massobreloslunes: Sobre ver, mirar y mi preocupante sistema nervioso

martes, 8 de noviembre de 2011

Sobre ver, mirar y mi preocupante sistema nervioso

Comentaba Pab al leer el post de ayer que se alegra de no ser el único que es testigo de momentos increíbles y extraños. Para mí está bastante claro que percibir o no esos momentos no es un tema de suerte, sino de tener los ojos muy abiertos y de darles la suficiente importancia como para registrarlos en la memoria.

Yo vivo en la activación mental. El otro día lo comentaba con DDM. "Yo tengo una capacidad ilimitada para entretenerme solo", me decía él, "podría quedarme una semana en mi casa y no me aburriría o, más bien, aunque me aburriera no me importaría". A mí también me pasa, pensé, pero no sé si lo dije, porque no quise entrar en el juego del "pues a mí". Le expliqué que hay teorías que dicen que las personas que buscan activación externa lo hacen porque su sistema nervioso está demasiado tranquilito, mientras que los que necesitan (necesitamos) poca estimulación tenemos de por sí el cerebro en modo turbo.

A mí me pasa. Yo voy por la vida a tope de manera casi preocupante. Hoy estaba frente al ordenador, iba a sacar el pen drive y me he quedado un rato con la mano encima, sintiendo cómo se apagaba la vibración minúscula del plástico cuando el ordenador anunciaba que podía desconectarlo. Y he pensado "por el amor de Dios, Marina, la vibración del pen drive... que no es que vayas por la vida abrazando árboles, no; es que acabas de flipar con el zumbido eléctrico de un microchip". Por la tarde he ido a una tienda de ultramarinos que hay cerca de la piscina a cambiar veinte euros para la máquina de tickets. Mientras esperaba a que la tendera me pusiera la media docena de huevos y, de paso, reflexionaba sobre los huevos y sus cajas, he olfateado el aire: olía a pescado, pero en plan agradable si es que eso es posible, y he visto una caja de arenques en salmuera justo a mi lado, y mirando los arenques enormes y amarillentos he pensado: cómo me mola la vida.

Luego está el tema de la gente. Yo sintonizo emocionalmente con un apio, ya lo he dicho, y con la gente me pasa de una manera muy cafre. Eso está muy bien para mi profesión, pero a veces, cuando voy en moto por las mañanas y me voy fijando en las caras de los conductores y los peatones, y puedo percibir de manera casi violenta el hastío, o la alegría, o el enfado, me siento tan abrumada que me pregunto si no seré una especie de idiot savant de la empatía. El momento que describí ayer duró medio segundo. De hecho, hay detalles que he añadido para darle consistencia a algo que a mí me llegó como un relámpago medio inconsciente.

Así que no sé, no sé si observo mucho porque soy así, no sé si tengo el sistema nervioso como las maracas de Machín ni sé si en realidad empatizo o simplemente invento. Lo que sé es que la vida así es bastante más interesante. Que me quedo prendida en los rostros anónimos, en los grafitis de las calles o en el olor tranquilizador del cloro de la piscina, y que igualmente no importa, que son sólo sensaciones e interpretaciones incorpóreas y efímeras... y, sin embargo, de alguna forma hacen más nutritivos mis días, como la levadura de cerveza en las ensaladas, y me ayudan a pasar por este valle raro de tristeza sin morirme demasiado de hambre.

1 comentario:

  1. No tengas dudas. Eres un ser humano despierto, simplemente, no un cabestro.

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