massobreloslunes: La extraña parada en seco de mi reloj biológico

martes, 29 de noviembre de 2011

La extraña parada en seco de mi reloj biológico

Lectores de mi amor:

Hoy podría escribir sobre todos mis grandes temas. Sobre las uñas, porque me he gastado una cantidad de dinero obscena en una lima de vidrio que romperé en una semana, como siempre, y en un tono de rojo que sólo se diferencia de una forma muyyy sutil de los otros cinco que ya tengo. Sobre el Mal Capilar, porque mi segundo intento de ponerme pelirroja ha culminado con un look Morticia Adams preocupante. Sobre el Acné del Averno, porque hoy he vuelto a llorar pensando que no tengo ninguna esperanza (pero poquito, mamá, no te preocupes) y he concluido que si no soluciono esto en un plazo razonable quizá vaya de rodillas al dermatólogo a pedirle Roacután forever, que yo así no puedo vivir.

No obstante, una amiga acaba de anunciar por Facebook que está preñada, así que he decidido hablar de los hijos. Rollo espontáneo, no preparándome los post durante horas, como hago normalmente.

Yo siempre siempre siempre he tenido el reloj biológico haciéndome un tic tac preocupante. Me gustan muy mucho los niños, y quiero formar una familia con la que vivir en el campo y hacer paleopasteles. Además, como dice mi amiga Luna, la sensación cenestésica del embarazo me interesa. Así que siempre había contemplado en mi mente la posibilidad de quedarme preñada como una cosa guay. Primero con MQEN, porque aunque cada uno vivíamos en una punta de España y éramos muy jóvenes y encima a ver cómo paría yo los bebés gigantes que él probablemente iba a engendrar, nos queríamos tela y hubiéramos sido padres geniales. Además, habíamos pensado nombres estupendos para nuestros hijos, como Lluvia si era niña o Pollo si era niño.

Con J. ya la cosa era más realista, por aquello de que él tenía curro y podría alimentar a nuestra familia hipotética, y yo fantaseaba con ser una mantenida de arquitecto y pasear a mis churumbeles por Pedregalejo. Luego explotó la burbuja inmobiliaria y, en paralelo, recobré la cordura y renuncié a ser un florero con mechas, pero aun así siempre me hizo ilusión pensar en un Jotita así moreno, guapete y con déficit de atención, como su padre.

Desde que estoy soltera y las posibilidades de encontrar pareja se van reduciendo cada vez más hasta convertirse en un puntito lejano en el firmamento, lo de los hijos ha pasado a un octavo plano. Curiosamente, creo que esto lo ha precipitado el preñamiento y posterior alumbramiento de mi genial amiga Elsa. Que sí, que ser madre está superguay y ella está muy, muy feliz y la niña es preciosa. Pero creo que el hecho de que una de mis mejores amigas haya tenido un bebé saca la maternidad del espacio abstracto y casi imposible que ocupaba en mi cabeza y lo coloca en la realidad. En una realidad preocupantemente cercana.

Yo estoy mentalmente bastante sana, quiero creer, pero también tengo mis carencias y mi porcioncita de analfabetismo emocional. Y soy patológicamente independiente, que hasta me echo yo sola el tinte Morticia Adams. Y me aterra que me hagan daño, o que me abandonen, o tener hijos y que acaben en una familia rota. Hoy estaba en el Carrefour y había delante de mí un padre joven con su hija pequeña, de unos cuatro años. La niña le decía "¿Entonces, para navidad vas a estar conmigo?", y el padre le contestaba "Pues claro que voy a estar contigo, mi amor, pase lo que pase, eso tenlo clarísimo". Y luego le daba miles de besos, le acariciaba el pelo y le decía que se llevara las galletas que habían comprado para comérselas con su madre. Motherfucking heartbreaking.

Así que bueno, igual que siempre he pensado (y pienso) que sería una madre estupenda, ahora estoy cero preparada para tener hijos. Pero cero, y no sólo por no tener maromo. Sino porque en este momento de mi vida, dar el giro existencial y emocional de vivir para alguien más que para mí me parece sobrehumano. Supongo que luego eso se hace y punto, que no te lo planteas y que claro que te compensa. Pero la posibilidad de perderme de esa forma me da un montón de miedo.

Espero conseguir madurar emocionalmente, atreverme a depender de alguien y encontrar a un chico que me quiera y que no estruje mi pobre corazón entre sus dedos. Espero, también, hacerme pronto millonaria y retirarme de trabajar por mis propios medios. Y entonces espero, además, no ser estéril porque tenga las hormonas como unas maracas y poder procrear bebés listísimos y un poco cabezones con nombres medio normales. Y seguro que cuando suceda me hará muy feliz. De momento, me temo, castidad y condones a partes iguales.

2 comentarios:

  1. ¡Siento haberte parado el reloj biológico!Sobretodo porque Tahira quiere primitos,jeje.

    Besotes

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  2. ¡Ay, el piiiiiiii reloj biológico!
    Recuerdo perfectamente la primera vez que oí hablar de él. Había acompañado a una amiga al ginecólogo, embarazada ella, empeñada en tener su hijo, tuviese la edad que tuviese y el ginecólogo le soltó un rollo acerca de los avances de la técnica, que cada vez nos lo planteábamos más tarde, que antes queríamos tener un trabajo seguro, un techo, haber viajado,..bla, bla bla para acabar diciendo que el cuerpo humano no había avanzado tanto en las últimas décadas.Eso es cierto pero también lo es que ahora la medicina ya puede ayudar un poquito en estos menesteres del reloj.
    Creo que lo mejor es que no le des más vueltas porque, hagas lo que hagas, llegará cuando tenga que llegar.

    *Por cierto, si que tienes pinta de que serás una madraza :)

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