massobreloslunes: Fa che sia Vita

jueves, 6 de octubre de 2011

Fa che sia Vita

Hoy ha sido un día extraño, de estos de todo cambia cambia todo y no puedes estar puteada mucho tiempo porque el mundo no te deja. De esos que cuando te pones a repasarlo sentada frente al escritorio se descomponen en momentos brillantes como los cristales de un caleidoscopio. Momentos de vida en tecnicolor.

Me he levantado encontrándome fatal, pero fatal de la vida. Lo he achacado a que ayer me pusieron la vacuna de la gripe y me habrá hecho una mini reacción, porque me dolían todos los huesos como si se me estuvieran deshaciendo. A media mañana he hecho relajación con la hija de una paciente alcohólica. Sé que trabaja y estudia, y que hace encaje de bolillos para dedicarse este rato, así que pongo todo mi esfuerzo para que mi voz rasposa suene lo más calmada posible. Se tumba en la camilla sin quitarse las gafas, y cuando al terminar me dice que cree que se ha dormido le digo que no importa. "Será que tu cuerpo lo necesitaba". Después de que se marche me tumbo yo en la camilla un rato, cierro los ojos y me mando metta a mí misma: "que este corazón herido sane, que este cuerpo dolido se libere".

Cuando vuelvo al despacho me llama el trabajador social. "¿Quieres ver algo bonito?", pregunta, y me lleva a la ventana de su consulta. Desde allí podemos ver el patio de la guardería cercana, donde diez o doce niños de menos de dos años están sentados muy serios en sus sillitas. Por conjunción de los astros ninguno llora, y les ves ahí, tan peinaditos y frescos en el aire de la mañana que casi puedes oler el nenuco en sus coronillas.

Al mediodía me sigo encontrando fatal. Tengo un hambre del Averno y no puedo subir al comedor hasta que no llegue José Luis. Me compro una tableta de chocolate negro en el Supersol y me la voy comiendo mientras camino por la Avenida pensando: soy un espíritu hambriento, algo dentro de mí no se calmará nunca y el chocolate no es la solución. En el comedor una médico desconocida me cede el último caqui. En realidad está verde y me pica toda la boca como si estuviera comiendo pelusa, así que tengo que escupirlo y enterrarlo bajo servilletas para que la médico amable no vea cómo lo tiro.

Al salir del curro me acerco a la playa de Cortadura, donde Irene, Pablo y Eva están tirados al sol después de pegarse una mariscada en casa de Pablo. Qué mal vivimos, dicen, cuánto sufrimos. Se les ve plenos, morenos y bellos en este sol de octubre tan tranquilo y raro. No van a estar plenos, los cabrones, si han ido al mercado esta mañana y luego se han puesto ciegos de buen marisco gaditano a siete euros por cabeza. Mañana nos vamos al Chorro. Planeamos la logística del Mercadona y el porcentaje de personas que habrá por cada perro y de botellas de vino que habrá por cada persona.

Luego Pablo y yo nos vamos al roco a entrenar un rato. Me siento capaz y fuerte hoy, con ganas de apretar. Voy con tanto ímpetu que me caigo desde las presas de arriba y vuelo un par de metros antes de aterrizar de espaldas sobre los colchones. Cualquier día me quedo gilipollas con esto de la escalada y la vigorexia, pienso, y justo entonces entra un chico mayor, con el pelo largo y una camiseta de los Ramones, que le explica a mi profe que tuvo un accidente hace años en las calas de Roches y que le gustaría escalar. Lleva bastón y no tiene claro cómo acceder desde su coche a los sectores. Dios, cómo amo a mis brazos y a mis piernas, pienso.

Trepamos un rato Pablo, una chica nueva, un chico también nuevo preocupantemente guapo y yo. El chico preocupantemente guapo marca fatal, pero me sujeta suavemente por los riñones cuando hay un paso largo y a mí me da lo mismo cómo marque. Me perturban los guapos y sus sonrisas, y me perturban todavía más los guapos que parecen simpáticos, y éste sonríe y parece simpático y es amable y me perturba.

Y luego cañas, tapitas, el aire templado de este otoño que se resiste a serlo. Yo no sé a vosotros, pero a mí últimamente me resulta fácil encontrar la bondad y la belleza a mi alrededor. No sé si será porque las busco o porque tengo un montón de suerte. Pero en realidad, a pesar de lo que publique aquí en mis grandes momentos de éxtasis pseudoliterario, vivo rodeada de un montón de miserias. Quiero decir, que hoy he tenido que escuchar a un chaval explicarme que le habían llevado a prisión por "cuatro puñalaíllas", así, textual, cuatro puñalaíllas que según él eran en defensa propia. Luego ha contado que hace cinco años encontró a su hermano colgado en la lámpara de su habitación. Y al mediodía, mientras esperaba frente a la UCI pediátrica a que llegara José Luis, ha pasado una camilla con un niño; son curiosos los niños camino de quirófano, porque suelen ir sentados en la cama, mirándolo todo con atención mientras su padre o su madre se clavan una sonrisa con chinchetas.

Lo que quiero decir, y me he liado hoy mucho muchísimo, más de lo que suelo a pesar de tener siempre la tecla fácil, es que si tienes brazos, y piernas, y la cabeza sana, y amigos, y dinero para llegar a fin de mes, y un techo sobre tu cabeza, y aire, y sol, y Cádiz o no Cádiz pero lo que sea... si estás medio bien, qué quieres que te diga: ser feliz, encontrar la verdad y la bondad y la belleza a tu alrededor todos los días, esforzarte por ver lo bueno de la gente... no es un privilegio ni una estupidez de neohippie: es una obligación moral. Tienes la Obligación Moral de buscar tu felicidad y después repartirla. Si estás descontento con algo, cámbialo. Búscalo, esfuérzate, sonríe. Vive y ama, joder, que esto son dos días.

Y después de daros, una vez más, esta chapa inmensa a la que deberíais estar acostumbrados, me voy a dormir en mi casa tranquila, en mi barrio lindo, en mi vida en tecnicolor.

1 comentario:

  1. A mi, Marina, me ha resultado un día GENIAL,siempre que no te compares con los de la mariscada, tumbados al sol. Es broma;)

    Me ha gustado mucho tu día de ayer y, como siempre, el dinamismo y la frescura con que lo cuentas.

    ¡Qué tengas un viernes estupendo!

    * ¡Qué gracioso lo de los niños! Nunca deberíamos perder ese espíritu inocente que vive descuidado.

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