massobreloslunes: El Mal Vacacional

martes, 23 de agosto de 2011

El Mal Vacacional

Mis grandes defectos están todos relacionados con lo mismo. Soy despistada, desordenada y estoy empanada en general. Lo compenso con dos grandes virtudes: la primera es que soy bastante tolerante con los defectos ajenos. No me enfado porque se olviden de mi cumpleaños ni porque la gente llegue tarde cuando queda conmigo. Los ordenados-puntuales-centrados suelen ser bastante tiquismiquis con los demás, rollo "si yo puedo hacerlo, ¿por qué tú no?". Supongo que es como me pasa a mí con la gente torpe. Mi otra gran virtud es que soy una máquina de generar soluciones alternativas (o, como dice mi amigo José Luis, de "arreglarlo"). No me haría falta esa virtud si de entrada hiciera las cosas bien, pero es lo que hay.

Así que cuando ayer, en mi casa de Cádiz, con los sudores chorreándome por mis rubios cabellos, ocho kilos de equipaje absurdo sobre mi modesta espalda y la hora de salida del tren pegada al culo, descubrí que había perdido la tarjeta de embarque de mi vuelo desde Sevilla, no me inmuté.

Tranquilidad en las masas, Marina, me dije. Tienes tres horas entre el tren y el vuelo. Buscas un ciber en Sevilla, imprimes otra vez la tarjeta de embarque y andando. Ahora sal de casa, monguer, que vas a perder el tren después de haberte levantado con cuatro horas de antelación.

Llegué a Sevilla toda zen a pesar de los treinta y muchos grados de calor que asolaban la ciudad. Mi plan era sencillo. Uno: mear (la filtración renal ultrarrápida es otro de mis defectos). Dos: sacar dinero, porque iba sin un duro. Tres: encontrar el ciber. Cuatro: comprar chocolate. Cinco: ir al aeropuerto y vagar por el Duty Free probando colonias caras de las que luego aberrar en silencio.

Ingenua de mí, lectores. Noticias frescas: es más fácil encontrar hielo en el desierto, al Dr. Livngstone o al monstruo del Lago Ness que un ciber en Sevilla, cerca de la estación de trenes y abierto al mediodía. Para colmo, mi tarjeta del banco se había desmagnetizado OTRA VEZ, sospechosamente desde que me compré mi cartera nueva, que aun así me niego a cambiar porque es superbonita.

No pasa nada, me dije. Me envío dinero a mí misma por Hal Cash, que no será la primera vez dado que mi cartera/bolso/Satán se empeñan en desmagnetizarme las tarjetas. Ahora imaginad la estampa: yo, Sevilla, Agosto, mochila. Caminando por las calles sin un céntimo para comprarme ni una cocacola. Luchando contra el servicio de reconocimiento de voz automatizado de mi banco, que se empeñaba en no oírme, no entenderme o colgarme mientras yo gritaba desquiciada: "Quiero que me pasen con un gestor, con un gestor, ¡¡¡con un gestoooor!!".

Conseguí enviarme dinero a mí misma. Encontré un ciber y estaba cerrado. Entré en una tienda de informática por afinidad temática y me encontré al señor más parecido al protagonista de Clerks que he visto en mi vida. Pero en gordo. Y en harto de la vida.
- ¿Sabe dónde hay un ciber?
- Ahí, a la vuelta de la esquina. Lo que no sé es si está abierto.
- No, ya lo he mirado yo y está cerrado. ¿Aquí tienen Internet?
- ¡No! (definición de milisegundo: tiempo que transcurrió entre la palabra "Internet" y la negativa de Gordoclerks).
- Es que necesito imprimir un billete, tengo que irme ya al aeropuerto y estoy a punto de llorar, Gordoclerks, si insistes suficiente quizá te enseñe una teta.

A partir de ahí el corazón de Gordoclerks se ablandó, lo que no mejoró en nada la situación porque 1) para ser informático era la persona más inútil que he visto con Internet y 2) Ryanair, la Compañía del Mal, no me dejaba reimprimir el billete. Total, que me tuve que ir para el aeropuerto descompuesta, sin novio y con cinco kilos menos de peso que me había dejado en forma de sudor chorreante por las calles de Sevilla.

Llegué al aeropuerto pensando con lógica: a ver, yo ya he facturado online. No me pueden cobrar por imprimir. Ya he facturado. El tema es facturar, no imprimir. NO PUEDEN COBRARME POR IMPRIMIR. Me repetía esas frases como un mantra, pero en lo más profundo de mi corazón sabía que no iba a ser tan fácil. Efectivamente, me cobraron por imprimirme la tarjeta de embarque.

Voy a callarme aquí lo que pienso de Ryanair porque en el mismo momento en que dejaba mis cuarenta y tres euros en el mostrador de sus oficinas del Mal decidí que no iban a amargarme las vacaciones con su inmoral política recaudadora. Con mi tarjeta de embarque en la mano me fui al Duty Free, me eché colonia cara y me compré una tableta de chocolate con naranja que me costó un riñón. Claro, que al menos ellos me dieron chocolate a cambio, no como Ryanair, que me cobró por NADA.

Aquí termina la parte de maltrato institucional consustancial a viajar con Ryanair y comienza la parte de "hoy Dios me odia y yo no sé qué le he hecho".

Con mi tableta de chocolate en una mano y un libro de Steinbeck en la otra, me puse en la cola para embarcar en el avión. Era la típica cola tan larga que te preguntas si todos vais a caber dentro o si a los que se pasen con las dimensiones del equipaje los meterán en la bodega después de hacerles pagar un suplemento.

En esto que se me acerca una señora Gallega, Gorda y vestida de Rosa; en adelante, GGR. Conste que ninguno de los tres adjetivos tiene intención de discriminar, sino sólo de dibujaros su estampa de forma más acertada. Esta señora iba acompañada de una Gallega Vieja vestida de Negro, también conocida como GVN o como su Madre. Yo ya las había visto en la cola de facturación y también habían tenido que pagar por imprimir el billete. Eran de estas personas un poco llamativas que sabes que serán problemáticas y que además sabes que te perseguirán todo el viaje. Es un consuelo para mí saber que este tipo de personas, a pesar de lo que puedan decir los prejuicios populares, no siempre son andaluzas.

Total, que se me coloca detrás GGR y empieza a interrogarme.
- ¿Ésta es la cola para Santiago?
- Sí.
- ¿Seguro? Es muy larga.
- Sí, seguro... yo pensaba lo mismo que usted, me he acercado al principio y pone "Santiago" (yo soy amable hasta la muerte, excepto con el servicio de reconocimiento de voz de ING direct).
- No, no, si te creo. Anda, mamá, siéntate ahí mientras avanza la cola - le dijo a la GVN en gallego.

Yo me enfrasqué en la lectura de "Viajes con Charley", que por cierto es un libro que mola mil, y en el comer chocolate indiscriminadamente mientras la señora murmuraba contra Ryanair.

Entonces me dijo:
- Perdona, ¿me puedes mover la maleta mientras voy al baño?
- Claro, sin problema - soy superamable, en serio, tengo un problema con eso.

GGR se mete en el baño, la cola empieza a avanzar y en esto que su madre se me coloca al lado y empieza a observarme con mirada aviesa. Yo caminaba, arrastraba la maleta y la señora anciana se movía detrás de mí y me miraabaaa largamente sin decir nada. Pensé "ya está, me han colocado una maleta-bomba, voy a ser una mártir de la Yihad gallega y esta señora está aquí para asegurarse de que todo va como es debido, porque total, a su edad no tiene mucho que perder".

GGR salió del baño y me aclaró que su madre pensaba que yo le estaba robando la maleta. Sí señora, le estaba robando la maleta despacito para que nadie se enterara y en dirección al avión que también usted va a coger, y de paso me va a detener mirándome de forma insistente hasta que embarquemos. Me encogí de hombros, le di la maleta a GGR y seguí a lo mío.

GGR y GVN se quedaron atrapadas en la puerta de embarque por el tamaño de sus maletas (no me sorprendió) y yo, después de tener que meter todas mis pertenencias en un solo bulto, medir y pesar dicho bulto varias veces, tocarme la nariz con la punta del dedo, enseñar la tarjeta de embarque más cara de la historia y declamar en gallego que adoro a Ryanair y a la madre que le parió, conseguí embarcar. Viva y bravo. Me siento junto al pasillo, coloco mi único bulto de menos de diez kilos de peso a mis pies porque obviamente ya no queda hueco en los portaequipajes y saco mi moleskine para manejar el estrés a base de escribir.

Pues a que no sabéis quién se me sienta al lado, pasillo de por medio. Por supuesto: GGR. Y ¿quién se sienta delante, separada por unos cuantos pasajeros inocentes? Su Madre. Mirándome aviesamente. Pensé en cambiarle el asiento a su madre para que estuvieran juntas, pero estaba tan agotada que me daba perezón, y ahí Dios me castigó por tener el corazón duro cual director de compañía aérea low cost.

El avión empezó a moverse por la pista durante un montón de rato. Siempre que hace eso me imagino que viajamos por tierra sin despegar nunca y me hace mucha gracia la estampa del avión rodando por las carreteras españolas lleno de turistas pobretones y apretados. Al final despegamos, y en esto que GGR saca un enorme abanico verde que contrasta con su enorme camiseta rosa, echa la cabeza hacia atrás y empieza a abanicarse ostensiblemente y a sudar como un pollo. Si algo sé yo como psicóloga del SAS es de señoras con sobrepeso que sudan y se abanican. Ansiosa en crisis de ansiedad fulminante. Pero como estoy de vacaciones, resistí la tentación de gritar "¡¡tranquilos, soy psicóloga!!" y ponerme a darle instrucciones de relajación y me dediqué a mi moleskine.

Y en esto que, sin previo aviso, GGR empieza a vomitar. Mucho. En el pasillo. Preocupantemente cerca de mi único bulto de menos de diez kilos de pso. Ahí tuve que hacer malabarismos éticos para aparentar preocupación y al mismo tiempo apartar mi mochila del camino de la mujer potadora. Cuando terminó y yo ya pensaba que Dios había terminado de reírse de mí, le ofrecí una toallita y agua (amabilidad patológica). Entonces se me cayó la botella de agua y rodó por la pota de GGR (¡¡verídico!!) hasta dos o tres filas de asientos más atrás. Un señor agarró la botella por el tapón y me la devolvió, mientras medio pasaje me miraba con expectación. Yo, muy digna, sequé la botella con una toallita, la coloqué en el suelo y le di una patada secreta.

En esto que se acercan los tripulantes de la compañía del Averno a intentar arreglar aquello con toallas de papel y bolsas de basura.
- ¿Está usted bien? - le preguntó una azafata a GGR.
- Ay, señorita, verá, es que a mí los aviones me dan mucha ansiedad... y además, no me he podido sentar al lado de mi madre... y ¡he tenido que pagar cuarenta euros por la tarjeta de embarque! ¡Y por el exceso de equipaje!

Ahí ya no pude más. Empecé a reírme por lo bajo mientras escribía en mi moleskine y el señor de al lado me miraba como si estuviera loca. Todo el día se agolpó en mi mente (el calor, Gordoclerks, los low cost del Averno, la anciana del Hezbolá gallego y, sobre todo, la indisposición causada por el abuso de poder de Ryanair) y pensé que joder, que la vida es muy, muy graciosa y que a pesar de los cuarenta euros me lo estaba pasando bastante bien.

Un atracón de chocolate con naranja, ocho páginas de moleskine y veinticinco anuncios de Ryanair después llegué a Santiago. Todo era verde, morriñoso y gallego. Crislaquviveensantiago me esperaba en la puerta de embarque como en las pelis. Me encanta que me reciban en las puertas de embarque (no, IA, no es una indirecta) y me recuerda a Love Actually. Me despedí mentalmente de GGR y de GVN.

Seguía misteriosamente contenta. Estaba de vacaciones y me esperaban cuatro días en Santiago y tres días por ahí de furgoneteo escalador. El chocolate con naranja valía lo que costaba. Pero, a pesar de mi optimismo natural, mi amabilidad patológica y mi desapego al dinero, podéis tener muy pero que muy clara una cosa:

La vuelta a Cádiz la hago en autobús.

8 comentarios:

  1. Bueno, lo que me he podido reir con este post (y en el trabajo, además, que soy muy gitana) no lo sabe nadie xDDD

    Mira que normalmente los viajes dan pie a un montón de catastróficas desdichas en este plan, pero si encima son con Ryanair es que puedes ir preparada para una montaña rusa de emoción e ira desgarradora...

    Sólo añadiré que en mi último vuelo con Ryanair también tuve anécdota de vómitos. ¡Creo que están de moda! xD

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  2. Madre mía, qué risa xDDD

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  3. Olvídate de lo que has preparado y cuenta esto en el discurso de la boda! xDD me meo con todo.

    Por cierto, deberías ir al CI y hacerte fotos en el probador con el vestido para que opinemos si te lo debes comprar o no.

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  4. Ja,Ja,ja,ajjaaaaajjjjaaa...!!!!

    Genial!!!!

    Me he sentido identificada en varias cosas, desde tus defectos-virtudes (despiste anudado a tolerancia) hasta tu experiencia con Ryanair.
    No puedo con los tiquismiquis que siempre llegan cinco minutos antes
    y que si llegas tarde te preguntan si te habrías comportado así con un alto mandatario, A PESAR DE VE QUE TIENES LA CARA DESENCAJADA POR LAS PRISAS.

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  5. XDDD Los viajes que empiezan así...después no defraudan. Preveo varios posts de vacaciones.

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  6. Desde que a mí los de Ryanair también me cobraron por nada, no he vuelto a volar con ellos... y hace casi ya 2 años. Grrrrrrrr.

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  7. mu güeno, te ha qedado genial, es por estas joyas que te siguo, sigue así.
    PD:lo q te pasó en Sevilla es un infortunio, me hubiera gustado ayudarte (yo tb padezco de amabilidad patológica) xo el no conocernos tb es un infortunio. Vente un día q qedemos todo el grupo a meditar y la próxima vez q necesites un ciber será más fácil saludos

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