massobreloslunes: Supervivencia emocional III: Sobre seguridad y protección

lunes, 10 de octubre de 2011

Supervivencia emocional III: Sobre seguridad y protección

Al final sí que está adquiriendo esto toda la pinta de convertirse en una magna obra de la autoayuda al límite... Anónimo76: tienes derecho a parte de los beneficios.

La mayoría ya sabéis, o intuís, que he tenido una especie de desengaño pseudoamoroso en las últimas semanas. Después de años repitiendo el bucle de mi vida con y sin J., esto ha sido como recordar de golpe lo maravilloso y lo terrible que puede llegar a ser involucrarse emocionalmente con alguien. Ya estoy mejor, porque yo soy una chica resiliente, pero la semana pasada se me juntó toda esta historia con el síndrome premenstrual y tuve momentos de estar verdaderamente cabreada, desilusionada y triste.

Lo que más me preocupaba del tema no era lo que había pasado, porque al final no tiene remedio y ha sido como ha sido, y porque creo que por una vez en mi vida miserable de ameba del amor he actuado bien casi todo el rato. Me preocupaba no saber cómo iba a protegerme de algo parecido en el futuro. Repasaba todos mis movimientos, mis acciones, lo que había dicho, mis niveles de atención/cariño/pasión. Me preguntaba si había sido demasiado clara, intensa, directa, arriesgada, llámalo X. Por más vueltas que le daba, siempre concluía que lo haría todo otra vez más o menos igual, y eso me angustiaba a morir porque quería encontrar la forma de evitar sentir de nuevo ese dolor.

Esta mañana he ido a Sevilla con José Luis a un curso de sistémica sobre terapia de pareja. Mi profesión es TAN bonita. El ponente de hoy era un poco monótono, pero me encanta tener un trabajo donde la gente se reúne durante horas a debatir cómo puede hacer que otra gente se sienta mejor. Es como que te chorrea el buen karma por las sienes.

El ponente ha dicho que una de las labores del terapeuta es construir significados nuevos. Darle una narrativa distinta a los mismos hechos, de forma que lo que ha pasado sea menos doloroso porque se puede entender. A veces es tan sencillo como eso. Una parte importante es quitarle al otro la intencionalidad negativa. El otro no nos hace daño porque nos odie ni porque sea una mala persona. Lo hace porque lleva su propio equipaje y porque sufre; la mayoría de las veces apenas tiene que ver con nosotros.

Me ha gustado esa visión tan compasiva de la terapia. Ayudar a construir una comprensión del sufrimiento del otro: generar empatía, disolver el rencor y la rabia, ayudar al perdón. Son cosas que le molan a la yo pseudobudista, que quiere ser toda amor aunque luego le pegue un par de gritos a los viejos que conducen vespas con cascos de mediohuevo.

A mitad de la conferencia he salido a tomarme un café de máquina porque me estaba quedando sopa después del madrugón. He sacado un capuchino de esos liofilizados y asquerosos y me he salido a la parte delantera del aulario del Virgen del Rocío. El sol ya empezaba a calentar y las estudiantes de medicina paseaban sus melenas larguísimas por las aceras del campus. He pensado que todo eso de la compasión es cojonudo, y que yo siento empatía por los teleoperadores, los perros y los bancos del parque, pero que sigo teniendo la misma duda. Cómo cojones me protejo yo. La semana pasada me vacunaron contra la gripe, ¿no hay vacuna contra el desamor? Que me la pongo aunque sea cara.

Entonces, justo ahí, sosteniendo mi vaso de café mientras contemplaba a la gente, he tenido una revelación. Tú ya te has protegido, Marina. Lo has hecho bien. Has vivido la situación, has calibrado los riesgos, has decidido dar y has dado mucho. Te ha costado un poco, pero cuando la cosa se ha puesto chunga has sido capaz de analizar la realidad, hacerle caso a tu corazón y bajarte del tren cuando no te molaba la estación a la que se dirigía. Has sabido protegerte. Lo que pasa es que no es lo mismo protegerse que blindarse. No es lo mismo no sufrir que no sentir.

Es como en la escalada. Ya te puedes poner arneses, cuerdas y cascos, que escalar duele. Lo sentimos, pero es así: te duelen los dedos, se te pelan las yemas, se te cansan los músculos, tienes agujetas, te golpeas las rodillas si como yo eres medio monguer y apoyas mal los pies. Escalar duele y vivir duele. No hay más cojones. Vives y te estás muriendo, ¿qué quieres que te diga? ¿Que hay una manera de pasar por la existencia sin mal de amor? ¿Sin que te duela perder a alguien que te gusta? ¿Sin experimentar decepciones, vacíos, inseguridades y miedo? Pues no creo que exista, Marina, francamente.

El otro día me miraba la quemadura que me hice en la pierna con la cuerda de escalada hace ya casi un mes y que está ya prácticamente curada, aunque me ha costado penar tela con el Furacin y sus muertos. Me encantan las costras y observar cómo se cierran las heridas: me enseña que la naturaleza del cuerpo es sanar, si se hacen las cosas bien y se espera lo suficiente.

El corazón también sana, y lo hace mejor si las heridas son limpias.

Sé protegerme. Por eso arriesgo.

9 comentarios:

  1. Heridas limpias hay muy pocas, a no ser que el control ejercido sea tal que el otro sólo pueda acercarse envuelto en un profiláctico. Por otra parte, no es por desmerecer a la psicología, que va camino de convertirse en la intérprete privilegiada de la realidad ( si es que no lo es ya), pero esa tarea de construir nuevos significados lleva siglos haciéndose desde la filosofía y la literatura. Aunque sí, es cierto: vivir duele. Pero no es estrictamente el dolor lo que molesta, sino más bien el hartazgo de verse continuamente enfangado hasta las cejas. Si el dolor fuera nuevo cada vez que nos caemos, hasta podría ser toda una experiencia. Por lo demás, me conformo con que me invites a a tomar una copa en los Baños del Carmen cuando seas millonaria. Y , si para los 30 aún no lo fueras, hasta prometo invitarte yo.

    Anónimo76

    ResponderEliminar
  2. La limpieza es relativa, claro. El aire mismo está lleno de gérmenes. A lo mejor importa más el sistema inmune del que se hace la herida, quién sabe.

    La psicología está la pobre la mar de desmerecida ya, así que no creo que se moleste :)

    Lo del hartazgo pues yo qué sé... creo que más que a repetir el dolor te refieres a repetir las mismas caídas, y eso es un coñazo. Pero todo es ponerse a practicar el paso hasta que sale y dejar de caerse. Al menos en ese punto.

    En cuanto a la copa... A este paso creo que te va a tocar pagarla a ti. Por otra parte, los 30... sí que te haces el interesante, ¿eh?

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  3. Gran post. Entonces... ¿Vivir duele? No hay más cojones? Pues vaya... XDDDDDDDD

    ResponderEliminar
  4. Sencillamente: me encantas y me tienes enganchada!

    ResponderEliminar
  5. Speedy: Yo creo que sí. Que vivir duele. Por lo menos la vida que a mí me gusta llevar. Pero si te sirve de consuelo creo que aunque el dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional.


    Anónimo: Qué comentario más primoroso, muchísimas gracias :)

    Besitos.

    ResponderEliminar
  6. ¡Cómo me encanta que vayas a talleres de sistémica!

    ResponderEliminar
  7. Batalecotaaaal!!!!!!!!!!!!!!!

    xDDDDDDDDDDDDDDD

    Sabía que la palabra quedaría registrada en tu mente para siempre por obra y gracia de mi genialidad y tu hipocampo!! Se está extendiendo ya por Galicia/Gallaecia/Galizia?? Has conseguido integrarla como parte del Xunteiro??

    Miles de besitos.
    PD: Voy ahora mismo camino de correos!

    ResponderEliminar
  8. Marinita,
    Aunque no nos conocemos, déjame que te llame así... no te puedes hacer una idea de lo que ayudas en algunos momentos. Aunque ahora estoy un poco enfangada en mal de amor, tu post ayuda a reafirmar algo que en verdad ya sabía. Que esto también pasará, que saldremos adelante, que no se acaba aquí, que hay un mañana.
    A veces no se ve tan claro, pero tu alumbras el camino.
    Irenea

    ResponderEliminar
  9. Decía el Buda q el dolor es inherente a la vida. El desamor es un apego a un estado mental q no qemos perder o q qeremos conseguir. La idea de pareja es solo una idea y cuando no se adapta a lo q pensamos q debería ser la relación DUELE.
    Pero el dolor es un gran maestro si se sabe escuchar.

    Un besote desde el currelo

    -CIUDADANO-

    ResponderEliminar