massobreloslunes: Tres días

jueves, 22 de noviembre de 2012

Tres días

El primer día es fácil. Hay mucha gente. Vas a Sevilla. Cantas, bailas, gritas, hablas para la cámara y le haces rimas a la consejera.

El segundo día es peliagudo. Ahora estamos menos. Muchos se han descolgado. No sabes muy bien qué decir ni cómo ponerte en la entrada de tu hospital y la gente te mira raro. Lo primero que aprendes es que nadie sabe qué es un residente. Que la consejera recuerda que estáis en formación y que tenéis que agradecer que cobráis por formaros en vez de pagar. A ti te entran ganas de decirle que vale: que cambie el sistema y contrate a facultativos para hacer el trabajo que haces tú. Después recuerdas que tú cuestas tres veces menos que un facultativo y empiezas a entender las cosas.

Poco a poco vas encontrando tu sitio. Extiendes pancartas. Empiezas a gritar un poco. Alguien saca una cacerola. Te entusiasmas. En dos minutos se hace un escote y se compra un megáfono, pilas y media docena de silbatos. Alguien dice que no hagamos ruido, por los pacientes, pero la gente quiere hacer ruido. Estamos muy cabreados y queremos que se note. Para esto les importan los pacientes; para otras cosas, parece que no tanto.

De alguna forma, el segundo día por la tarde se deciden muchas cosas. Se cruzan mensajes de facebook y de twitter. Se cualgan vídeos. Se hacen apuestas sobre cuántos seremos mañana.

Entonces llega el tercer día, y para tu sorpresa la gente es más puntual que el primero, y hay más gente, y se grita más, y los ciudadanos empiezan a enterarse de qué es un residente. Se enteran de que residente es el que te ve en la puerta de urgencias a las tres de la mañana, o el que te atiende solo en una consulta de especialista, o el que procesa las muestras para análisis en el laboratorio, o el que te lleva la nutrición o las medicinas. Que un residente trabaja tanto o más que un facultativo.

Además, el tercer día ya conoces las caras, ya sabes dónde se guardan las pancartas, hay que comprar más pilas al megáfono pero ya os sabéis bien el camino hasta el chino, ya no te da vergüenza pedir firmas. Te repartes, subes fotos al facebook, te apañas para reírte, vas a la facultad de medicina, acabas entrando en la sala donde se diseccionan los muertos y aunque te mueres del asco viendo tu primer cadáver, Chispas, te tienes que reír, porque tu compañero, que acaba de soltarles a los estudiantes un discurso tipo Braveheart, ahora está en el pasillo abanicándose con las hojas de firmas y diciéndote que se le va a salir el estómago por la boca.

El tercer día ya sois un grupo. Ya se cuelgan en el Facebook vídeos de discursos épicos de 300 o de El Señor de los Anillos. Ya se tienen chistes compartidos, se planea para mañana y tú sabes que hay un alto porcentaje de gente que ha erradicado la duda de su mente. Tú misma te has abstraído. Has dejado de hacer cálculos. El dinero te da igual, y asaltarás tu hucha de monedas de dos euros si es necesario. Estás luchando por tu dignidad. Estás luchando porque todas esas horas, esos marrones, esos pacientes y esas dudas que te llevas comiendo durante casi tres años no se las lleve el viento.

Te das cuenta de que eres más que tú, más que un residente: eres un reflejo de lo que está pasando con la juventud en este país de los huevos. Que no os respeta nadie. Que trabajéis en lo que trabajéis, no tenéis derecho ni a respirar. Que da igual que seas un médico y estés salvando vidas, o un psicólogo que lleva a sus espaldas el peso de la locura ajena, o un biólogo, un farmacéutico; lo que sea. No tienes derecho a nada. No tienes derecho a pedir, a costa del montón de dinero que te está costando esta huelga, que te dejen hacer igual que a los adjuntos cuyo puesto sustituyes con tanta alegría: trabajar MÁS cobrando lo mismo.

El tercer día es un follón de emociones. Te quieres ir a la cama, pero no quieres. Tienes miedo de lo que vaya a pasar mañana. Piensas que esto no sirve de nada. Piensas que estáis haciendo historia. Quieres de verdad que esto se termine en alguna dirección, porque te sientes agotada. No te puedes despegar del ordenador.

Y al final, igual que ayer, se te saltan las lágrimas a última hora. A lo mejor es porque te tienes que poner con la regla. Pero miras el facebook y las fotos de tus compañeros y ves sus sonrisas. En medio de la que les está cayendo, les ves sonreír de verdad, con la boca y con los ojos. Y esas sonrisas indefensas de chicos que en dos, tres o cuatro años estarán en la puta calle y que están luchando ahora para no tener un presente de mierda además de un futuro de mierda, te parten el corazón.

Pero al menos hoy tienes claro por qué es.


 Y la rubia en medio con el megáfono xD


(Voy a parar con la segunda persona, que me acabaré pareciendo a Paul Auster).

8 comentarios:

  1. Muchísimo ánimo a todos!! A veces cuesta seguir adelante, pero debemos pensar que las protestas, huelgas y manifestaciones sirven para algo.
    Un beso grande para ti y todos tus compañeros!

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  2. Como decimos por aquí: ¡No rebleis!.

    ;-)

    Txabi

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  3. VAMOS JUNTOS (Mario Benedetti)

    Con tu puedo y con mi quiero
    vamos juntos compañero

    compañero te desvela
    la misma suerte que a mí
    prometiste y prometí
    encender esta candela

    con tu puedo y con mi quiero
    vamos juntos compañero

    la muerte mata y escucha
    la vida viene después
    la unidad que sirve es
    la que nos une en la lucha

    con tu puedo y con mi quiero
    vamos juntos compañero

    la historia tañe sonora
    su lección como campana
    para gozar el mañana
    hay que pelear el ahora

    con tu puedo y con mi quiero
    vamos juntos compañero

    ya no somos inocentes
    ni en la mala ni en la buena
    cada cual en su faena
    porque en esto no hay suplentes

    con tu puedo y con mi quiero
    vamos juntos compañero

    algunos cantan victoria
    porque el pueblo paga vidas
    pero esas muertes queridas
    van escribiendo la historia

    con tu puedo y con mi quiero
    vamos juntos compañero.

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  4. Änimo Marina!. Por la dignidad no solo personal, sino de una profesión.
    Por cierto que formo parte del colectivo que se emociona con los movimientos sociales en masa: la última fue en la pasada manifestación del 14 en Ciudad Real. Casi muero de atragantamiento por nudo en la garganta mientras escuchaba los cánticos del grupo de estudiantes que llevábamos detrás de nosotros.
    Hay que seguir!.
    Besos!
    Laura

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  5. Ánimo amiga, aguantad!!

    Y ni caso a la tendencia absurda de alguna gente a pensar que encima de que trabajas, o encima de que mientras trabajas te formas, no os podáis quejar. ¡¡Todo lo contrario!! Precisamente porque tenéis la suerte de trabajar, también tenéis la responsabilidad de intentar que algo cambie, de hacerlo por los que como tú dices no tienen esa posibilidad...

    ¡Adelante, valientes!

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  6. Pues yo como persona que acude con bastante frecuencia al médico debido a mi torpeza he de decir que me han atendido muchas veces residentes, y lo hacen muy bien. Así que mucho ánimo que os merecéis mejores condiciones laborales!

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  7. Muy de acuerdo contigo! (Y yo también soy las que me emociono en las manifestaciones) :) Adelante, siempre adelante!

    :*

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