massobreloslunes: De mi abuela a la Keyes, y viceversa

domingo, 30 de diciembre de 2012

De mi abuela a la Keyes, y viceversa



Hace un par de días, mientras estaba en Málaga, mi madre me dio un cuaderno de recetas que había pertenecido a mi abuela paterna. Lo encontró ordenando la casa después del incendio y quería que se lo llevara a mí tía la de Madrid. El cuaderno empieza en 1949, y parece ser que mi abuela empezó a escribirlo poco antes de casarse. Esas recetas eran su dote: lo que iba a aportarle al hombre al que amaba, su capacidad de cuidarle en la alegría y en las penas hasta que la muerte los separó.

Abro el cuaderno por la primera página. "Libro de recetas de cocina y repostería", se titula. "Este cuaderno pertenece a Marina Rodríguez Jiménez", añade después con su bonita caligrafía inglesa. Las recetas están numeradas hasta la última, la 83: lentejas guisadas. La leo con atención. Es una hermosa receta detallada. La cocina cariñosa se contiene en los detalles, y las lentejas de mi abuela los tienen a montones. "Limpiar las lentejas con cuidado, porque siempre traen chinos y trocitos de tierra", "remojar las lentejas y apartar las que suban a la superficie", "batir las patatas cocidas y añadirlas al caldo".

Un rato después, cuando salgo a la calle para ir al supermercado, voy pensando en el nombre de mi abuela muerta escrito en la primera página del cuaderno. Los nombres de los muertos significan tan poco. De repente se convierten en el traje vacío de alguien que se ha marchado. Al final nos morimos, pienso frente al sol insultante de la calle Real. Qué absurdo es todo. Qué absurdo querer vivir bien, tener penas de amor y preocuparse de cómo hacer unas buenas lentejas. Frente a mí, la gente pasea contenta en esta mañana de sábado; los altavoces atruenan con villancicos y las mesas de las terrazas están llenas.

Entro en la librería de la calle Rosario. Después del aguinaldo estoy súbitamente bien de dinero, así que me estoy autorregalando cosas. Ayer encargué un buen chaquetón de plumas y unos pies de gato buenísimos que van a escalar mejor que yo. Hoy me he dado el gusto y me he comprado el libro de repostería de Marian Keyes. Porque sí. Porque me encanta Marian Keyes, me encantan los dulces y quiero aprender a hacer galletas en forma de zapato.  El libro es fabulosamente rosa, con unas fotos espléndidas y la autora en la portada, con un delantal y su carita mofletuda de irlandesa sanota, rellenando cupcakes con una manga pastelera.

Aún no he mirado bien el libro, porque le pedí a la dependienta que me lo envolviera para disimular el oprobio y ahora me da pena abrirlo. Sí sé que MK habla de la depresión que le entró hace tres años y de cómo hornear repostería le está ayudando a salir de ella. Hay algo tan cariñoso en cocinar para otros. Miro el cuadernito de mi abuela al lado del mamotreto hortera de la Keyes. Mi abuela murió de cáncer cuando yo tenía un año. Me pregunto si en 1949 se pudo imaginar que su nieta, la que lleva su nombre, andaría comprándose vergonzosas obras anglosajonas para aprender a hacer tarta de queso invertida, y si se reconocería en este linaje de cocineras anónimas.

Y pienso que sí, que se reconocería. Porque mi abuela y yo sabemos y queremos cuidar.

Ahora sólo espero que 2013 sea un año lleno de gente para la que poder cocinar tartas y (si por fin aprendo) los famosos cupcakes de los que todo el mundo habla. 

4 comentarios:

  1. Cupcakes... a ver, mag-da-le-nas. Porque son eso y ya está, ¿no? Al menos yo no he encontrado diferencias muy evidentes que digamos. Y ya que nos ponemos en plan confesor, reconozco aquí la fascinación que ejercen sobre mí los panetones. Los he visto recientemente con motivo de las compras navideñas y... buf, no sé lo que aguantaré sin comprarme uno.
    Mi abuela también era muy cocinillas, aunque no escribió un libro como el que comentas (sería un tesoro, la tía cocinaba que no veas). No obstante, sí que conservo cosas de mi abuelo: partituras, un Longines de plata...

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  2. Qué tierno! :)

    Yo también estoy intentando aprender a hacer las magdalenas; de momento llevo un intento sólo parcialmente vergonzoso :p

    Un besote!

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  3. Pues a mi me encanta Marian keyes, los libros de recetas de "personas reales", cocinar y hacer magdalenas (cupcakes..jiji).
    Y me encantaría que algún día dentro de muchos años, alguien encontrara mi libro de recetas y lo apreciara de la misma manera que tu has hecho con el de tu abuela, es muy tierno.
    Un besillo

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  4. En el barrio de Chiado, en Lisboa, hay un restaurante (en el que no he estado) que se llama Cien maneras. El chef es un yugoslavo y cuenta que durante el sitio de Sarajevo sólo podía comer patatas, así que su madre inventó cien maneras distintas de cocinarlas.

    Supongo que hay personas que dejan como legado más de lo que aparentemente dejan otros, como si existiera una cultura de humilde subsistencia que nos puede envolver día tras día mientras nosotros nos dejemos llevar.

    Hay una herencia universal de pucheros y cocinillas, yo he ido muchas veces a comer a casa de mis padres (por necesidad) estos últimos dos años y me he empapado de guisos y cocidos, del olor rancio de los vapores imposibles, densos como la vía láctea, del chup chup de una sopa con más calorías por taza que un jamón...

    Supongo que es mucho trabajo, pero es otra forma de cuidar, de dar.

    Estos días leo posts antiguos. Me paso horas leyéndolos.

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