massobreloslunes: SSHP 2: Serbal, Lobito y el picnic del frisbee

viernes, 24 de agosto de 2012

SSHP 2: Serbal, Lobito y el picnic del frisbee

Me despierta la PK en Chamberí poco antes de irse a currar. Se te nota un montón la marca del bikini, cabrona, me dice mirándome dormitar sobre la cama gigante de la habitación Virginiawolfiana. ¿Te caliento pan? Qué genial, pienso, me recuerda a cuando vivimos juntas. Está tan mayor y tan guapa con su falda castaña y una camiseta de rayitas en tonos azules. Me despierto, desayuno con ella y le compongo un mínimo de dos odas con la música de "Amigos para siempre", de Los Manolos, mientras gruñe mitad avergonzada y mitad (sospecho) contenta de tenerme cerca.

A las once he quedado en la calle Ferraz con Serbal y Lobito, mis dos pasajeros de hoy. Son sus nicks de la web de compartir coche, obvio, pero me encantan los nombres, y desde que ella me los escribió yo les llamo así en mi mente: Serbal y Lobito. Serbal es alta y guapísima: camina sobre sus chanclas moviendo con suavidad una falda de colores y me mira desde detrás de unos ojos dulces y pelín tristes. Lobito tiene cinco años y medio y observa la furgo medio hosco debajo de su pelo castaño. Beltza, la perra de los dos, se acomoda rápido en la parte trasera y emprendemos el viaje.

Serbal y Lobito marchan a una granja del Pirineo a cambiar trabajo por comida y alojamiento. "Llevo dos años dormida y he despertado en primavera", me explica Serbal. Desde el asiento de detrás, Lobito interrumpe la conversación con un ritmo sincopado de "tengo calor-estoy mareado-me aburro-quiero parar". Pide comida dulce y llora a ratos. En menos de doscientos kilómetros he averiguado que Lobito, igual que yo, tiene un problema con los helados, así que le prometo uno gigante de chocolate blanco en cuanto lleguemos a Zaragoza si es capaz de no pedir paradas más de una vez cada hora. Lo voy sobornando poquito a poco con bizcochitos All Bran, música variada y refuerzo positivo, y así hacemos  las tres primeras horas de camino mientras nos vamos contando las vidas.

Serbal es dulce a morir, o a lo mejor es que a mí esto del acento del norte me puede. Me cuenta que en realidad no sabe cuánto tiempo se quedará en la granja o si les irá bien. Está un poco nerviosa, confiesa, pero contenta de haberse puesto por fin en movimiento. "En Madrid me estaba mustiando", dice. Apunta en una libretita algunas de las cosas de las que hablamos: la página de couchsurfing, la dirección de mi blog, Spotify. Es como si llevara mucho tiempo encerrada y ahora tuviera que acostumbrarse de nuevo a ver el mundo.

Llegamos a Zaragoza en medio de un sol de justicia. Allí he quedado con bloguero/a-misterioso/a-cuya-identidad-secreta-no-puedo-desvelar y, por lo mismo, no puedo dar muchos detalles. Sólo diré que disfruto de buena comida y buena charla junto a la basílica del Pilar, y que para cuando terminamos encuentro a Serbal y a Lobito zambullidos en una de las fuentes públicas que hay en la plaza. Le saco fotos al enano, que gatea encantado en gayumbos en el estanque y caminamos los cuatro (cinco, si contamos a Beltza) en dirección a la furgo para seguir viaje. Serbal es de estas personas que puede ser elegante en chanclas, con una falda de colores y una camiseta de algodón: camina cimbreando despacio las caderas, asentando bien cada pie que pone en el mundo, sonriendo al sol.

Continuamos hacia Huesca, y cuando se perfilan al fondo los Pirineos yo empiezo a emocionarme. Carreteras de montaña, picos gigantes en el horizonte y yo de nuevo sobrecogida por ese miedo a que algo pueda ser tan grande y tan indiferente a mi pequeña vida. Serbal y Lobito se quedan en Sabiñánigo. Allí el amigo que ha venido a recogerles me regala tomates ecológicos y me invita a colacao mientras me explica la rivalidad entre Huesca y Zaragoza, y que a los de Huesca se les llama Almendraleros, o algo parecido. Serbal le pregunta por el trabajo de la granja y su amigo le explica algo sobre vigilar cabras con espíritu pirenaico. Lobito señala entusiasmado a unas gallinas. "Marina", me dice, "¿has visto a esas pitas?". Me da la impresión de que va a ser feliz en su nueva vida de niño campestre, aunque mientas le veo comer el segundo helado del día me pregunto cómo va a llevar lo de sobrevivir sin Magnum Doble Chocolate. "Algunos helados dan ganas de saltar", me dice, mientras bota contento alrededor de nuestra mesa.

Cuando veo marchar a Serbal y a Lobito se me encoge un poco el corazón. No sé, hay algo trágico en ellos, algo que da muchas ganas de protegerles y llevarles con cuidado igual que les he llevado en la furgo desde Madrid. Les deseo mucha suerte y me da penita verdadera ver cómo se van. Después llamo a Jorge, mi anfitrión en Jaca, para que me explique cómo localizarle y me subo otra vez en la furgo. Últimamente mi vida es un bucle de meter la primera una y otra vez.

Doy un par de vueltas por Jaca, que está muy animado porque hoy ha llegado la vuelta ciclista, y por fin localizo a Jorge y a sus amigos, que juegan un partido de frisbee al final de un parque enorme. Aquí a lo mejor ha llegado el momento de explicar lo que es el couchsurfing y cómo exactamente me lo voy a montar en estos días norteños. Couchsurfing.org es una página para viajeros donde gente de todo el mundo se inscribe para viajar y ofrecer alojamiento y contacto en sus ciudades. En función de tus gustos y tu disponibilidad puedes ofrecer sofá, compañía, un café o lo que te apetezca. Cuando decidí que me iba al norte cayera quien cayese, busqué a gente en couchsurfing desde Picos de Europa hasta Pirineos en cuyo perfil apareciera la palabra climbing, y me dediqué a explicarles que quería escalar, que traía equipo, furgo y ganas, y que lo único que necesitaba era alguien que me enseñara las escuelas y se ofreciera a asegurar. La respuesta fue increíblemente generosa, y al final conseguí perfilar un plan de viaje que empieza hoy en Jaca y que ya he dicho que os iré desvelando a medida que transcurre.

Mientras Jorge termina el partido de frisbee, yo paseo por el parque, miro los montes e intento imaginarme cómo será vivir aquí siempre, cuando en invierno sople el viento frío a través de los árboles y a estas horas la gente esté metida en sus casas con la chimenea (o la calefacción) encendidas. Cuando regreso han terminado de jugar y en cero coma han montado un picnic de veinte notas multiculturales encima de un par de alfombras. Hay cinco tipos de tortilla, un par de tabouleh, un postre irlandés hecho de cereales y chocolate fundido, una cosa llamada pan de pera que a mí me sabe un poco a morcilla. Ofrezco el jerez dulce que he traído de Cádiz y Jorge y yo nos lo vamos pimplando mientras hablamos de escalada. Antes de darme cuenta ya he confesado mis niveles de frikismo (tipo tengo la biografía de Lynn Hill o tipo este viaje se llama el Summer Steinbeck-Hill Project). Jorge asiente y sonríe bastante; no sé si le he caído bien o es el jerez.

Ahora estoy en su piso, en la habitación que tiene para invitados, intentando que la brisa que se cuela por la ventana refresque el aire. Aquí también está haciendo más calor que en mucho tiempo, y parece que no puedo escapar de los áticos recalentados. Le he explicado que tengo que escribir al final de cada jornada, y también que quiero enseñarle mi relato sobre un podólogo, ya que él trabaja en eso. Por cierto, que también he podido preguntarle qué coño motiva a una persona para querer pasarse la vida mirando pies; la respuesta es compleja e interesante, pero me la guardo para dejaros con la intriga y que tengáis que buscar a vuestro propio podólogo.

Este viaje está siendo terriblemente genial y divertido y sólo llevo dos días. Me preocupa. No tengo ni idea de qué vamos a hacer mañana, ni me importa. Creo que Jorge anda dándole vueltas a ver a dónde se lleva a trepar a la gaditana zumbada fanática esta que lleva una foto de Lynn Hill como salvapantallas del móvil. A ver qué pasa.

Y me voy a dormir sumamente feliz y dejándome fluir con las cosas divertidas y sorprendentes que tiene el mundo. Ya os contaré mañana. Sed felices y disfrutad de esta cosa bonita llamada vida.

2 comentarios:

  1. En Granada di clases de quimica a un chaval que queria estudiar y ser podologo. Cuando le pregunte que por que los pies me dijo que era una carrera corta y se ganaba mucho dinero. Supongo que tu podologo tendria motivaciones menos terrenales, o al menos mas elevadas!

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  2. A los de Zaragoza: almendrones o cheposos. A los de Huesca: fatos.

    Viajar, vivir, disfrutar en furgo es lo más.

    He caído en tu blog nosécómo, y me apetece acompañarte, a posteriori, en tu viaje. Prometo no dar mucho mal.

    Txabi

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