massobreloslunes: Intención

sábado, 17 de marzo de 2012

Intención

De todos los días que me siento a escribir aquí, los de después de la escalada son los que más me cuestan. No sólo porque están llenos de un cansancio real y casi doloroso, sino porque lo único que me cruza la cabeza es escalar y no me parece que tenga mucho sentido hablar de otras cosas, y después pienso que os aburro y me siento culpable, y al final lo mando todo al carajo y termino por hablar de escalada. Cáracter enfermizo, que diría el Kpot.

Hoy ha sido un día estupendo, con la Veredilla entera para dos cordadas. Hacía sol, pero el airecito fresco permitía trepar a gusto. Qué bien el cambio de tiempo, por cierto: dentro de una semana cambian la hora y vuelven los días largos. Ya puedo ir en moto sin el plumas y al mediodía me sobran los guantes. Cómo me gusta el sol, Señor, si es que me encanta. Cómo me gusta levantarme por las mañanas contando con el buen tiempo por defecto. El día 21 empezará la primavera y yo llevaré a cabo mi ritual de escuchar "La primavera trompetera" en bucle un montón de veces.

El otro día, no sé por qué, hablábamos de que escalar te lleva a un estado mental completamente primitivo. Lo que tú eres sale ahí arriba. El miedo que pasas es real e inmediato: lo único que quieres en este momento es agarrar un canto salvador y chapar la siguiente cinta, y todo lo demás: lo que piensas, lo que temes, lo que te importa... la crisis, la novela, tu ex... todo eso pasa a un segundo plano. De verdad, hay algo de viaje misterioso en el acto de amarrarse el nudo, ponerse los gatos y tirar hacia arriba. Estás solo. Tienes que tomar tus propias decisiones. Desde abajo te pueden echar un cable, pero son tus antebrazos los que tiran de tu cuerpo.

Yo últimamente intento trabajar mi intención y hacerla firme. Si uno observa cuidadosamente el estado que atraviesa la mente mientras escala, se da cuenta de que básicamente están la zona de confort y la de riesgo. Uno tiene que entrar en la de riesgo muchas veces a lo largo de una vía, por lo menos si hablamos de una que nos ofrezca un poco de desafío. No se trata sólo de riesgo amplio, entendido como estar lejos del seguro anterior y tener miedo de pegarse un vuelo. Se trata de que cada vez que apoyas un pie, tocas un agarre con la mano y traccionas hasta el siguiente, vives unos segundos de angustia breve que te pueden dejar bloqueado. Ya os dije que desde que me escoñé el tobillo voy con más miedo, y el miedo es justamente eso: que cuando estás en la zona de confort, en un buen reposo o justo después de chapar, cuesta reunir la energía para exponerse de nuevo.

Así que planteo una intención. Intento visualizar la secuencia. Calibro la posible caída. Después me digo: ahora tira y no te pares hasta que llegues o te caigas. Y de verdad, si no habéis escalado nunca no os podéis hacer una idea de lo difícil que es ser capaz de escalar hasta caerse, al menos al principio. Porque no te quieres caer: no quieres bajo ningún concepto, así que forzar tus límites hasta que tu cuerpo dice "hasta aquí hemos llegado", en lugar de pillarte cómodamente o destrepar hasta una repisa, es una decisión sólo apta para corazones samurais.

Os cuento todo esto porque si uno lo mira así no es tan rara esta enganchada que me ha dado con escalar. Como casi todas las cosas de la vida, si estamos muy muy atentos e intentamos permanecer conscientes nos enseña muchísimo de nosotros mismos. De nuestro miedo, nuestra debilidad; pero también nuestro valor, nuestra decisión. En días como hoy, con el suficiente silencio como para concentrarse y el aire fresco recorriendo los pasillos de roca, escalar no sólo es un deporte: es una manera intensa y reveladora de estar con uno mismo.
Y con esto considero que he cumplido y me dispongo a publicar y dormir, por ese orden.

4 comentarios:

  1. Lo de "sublimar el celibato" era por meterme un poco contigo, que también me gusta y es divertido ;)
    Buen fin de semana bella dama.

    ResponderEliminar
  2. Pues a mí me gusta cuando hablas de escalar! ;)

    ResponderEliminar