massobreloslunes: Cosas veredes -- TMC7

sábado, 18 de junio de 2011

Cosas veredes -- TMC7

Cuando yo era pequeña, mi abuela vivía en una casa muy grande en Calle Manrique, en el barrio de la Victoria. Estaba formada por dos pisos unidos y tenía (esperad que los cuente) cinco dormitorios, tres baños, la cocina, el salón y un cuarto de estar. En mi memoria la casa está llena de la luz de las mañanas de la infancia, cuando te levantas un sábado y no te importa la hora que es ni el número de cosas que te va a dar tiempo a hacer antes de comer.

Me encantaba esa casa. No era la casa más abuelil del mundo, porque de por sí mi abuela es poco abuelil, pero estaba llena de libros antiguos, bisutería anudada en el fondo de los cajones y objetos extraños, como un postizo hecho con el pelo de una de mis tías cuando era pequeña, rollo mujercitas. Yo vagaba por las habitaciones y todo me parecía misterioso y fascinante, porque de pequeña estaba llena de pajas mentales y no quería más que tener amigos invisibles, volar y que estallara una guerra para ser como Ana Frank, por ese orden.

Hace unos años, mi familia decidió vender la casa. Sacaron todos los trastos y los fueron colocando junto a la basura para que la gente se los llevara. Limpiaron a fondo, quitaron los grifos para llevarlos a la casa de veraneo y trasladaron a mi abuela. A mí me daba pena pensar que nunca iba a volver a explorar esa casa buscando tesoros entre la morralla de los cajones; por otra parte, tenía ya más años que un gnomo y tampoco pegaba corretear por los pasillos de casa de mi abuela creyéndome Bastian Baltasar Bux.

Ahora que mi casa se ha quemado, mi madre y mi hermano se han instalado allí porque no encontraban piso para alquilar tan poco tiempo. La mitad de la casa está sin bombillas, las persianas no se bajan y los marcos de las ventanas no encajan. Apenas hay muebles, y lo tienen todo esparcido por el suelo como en un piso de yonkis. "Elige un cuarto", me dijo mi hermano. "Cada uno tiene un inconveniente". Elegí el pequeño cercano al baño, que tiene el inconveniente de que parece un zulo, y ahora mi hermano me llama Ortega Lara y me dice que me afeite la barba.

Me tengo que ir, así que sólo me queda tiempo para una rápida conclusión: la vida es rara, rara rara. No menospreciéis su capacidad de sorprenderos.

1 comentario:

  1. Jajajaja es curioso descrubrirte mientras se te lee. Hay mucho detrás para entenderte. Me gusta!

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