refrescas y te calmas un poco.
- ¿Bajarme a la piscina? ¿Con la que hay montada? ¡Bájate tú, que todo te da igual!
- ¡Pues a lo mejor me bajo!
- ¡Pues muy bien!
Papá salió de la cocina dando un portazo. Cogí a Pablo de la mano, lo llevé a nuestra habitación y le puse el bañador de Spiderman. Cuando cruzamos el pasillo para salir a la calle, vi que mamá lloraba en la cocina, mirando un paquete lleno de líquido amarillo. Me di cuenta de que era la mantequilla y pensé que a lo mejor desayunar helado no estaba tan bien, después de todo.

7 comentarios:

  1. Unos años después, papá se echó una amante que ni le gritaba ni sabía cocinar
    Mamá se pegó el resto de su vida haciéndonos jurar que no le daríamos la receta del gazpacho que tan bién le salía a ella.
    Fué su castigo por dejarla.

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  2. Jiji... me recuerda a cuando por error, apagué el congelador del combi y tuvimos que cocinar a toda velocidad mogollón de comida. Estofados, pescados, albóndigas, etc... para volver a congelarlos.
    Eso sí, ese mes, buena cocina con el mínimo esfuerzo...!
    Salud/OS!

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  3. Pudrir. Se me ha caído un ojo.

    ¿Qué tal estás? cada vez escribes mejor.

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  4. Muy diver, como se dice ahora. Pero la ministra de Igualdá no creo que te lo aprobara. Esas historias no debieron existir nunca. (Bueno, como sí existieron y existen, a lo mejor le encanta que las relates para que veamos la realidad, es cierto; pero la próxima vez cambia los papeles de papá y mamá; serás políticamente más correcta y enseñarás que ya es hora de intercambiar algunos papeles; no es coña).

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  5. Jejeje...
    Si os digo la verdad, creo que me ha salido un poco demasiado típico/tópico. Tampoco tenía mucho tiempo para escribirlo. Ésta es la primera versión, prácticamente.

    Sussigkeit: ¿Qué pasa con pudrir? Está bien dicho, ¿no? Yo estoy muy bien, la verdad, aunque ha sido un año un poco raro. A ver si te escribo y te cuento. Gracias por lo de escribir. Espero que sea cierto, porque si no estoy haciendo mal negocio :P

    Guarismo: estoy de acuerdo en que es políticamente incorrectísimo. Anche la vita, que dirían los italianos.

    Un beso.

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  6. Pues yo comprendo a esa pobre mujer, como abanderada también de todas los problemas que me suceden.

    Yo también me los tomo muy a pecho y soy bastante incapaz de dejarme ayudar por los que intentan que parezcan menos importantes, aunque lo hagan con la mejor intención.

    Sé que es un defecto (y espero que el Mr no se busque una amante por eso,jeje) pero es difícil cambiar.

    Jo, qué cosas escribes ... mira todo lo que me has hecho confesar,jeje.

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