massobreloslunes: La manzana de Eva

domingo, 22 de enero de 2012

La manzana de Eva



Está pintándose las uñas de los pies en el sofá mientras él trabaja con el ordenador. Se ha separado los dedos con bolitas de algodón y desplaza despacio el pincel mojado de rojo: una, dos, y procura no respirar para no salirse, tres, cuatro, cinco, y extiende el pie primoroso y recién arreglado para que se seque al aire. Él ni siquiera levanta los ojos del escritorio. Ojalá fuera un fetichista, piensa ella; ojalá ver sus pies pintados bastara para inspirarle un deseo tan irrefrenable como para tumbarla sobre el sofá y arrancarle la ropa. Pero de momento está trabajando y no parece que vaya a parar en un buen rato.

Se levanta del sofá, caminando con los talones para no estropearse las uñas, y va a la cocina.
- ¿Quieres un café? - pregunta.
- Bueno.
- Te lo pongo caliente - dice ella, y pronuncia un poco más fuerte la palabra "caliente", para ver si así consigue inspirar alguna asociación en su cerebro. Pero es una tontería y sabe que no funcionará, así que lo hace casi a modo de chiste privado.

Se desplaza torpemente por la cocina, llena la cafetera de agua, vierte el café molido formando una montañita y lo pone al fuego.
- Que luego nos podíamos dar una ducha, ¿te apetece? - exclama en dirección a la salita.
- Te la puedes ir dando tú si quieres. Yo me ducharé luego en casa.
- Ya, pero - ella se muerde los labios. Ya se está odiando por decir esto y, de hecho, se plantea no decir nada, pero al final no se puede contener - yo me refería a una ducha los dos, tú y yo juntos. Nunca nos hemos duchado juntos.
- Tu baño es muy pequeño.

Ella se inclina por encima de la barra americana y le toca los hombros, pero él no se vuelve.
- Podemos apretarnos un poco.
- Que no, lo digo en serio... que nos vamos a clavar el grifo en los riñones.

Procura sonreír, se encoge de hombros y aparta del fuego la cafetera, que lleva unos segundos silbando bajito. Ya está, ya está, se arrulla como una niña pequeña. Basta. Stop. Esto no puede seguir así. Que te busque él. Se propone la distancia como un reto. Sirve las dos tazas, zambulle en la suya una pastilla de sacarina y coge el azucarero.

Cualquiera diría que ni siquiera viene a follar, piensa mientras se bebe la taza mirando la parte trasera del portátil. Ni siquiera soy su amante. Soy su secretaria. O ni eso, porque si fuera su secretaria estaría ayudándole, y en cambio lo único que hago es estar aquí. Soy una recepcionista que abre la puerta, vigila la entrada y trae café.
- Está rico - musita él, distraído.

Ella no entiende por qué no puede trabajar en casa y venir cuando lo tenga terminado, para poder pasar directamente a la parte divertida. Cuando él no está y ella tiene todo el tiempo del mundo para pensar en ese momento, le imagina llamando al timbre un par de veces potentes, sostenidas, y a ella abriendo con las uñas ya pintadas y un look de estar por casa estudiado pero informal: pantalón muy corto, camiseta con un tirante un poco bajado, el pelo recogido encima de la nuca. Él la mira con urgencia, empieza a besarla en la puerta, continúa por el pasillo, se dejan caer en la cama enfermos de pasión.

Pero nunca sucede así: él llega, llama a la puerta y ella aún no se ha pintado las uñas porque quiere tener algo con lo que entretenerse mientras él trabaja.

Termina el café, se levanta y se mete en la ducha, sola. Cierra la puerta con pestillo, como si fuera ella quien quiere ducharse sola.

Debajo del grifo, con el agua muy caliente, intenta pensar. Debería decirle que se vaya a casa con La Perfecta Lucía a trabajar. Que seguro que ella hace el café igual de bueno. Es curioso, pero una de las cosas por las que le da rabia todo esto es por su piso: un piso de chica, pequeño, coqueto, con las paredes lila. Tiene las estanterías cubiertas de libros interesantes, portafotos con fotos bonitas y divertidas de ella con sus amigos, con sus sobrinos, posando sola. Ha colgado poesías en la nevera y la cama está cubierta de cojines mullidos: es un piso que él debería apreciar, observando los libros, echándose sobre los cojines y follándosela con desesperación bajo la mirada atenta de las fotos, y en cambio ahí está. Bebiéndose el café en una preciosa tacita de vaca y concentradísimo en su hoja de cálculo.

Sabe que nadie entiende lo suyo con él, y ni siquiera ella misma lo entiende mucho. Se supone que los casados se portan mejor con la amante. Se supone que el amantismo es una isla de placer donde todo se olvida, se apartan los quehaceres cotidianos y la única preocupación es fingir el amor con el mayor acierto posible.

Se pone mascarilla de melocotón en el pelo, se frota bien el cuerpo con su gel de vainilla favorito. Se rasura las piernas un poco porque sí, ya que al vello apenas le ha dado tiempo a crecer desde que se enteró de que él vendría. Sale, se seca el pelo despacio, se enrolla la toalla en torno al cuerpo. Cruza la salita en dirección a su habitación, y en lugar de sentirse seductora y hermosa, es como si con la toalla estuviera justificando su desinterés hacia él. Como si todo su cuerpo encogido dijera: lo entiendo, entiendo que no me desees y lo siento mucho.

Va al cuarto, se viste y se queda mirándole sentado en la cama. Lo peor de todo es que es tan guapo. Observa la mandíbula ancha, la piel morena y el pelo muy oscuro y un poco rizado, los ojos color miel concentrados en la pantalla, la camisa arrugada y remangada en torno a los codos. Y ella está justo enfrente, sentada con su pijama y con la entrepierna humedeciéndose de forma irremediable mientras él teclea.

Se levanta, se acerca a él y ya se está odiando otra vez por lo que va a hacer, pero el deseo es más fuerte que todo, más poderoso. Se acerca por detrás y le da un beso suave en la mejilla.
- Pequeña... - murmura él, pero no en tono cariñoso, sino un poco severo, alargando la segunda e, como un padre que regaña a su hijo cuando está siendo travieso.
- Qué pasa - ella le besa en la sien, la coronilla, la nuca.
- Pequeña...

Sube un poco la intensidad de los besos, le pasa una mano por el cuello y la otra por la cintura. A partir de aquí ya sabe que no tiene el control. Ya no importa la de veces que él la llame Pequeña; tendrá que reducirla a la fuerza si quiere que pare. Empieza a morder suavemente y él deja quietas las manos sobre el teclado.
- Eres mala.
- No soy mala.

No soy mala, se repite. Soy buena. Esto es bueno. ¿Por qué no está entendiendo que esto es bueno? Mete una mano bajo el cuello de la camisa y le acaricia el vello suave del pecho, y con la otra saca el faldón de los pantalones y le araña el vientre. Él deja caer los brazos a los lados. Ella le muerde más fuerte en la nuca, y después baja la mano y toca la línea del pubis, clavando un poco la punta de los dedos.
- Cómo eres, joder, cómo eres - dice él, y parece casi enfadado, pero a ella le da exactamente igual -. Que no soy de piedra.

Por fin, y era lo que ella estaba esperando, se da la vuelta y le busca los labios. Coge su mano y se la lleva a la entrepierna, y a ella, como siempre, notar su erección le parece un milagro. Nunca se puede creer que sean sus caricias las que se la están poniendo tan dura. Él se levanta ("ven para acá, que no te voy a quitar ni el pijama", le dice) y la lleva a la cama casi arrastrando.

Ni siquiera folla bien, piensa a veces, en otros momentos, cuando le recuerda a solas en la cama e intenta averiguar, como una detective de los sentimientos, por qué y para qué está pasando esto. No se recrea en el sexo. No le van los preliminares largos, ni se preocupa excesivamente por ella. Toca lo justo y en los puntos básicos pero, sobre todo, se deja hacer. Le gusta tumbarse boca arriba y que sea ella quien le toque. Besa con brevedad, como con miedo: se acerca y se aleja enseguida, alternativamente, sin querer pasar más de dos segundos con las bocas pegadas.

Pero lo peor de todo es que a ella le da igual. Que no necesita preliminares, porque para cuando él decide metérsela ella está todo lo mojada y caliente que puede estar una persona. Entonces es cuando él sí se coloca encima, la agarra de las caderas y se la folla, tal cual; no hacen el amor, no follan los dos a la vez: él se la folla a ella con la misma determinación disciplinada con que se dedica al Excel. La mira con fuerza. Entonces ella se aplica con tal intensidad a vivir esos momentos, los momentos lúcidos y vibrantes en los que él está ahí partiéndola en dos, que le parece que le van a restar días de vida por el ímpetu que le está poniendo a estos minutos. Ella sólo quiere quedarse para siempre en este instante en que sabe que él está ahí y en ningún otro lugar. Le ve deshacerse en el orgasmo, abrir más los ojos, asombrado, gritar un poco, y le sorprende y enternece esa vulnerabilidad extrema que nos inunda cuando nos corremos. Saber que en ese momento de puro presente él no tiene otro remedio que pensar en ella la excita tanto que no le resulta difícil correrse a ella también.

Después, mientras él va al baño y ella se envuelve en el edredón, aterida de frío, piensa que desde la primera vez que se acostaron su vida nunca volvió a ser igual, y seguramente no vuelva a serlo nunca. Porque se masturba pensando en su cara. No en su polla ni en su culo ni en la imagen de él comiéndole el coño, no; se excita pensando en la expresión de su cara. Porque ahora entiende que no hay un sexo mejor que el que supone la única oportunidad de que esa persona esté verdaderamente contigo. Cuando si se va de tu cama lo has perdido del todo, y cuando incluso mientras estáis allí el hilo que os une es tan frágil, tan perecedero, que tú te conviertes en una muñeca colocada de miedo como de una droga dura.

Mi vida no va a volver a ser la misma, nunca, se dice, y cierra los ojos mientras se pregunta si él dormirá un rato al otro lado de la cama o se irá a casa para no llegar demasiado tarde. No va a ser la misma, pero ya hace tiempo que eso no le importa mucho. De alguna forma sabe que si una se ve tocada por esa totalidad está maldita y, sin embargo, en medio de esa maldición se siente afortunada. Bendecida, aunque expulsada de algún paraíso anodino y extraño al que ni siquiera sabía que pertenecía. A eso debió de referirse Dios con el tema de la manzana. Y mientras la satisfacción física la va adormeciendo suavemente, piensa que le da igual. Que merece la pena, todo. Por haber conocido esto, por este momento, por esto.



La fotografía es de Gerardo M. Chinchilla (www.gmchinchilla.com). Si eres tú y quieres que la retire, por favor, avísame.

17 comentarios:

  1. ¿Qué puedo decir? Realmente bueno, echaba de menos leer algo de una mujer referente al sexo. Es puro presente.
    Un saludo...

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  2. jo, pero te pasa eso en la vida real, lo cuentas y te fusilan.

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  3. Rorschach: no sé el resto de las tías, pero es verdad que yo escribo poco sobre sexo. Pero es que tengo un problema con el vocabulario asociado (ya te daré el enlace del post donde lo explico). Me alegro de que te haya gustado.

    Primaveritis: pues no sé qué decirte... a ver, a mí la situación vista desde fuera no me gusta nada. Para mí el interés y la ternura son fundamentales, y aunque te puedan molar esos polvos castigadores para un ratito, al final te acabas cansando. Y, como tú dices, desde fuera la actitud de la chavala resulta bastante fusilable.

    Por otra parte, puedo entender que tanto en el amor como en el sexo cada uno tiene sus perversiones y su derecho a aferrarse a ellas siempre y cuando haya mutuo acuerdo. Que en el sutil intercambio físico y emocional que se da cuando follamos cada cual la pilla por donde le viene. Y cuando se tolera una situación así es por lo que piensa la chica al final. Porque compensa.

    Vaya rollo que te he soltado para una frase que has escrito tú xDD

    Tres besos, ni uno más; peleen por el tercero ;)

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  4. Hay veces que te encuentras en situaciones y no eres realmente consciente de como has llegado hasta ese punto. Creo que te dejas llevar y cuando te quieres dar cuenta ves que la has cagado o que no es lo que siempre has querido pero aún así compensa....me ha encantado.
    Un besillo

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  5. me he sentido tan identificada con este texto..en mi caso puedo decir que aveces las cosas empiezan como un juego y se acaban convirtiendo en tu vida..merece la pena hasta q deja de merecerla. un saludo! y enhorabuena, por q me ha encantado!

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  6. Tiklia: gracias. Y sí, muchas veces dejarse llevar, como dicen los Vetusta, suena demasiado bien para el mal resultado que da.

    Lady Blue: me ha gustado mucho eso de "empieza como un juego y se acaba convirtiendo en tu vida". Supongo que hay que tener cuidado con lo que se juega y con lo que uno está dispuesto a apostar para ver si gana algo.

    Un abrazo.

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  7. Desde fuera, me apetece (mucho) zarandear a la chica y decirle "Eh, ves eso arrugado en el suelo? Es tu autoestima, cógela!".

    Desde dentro, pues qué te voy a contar. Es extraño cómo a veces, en algunos momentos, se piensa que 'compensa' algo que en realidad, tiempo después, ves que rotundamente... no. Ains...

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  8. Marta: xDDD me ha hecho gracia la imagen de la autoestima zarandeada.

    Lo que me resulta curioso, aunque es normal por el punto de vista del relato, es que nadie comente nada sobre el comportamiento del hombre. ¿Alguien se atreve a aventurar qué está pasando por su cabeza? Porque yo, que soy la autora, tampoco lo termino de entender, y no es una actitud tan rara.

    Besitos.

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  9. como tu dices no es una actitud extraña, sé que esto ocurren... lo interesante sería que un hombre que se encuentre en una situación similar compartiera sus pensamientos...pero seguramente no será capaz ni de identificar la escena..en fin...
    tengo varias teorías sobre el punto de vista masculino en esta historia. incapacidad para compartir su vida con una mujer, cuanto mas...con dos...y en el empeño de no hacer daño a ninguna, echa a perder la vida de las dos..me atrevería a decir que ninguna de estas mujeres le llena y ni el mismo se da cuenta. pudiera ser tb que en su tiempo de ocio y disfrute(que se supone que es el q pasa con su amante) el remordimiento no le deje disfrutar(por eso se lleva el trabajo a su casa, para estar y no estar al mismo tiempo, pero con disculpa)..al fin y al cabo..una doble vida no es fácil de llevar.lo q está claro es q se le ha olvidado que la pasión hay q alimentarla y cuidarla ,pero estoy segura de q le gusta sentirla cerca y que ella sea capaz de mantenerla a pesar de su escasa colaboración...esto tiene nombre...EGOISMO.
    disculpadme si amontono las ideas y sobre todo si hablo desde el rencor.

    un saludo

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  10. Lady Blue: no he podido evitar reírme con lo de "si hablo desde el rencor".

    Me gusta tu análisis. Yo también creo que estaría bien que un chico diera su opinión. Y no voy a dar la mía que, al fin y al cabo, el relato lo he escrito yo :D

    Besos.

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  11. Yo soy chico, y sí me puedo sentir identificado con mucho de lo que se dice en el relato. Y no veo que tenga por qué ser tan raro...

    Yo hace muuuchos muuuuchos años me enzarcé en una relación de obsesión (porque después descubrí que el amor es algo diferente) con la que entonces se supone que era mi mejor amiga.

    Los hombres también podemos sentirnos usados, podemos sentir la indiferencia de una mujer que fríamente nos use por diferentes motivos (subir ego, no sentirse sola...). La violencia psicológica también existe de mujer a hombre, y frases como "no tendrías vida sexual si no fuera por mí" duelen igual teniendo pene.

    Y duele mucho cuando la persona de la que estás enamorado hasta la médula decide por fin entregarse a ti, con falsas esperanzas de dejarlo todo y mantener una relación... y no tarda ni media hora en vestirse para salir de marcha esa noche, noche en la cual seguramente se folle a cualquier otra persona mientras tú te quedas en casa lamentándote porque ni siquiera se ha querido quedar un rato contigo abrazada en la cama.

    Y por no repetirme más, marca lo mismo siendo hombre o mujer esta situación. Hasta el punto de que a pesar de los años que ya han pasado son hechos que me siguen doliendo y siguen afectándome en mi manera de afrontar las relaciones con las mujeres... derivando en sonoros fracasos por el camino. Lo cual no ayuda a mi autoestima precisamente, y así se retroalimenta ese círculo vicioso en el que sigo viviendo desde el día que decidí entregarme a una persona así.

    Pero la frase con la que más me identifico del texto es ésta:

    "Porque ahora entiende que no hay un sexo mejor que el que supone la única oportunidad de que esa persona esté verdaderamente contigo."

    Yo, menos literato obviamente, lo expreso como que lo mejor de follar es que la otra persona quiera follar contigo. No sé si desde fuera suena algo patético, pero desde dentro ahora mismo es así.


    En fin, pues aquí tenéis a un lector masculino, con su cromosoma Y intacto y su autoestima pulverizada desde hace años. No muerde y acepta que le tiren cacahuetes. Adelante.

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  12. Desde luego que un hombre tb puede ser maltratado psicologicamente!me referia mas bien a un hombre q se encuentre en la situacion del hombre del relato y entiendo q it's sin esta mas bien en la de la mujer.la frase a la que haces referencia le doy una interpretacion clave tb,pero diferente:el tiempo en el q no estan follando el hombre esta,pero no esta,el sexo es el q hace posible q por unos momentos ella sienta q es lo unico que tiene en su mente,la hace sentirse bien,aunq el tio lo haga fatal,friamente,por q ella le ama y es en el unico momento q ella obtiene lo q tanto mendiga...el clavo ardiendo al que se sujeta esta chica.

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  13. Guau, que exposición.
    No sé, me hace gracia una cosa que sucede particularmente en el terreno femenino, y es creer que solo por sentir algo, llámese obsesión o amor, se tiene patente de corso para cualquier tipo de comportamiento, como si fuéramos animalitos en celo sin una pizca de autocontrol. El amor dicen, o la libido que es menos romántica. Digo esto porque nadie menciona que esa muchacha tan bellamente descrita, hace caso omiso al matrimonio ajeno, se mete en medio de una relación que puede ir mejor o peor –está claro que muy bien no va- pero donde, pongamos un ejemplo, la victima puede ser la esposa que permanece en la inopia. El marido es un cabrón, aunque supongo que las lectoras de Corín Tellado buscaran una explicación más al estilo “es un cobarde pero la ama” ya bueno, más bien no, no hay mucho retrato psicológico, simplemente es un cabrón y se aprovecha de la situación. Fin.
    A mi particularmente me parece más egoísta la forma de actuar de ella. Es muy bonito eso del sufrimiento, de inmolarse –o venderse, porque suena más a la actitud de una puta- por unos minutos de empatía bañados en sudor, pero ¿lastima? Por favor: ella se lo ha buscado.
    Y un poquito de solidaridad con la esposa tampoco vendría mal. Claro, que a lo mejor lo de los animalitos en celo…

    It's a Sin: Y bueno, entiendo que esas situaciones marcan, pero malas personas hay en todas partes. Tampoco podemos ponernos dramáticos por un poco de rencor y miedo a lo que venga. Sé, que hay mujeres maravillosas ahí afuera, como el caldero de oro al final del arcoiris…xD Es broma. Animo.

    Y soy así porque como ya has escrito otro post, adicción sin duda, tampoco me van a leer. Un saludo. El tercer beso es mío.

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  14. Interesantísimo post, Marina!

    Lo 1º felicitarte... esto ha salido de tu imaginación??? Entonces es portentosa, es una situación muy real y me parece grandioso q la hayas podido imaginar. Alucino tb con la cantidad de interpretaciones distintas, please, q no decaiga el debate.

    Aporto mi granito:

    Rorschach: cuando entra un 3º en una relación es porque hay un hueco en ella. La esposa SEGURO es consciente, si uno está lleno no entra nadie más. Ella es tan responsable como él. Los dos cobardes por seguir en una relación con carencias... ¿existe alguien q no las tenga? qué más da? si tenemos diferentes amigos para diferentes intereses y actividades porqué no en las relaciones de pareja? no se puede tener todo, tenemos q completar y destronar de una vez la imposible monogamia, no existe.

    ¿Nadie se ha planteado las diferencias entre hombre y mujer?? Para la mujer todo es un proceso, cada día, cada momento ha de ser intenso, pleno, no le gusta la monotía. Para el hombre todo es una meta: ya ha conquistado a su amante, ya la tiene en el bote, ahora se relaja y hace lo q le gusta: la monotía, la tranquilidad, está con ella como una parte más de su vida pero no es su ÚNICA VIDA, como en el caso de ella, q no hay nada por encima de él... eso empobrece, no? él da el contrapunto necesario para q ella tome las riendas de su vida. Si entendiésemos q hombres y mujeres viven, sienten y funcionan de manera diferente no habría mal entendidos.

    Yo no creo q ella esté perdiendo la autoestima por él... la pierde porque ELLA quiere, ella elige, ella puede elegir y elige eso, q para la mayoría de las mujeres es lo más grande: sentirse amadas y sentirse amadas a través de la máxima expresión, el sexo.

    Pregunto lo siguiente: ¿quién ha tenido una relación pasional q haya durado en el tiempo, digamos, más de tres años??? Los hombres no pueden, porque genéticamente están programados para esparcir su semilla y NECESITAN conquistar y pasar a otra cosa mariposa, es ley de vida. Pueden, eligiendo libremente, quedarse con una mujer, por amor y por familia, claro que sí. Pero no esperemos entonces q se entreguen como al principio, ni como nosotras. Por favor, si alguien conoce un hombre q no sea así q me lo presente y me dejaré la vida por conquistarlo!!!

    La naturaleza nos da ese contrapunto porque tb nosotras somos la leche: dejamos TODO por un hombre... jolín, venga ya, que la vida tiene más vertientes!! Aprendamos!!!

    Y además, esa chica está haciendo lo de la palanquita de Marina: tanto más le desea y se apega cuanto más quiere volver a una pasión q ya no se da... Se está obsesionando y compulsionando. Ese hombre está ahí para q aprenda sus errores.

    Sabiendo todo esto, creo q se puede mantener la pasión. Pero los dos deben ser conscientes de la diferencia de género y de sexo biológico.

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  15. El relato me parece genial, pero hoy discrepo totalmente con los comentarios anteriores. No se a qué viene tanta polémica, ella en ningún momento se ha quejado ni ha victimizado con su papel, es una cuestión de elecciones, y si a ella le merece la pena...creo que lo deja claro.
    Por parte de él, es otra elección, aunque para mi gusto algo más cobarde y egoísta, porque sí tiene a quien dar explicaciones, a menos que sea consentido, que hay de todo...
    Ah, y ella no se mete en medio de nadie! Si alguien hace daño a la esposa sería su marido, no la amante, no?
    La fotografía preciosa. Besos.

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  16. Bueno, son muchos comentarios y con muchos matices, así que intentaré no extenderme demasiado.

    It's a Sin: siento mucho, muchísimo, que te hayas sentido así pero, como dice Rorscharch, hay que seguir adelante. Hacer el duelo, intentar reconstruirse y seguir amando. Por la cuenta que te trae. Y lo lamento si en algún momento he dado la impresión de que los hombres no pueden verse en una situación parecida, porque por supuesto que pueden.

    Lady Blue: de acuerdo con el comentario, en líneas generales.

    Rorschach: está bien que le hayas dado un puntito ético al asunto. Y sí es curioso que nadie haya hecho hincapié en esto. Yo sí creo que la chica también tiene parte de responsabilidad, aunque sea él quien tiene el compromiso. Y también creo que quien acepta mantener una relación bajo esas premisas tampoco tiene derecho a quejarse si luego la cosa va regulera.

    SilviaPlah: yo también soy mucho de creer que hombres y mujeres pensamos y sentimos diferente, aunque no sea una idea políticamente muy correcta. Creo que las mujeres despegamos en general un sistema de apego descomunal cuando un hombre nos gusta, ya sea por imperativo biológico o no sé por qué, con la finalidad de retenerlo a nuestro lado. También creo que, en general, a los hombres eso les asusta un poco. Así que quizá debemos esforzarnos ambos: nosotras por relajarnos un poco, ellos por asumir que hay que pagar precios (fidelidad, compromiso y tolerar el miedo) para lograr ciertas recompensas (una relación adulta, amor, cariño, estabilidad).

    Anónimo: en realidad sí es cierto que hacer una valoración moral de un relato tampoco tiene mucho sentido. Hacen lo que hacen porque sí, porque en ese momento no pueden hacer otra cosa, y de hecho creo que la buena literatura consigue que uno tenga esa sensación de inexorabilidad, de que las cosas no pueden ser de otra manera. No sé si he llegado a lograr eso en el relato. No deja de ser un cacho de vidas ajenas retratado con más o menos acierto.

    Abrazos para todos.

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  17. Marina: don't worry. Soy experto en encontrar sólo el lado negativo de las cosas, y no fui capaz de ver el matiz real de lo que proponías. Mea culpa.

    Y siendo justos, aunque haya diferencias entre la forma de actúar entre hombres y mujeres en general (como bien apuntan ahí arriba)... al final no somos más que pequeñas personitas. Si el cromosoma es una X o una Y poco importa.

    Yo he sufrido mucho por esa experiencia que viví y por la que me he sentido identificado al leer tu relato. Y lo sigo haciendo. Pero de igual modo también he hecho daño. También se han acercado a mí y se han hecho daño en varias ocasiones... no del mismo modo que la chica de la historia pero sí con similares consecuencias. Da igual si se es hombre o mujer, todos podemos estar en ambos lados de la cama de esta historia.

    En fin, gracias por la respuesta. Un beso de parte de un lector de gaditano rodeado de tulipanes.

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