massobreloslunes: Día D

sábado, 1 de enero de 2011

Día D


Me despierto el día de año nuevo con restos de pintalabios rojo, la cabeza embotada y los pies fríos. En mi casa estamos solos mi perro y yo, y él lleva un rato a los pies de la cama, esperando a que me despierte para abrirle la puerta de la calle.

Me levanto de la cama porque me meo, mientras me pregunto cómo es posible tener resaca sin haber bebido una gota. Desayuno un poco de pan con queso y un vaso de vitamina C efervescente y me echo un neobrufén al coleto. Luego abro el grifo de la bañera. Feliz baño nuevo, pienso para mí, y me río sola, encantada de haberme conocido.

Mientras se llena la bañera toco un poco el piano, mirando mis dedos torpes de uñas rojas sobre el teclado polvoriento. Pobre piano desafinado y solitario. Me siento una mezcla entre espesa y paranoide mientras canturreo escalas y piso los pedales con los pies desnudos. Luego enciendo la chimenea con un tronco gigante y un montón de pastillas y echo unas cuantas ramas de romero que arranqué el otro día de un matojo. Romero romero. Que se vaya lo malo y entre lo bueno.

La bañera ya está llena, y yo transporto el portátil con cuidado, desafiando a la humedad y a la mala suerte. No sé qué voy a poner, pero sé que será Quique. Ayer por la noche, mientras mis amigas y yo jugábamos al Bang vestidas de vaqueras (unas más que otras), alguien dijo que tienes que empezar el año como quieres que sea el resto del tiempo, y al final, tu sabes, todo se reduce a Quique.

Así que barajo opciones. No quiero empezar un año Daiquiri. Es un buen disco para un baño, pero lleva demasiada tristeza .El Salitre me gusta mucho. Es muy Cádiz, muy viento de poniente y verano y olor a sal en el aire, pero justo por eso no me pega ponerlo aquí, en Málaga, lejos de la bahía y de la playa de la Caleta. En Ajuste de Cuentas hay demasiada gente, y no cabríamos todos en la inmensa soledad de la bañera. El Pájaros Mojados sería una buena elección. Sobre todo porque podría sentirme identificada con el primer tema y sus vientos cantando alegres a la resaca.

Luego llego al Kamikazes y algo cambia en mí, como la lucecita que se enciende detrás de mi cerebro falto de sueño. Como si una espada tocara hueso. Kamikazes enamorados no es mi canción favorita de Quique; creo que le falta estribillo. Pero me gusta el concepto. Me siento identificada con la imagen de una amante desquiciada en su particular avioneta en llamas. Sé que voy a estrellarme y no me importa. Después, claro está, así me va.

Así que dejo el Kamikazes y me meto en el agua, disolviendo las sales de baño entre los dedos y preguntándome por qué no hacen la suficiente espuma. Pensando que me gustaría sacar una foto de mis pies sobre el agua, el derecho apoyado en la rodilla izquierda y el otro al fondo, las uñas rojas brillando sobre la loza blanca. Pero ya basta de arriesgar aparatos eléctricos por hoy.

Y escucho a Quique el día de año nuevo, en mi casa solitaria, con el perro tumbado sobre la alfombrilla de ducha, sumergida en sales medio disueltas. Y pienso que a mi vida, como a la canción, a veces le falta estribillo, pero nunca deja de gustarme el concepto.

3 comentarios:

  1. Il semble que vous soyez un expert dans ce domaine, vos remarques sont tres interessantes, merci.

    - Daniel

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  2. Pues mientras te guste el concepto, el estribillo es un poco lo de menos, ¿no?

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