massobreloslunes: 34. El miedo

jueves, 18 de agosto de 2011

34. El miedo



Ayer estuve escalando. Sí, otra vez. Sí, soy un coñazo. No os preocupéis, que en breve (quizá hoy mismo) voy a abrir un blog sólo de escalada donde hablaré de escalada hasta que reviente sin temor a aburrir a mis lectores.

La cosa es que ya expliqué el tema de ir de primero e ir al torro. Alex, que sabe mucho de la escalada y de la vida, me dijo que intentara ir de primera todo lo que pudiera. La explicación es que cuando vas de primera cuentas con un factor que es mucho más poderoso que el tamaño de los agarres o la dificultad de la vía, a saber: el miedo. Es muy curioso cómo cambia el cuerpo a medida que te alejas de la última chapa y empiezas a contar con el factor caída. Estoy segura de que es más fácil escalar con pesas en las piernas que con miedo. Y al final está ahí y te tienes que relacionar con él, integrarlo y superarlo.

Yo siempre he sido miedica. Desde pequeña. Cuando iba a los campamentos de los scout era la típica que se tapaba los oídos cuando se contaban historias por la noche. Ahora creo que mi problema era que tenía demasiada imaginación. Los demás niños estaban muertos por dentro y claro, les daba igual lo que les contaran, porque se metían en el saco y se quedaban en modo encefalograma plano; yo, sin embargo, de un par de frases me sacaba una historia truculenta y vívida que no me dejaba dormir. Al final me inmunicé sola contra las historias de miedo leyendo cuentos de terror hasta que perdían el sentido. Así era yo de pequeña: recia.

El miedo vital es otro rollo. Es la emoción que subyace a todas las demás emociones negativas. Tenemos celos porque nos da miedo perder a alguien. Somos infieles porque nos da miedo quedarnos con la persona errónea. Nos ponemos a la defensiva por temor a que nos hagan daño o nos alejamos por miedo a sentir. Y lo paradójico y absolutamente estúpido de todo esto es que al final el miedo se basa en una sensación de seguridad que es falsa. Noticias frescas: nada es seguro. El mundo podría reventar mañana mismo. Planeamos nuestros movimientos basándonos en cálculos de probabilidades que pueden ser muy cercanos a la realidad, pero que no dejan de ser eso: cálculos. Aproximaciones. Ideas.

Por eso, cuando me entra el pánico me digo que al final sólo se puede surfear en el filo de la ola que es este preciso momento. Y cada vez tengo menos miedo, o mejor dicho, cada vez intento decidir menos basándome en el miedo. Creo que son las peores decisiones que pueden tomarse. Son decisiones que van con el no delante. Propósitos de cadáver, como los llamaba un libro sobre Terapia de Aceptación y Compromiso, porque no hay nadie más tranquilo y seguro que un muerto.

Si escalas, o si vives, tira y tira y tira para adelante, joder, que si te caes te caíste y si te matas te mataste. La muerte está presente ahí, todo el rato. Hoy iba con la moto tranquilamente, adelantando a un autobús parado en un semáforo, y resulta que dos tíos estaban cruzando delante del autobús, justo por mitad del paseo. Si hubieran cruzado una milésima de segundo más tarde, yo habría dado un volantazo/manillarazo y me habría ido a tomar viento al carril contrario. Y no es malo: es real. Puede pasar cualquier día, pasará algún día y debemos estar preparados. Mientras tanto, ¿a qué hay que tenerle miedo? Todo son sensaciones y sentir no va a matarte.

Y ya paro, que me estoy poniendo como superdramática. Que hoy dudaba entre escribir sobre el miedo o sobre la búsqueda infructuosa de un vestido para el bodorrio de mi primo y me estoy arrepintiendo de no haberme puesto a hablar de lo mucho que me aberra el raso azul petróleo.

4 comentarios:

  1. Mopi, no quiero que llores.

    ResponderEliminar
  2. Una vez te hayas secado las lágrimas, te digo: creo que los que considero tus mejores posts son los que se quedan sin comentarios o menos comentarios reciben. En este caso se trata de un post profundo y describes tan bien todo y le das tanto significado que sobran las palabras. Los lectores con nuestros comentarios sólo podríamos estropear tu post.

    Quizás también nosotros estemos un poco muertos por dentro y tengamos un encefalograma plano que no nos permita visualizar e imaginar otras situaciones o llegar a reflexiones más profundas. O igual si somos capaces pero nos dan MIEDO nuestros pensamientos trascendentes o lo que los demás puedan a llegar a comentar de algo tan íntimo.

    ResponderEliminar
  3. ¿Y los gatitos? ¿Es que nadie va a pensar en los gatitos?

    ResponderEliminar
  4. Nada es seguro. Qué gran verdad. Y qué miedo, ¿no? XDDDDD (Buen post)

    ResponderEliminar