massobreloslunes: Pantanos, fotografía y la mente del principiante

sábado, 15 de octubre de 2011

Pantanos, fotografía y la mente del principiante

Estoy aprendiendo fotografía.

Correción: estoy haciendo fotos.

Yo siempre he acechado la vida más que vivirla. Cuando empezaba algo nuevo, me dedicaba a aprenderlo todo de forma teórica antes de probar la práctica, lo que no es más que una forma difusa y controladora del miedo. Recuerdo cuando me compré la bici en Granada. Pasé semanas estudiando las calles mientras caminaba por ella: en qué dirección iban, cuáles me permitían ir por la acera, cuáles tenían demasiada cuesta y poco espacio para pasar, dónde podía aparcar. La mayoría de la gente se monta en la bici, pedalea y punto. Yo quería tenerlo todo controlado.

Últimamente intento zambullirme más directamente en la esencia de las cosas. No leo sobre escalada: escalo y escucho a otros escaladores. No aprendo fotografía: hago fotografías. Seguro que me beneficiaría de un curso o de más tutoriales, pero ahora mismo sé cuatro cosas básicas y lo que quiero es sacar fotos. Encontrar mi propia forma de hacerlo, experimentar y equivocarme.

Cuando uno lleva tanto tiempo haciendo algo como yo escribiendo, está muy bien aprender otras formas de expresión. Te devuelve al comienzo: cuando estás tan perdido y la distancia entre lo que tu mente imagina y lo que eres capaz de hacer es tan grande que la frustración aparece enseguida. Me llevo la cámara a la montaña y saco fotos mientras la gente escala. Me gustaría aprender a hacer buenos retratos. Los retratos son una cosa linda: otra manera de capturar la esencia de las personas. Un chaval que me molaba hasta que se reveló como un zumbado neurótico me dijo una vez que para hacer buenos retratos hay que ver cómo es la persona y cómo le gustaría ser. Me pareció una frase hermosa y perspicaz, y me pareció una buena definición de mi propio trabajo.

Así que me llevo la réflex al campo con el objetivo chungo que traía de serie y fotografío cosas. Me gusta lo no verbal de la fotografía: cómo te obliga a pararte y absorberte completamente en lo que ven tus ojos, parando por un momento la maquinaria inagotable de la mente. Intentas capturar la sensación en una imagen y en general no lo consigues, pero cundo sucede, o cuando a ti te parece que sucede, es precioso.

El fin de semana pasado fui al Chorro a escalar. Apreté muchísimo y a la tercera vía no podía con mi vida, así que agarré la cámara y bajé hasta el pantano a ver si experimentaba un poco. Me encontraba tan sumamente feliz. Estaba en medio de la naturaleza, acababa de encadenar una vía bonita y moderadamente exigente. Me rodeaban personas lindas y alegres y me había comido un trozo de tarta de chocolate, naranja y nueces demasiado buena para pertenecer a esta realidad.

Bajé por el sendero, llegué a los coches y miré a mi alrededor. Mis ojos capturaban las imágenes y la luz, y después lo que salía en la pantalla de la cámara me resultaba preocupantemente limitado. Saqué las furgos de frente, con la enormes y hermosas paredes de escalada al fondo. Enfoqué las hojas de olivo con el pantano detrás. Caminé hacia la orilla, me saqué los zapatos y metí mis pies doloridos en el agua, pensando en que les voy a coger cariño hasta a los juanetes que te hacen los gatos. Me tumbé en la arena, me agaché sobre las piedras, intenté buscar distintos enfoques, diferentes ángulos. No sabía lo que estaba haciendo, en realidad, pero ya lo descubriría.

Me lo paso bien haciendo fotos. En algún punto me apuntaré a hacer un curso de una semana que dan en Cádiz y que tiene bastante buena pinta. Seguro que así le saco más rendimiento a mi cámara y a mi objetivo chungo. Pero ahora mismo me resulta muy placentero ir por ahí sin exigencias, sin demasiadas herramientas, sabiendo poca cosa más que regular la luz manejando el diafragma y el obturador de forma medio intuitiva. Pero me zambullo en la realidad y busco mi propia mirada de las cosas. No me exijo nada porque no tengo nada.

Aquí os dejo algunas muestras de la tarde del pantano. No tengo ni zorra de procesamiento fotográfico, por cierto, así que están tal cual, con alguna intervención del botón "mejorar" que trae el iPhoto. Lo importante para mí es que esas imágenes están ahí y me recuerdan una tarde linda, un momento solitario y feliz, vagando con la cámara mientras el viento me zumbaba en los oídos, con las paredes de escalada vigilándome eternas y serias, con mis amigos divirtiéndose a lo lejos y la luz de la tarde atravesando los olivos de mi preciosa tierra andaluza.







Mi magnesera querida, que me da apoyo físico y psicológico cuando las vías se ponen chungas.

La orillita. Paso de sacar mis pies, que salen feos.


Amo los olivos. Punto.


Al fondo, Desplomilandia. Preciosas y sombreadas paredes malagueñas.



Y ésta es mi foto favorita del finde. Que estará sobreexpuesta y lo que queráis, pero me da exactamente igual. Blanca se llenó de sol y ese momento no se me olvidará nunca.

1 comentario:

  1. ¡Bonita afición!

    Me gusta la luz de otoño de tus fotos.

    Qué tengas un muy buen finde naturalmente en la naturaleza.:)

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