massobreloslunes: La suerte de N.

sábado, 21 de marzo de 2009

La suerte de N.

Esta semana me he leído un libro cuyo nombre no os voy a desvelar por motivos que entenderéis a continuación. Es un libro de los que enganchan. No una obra maestra literaria, pero lo suficientemente bien escrito como para convertirse en libro ventana, de ésos que te teletransportan al lugar que están narrando. Uno de los protagonistas, al que llamaremos N., me caía especialmente bien; de hecho, creo que me estaba enamorando un poco de él. A mitad del libro, más o menos, tuve un presentimiento: N. iba a morir. Como dice mi padre cuando ve a algunos personajes al principio de las películas americanas "ése huele a muerto". Estaba preocupadísima. No quería que N. muriera.

Ayer leí todo el día, riéndome con las ocurrencias de N. y viajando con los protagonistas a través del frío invierno de (tampoco digo el país, por si acaso). No podía parar de leer, y el presentimiento seguía rondándome la cabeza, y amenazaba silenciosamente al autor: "Si matas a N., te odiaré. Si lo matas, iré a perseguirte a tu estúpida casa de los estúpidos Estados Unidos y te mataré yo a ti". Por la tarde me fui a la biblioteca a estudiar. Me senté, coloqué los apuntes sobre la mesa, saqué el libro y me puse a leer. Me quedaban treinta o cuarenta páginas y sabía que no iba a estudiar hasta que me lo terminara. Lo bueno de crecer es que uno aprende a convivir con sus limitaciones.

Entonces a N. le hirieron, de una manera estúpida y casi accidental, y a mí se me empezaron a saltar las lágrimas. Pasé rápidamente las páginas: al principio parecía que no pasaba nada, pero después la cosa se empezaba a poner preocupante. Párrafo a párrafo, N. agonizaba lentamente, quedándose cada vez más frío en los brazos de su amigo. N. murió y yo tenía ganas de llorar. Levanté la cabeza, aturdida; a mi alrededor, universitarios y opositores subrayaban sus apuntes con rotuladores fluorescentes y a nadie parecía importarle nada que el personaje de un libro acabara de morir.

Por la noche, antes de dormir, repasé la historia en mi cabeza e intenté buscar una salida para el personaje. Traté de apartarle de la emboscada, de desviar la bala que le había herido, de acelerar el coche de camino al hospital. De repente pensé que si yo no hubiera seguido leyendo, N. aún estaría vivo. Mi codicia de lectora le había matado. Este pensamiento duró sólo unos segundos, pero durante esos segundos me sentí triste y culpable por haber pasado las páginas hasta el desenlace fatal de la historia.

Son pensamientos estúpidos, y es estúpido que todavía ahora se me encoja el corazón por la suerte de N. Me pregunto dónde está la verdadera entidad de las cosas, su importancia para nuestro corazón, y si debería importarme más una persona real a la que tampoco conozco de nada. Vagabundeo entre los delgados mundos paralelos de la realidad y la ficción y pienso que la realidad es sutil y está llena de capas superpuestas. Que es raro, pero bonito, encariñarse tanto de alguien que no existe.

En cualquier caso, quién sabe quién nos está leyendo a nosotros o, peor aún, quién nos está escribiendo.

5 comentarios:

  1. A mí eso me pasa a menudo, pero soy un perturbado.

    Por cierto, ¿qué libro es?

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  2. K , tú no eres un perturbado: lo que pasa es que gracias a tu pasión por las mujeres y los papeles excéntricos, los guionistas te han confundido con Jack Nicholson.

    Pero volviendo al tema de la verdadera entidad de las cosas, ya lo decía el anuncio de la Coixet: " ¿ a qué huelen las cosas que no huelen?. De todas formas, yo creía que este dualismo ya lo teníamos superado, quiero decir, el día que os invite a una fiesta espero que no me vengais con excusas ficticias.

    Anónimo76

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  3. K.: te lo diré en privado. Sin segudas intenciones.

    Anónimo76: qué comentario más curioso, a la par que intrigante. Me dan mucha curiosidad los anónimos, sí señor.

    Dos besos.

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  4. una entrada muy bonita. un beso :)

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  5. Jo, me dejas con la mosca detrás de la oreja.
    Esa frase con la que echas el cierre, me parece fascinante pero me molesta sobremanera. Espero que nadie me esté escribiendo a mí, que para escribirme ya estoy yo... o para escribir aquí, pero no para regir destinos ni cosas raras.
    Salud/OS!

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