massobreloslunes: SSHP 7: Viviendo en modo gatuno

miércoles, 29 de agosto de 2012

SSHP 7: Viviendo en modo gatuno


Me despierto en Polientes en medio de un silencio absoluto, en la oscuridad, debajo de dos mantas. Es la segunda noche consecutiva que me levanto con la sensación de haber dormido profundamente, y es cojonudo. De camino al baño me encuentro con que me ha bajado la regla; qué buen rollo lo de no tener sexo, en el sentido de que ni siquiera llevaba la cuenta de cuándo me tocaba para prever posibles hijitos no deseados.

En el salón están Carlos, el andaluz exiliado que me aloja, y Maika, una amiga suya de Jaén que lleva todo el verano trabajando aquí. Los dos están como unas maracas y son alegres de una forma absurda y sanota. Muy jienenses. Bea, una chica que trabaja en el mismo lugar que Carlos y vive arriba, nos saluda por la ventana de la cocina mientras riega su albahaca. “Os espero a las once y cuarto en la puerta”, nos recuerda a Maika y a mí, porque va a llevarnos de ruta por un robledal cercano.

Hace un sol y un calor de flipar. Empiezo a pensar que lo del Norte frío y húmedo es todo propaganda. mientras me asfixio al subir el cortafuegos que da comienzo a la ruta. ¿Estoy mayor? ¿Tengo toda la sangre acumulada en el útero? Caminamos entre robles durante horas y nos hacemos fotos en el interior de un tronco centenario, y le explico a Maika que en Jaca subí a un monte con la cámara y el trípode y me estuve sacando un reportaje mientras la gente me miraba con cara de “qué pobre, no tiene amigos”. 
Bea nos explica la diferencia entre los distintos tipos de roble y Maika persigue a los insectos con su Nikon maldiciendo la falta de macro. Me cuenta que se apuntó a un curso de fotografía, pero que se equivocó y trataba sólo de retratos. “A mí es que me gustan los bichos”, me explica. Yo alucino con eso de que hay gente para todo, porque a mí me fascinan las caras y las mentes de la gente, y que alguien se pueda apasionar por cosas como las hojas de roble o los hemitórax de los insectos me resulta tierno en su frikismo. “Los insectos son tan pequeños y tienen una vida tan grande”, me explica Maika, entusiasmada.

A la vuelta me zambullo en mi camita con mantas a echarme la siesta. Parece que toda mi energía se concentra en eliminar los restos inservibles de sangre uterina. Espléndido. Dos horas de sueño, medio litro de colacao fresquito y un espidifén más tarde soy casi persona. Viene a recogernos Carlos en su furgo para llevarme de ruta por el valle. Valderredible quiere decir algo como “Valle en torno al río Ebro”, y recorremos la carretera escuchando todo el rato el rumor del agua. A mí, como a buena andaluza, lo de que haya agua así corriendo en libertad sin nadie que abra grifos ni que proteste por la sequía me fascina.

Me llevan a un pueblito que parece un belén, con cascadas cayendo en pozas azules como en un cuento de hadas. Luego subimos a unas formaciones rocosas que moldea el deshielo a través de las paredes. Visitamos una ermita rupestre de arenisca y acabamos en una casa abandonada llena de trastos viejos. Yo me alumbro la cara con la linterna del móvil para asustar a Bea. “¿Sabes? - le digo -, yo en realidad empecé mi viaje en invierno. Había neblina y hielo en la carretera, y al tomar una curva me salí... y ahora viajo de Couchsurfing por los pueblos de Cantabria para advertir a la gente”. Bea se ríe, chilla, se queja a Carlos de que “la couchsurfer es siniestra”.

De camino a la furgo, no sé por qué, empezamos a cantar “Bajo el mar”, y resulta que Carlos tiene en el mp3 la mayor recopilación de canciones Disney que he visto en mi vida, así que acabamos chillando en grupo grandes éxitos como “Vaya tiarrón es Gastón” o “El genio genial”. Carlos se sabe todas las canciones a la perfección, incluyendo coros y voces secundarias. Hay algo decididamente tierno en este andaluz flaquito y animalófilo que lleva el peluche de un urogallo en el salpicadero.

Volvemos a casa y Bea se marcha a preparar unas verduras con cuscús que va a invitarnos a comer en su casa. Parece ser que es mi fiesta de despedida y bienvenida. “Despenida... o binvedida”, propongo yo, con mi habitual fanatismo neológico. Corto queso de Arriel en la cocina, preparamos una ensalada y Carlos saca unas patatas fritas jienenses que tiene en reserva en las profundidades de la despensa. Las patatas jienenses están brutales, el cuscús de Bea también, y mientras escuchamos reggae tumbados en el sofá y dejo que la cena se me digiera despacio en el estómago, me digo que esto es bueno. Esto de aceptar la vida tal y como viene, lo que la gente te ofrece generosamente. En los cursos de Vipassana no se permite pagar nada, entre otras cosas porque se supone que eso te predispone a aceptar las condiciones como son, sin esperar nada a cambio de tu dinero. Aquí, en esta casa ajena, bebiendo y comiendo lo que me dan, asistiendo a las visitas que me proponen, viendo los sitios a donde me llevan y cantando lo que me ponen en el coche, me siento un poco así. Capaz de no esperar más de lo que la vida me va dando, que es muchísimo, sin necesidad de esperar, de retener, de ajustar la realidad a mis perspectivas. Teniendo como única misión ser agradecida y generosa a la vez con lo que yo sí puedo dar: queso, alegría, escucha, fregar platos.

Paro un momento de escribir para recalentar la infusión de hierbabuena con miel de brezo que me estoy tomando. En el valle hay un silencio profundo. Carlos y Maika se han acostado hace un rato, e intuyo que Bea también duerme en el piso de arriba. Podría hacer esto mucho tiempo, me digo, esto de viajar. Quiero decir, que tengo ganas de volver a Cádiz, pero no por nada, sino por estar en Cádiz, porque Cádiz me encanta y me gusta estar allí, porque quiero ver a mis pacientes y escalar con mis amigos. Pero no siento todavía esa necesidad de estar en Mi Cama, en Mi Casa, con Mis Cosas; estoy a gusto levantándome en camas ajenas aún sin tener muy claro hacia qué lado tengo que sacar los pies.

Me reafirmo en el convencimiento que tengo últimamente de que lo que hace de la vida algo curioso, divertido y digno de ser vivido, lo que la distingue de ser un puto erial asqueroso y lleno de decepciones, es la gente. Nuestra capacidad de relacionarnos, comunicarnos y sentir con otros. No importa que la gente también pueda ser la parte cabrona. Este viaje no será Jaca, ni las paredes de Vadiello, ni el monte Oroel, ni el barranco de las Peoneras, ni los encadenes, ni los robles, ni el urogallo, ni los sobaos pasiegos, ni la piedra en seco. Este viaje serán Cris, Mauricio, la PK, Antonio, Ro, Erika, Serbal, Lobito, Bloguero/a Misterioso/a, Jorge, Arriel, Aitor, Lucía, Arkaitz, Marta, Ann, Aoiffee, Raquel,Tomás, Carlos, Maika, Bea y los que me queden por conocer. Gente linda que me ha dado sólo por ser yo: tortilla, vino, fajitas, queso, ánimos para escalar, aseguramiento, barrancos, más vino, kilómetros en furgo, pateos, fotos, agua, pan y muchas más cosas.

Hace unos días leí algo sobre los gatos, y cómo van por la vida como si se lo merecieran todo. Yo soy mucho más gatuna que perruna, y algún día expondré detalladamente por qué, pero una de las cosas que me mola de ellos es eso. Ese caminar por la vida conscientes de que ocupan el espacio que necesitan y reclaman, ni más ni menos, y que merecen mimitos, comida, rascadas en la barbilla, calor y cosas buenas sólo por ser bonitos y estar vivos, sin necesidad de hacer nada más que eso. Me gusta ser gatuna y existir digna y agradecida en medio de cuscús, infusiones de brezo y vías de escalada.

¿Por dónde siguen los planes del SSHP?

Mañana planeo levantarme, descargar en mi mp3 todas las canciones Disney de Carlos y tirar millas dirección Asturias. Ya van picando las yemas y es cuestión de volver a escalar. Por allí cuento con Joaquín, un gijonés que acaba de volver de Yosemite y ha prometido llevarme a trepar, así que si da señales de vida antes de la tarde es posible que acabe por alguna de las escuelas de allí mordiendo la pared como una desesperada.

Estos cuatro días que me quedan querría dormir en la furgo. Lo de las camas ajenas mola, pero me apetece amortizar la Dobloneta y despertarme con los pies sucios y el corazón contento. Tengo unas ganas locas de llegar a Asturias. Allí también voy a conocer a Nieves, mi bloguera fotógrafa favorita, a la que voy a intentar arrancar el secreto de su arte y quizá (sólo quizá) unos cuantos culines de sidra.

Lo único que va mal en el viaje es la búsqueda del sobao pasiego hipercalórico. Me voy a encomendar a los dioses viajeros para que mañana pongan unos cuantos en mi camino. Ah, bueno, y lo de la noche de pasión que en teoría me gané a fuerza de perderme por los campos de Conil para buscar a Cris. Pero he llegado a la conclusión de que de un tiempo a esta parte emito unas vibraciones célibes o Celivibraciones que apartan de mi camino a los machos en disposición de dar bambú, así que me resignaré a sublimarlo en la comida y la escalada hasta que cambie el viento.

Me despido y me marcho a dormir en mi cama con sabanitas de franela. Se os quiere.

5 comentarios:

  1. Me gusta mucho lo de vivir en modo gatuno, oye, me lo voy a apuntar :D :D

    Aunque no me dé la vida para comentarte siempre, que sepas que estoy disfrutando con el relato de tu viaje casi tanto como si estuviera allí. ¡Muchas gracias!

    (Me gusta tanto que hasta supero la envidia de que Nieves y tú os vayáis a ver, fíjate :_D)

    Ya en serio, parece que estás disfrutando un montón y me alegro mucho. ¡A seguir!

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  2. Gatuna, eh? Yo soy más perruna (tengo una perra!), y de hecho no me gustan nada los gatos. Bastardos presuntuosos :p Estaría bien que explicases un día por qué eres gatuna, pues, que es curioso! :)

    Y tu viaje sigue dándome mucha pero que mucha envidia! Es genial! Y tus posts rezuman optimismo, mi piace da morire! :)

    :*

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  3. ¡Nieves y Marina juntas! El mundo implosionará fijo de tanta carisma reunida :O

    (Secuestra a Nieves y tráemela, andaporfi u.u Y os llevo a la fondue, donde nunca se pide suficiente comida XDDDDDDDDDDDDDDDDD Esto que te lo cuente Nieves cuando estéis borrachas de sidra :P).

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  4. jajajaja, “El genio genial" es una de los grandes clásicos de la música por excelencia, pero llevar en el mp3 temas como "Vaya tiarrón es Gastón”... eso ya es para nota

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  5. Entonces es como si hubieras estado en parte en el cumple de Tahira. El playback lo ganaron "bajo el mar". Sígue pasándolo genial, genia Mopi.

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