massobreloslunes: Yo estoy, tú llegas y yo...

martes, 3 de enero de 2012

Yo estoy, tú llegas y yo...

- ¿Ya estás despierta?
- ¿Qué haces tú aquí?
- Tú sabrás...
- Pues... supongo que lo de siempre. Mi imaginación, Granada, tú: es todo uno.
- A mí no me mires.
- Qué pereza.
- Venga, gruñona. No está tan mal. Si llevo contigo desde ayer, admítelo. Desde que viste las choperas a la entrada, y te acordaste de aquel día que nos fuimos a pasar el día a una... y luego hiciste el chiste del coche que está en lo alto del poste, en el desguace.
- "La gente ya no sabe dónde aparcar".
- Y te reíste. No mucho, pero te reíste.
- Yo siempre me voy a reír de tus chistes. Aunque los repitas mil veces.
- Estás muy guapa por las mañanas.
- Venga ya, por Dios. Si llevo un careto horrible. Estoy llegando a ese momento de la vida en que te miras al espejo y dices "¿quién es esa señora?".
- A mí me gustas. Así con los ojos hinchaditos... pareces un esquimal.
- Estás como una regadera... Oye, ¿sabes que el Lobos ya no existe?
- ¿En serio?
- En serio. Ahora se llama Hendrix y tiene más luz y menos fotos. Y han quitado los panchitos.
- Pues los panchitos eran un ochenta por ciento del encanto.
- Eso y el camarero calvo que no me quería poner Los Piratas. Y el mistela. Tampoco hay mistela.
- Ten cuidado, chiquita, que los mistelas los carga el diablo.
- Psé.
- ¿Y lo estás pasando bien en Granada?
- Sí, no sé, es raro. Hermoso, pero triste. Me acuerdo de ti. De nuestros portales.
- Que también los carga el diablo.
- Sí, no sé, las calles vacías, las persianas metálicas de las puertas y tú besándome contra una de ellas y haciendo un montón de ruido.
- Qué recuerdos.
- En Granada no puedo pensar, ¿sabes? Cosas nuevas, quiero decir. No puedo hacer una vida nueva porque todo son recuerdos. Todas las calles, todas las putas esquinas. Supongo que si me quedara más tiempo acabaría por surgir, trazaría nuevos caminos, como decías tú siempre.
- Los recorridos del recuerdo.
- Pero esta ciudad ya no es mía, supongo. Y lo triste es que pensé que lo era.
- ¿Y qué ha cambiado?
- ¿Qué quieres decir?
- Desde la última vez que estuviste, ¿qué ha cambiado?
- Pues creo que ha cambiado Cádiz. Ahora Cádiz sí es mía.
- Te has vuelto a enamorar.
- Algo así, sí. Y me siento como si hubiera traicionado un poco este recuerdo.
- Entiendo.
- ¿Va a ser así siempre?
- ¿Así el qué? ¿La tristeza granadina?
- Sí, no sé, todo. Siempre la voy a echar de menos. Seguiré volviendo y todo seguirá cambiando. Y al final, de mi ciudad no quedarán más que los restos.
- Es ley de vida, chiquita.
- ¿Y a ti? ¿También te voy a echar siempre de menos?
- Claro que sí. Y yo a ti. Me vas a faltar siempre.
- Pues eso es una mierda.
- Ya...
- Estamos muy lejos, ¿no te parece?
- ¿Tú de mí? ¿O los dos de Granada?
- Las dos cosas, supongo. Tú estás muy lejos, yo estoy muy lejos, todo cambia y yo ya no sé dónde está mi hogar.
- Tú estás aquí, yo estoy allí y tu hogar está donde está tu presente.
- Creo que me voy a ir a desayunar. Al Lisboa, quizá.
- A esta hora no da el sol allí. Ve mejor al Albayzín, al Aixa.
- Me gusta que sepas cuándo da el sol en las terrazas de Granada.
- Ya sabes que yo conozco Granada como la palma de mi mano. Sabes que la construí en siete días, y luego me senté en el Lisboa y vi que era bueno.
- Es verdad.
- Construí una ciudad entera para impresionarte.
- Se lo dirás a todas.
- Bruja...
- Rollero...
- Cuídate, chiquita.
- Y tú, mi niño. Cuídate.

2 comentarios:

  1. :) Jo tambe porto una dies en una ciutat que ja tampoc em/ens pertany. Molts anims,tot acaba passant.

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  2. Reconforta saber que hay gente en el mundo como tú, que siente así, tan bonito y con tanta pureza, Marina.

    Un saludo!

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