massobreloslunes: Autobuses y adolescentes adorables, segunda parte

jueves, 10 de marzo de 2011

Autobuses y adolescentes adorables, segunda parte

Ayer hacía una mañana de nublado misterioso. Misterioso porque yo no lograba comprender cómo si el cielo estaba gris el mar podía tener ese color azul verdoso clarito. Estaba sentada en el autobús frente a una chica muy joven, casi una niña de doce o trece años. Delgadita, guapa, con un chándal gris, un chubasquero negro y la cara primorosamente maquillada, con disimulo estudiado de adulta. Mi Acné del Averno ha producido en mí la deformación de fijarme en las pieles de la gente. Sé el tipo de piel que tienen mis pacientes, mis compañeros de trabajo, mi familia. Les envidio hasta las arrugas con tal de no tener esta fábrica de poros taponados cubriendo mi cráneo. A lo que iba: la chica tenía una piel perfecta, que se adivinaba preciosa incluso bajo la tenue base de maquillaje. Llevaba dos perlas falsas enmarcándole el rostro y una cola alta de caballo.

Entonces miró hacia su derecha, hacia la ventanilla de autobús, el paseo y el misterioso paisaje bicolor y, de pronto, sonrió suavemente y giró de nuevo la cabeza. Dirigía la vista al frente, no hacia mí sino a través de mí, y la sonrisa privada danzaba despacio en sus labios pintados de rosa. Miré hacia fuera y le vi: un chico delgado, desgarbado, con una sudadera gris y una mochila raída, montado sobre una bicicleta negra. Observaba terco y risueño a la chica, y ella también reía en silencio y eludía sus ojos.

El autobús arrancó y dejamos atrás al chico de la bicicleta. Paramos un poco más adelante en un semáforo y el chico volvió a alcanzarnos. La niña le miró de nuevo, divertida, y él sonrió y saludó con la mano. Ella devolvió la vista al frente, dura como una damisela de cuento antiguo.

Seguimos asi un rato: el autobús aceleraba, el chico se quedaba atrás y luego aparecía otra vez por el paseo, pedaleando a todo gas, esforzado y voluntarioso, y la chica animaba cada uno de sus sprints con una mirada lánguida de sus ojazos marrones. La escena me recordó a Marco, mi italiano, cuando me desafiaba desde su bici “a que non mi prendi... si que ti prendo... no, non mi prendi”, y aquel pillapilla improvisado, los dos vehículos enfrentándose en una lucha sorprendentemente igualada, me hizo sonreír a mí también.

Por fin la chica se bajó, y el niño estaba esperándola en la parada de autobús con una media sonrisa en los labios. No era muy guapo, pero tenía suficiente descaro como para saber que con semejante voluntad ninguna mujer se le podría resistir jamás. Ella le sonrió con todos los dientes al bajar y se dijeron algo que no oí. Y aprovechando que el autobús todavía no había arrancado, me cambié de sitio sólo para ver cómo se alejaban caminando despacio, charlando alegremente, con la bicicleta entre los dos como un valiente y bello animal manso.

8 comentarios:

  1. Que grande, me ha alegrado la mañana... ésta vez, desde un barco.

    Felicidades por la escena.

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  2. De verdad persiguió el autobus? Todo el trayecto???? Si que es fuerza de voluntad, sí... pero la historia mola, por si luego tienes que contarla en un típico "¿Y cómo os conocistéis?" XD

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  3. Qué maravilla es siempre leerte, aunque algunas veces sea un poco para mal, de tal derroche de visión honesta que tienes <3

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  4. Alive: Muchas gracias, a mí también me alegró el día leer tu comentario. Me encanta tu nick, me recuerda a la canción de Pearl Jam y me da buen rollo.

    Speedy: yo creo que ya se conocían de antes, en realidad. Si no ya hubiera sido el summum del romanticismo urbano xD

    Funes y anónimo: ¿Competís en laconismo? :p

    Nieves: derroche de visión honesta, qué bonito. Me lo voy a tatuar en el brazo o algo. Muchas gracias :)

    Besos para todos.

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  5. "No era muy guapo, pero tenía suficiente descaro como para saber que con semejante voluntad ninguna mujer se le podría resistir jamás."

    Me temo que fuera del contexto literario de " escritora observando la realidad a través del cristal del autobús" esta tesis apenas podría sostenerse. El voluntarismo, aunque formalmente muy vistoso, casi siempre peca de obsesivo o de ineficaz.

    Por lo demás, no sabía que habías vuelto. Espero que sigas escribiendo y te vaya todo bien.

    Anónimo76

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  6. Gracias.
    Alegra algo así.

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