massobreloslunes: Insomnio

jueves, 26 de febrero de 2009

Insomnio

El poeta siempre había querido ser insomne. Quedaba tan bien... Qué glamour. "Yo es que soy insomne", diría. Se quedaría delgado, por supuesto, demacrado como un romántico enfermo de tuberculosis. La gente le preguntaría: "¿Y esas ojeras?". "Es que tengo insomnio", respondería él, curvando los labios hacia abajo. Sonaba tan interesante. "Escribo de noche - continuaría la explicación -, y el proceso creativo me excita tanto que luego no puedo dormir. Cuento ovejitas, me pongo un vaso de leche, pero nada". "¿Has probado a escribir a otra hora?", le preguntaría su bienintencionado interlocutor". Entonces él sacudiría la cabeza con determinación: "No, no puedo, no hay manera, las musas no me visitan de noche". Y se encogería de hombros, resignado a su triste destino, y seguiría caminando tambaleándose de sueño.

Pero la pura verdad es que el poeta no era insomne. Dormía como un bendito. A eso de las once le empezaba a entrar sueño, y para las doce ya estaba que se caía. Intentaba aguantar, que conste. Su mujer se metía en la cama y él, con su batín y su paquete de tabaco, se iba a su estudio y cerraba la puerta. Sacaba su cuaderno y revisaba lo último que había escrito, o trabajaba alguna idea surgida a lo largo del día. A los dos minutos, empezaban a cerrársele los ojos. Medio dormido, apoyaba la cabeza en una mano y empezaban a cruzar por su cabeza imágenes extrañas y frases inconexas. Entonces refunfuñaba y se metía en la cama, y nada más apoyar la cabeza en la almohada dormía toda la noche el sueño de los justos.

El poeta escribía más bien poco, entonces. Ocho horas de sueño, ocho de trabajo, su mujer, sus hijas, ayudar en casa, jugar al tenis con su cuñado, y al poeta apenas le quedaba tiempo para garabatear un par de frases en el autobús. Miraba su vida y le parecía muy poco poética. A veces se sorprendía imaginando que su mujer y sus hijos morían en un trágico accidente de tráfico. Adiós obligaciones, adiós sueño tranquilo, sólo él en su casa con largas horas de desesperación que llenar escribiendo. Después publicaría el libro de poemas que le haría famoso (aunque el poeta no se engañaba, sabía que es muy difícil que un libro de poemas te haga famoso... pero acababa de imaginar la muerte de su mujer y su hija, ¿qué importancia tenía llevar la fantasía un poco más lejos?). En una entrevista para algún suplemento cultural, el periodista le preguntaría de dónde había sacado esa colección de poemas tristes pero hermosísimos. "De mi dolor - contestaría él, apesadumbrado -. Después del accidente (y todo el mundo sabría a qué accidente se refería), sentí que tenía dos opciones: escribir o suicidarme". Y el entrevistado asentiría, comprensivo.

Normalmente, el poeta no podía avanzar más en esa fantasía, poorque su mujer o sus hijas le interrumpían, irritantemente vivas, y le pedían ayuda con los deberes, o que sacara la basura, o "a ver cuándo hacemos algo especial, que desde que nacieron las niñas no nos dedicamos a nosotros ni un segundo". El poeta resoplaba, fastidiado. "Insomnio - se repetía -. Si al menos tuviera insomnio...".

4 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho. Enhorabuena.

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  2. Bonito relato, sí. Mi enhorabuena, también.

    Miguel

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  3. Así no tendría que soñar despierto, quería decir.

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  4. Mopi!

    Me he acordado de la existencia de tu blog!!y ahora que tengo un portátil(las oposiciones me despluman) no tengo escusa.

    El relato me recuerda a mí de pequeña, en noches en la que mi madre(tardona por excelencia) se retrasaba y yo imaginaba terribles posibilidades y las escenificaba,jejje, no me extraña que haya salido yo tan teatrera.

    mucho metta

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