massobreloslunes: Domingo

domingo, 7 de noviembre de 2010

Domingo




Ha sido un fin de semana estupendo. Pilas muy recargadas hoy. Mucha soledad y tiempo para mí, algo de interacción humana, varios capítulos de la temporada nueva de Mujeres Desesperadas. He cambiado los muebles de mi cuarto de sitio y guardado la ropa de verano. Me ha dado pena doblar las camisetas y los vestidos para meterlos en una caja, porque cada vez que guardaba algo me acordaba de cuando lo he llevado durante estos meses y me daba nostalgia, por ejemplo, pensar en Luna diciéndome que le gusta mi vestido verde de cuadritos.

En cuanto a los muebles, estoy encantadísima con el resultado. He pegado la cama a la esquina, y ya no parece un cuarto de matrimonio, sino que recuerda más a cualquiera de mis habitaciones de estudiante. Más concretamente, al único año que he tenido cama grande, en el piso del Realejo de tercero de carrera. Me encantaban aquel piso y aquella cama, con sus sábanas azules con burbujas blancas. Cambiaba de lado para dormir según mi estado de ánimo. Solía pegarme a la pared si me sentía triste y quería apartarme del mundo, o colocarme en el lado de fuera para relacionarme con la realidad. Desde que llegué a Cádiz, sin embargo, duermo justo en medio de la cama, como sin dejar sitio para nadie más.

Ahora no sé si tengo sueño o estoy espabilada, si me encuentro tranquila o tengo miedo del lunes. Si a algo aspiro en esta vida, más realista que el Nirvana, es a vivir sin miedo. A sentirme segura. En general soy una persona ansiosa, y la ansiedad no es más que el nombre políticamente correcto del miedo. Me doy cuenta de que me inquieta la estructura inestable e impredecible de la vida. Percibo mi sistema nervioso en modo lucha-huida la mayor parte del tiempo, y eso me saca de quicio, porque sé que no hay nada a lo que temer.

Pero hoy, ahora mismo, sentada en la cama con el portátil sobre las rodillas, no sé cómo me siento ni cómo me encuentro. Sopla el viento de levante sobre mi cabeza, tras la ventana, y siempre que lo escucho desde la cama me lo imagino entrando en los patios y dando vueltas en círculo, tocando las casas como si fueran flautas enormes.

Si tuviera que decidir un estado de ánimo, diría que me siento agradecida. Porque en realidad hay dos actividades que me hacen dejar de tener miedo. La primera es escuchar a mis pacientes. Escucho lo que me dicen con toda mi atención, en serio, toda mi energía mental está puesta en sus palabras y en intentar averiguar la manera de ayudarles. La segunda actividad es escribir.
Así que me siento afortunada de poder practicar a menudo las actividades que me quitan el miedo. Y de que me paguen y todo por ello (bueno, por parte, que por escribir esto no creo que vea un duro nunca).

Y con esto y un bizcocho, empieza otra semana, que espero que sea mejor que la anterior y peor que la siguiente.

Buen lunes.

1 comentario:

  1. "la ansiedad no es más que el nombre políticamente correcto del miedo". Nunca me lo había planteado así, me has abierto los ojos!!

    PD: No has dicho nada de la canica que te has encontrado :p

    mettabesos

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