massobreloslunes: octubre 2012

miércoles, 31 de octubre de 2012

El Proyecto Noviembre

Queridos lectores:

Lo primero que quiero es pediros disculpas por pasarme vuestra opinión por el forro. ¿Por qué? Porque no voy a escribir una novela. Ya sé que es el segundo NaNoWriMo en el que me rajo, pero a la tercera irá la vencida. Vamos, digo yo.

Aun así, vamos a convertir noviembre en un mes especial.

Primero las malas noticias: massobreloslunes se paraliza temporalmente. No puedo sacar adelante otros proyectos si sigo empeñada en escribir aquí todos los días. Peeeero no os voy a dejar sin lectura durante todo el mes. Al contrario. A todo el que se preste voluntario le voy a ABRUMAR con mis palabras.

Yuju.

¿La temática? Vamos a sacar adelante Psicosupervivencia. Voy a escribir un libro sobre el tema. ¡¡Viva y bravo!!

¿Y por qué psicología y no ficción?

Pues no sé. Porque lo siento así ahora mismo. Es lo que me apetece. Estoy en una etapa profesional bastante intensa y bonita: me divierto con mis pacientes, aprendo un montón de ellos y me encuentro en un modo psicóloga-total. Escribir ficción ahora mismo me queda grande. No tengo el tiempo ni, sobre todo, el espacio mental necesario para hacerlo de forma que me quede más o menos contenta con el resultado. Así que voy a escribir sobre psicología. La novela llegará, en serio, pero no en esta etapa de mi vida.

No obstante, no quiero escribir el libro sola. Soy adicta a vuestro feedback. Necesito contar mis chorradas y que alguien me conteste al final del día. Es triste, pero cierto, y no tengo ni idea de cómo lo hacía antes la gente, encerrados en habitaciones, escribiendo en solitario con plumas de oca y sin conexión ADSL.

Pensé en ir publicando lo que tuviera listo en un blog privado, pero la última experiencia privatizando y añadiendo gente a la lista de lectores casi me vuelve loca, así que he pensado en un sistema más operativo: una newsletter.

(¡¡Me estoy modernizando!!)

Esto consiste en que quien quiera participar, se suscribe a la lista y recibirá todos los días del mes de noviembre un fragmento-borrador del futuro libro. La idea es poder leer vuestros comentarios y opiniones a medida que voy escribiendo. Desde un simple "me gusta/no me gusta" hasta sugerencias, aclaraciones, ideas o dudas. Me podéis contar historias que se relacionen con lo que escribo o consultar situaciones más o menos personales. Por supuesto, no utilizaré ningún material de nadie sin previo consentimiento.

En relación con eso, y aquí va una primicia primiciosa, me voy a asesorar legalmente y a redactar un documento de consentimiento informado para utilizar datos clinicos, lo que quiere decir que si mis pacientes están de acuerdo, os podré contar casos reales con bastante detalle. Esto es algo que me apetece un montón hacer y que creo que puede ser muy útil para todos.

¡Estoy muy emocionada! ¡¡Voy a escribir un libro!! Voy por ahí diciéndoselo a todo el mundo, como si estuviera embarazada.

La meta, como en el NaNoWriMo, serán 50000 palabras. Todos los días actualizaré cuántas llevo. Al final del mes veré lo que he conseguido y seguiré trabajándolo y dándole forma hasta que pueda editarlo de manera más o menos decente.

Por último, anuncio que si al principio la lío un poco con los aspectos técnicos de la cosa, me disculpéis. A mí me gustaría dedicarme a escribir y punto, en vez de andar peleándome con todas las herramientas de la web 2.0 a la vez, pero me temo que no podré hasta que no sea rica y contrate a un cibersecretario.

Os agradezco mucho cada comentario y cada mail a lo largo de la andadura de este blog. Imagino que todo el que va a escribir un libro se pregunta si lo va a leer alguien. Yo que lo va a leer alguien, y aunque lo leyerais solo los que estáis ahora mismo visitando el blog, mi puñadito de fans verdaderos, ya estaría contenta.

Y paro ya, que me pongo tonta.

Para apuntaros a la lista, haced click aquí.

Ojalá que la idea os haga tanta ilusión como a mí. Nos vemos en vuestra bandeja de entrada.

martes, 30 de octubre de 2012

La actividad anteriormente conocida como sexo

En primer lugar, os tengo que anticipar que más os vale no perderos la entrada de mañana. Noviembre va a ser un mes muy especial y quiero que todos seáis parte de ello.

En segundo lugar,  voy a contestar al MIR, que hace un par de días me preguntaba, si no le entendí yo mal, cuál era mi intento de opinión no sesgada sobre el sexo.

A ver. El sexo es una cosa rara. Pensadlo. Ves a alguien del otro género o del tuyo, según te mole la carne o el pescado. Sientes una sensación muy potente en diversas partes de tu cuerpo: el corazón te late más rápido, se te dilatan las pupilas, la sangre acude a tus labios y a tus genitales. Estás lo que comúnmente se conoce como cachondo/a. Si la cosa va bien, y aquí permitidme que me salte la fase social del asunto, pasaréis a frotar vuestros labios y lenguas y a tocaros el cuerpo. Después se quita uno la ropa y se siguen tocando los cuerpos. Luego se introducen unas partes en otras y se frota uno sin parar hasta el orgasmo. Ojo, que el orgasmo es algo estupendo. A mí casi se me olvida de una vez para otra lo estupendo que es, y vuelvo a pensar: joder, qué bien diseñado está esto.

En medio de ese intercambio, nuestro cerebro se monta un fiestón neurológico de proporciones épicas. Chorreamos dopamina, oxitocina, endorfinas y no me preguntéis que más, porque no lo recuerdo. A nivel conductual, podemos reaccionar de distintas formas. Hay quien tras terminar se abraza como un osito y quien se levanta a fumarse un cigarro y/o a comprobar el condón en el lavabo. En el momento en que el sexo se acaba, el cerebro toma otra vez el control y juzga lo que hemos hecho. Empieza a barruntar las consecuencias que el frotamiento de genitales va a tener en su vida.

Si me preguntáis ahora, os diré que en los últimos (dejad que lo piense) cinco o seis años, el sexo no me ha traído más que problemas. Si me preguntáis también si, no obstante, me apetece tener sexo, la respuesta es que sí. Claro. Mi cuerpo lo sabe.

En cualquier caso, si pienso en cuál sería la postura que me gustaría adoptar ahora respecto al sexo (jijiji, he dicho postura), os diría que querría ser capaz de observarlo como lo que verdaderamente es. Una sensación maravillosa, sí, pero finita. Acotada en el tiempo. Y, sobre todo, vinculada a otro ser humano. Tú no puedes dejar que otra persona meta trozos de su cuerpo dentro del tuyo o incorpore a los tuyos sus fluidos y seguir como si nada. El sexo es intimidad, y debería ir acompañado de la intimidad que merece. Eso es así.

Me gustaría que la próxima persona con la que tenga sexo me importara.

Por último, quiero compartir con vosotros un pensamiento que he tenido últimamente y que creo que debería popularizarse. Creo que las personas que han tenido sexo juntas deberían seguir unas reglas de cortesía mutua durante el resto de la vida. En plan: responderse siempre los whassap y tratarse en general con cariño. Creo que darse esa intimidad merece un respeto mutuo vitalicio. Nadie te verá nunca tan vulnerable como desnudo y entregado, y eso debería tenerse en cuenta para contactos posteriores. Pero esta idea mía, como la de los semáforos de disponibilidad sexual, caerá en el olvido y no podrá hacer de este un mundo mejor.

Hale, buenas noches. E insisto: atentos al post de mañana.

PD: Besitos, MIR.

lunes, 29 de octubre de 2012

Ángel y la curiosidad

El sábado por la tarde conocí a Ángel: un lector extremeño que vive en Seattle y que me escribió hace ya dos años para preguntarme sobre la Vipassana. Desde entonces nos mantenemos en contacto intermitente, pero el despiste y las diferencias horarias han atrasado el encuentro por Skype hasta el sábado a las seis de la tarde, hora española, o nueve de la mañana, hora seattlense. Yo estaba nerviosilla. Había visto Anatomía de Grey para ambientarme, porque transcurre en Seattle, y llevaba un rato haciendo tiempo frente al ordenador. No tenía claro cómo iba a resultar eso de hablar por Skype con alguien a quien no había visto nunca.

Cero motivos para la preocupación: Ángel es un encanto. Él se tomó el café matutino y yo mi descafeinado de media tarde. Hablamos un poco de todo: de la vida, el trabajo y el futuro. Intenta mirar el mundo con los ojos anchos; tanto, que en breve deja su curro y se va a viajar por Asia. Os lo voy a preguntar honestamente: ¿no es genial la vida? ¿No es genial que yo esté aquí en San Fernando y pueda hablar de proyectos internacionales con un notas que está en la otra punta del globo?

Hoy te quiero dedicar este post, Ángel. Me gustaron tu sonrisa y tu curiosidad, así que quiero responderte mejor a una de las preguntas que me hiciste cuando hablamos. Más bien es la respuesta ampliada, porque ya te la contesté parcialmente el otro día. Me preguntabas cómo hacía para sobrellevar las penas de mis pacientes además de las mías. Es una pregunta que me han hecho muchas veces. Cuando uno contesta lo mismo muchas veces, acaba respondiendo de forma automática y no se plantea que quizá hayan surgido nuevas respuestas a esa pregunta.

Te contesté de forma estándar. A saber: que a mí me producen mucha más angustia las noticias de la tele que mis pacientes, porque a ellos al menos les puedo ayudar en algo. Que procuro darme cuenta de que cada persona tiene su propio karma o, lo que es lo mismo, su propia colección de momentos para vivir asignados sobre la tierra. Que cuando veo que alguien mejora un poquito es muy gratificante.

Pero ayer pensaba en mis pacientes de la semana y me di cuenta de una cosa. No me llevo el sufrimiento a casa porque no es sólo sufrimiento. Casi nadie sólo sufre. Hay algo que se llama "buscar la parte sana", y quiere decir que está bien darse cuenta de qué áreas de la vida del paciente funcionan todavía bien. La mayoría tiene momentos de mucha luz. Es verdad que los hay que te dan cien patadas y te caen fatal, y también los que no hacen más que quejarse, y quejarse, y quejarse. Pero incluso a esos les puedes encontrar el punto. Se trata de sentarte con ellos e intentar encontrar lo que se le da bien. Y después, algo de lo que reíros juntos.

Además, para mí los pacientes son problemas. Como el cubo de Rubik que tanto nos gusta: son puzles que tienes que resolver. Apañártelas para encontrar las llaves que generan el cambio. Eso hace que enfoque el asunto desde una forma intelectual además de emocional, y que casos que podrían ser dramáticos se conviertan en interesantes. La terapia es una manipulación benevolente, y en mis mejores días gesticulo con las manos sobre la mesa cuando se marchan de la consulta, mientras murmuro "bailad, marionetas, ¡bailad!".

Por último, tengo mucha suerte. Forrest Gump decía que la vida es como una caja de bombones, y es verdad que uno tiene que abrir su propia caja para ver con qué se va encontrando. Pero en mi trabajo puedes observar cómo mucha gente desenvuelve sus bombones. Es como vivir muchas vidas a la vez. Dicen que nadie escarmienta en cabeza ajena, pero si abres bien los ojos y los oídos sí que aprendes algo. Se te ensancha la perspectiva. Percibes que esto es cíclico y que, a largo plazo, la mayoría de los problemas no tienen ninguna importancia.

Así que esta es la forma en la que yo afronto el sufrimiento de los demás. Busco luz, pienso e intento aprender. Y después salgo y me voy a escalar, para desconectar un rato y para ver si así se me ensanchan las espaldas y puedo seguir llevando en peso los secretos ajenos.

domingo, 28 de octubre de 2012

Yo no soy feliz, soy objetiva

La escalada es tan guay.

Para qué me voy a pasar un post entero explicando mi domingo si todo se resume en eso.

Podría contaros que ayer por la noche me llamó Juanjo, que es un valenciano zumbado y medio hippy que pasa de cualquier cosa que no vaya en vertical, y me dijo algo como "Marina, mañana esta gente se va a hacer la mariconada esa del senderismo, ¿tú quieres escalar?". Y yo: "claro que sí, dime hora". Que cuando hablé con los demás para ver si se apuntaban, todo el mundo decía que mejor no, que iban a estar las paredes mojadas. Que, aún así, ahí nos hemos plantado el Juanjo y yo en Benaocaz, a hora y media de Cádiz, con muesli en las mochilas y motivación en las cabezas.

Podría explicar que bueno, las cosas como son, había vías mojadas, pero también muchas secas, y que nos lo hemos tomado con humor cuando llegabas al que se supone que era el mejor agarre de la vía y te encontrabas con que se había convertido en una mini-piscina. Que estábamos solos en la zona y sólo se escuchaba el zumbido del viento, y que nos hemos reído sin parar casi todo el rato, porque Juanjo tiene un sentido del humor genial y absurdo y a mí para reírme nunca me ha faltado energía. Que, aunque a los dos nos dan miedo según qué cosas, nos hemos animado a escalar de primeros como si no hubiera mañana y hemos terminado, como dice él, "crocantis del todo".

Podría decir que me gusta el concepto compañeros de cordada, que consiste en que dos personas como Juanjo y yo, que seguramente en otro contexto ni nos habríamos saludado, podemos echar juntos el día y pasarlo de puta madre, y porque a la vuelta él iba poniéndome canciones punks en el coche con títulos como "Pasado de rosca" o "Ojeras farloperas" y yo conducía la Dobloneta con agujetas en la cara de tanto reírme.

Podría ponerme mística y trasladar el concepto de la escalada a la vida, porque si uno no se arriesga por miedo a la lluvia, al final no trepa un carajo y pasa el día en casa, entre el sofá y el escritorio, dejando que se deslice este domingo con una hora de más que nos regala el calendario una vez al año. Y que vale, llegas y hay vías mojadas, y te enmarronas, y se te escurre un pie porque has pisado una mancha de agua... pero también aprovechas lo seco, te ríes del cielo y te hartas de trepar. Así que igual puedes arriesgarte en la vida porque, total, de volverte siempre estás a tiempo, y en el camino hacia los lugares inciertos charlas, te ríes y escuchas música rara.

Pero todo se resume en que la escalada es tan guay...

Feliz lunes, pequeños.

sábado, 27 de octubre de 2012

Libertad y decisiones (II)

Oiréis mucho eso de "no hay decisiones buenas o malas", pero yo no me lo creo. Creo que hay opciones que llevan a experiencias más agradables, placenteras, significativas o llenas de sentido que otras. Hay vidas que me gustan más que otras. El relativismo no es una opción útil; lo que sucede es que carecemos de material para comparar el resultado de nuestras acciones con las alternativas en nuestro caso particular. Sólo podemos comprobar una hipótesis en cada momento. Pero podemos comparar la existencia que llevamos con nuestro sistema de valores, hacer un recuento de nuestros niveles de bienestar y alegría, y concluir si una decisión del pasado ha sido buena o mala.

Yo creo que, en general, las decisiones que me han llevado hasta aquí han sido buenas. Mi existencia va de acuerdo a mi sistema de valores. Mi bienestar y mi alegría son elevados. Y quiero creer que lo bueno en esas decisiones era su motivación. Cuando volví a Granada en cuarto de carrera, cuando me decidí a estudiar el PIR y cuando elegí la plaza aquí, el principal motivo que resonaba detrás era tener independencia. Ser independiente no es lo mismo que ser egoísta. No quiere decir no tener en cuenta los sentimientos de los demás o no hacer concesiones. Tal y como lo entiendo ahora, uno conquista la independencia a medida que es capaz de plantearse más y más cosas de la forma más libre de prejuicios posible. Y justo cuando uno es capaz de plantearse las cosas con sinceridad y sin ataduras, de adoptar posturas que siempre le habían parecido absurdas porque ahora le funcionan: sólo desde ahí, desde lo que uno elige con libertad, puede ser todo lo que quiere ser y dar a los demás todo lo posible.

Si rastreamos nuestro sistema de creencias, es fácil darse cuenta de lo condicionado que está por lo que oímos de pequeñitos y por lo que nos transmiten nuestros mayores. Yo estoy intentando pensarlo todo por mí misma, ser flexible y capaz de cambiar mis ideas a medida que las contrasto con mi experiencia. Como ejemplo, he aquí algunas reflexiones sobre temas candentes en la existencia de cualquier humano medio.

El trabajo.

¿Por qué es mejor tener un trabajo que no tenerlo? ¿Por qué queremos un trabajo fijo y estamos dispuestos a vender el alma para conseguirlo? ¿Dónde está lo bueno de una oposición? Vengo de una familia de funcionarios: médicos y profesores. Mis padres siempre me han transmitido que lo bueno de la vida consistía en salir a las tres del curro y poder dedicar el resto de tu tiempo a hacer lo que quisieras. Vale, pero ¿qué pasa con las ocho horas de antes? ¿Con qué ánimo quieres salir del curro? ¿Estás segura de que quieres trabajar para alguien el resto de tu vida? ¿Quieres que otros sean dueños de tu tiempo? ¿Quieres verte obligada a hacer cosas en las que no crees sólo porque te lo piden desde arriba? ¿Quieres que un gobierno pueda llegar en un momento dado y cepillarse tus supuestos privilegios a cambio de mantener esa estabilidad por la que has dejado todo lo demás?

Algunas ideas de mi entorno respecto al trabajo tienen que ver con la estabilidad. El éxito es conseguir una plaza fija en tu ciudad natal. Mi madre siempre me ha dicho: "la vida ya es lo bastante dura cuando se va por el caminito; imagínate si uno se sale de él". Mi padre me insiste a menudo en que haga la tesis e investigue. A mí hacer la tesis me la trae flojísima. Haré la tesis cuando esté convencida de que es la mejor forma a mi disposición para contribuir al conocimiento y mejorar la vida de la gente, y ahora mismo no es así.

La estabilidad, además, es la mayor mentira EVER. Si algo he aprendido charlando con gente en estos tres años es que la vida NO es estable. La vida lo aparenta, sí, pero cuando te quieres dar cuenta te sorprende con muertes, divorcios, linfomas, crisis. No existe lo estable ni existe un lugar al que llegar y donde quedarse acurrucado y contento. Lo dicen en el curso de Vipassana. Dhamma dipa sarana. Atta dipa sarana. Haz de ti mismo una isla, haz de la verdad un refugio. No hay otro refugio. Lo único que vas a conseguir estable serán las capacidades que tú mismo cultives. El amor, la atención, la ecuanimidad y todo por lo que consideres que vale la pena trabajar. Todo lo demás va y viene.


Las parejas.

¿Por qué es mejor tener pareja que no tenerla? Yo quiero tener pareja, sí, pero ¿desde dónde? ¿Desde el miedo a la soledad? ¿Desde el apego? ¿O desde el deseo verdadero de compartir mi vida y mis proyectos con alguien? ¿Qué concesiones estoy dispuesta a hacer? ¿Cuáles quiero que hagan conmigo?

Mis ganas de tener novio fluctúan, como los vientos de Cádiz, y desde hace unas cuantas semanas estoy en modo b. Eso quiere decir que me encuentro tan rematadamente bien que no sólo me la trae floja estar sola, sino que pienso que ahora mismo es justo lo que necesito. Se está fraguando mi vida. Estoy tomando decisiones pequeñas pero importantes. Y yo cuando me enamoro lo hago hasta las trancas y apuesto fuerte. Está bien, porque es lo que quiero, pero también me anula. Me despista de todo lo demás. Así que creo que ahora tengo una oportunidad increíble, no sólo para descubrir qué quiero hacer con mi vida, sino para hacer lo que me da la gana en cada momento. Me encanta llegar a mi casa en silencio, sentarme aquí y poder escribir. Me encanta irme a la cama en mi habitación cien por cien oscura con los tapones de los oídos puestos y pensar en mis cosas. Quien quiera venir a ocupar ese hueco tendrá que ofrecerme más de lo que ya tengo.

Mi problema actual es que necesito handling. El handling es lo que se les hace a las ratas de laboratorio antes de someterlas a cualquier experimento: se las manosea un poco para que se acostumbren al experimentador. Estoy leyendo un libro sobre el estrés llamado "Why zebras don't get ulceras", y una de las cosas que comenta es que la ausencia de handling estresa a las ratas. Creo que puedo vivir sin pareja, pero lo del contacto físico me tiene machacada. Ni siquiera se trata de sexo. He tenido algo de sexo en los últimos meses; no mucho, pero algo. Lo que no he tenido en el último año es una noche con alguien que me abrace. Así que si me preguntan ahora con qué fantaseo, no es con que me empotre contra la pared un moreno de abdominales marcados. Fantaseo con que me acaricien el pelo. Con que alguien me pase por la cabeza los dedos y me diga que mi pelo es muy suave y huele muy bien.

Handling.

Pero bueno. No se puede tener todo en esta vida.

En el sentido emocional, sin embargo, me encuentro perfectamente bien así. Ahora mismo una pareja no rellenaría carencias, sino que sumaría cosas. Mi estado ideal es tener una pareja, sí, pero alguien que realmente suponga un empuje y una multiplicación de las mutuas fuerzas, en lugar de una aniquilación en la búsqueda por el poder. Eso es difícil de encontrar, pero si no llega no me importa quedarme sola. Se puede querer a mucha gente.


Los hijos.

¿Por qué tener hijos es considerada la experiencia definitiva? ¿Por qué se supone que quien no los ha tenido es una especie de fracasado emocional? Creo que, desde el punto de vista lógico, la clave del asunto está en que todo el mundo (o casi) puede tener hijos y que, al mismo tiempo, los que no los tienen se quedan sin argumentos frente al "tú no puedes entenderlo" de los que sí lo hacen. Eso coloca a los padres en una posición de superioridad afectiva que me mosquea. No creo que el amor hacia los hijos sea el más puro que puede existir. El componente instintivo, hormonal y de apego es enorme, así como el peligro de proyectar en tu hijo tus frustraciones o de considerarlo una extensión de tu ego. De verdad, he visto a muchos padres con sus hijos, y hay algunas formas de querer que dan miedo.

Yo no digo que tener hijos esté mal. Sólo digo que debería considerarse una opción tan válida como la de no tenerlos. Esa idea de que de repente tu vida consista en ocuparte de otro ser humano y que, de forma automática, ésa sea la ocupación más noble que se te ocurre, me parece un pelín absurda. No sé cómo explicarlo para no parecer una nazi. Creo que preocuparse por los demás, ayudar a los demás y tener vocación de servicio es precioso. Pero es que para eso ya hay un montón de personas sobre la tierra que ya están aquí. Cuando tú decides crear a una persona para después quererla muchísimo, digamos que estas generando todo un problema donde antes no había nada. Y no te equivoques: lo haces por ti. No lo haces por el niño, porque el niño no existía antes de que tú decidieras crearlo.

La gente no dice: quiero crear una vida para que un ser humano independiente se desarrolle de forma plena. La gente dice: voy a ser padre, o madre. Voy a tener una experiencia: la experiencia emocional suprema. Yo antes era así, ojo. Antes pensaba que si no engañaba encontraba a ningún maromo que me preñase, lo haría yo sola. No quería perdérmelo. Fijaos qué generosa yo: estaba dispuesta a crear a un humanito sin padre para poder yo sentir el chute de oxitocina y amor obligatorio.

Ahora no digo que descarte tener hijos, pero ahora mismo es una pura cuestión de tiempo. Si se supone que me quedan siete años de fertilidad óptima, ¿cómo voy a comprimir en ese tiempo todos mis proyectos y todo lo que quiero vivir de forma libre y autónoma? Yo no quiero que mis proyectos sean mis hijos ni que el sentido de mi vida sean mis hijos. Me parece eternizar el problema, porque si el sentido de mi vida son mis hijos, y el de la suya son sus hijos, y así sucesivamente, ¿quién cojones se va a ocupar de este desaguisado que tenemos por mundo? Ahora mismo mi proyecto soy yo: convertirme en una buena persona, vivir cosas bonitas y aportar algo a la gente.

Como esto, hay muchísimas cosas que damos por sentadas. Muchas ideas sobre nosotros mismos que se nos han inculcado desde pequeños. Nos miramos con los ojos de nuestros padres. Seguimos ocupando el mismo lugar en nuestra pandilla de toda la vida. Esto no es malo; sólo es estrecho. Y la vida es muy ancha. Cada vez estoy más convencida de que mientras más experiencias vivamos, más libros leamos, a mas gente conozcamos y más viajemos, más se ensanchará nuestra percepción de la existencia y de nuestras posibilidades. Para esto, lo primero es cortar el cordón, batir las alas con suavidad y atrevernos a alejarnos de lo conocido.

(Vaya tocho os he soltado. A mi favor diré que vengo de tomarme unos vinos en Cádiz. Prometo volver mañana con algo más light: la historia de cómo una médico del hospital me está intentando enrollar con su hijo como si no hubiera un mañana)

Hale, a dormir.

viernes, 26 de octubre de 2012

Aclaración

He borrado el post del mal intertextual porque llevo un rato escribiendo muy cabreada, y no es así como quiero empezar mi mañana de viernes. Lo siento si alguien ha sentido coartada su libertad de expresión.

Valeria: tu comentario era muy respetuoso y no es mi intención censurarlo. Respeto tu opinión y entiendo la parte que tiene de verdad, pero no quiero desperdiciar mi energía en iniciar un debate en ese sentido. Por eso creo que es mejor quitarlo todo: post y comentarios.

LP: tenías derecho a defenderte, pero has sido agresivo conmigo y me has faltado al respeto, y no voy a permitir eso.

Saludos a todos y feliz viernes.

jueves, 25 de octubre de 2012

Libertad y decisiones (I)

Cuando terminé tercero de carrera estuve a punto de volverme a Málaga por motivos económicos. De hecho, llegué a pedir el traslado de expediente. Cambié de idea en el calentón de una bronca familiar y me fui a Granada de una forma un poco loca. Empecé a trabajar en la maldita-maldita beca, mi madre tuvo el detalle de ayudarme con el dinero mientras me la pagaban y conseguí subsistir. Era una subsistencia precaria en la que tenía que valorar seriamente relación coste-beneficio de incluir proteínas en mi dieta, pero no estaba mal.

Más adelante, mientras reflexionaba sobre las consecuencias de esa decisión, pensé que había sido una decisión correcta por motivos equivocados. La decisión la tomé de un día para otro en mitad de una bronca, pero los resultados fueron muy buenos. Los dos últimos años en Granada aprendí mucho, trabajé y disfruté de la ciudad. Sobre todo, completé una etapa de mi vida y no la dejé a medias. Ahora echo la vista atrás y se me ponen los pelos como escarpias de pensar en haberme vuelto a Málaga. Seguramente estaría casada con J., embarazada y cubierta de mechas rubias. No me preguntéis por qué, pero creo que mi karma universal habría ido en esa dirección.

Luego decidí hacer el PIR en Cádiz. Recuerdo la primera vez que se me pasó la idea por la cabeza. Estaba todavía en Granada, en los exámenes finales de quinto, y pensando en hacer el PIR me imaginé en Cádiz: rodeada de palmeras, viento y olor a mar. No sé por qué lo de las palmeras; aquí tampoco hay tantas. Sobre todo, podía imaginarme el viento y la sensación de ciudad de vacaciones en invierno. Sentí una extraña tristeza anticipada y pensé que quizá no era una buena elección.

Mientras estudiaba en Málaga aún no tenía claro a qué ciudad me iría, pero sabía positivamente que iba a largarme de allí. Todavía ahora me es difícil explicar mi decisión. No es que no aguante a mi familia. No son perfectos, pero no están mal, en Málaga también me habría ido de casa el primer mes. Tampoco es que aquello no me guste; se vive bien, hay mucha gente a la que quiero y tiene zonas de escalada dentro de la ciudad (por otra parte, a lo mejor si me hubiera quedado allí nunca habría empezado a escalar). Pero desde el primer día que puse mi culo en el asiento de la biblioteca para estudiar el PIR lo dejé bien claro: en Málaga no me quedo Ni De Coña.

Fue difícil mantener mi decisión. J. estaba allí, mis padres estaban allí y alguno presionó sutilmente para que me quedara. Bueno, corrijo. Mantener mi decisión no fue nada difícil, en el sentido de que no dudé ni por un microsegundo que me iba a ir de Málaga. Lo difícil fue convivir con las consecuencias de mi decisión en las personas a las que quería. Todavía hoy, dos años y medio después, sigo sintiendo que haber elegido esto es como decir a todo aquello que no lo quiero. Que no me interesa. Todavía me siento mal cuando asomo la cabeza por allí apenas tres veces al año.

Hoy, mientras fregaba los platos, pensaba que fue una decisión estupenda. Cádiz es lo mejor que me ha pasado en... no sé, quizá en la vida. A lo mejor no es Cádiz. Quizá sea el trabajo, los amigos y la escalada. Pero hoy iba conduciendo desde la Isla y he visto una puesta de sol brutal, en serio, brutal: sobre mi cabeza llovían las nubes grises y algodonosas, pero a mi izquierda se abría un claro por el que se veía esconderse el sol, y la luz era amarilla y sepia, como en las fotos antiguas. He bajado la ventanilla y giraba la cabeza intentando no morir mientras conducía, y he pensado que bueno, que igual son las circunstancias, pero que Cádiz tiene algo.

Pensaba en mi decisión, y en que no sé si también fue una decisión correcta por motivos equivocados. Mis motivos para venir a Cádiz fueron inexistentes. ¿Por qué Cádiz?, me preguntaba todo el mundo. Pues porque sí, no sé. La plaza no es especialmente buena. La ciudad está a tomar por culo de todo. No hay casi de nada. Ángel, un lector de Seattle con el que he quedado el sábado para hablar por Skype, me dijo que si no tenía ADSL en mi casa me fuera a un Starbucks. Ja. Un Starbucks en la Isla, bicho. ¿Te imaginas? Si os soy cien por cien sincera, yo tenía una idea de Cádiz en mi cabeza. Me imaginaba rodeada de gente así hippy, durmiendo en las playas vírgenes, saliendo al campo y tomando el sol. Me imaginaba feliz aquí. Y, por una serie de circunstancias, todo eso se ha cumplido con creces. He dormido en las playas y en los bosques, me he rodeado de gente estupenda y Todo Va Bien.

La cosa es que querría saber qué me hizo tomar esa decisión, para seguir tomando decisiones buenas en ésta mi vida.

(El post sigue, pero lo voy a dejar aquí porque se está haciendo infernalmente largo y una tiene que dormir. Mañana seguimos)


miércoles, 24 de octubre de 2012

Tu primer día en el mundo

Tu nombre significa verdadera, justa, sincera, y hoy es tu primer día en el mundo. Y vaya día, pienso mientras espero el autobús a la salida del hospital. Llueve como si ese mismo mundo se estuviera acabando. Así llueve en la Ciudad del Viento, el lugar donde te ha tocado nacer; aquí no nos andamos con chiquitas. Yo he apoyado la cadera en la pared de un soportal y estoy leyendo "Mentiras de verano", de Bernard Schlink. Disfruto como un cerdito, porque Schlink es muy bueno. No sé qué te espera en la vida, pequeña niña con nombre de verdad, pero ojalá te guste leer. Seguro que sí. A tu padre le gusta y tu abuela dirige una biblioteca revolucionaria. Eres una niña con suerte.

Pienso en tu primer día mientras el autobús navega por las calles inundadas de la Isla. La gente se asoma a los barrotes de las casas bajas que hay cerca de Camposoto y le grita al conductor que vaya despacio. Como si el conductor no lo supiera. Yo planeo hacer una tarta esta tarde y llevarla mañana al hospital, y mientras me pregunto qué pasaría si el autobús se queda encallado en esta Venecia súbita, intento decidirme entre un brownie de chocolate y una tarta de manzana. A favor del brownie: lo controlo, me sale bien, le gusta a todo el mundo. A favor de la tarta de manzana: tengo manzanas en casa y pega con esta tarde. No me preguntes por qué, pequeña, pero pegan el aroma de la manzana y la canela saliendo desde el horno y mezclándose con la lluvia detrás de la ventana.

Llego a mi piso, almuerzo sopa y ensalada con salmón, contesto con excesivo entusiasmo el mail de un lector. Has de saber, pequeña niña con nombre de verdad, que el mundo es un lugar precioso. Ojalá llegues a darte cuenta. La vida es muy corta: tú sólo has gastado un día y yo ya he dejado atrás varios miles de los que me tocaban. Pero es ancha, mi niña, y transcurre entre los cauces de nuestra mente con la misma fuerza que el agua esta mañana por las calles de la Isla. A la vida, como a mi furgo, como a ciertas mujeres, le cabe tela. Ésa es la sensación que tengo hoy, mientras contesto el mail de un lector encantador que, curiosamente, se llama casi como tu papá, y que me demuestra por enésima vez que la gente con ilusión e ideas existe: que sólo hay que encontrarla.

Después de contestar el mail voy al súper, porque aunque las manzanas reposan, redondas y rojas, sobre la encimera de la cocina, me faltan algunos ingredientes para la receta que he elegido. Me acerco al Supersol en chándal, con las llaves en la mano, cruzando el espacio fantasma de la calle Real donde se supone que debería haber un tranvía. También la calle Real es ancha y está llena de espacio entre la gente que pasea. El súper no tiene mucha variedad, pero yo elijo con cuidado los limones, la leche entera gallega, la mantequilla asturiana. Ojalá todo esto sepa rico, pequeña, porque tú te lo mereces.

Vuelvo a casa, me lavo las manos, pongo a José González en el ordenador. Igual lo escuchas algún día, en un futuro lejanísimo en que yo seré una anciana rodeada de gatos y tú una jovencita intelectual y adorable. Me cuesta describir su música, pero digamos que es buena para hacer cosas que requieren tranquilidad de espíritu. Como dibujar o cocinar tartas de manzana. Me relajo y sigo la receta paso por paso con sumo cuidado. Meto el dedo en la masa un par de veces, lo confieso, pero confío en que a ningún miembro de tu linda familia le importe. Cuezo las manzanas en zumo de limón y azúcar, bato la mantequilla con más azúcar, huevos y harina. Mido la levadura con poca fe. Los pasteles nunca me suben y siempre echo el doble para compensar, pero esta vez quiero ser exacta. La tarta que he elegido, pequeña niña con nombre de verdad, se llama tarta de manzana con crumble de canela. El crumble es como una cobertura crujiente de grumitos. Me gusta la idea de la diferencia de texturas, y también que es una tarta larga de hacer, sosegada. En tu primer día en el mundo, pequeña, te mereces que alguien piense en ti y te dedique algunas horas de su tiempo.

Ojalá siempre sea así. Ojalá siempre tengas a alguien que te piense y te quiera. Seguro que no te va a faltar amor. Has tenido suerte, en serio: has caído en un sitio bueno, con unos buenos padres y un buen hermano, con vientos que barren la pena en las dos direcciones y la sustituyen por una sensación alegre de continuo movimiento. Crecerás rodeada de libros y de risa. Serás en la vida todo lo que quieras ser, y vivirás muchos momentos hermosos, llenos de luz azul y de olor a canela en las tardes de otoño.

Por mi parte, paso parte de los cuarenta minutos de cocción mirando fijamente al horno y amenazándole de muerte. Si me jodes la tarta, maldito engendro de Satán, te mataré. Miro la foto de la receta en la página web de donde la he sacado. Después vuelvo al horno y comparo mi tarta con la foto. Después miro el reloj. Cuando abro no las tengo todas conmigo (¿no te encanta esa expresión?), y el vaho que sale del horno me empaña las gafas. Gruño, las limpio, observo el aspecto de la tarta y el del crumble. La tapo con un trapo y me tumbo en el sofá a seguir leyendo a Schlink, mientras con una mano aparto los mosquitos que persisten en el otoño gaditano a pesar (o quizá a causa de) esta lluvia salvaje.

Y adivina qué, pequeña niña con nombre de verdad. Hace unos minutos he cortado la tarta en pedazos para meterla en un tupper y no he podido resistirme a probar uno. Y la tarta, tu tarta, está perfecta. Y tendrías que ver lo mal que se me ha dado siempre la repostería. Pero la tarta es perfecta, de verdad, y deliciosa. La manzana está tierna, el bizcocho esponjoso, el crumble cruje. Es una tarta genial, y espero que algún día te enteres de que en tu primer día en la tierra se hizo una tarta perfecta a lo largo de varias horas de música y cariño contenido. Yo, personalmente, lo consideraría un buen augurio.

Sin más, me despido, deseándote que vivas una vida larga y sana y seas feliz. Que siempre tengas alegría, libros y alguien a quien querer. Que haya en ella muchas tartas y un poco de suerte. Y acuérdate siempre de ser amable.

Creando recuerdos

Parece ser que hay un ejercicio de terapia no sé si familiar o estratégica que consiste en prescribir a la familia que cree recuerdos. Se supone que, igual que uno se esfuerza por salir guapo en las fotos para mirarlas luego, hará su vida más agradable si la piensa como material de futuros recuerdos. Yo últimamente tengo a menudo la sensación de estar creando recuerdos. Porque algunos momentos de mi vida cotidiana son de una belleza impactante, y no belleza de puestas de sol, que también, sino belleza humana, mental, sensible: llamémosle belleza vital.

En eso pienso en la guardia del sábado con el MIR, que es amor. Es la única persona del mundo capaz de quitarte la angustia de los falsos viernes pre-guardias y hacerte llegar con ganas al hospital. La tarde es muy tranquila y la pasamos charlando entre la cafetería y los escalones al sol, junto a la puerta lateral del edificio antiguo. ¿Cuántas horas seguidas charlamos?, me pregunto después. Si echas la cuenta, pueden haber sido cuatro o cinco, de forma relajada pero ininterrumpida. Tomamos cocacolas sentados frente al tanatorio. Recordamos a los pacientes que compartíamos en Agudos. Entablamos amistad con una gata romana y flaca que se frota entusiasmada contra nuestras piernas.

Por la noche quedamos con la adjunta para tomar algo en la cafetería. A ella no le gusta el sandwich de pollo, así en general, pero se pide uno, porque ha educado a todo el personal de la cafetería para que se lo haga a su manera: con dos tostadas en lugar de con tres, sin mantequilla y muy tostadito. Mientras se lo preparan, le ponen una tapa de croquetas y se toma una cerveza con el codo apoyado en la barra. Lo hace en todas las guardias, todas las noches. Es absurdo, es decir: podría limitarse a pedir algo que sí le gustara en vez de traer en jaque a los camareros con el sandwich de pollo. Pero el sandwich es su cosa, y le da motivos para esperar un rato acodada en la barra y charlar con quien quiera que se esté quejando en ese momento de tener que aplastarle las rebanadas de pan bimbo con la espátula.

Cada uno tiene su cosa en las guardias, ¿verdad, MIR?, le comento mientras nos acercamos a la cafetería. Creo que mi cosa van a ser los colacaos de media noche, digo luego; desde que descubrí que la cafetería abre 24 horas no me puedo resistir a un colacao calentito justo antes de meterme entre las sábanas tiesas de la habitación de residentes. Pero después de la cena lo que me apetecen son conguitos, no sé por qué, y el MIR y yo cruzamos el vestíbulo desierto en dirección a la máquina de vending, que sólo puede ofrecerme unos M&Ms normales. Me los como con entusiasmo mientras el MIR fuma, intento que la gata se coma un yogur que he robado del comedor y la bautizo como Julia, por algo tan sencillo como que el gato de la adjunta del sandwich se llama Julio.

Nos vamos al dormitorio y charlamos otro rato. A ver si no llaman, dice el MIR, colocando con cuidado el busca sobre la mesilla de noche. Ya verás como no, contesto, ya verás como todo va a ir bien. Tú siempre haces que sienta que las cosas van a salir bien: me haces sentir segura. A pesar de que creo firmemente en lo que digo, a las dos suena la musiquilla de Nokia y nos levantamos sin una queja, y mientras caminamos por los pasillos desiertos que comunican el edificio viejo con el nuevo, miro la marca de las sábanas en la mejilla del MIR y pienso en la poquísima vergüenza que tiene el hospital recortándonos dinero de las guardias a los residentes. Después vemos al paciente, me deleito en la calma bondadosa del MIR y volvemos a la cama. Antes, eso sí, paso por la cafetería para tomarme mi colacao de media noche. Porque es mi cosa. Buenas noches, le deseo por segunda vez al MIR antes de dormir. Piensa en cosas bonitas. Tú también, me dice él. Piensa en Julia.

Últimamente, cuando tengo que hacer algo que no me apetece, como sacar la ropa de invierno, o lavar los platos, o acercarme a dar apoyo moral al roco nuevo que estamos construyendo aunque no sepa soldar hierros, me digo: Marina, ésta es tu vida, es la única que tienes y es tu responsabilidad hacer que funcione. Y me pongo al lío. Y, en general, estoy orgullosa de esta vida que estoy construyendo: de su gente, sobre todo, y de que sé que en el futuro me acordaré del MIR y de mí, juntos y contentos en las guardias de sábado, burlando la muerte sentados a las puertas del tanatorio y tentando a los gatos perdidos con colacaos de medianoche.


domingo, 21 de octubre de 2012

Queridos todos:

Después de quince años, creo que por fin he aceptado una cosa.

Tengo acné.

Sorpresa.

Esto es complicado de explicar. No es que antes no lo supiera. Claro que lo sabía, y vosotros sabéis que lo sabía. Pero no era capaz de aceptarlo o, más bien, no era capaz de vivir sin el consuelo hipotético de que en un momento dado el acné se iría y mi cara estaría bien. Mi presente era intolerable. La idea de "por qué tengo que ser precisamente yo y precisamente mi cara" me resultaba muy, muy desagradable.

El último ataque de acné ha sido un poco desmoralizante. Más que nada, porque ya llega un punto en que te hartas y te dices: por Dior, si tengo arrugas ya, esto es cansino. Paralizada por el pánico de seguir empeorando, hace un mes empecé la enésima dieta hiperrestrictiva de mi vida, compuesta de aproximadamente quince alimentos y para de contar. Estuve dos semanas cuidándome como un paleotemplo. Entonces me fui un día a escalar y en ese único día de autoconciencia y estrés por no comer nada no permitido, me atacó un brote del mal. Mientras volvía a casa en el coche sintiendo perfectamente todos y cada uno de los granos y quistes que brotaban nuevos en mi carita, tuve un insight:

Va a ser el estrés.

Y decidí que al carajo la dieta y que iba a hacer de manejar mi estrés y mi relación emocional con mi piel el núcleo central de mi lucha contra el AA. También decidí empezar a comer cosas normales y que simplemente contribuyeran a hacerme sentir bien en general. Y relajarme. Y dormir más. Y volver a maquillarme. Por último, algo hizo clic en mi cerebro y decidí que tenía por fin que empezar a identificarme con la chica con acné. Que mi cara no es lo que sería si el AA se fuera. Que yo soy esa, la de la piel de mierda, y que no es tan terrible; los que me rodean pueden aguantarlo. Cada uno tenemos nuestro tema y a mí me ha tocado esto, y tanta lucha no tiene mucho sentido.

A partir del día siguiente, empecé a hablar conmigo misma cada vez que me miraba al espejo. Parecía una absurda autoayudera conversando mi niño interior, pero me esforcé en sustituir la habitual inspección de "a ver con qué me sorprende hoy mi carteo" por un "eres preciosa, maravillosa y un ser humano estupendo, y te quiero". Decirse te quiero frente al espejo es de perdedora, yo lo sé, pero me sentaba extrañamente bien. Como a favor de mí misma después de mucho tiempo. Después me maquillaba y procuraba pensar en el AA lo mínimo posible.

Un par de días después de empezar con la autoterapia de "vamos a reconciliarnos de una puñetera vez con nuestro destino maligno", fui a ver a una paciente mía que está ingresada en el hospital. Es una chica estupenda, que sufre mucho pero que es muy fuerte. Cuando me vio entrar desde la cama, sonrió un poco sorprendida, y después lo primero que dijo fue "¡qué guapa!". Yo llevaba una camiseta roja, pantalones marrones anchos, pendientes de plata, el pelo suelto y la bata del hospital, y las palabras de mi paciente tuvieron un efecto de insight muy curioso. Pensé: la gente se da cuenta. No ya de mi autoterapia ni nada, sino de esa parte bonita de mí; al menos alguna gente en algunos contextos. Y esa es la gente que me interesa: la gente que me aprecia.

Llevo un par de semanas sintiéndome mortal de guapa, de verdad. Guapa entera y como concepto, y pelándomela mortal el AA. También creo últimamente que el AA cuida de mí, es decir: pensad en la cantidad de cosas buenas que hago por mi cuerpo gracias a él. Duermo más, procuro relajarme, me trato bien, como bien, hago deporte. El AA sabe lo que me conviene.

No sé muy bien si hoy he expresado lo que quería al escribir aquí, porque es muy difícil verbalizarlo sin que suene a chorrada new age. Pero es como que he descubierto realmente el tipo de belleza que quiero que la gente vea en mí y no tiene nada que ver con mi piel. Y esto parece tonto o ingenuo, y de hecho a ver cuánto me dura antes de que la desesperación me sacuda de nuevo, pero ahora mismo, en este preciso momento, es genial.

sábado, 20 de octubre de 2012

Imaginación

El chico de la sonrisa bonita llevaba tanto tiempo solo que un día le dio por acordarse de sus amigos imaginarios. De pequeñito, siempre le habían dicho que tenía mucha imaginación, pero lo decían como algo negativo: la tutora movía la cabeza mientras lo comentaba con los padres, la psicóloga del colegio rebuscaba entre los papeles de su escritorio el dibujo que había hecho en clase la semana pasada. Lo de los amigos imaginarios no lo sabía nadie; incluso de niño, intuía que la idea podía no tener un efecto positivo entre los que le rodeaban.

Su primer amigo se llamaba Darwin y era un pájaro carpintero. ¿Por qué carpintero? Porque cuando el chico de la sonrisa bonita estaba en clase, mirando distraído por la ventana, le gustaba imaginar que el pájaro agujereaba con su pico el techo o las paredes del aula y que él podía ver cosas fascinantes. El despacho de la directora, a la que siempre imaginaba sacándose mocos cuando no la observaba nadie. El cogote de los niños de la clase de al lado. También imaginaba que el pájaro podría picar en la nuca al profesor de educación física, o comerse la coliflor del almuerzo cuando su madre no miraba.

Cuando le regalaron su primer coleccionable de dinosaurios, se dio cuenta de que quería uno. Para no ser desleal a Darwin, se lo imaginó volando feliz en dirección a los mares del sur, y justo después imaginó a Santi, su dinosaurio, saliendo de un huevo violeta en mitad del patio de recreo. El dinosaurio, sin embargo, duró bien poco; pronto se hizo demasiado grande para la clase y para transportarlo en coche hasta su casa, y al final no tuvo más remedio que dejar que se marchara libre en dirección a los campos de cultivo, montando con sus grandes patas jurásicas un estruendo que sólo escuchaba él.

Después vino Leo, que era un chico un par de años mayor que él. Leo lo sabía todo: cuándo y cómo empezar a afeitarse, qué curaba más rápido un grano inoportuno o qué eran las pajas esas de las que hablaba todo el mundo. Cuando el chico de la sonrisa bonita quería entablar conversación con una chica desconocida, Leo le susurraba al oído las palabras adecuadas. El chico se habría muerto antes de admitir que tenía un amigo imaginario cuando se suponía que debía estar comprando porno a escondidas, y se habría dejado torturar durante días antes de confesar que, en el fondo fondo, no creía que fuera imaginario. Que una parte de él pensaba que Leo existía en un plano de realidad alternativo.

El caso es que, como decía al principio de este relato, el chico llevaba tanto tiempo solo que decidió inventarse una novia imaginaria. Lo hizo más bien como un juego. Era bonito imaginar que había una chica esperándole en la cama antes de dormir. Quiso ponerle un nombre, pero no le salía, así que pensó en una inicial. Tenía que ser la inicial de una chica con la que no hubiera estado nunca antes y que fuera complicado encontrar después, así que la llamó Hache.

Podía imaginarse perfectamente la cara de Hache. Era preciosa, claro que sí, pero nada vulgar: tenía unos ojos marrones y cálidos, los labios gruesos y un pelo castaño y brillante cayéndole por la espalda. Apenas usaba maquillaje; sólo un poco de brillo de labios. La imaginaba siempre con vaqueros y siempre descalza, con unos pies muy bonitos de uñas pintadas asomando por las perneras. Por la mañana, cuando el chico de la sonrisa bonita se desesperaba por tener que ir otra vez a trabajar, se daba la vuelta en la cama y se imaginaba a Hache. Con la mejilla apoyada en la mano, los ojos medio cerrados, el pelo suave cayéndole sobre la frente sólo un poquito desgreñado. Hache le daba ánimos, porque sabía que no tenía ganas de levantarse, y luego él le contaba lo que había soñado por la noche y le daba un beso en la mejilla antes de ir hacia la ducha. Le gustaba marcharse de la casa e imaginarla todavía dormida y calentita bajo el edredón.

Al salir del trabajo, Hache le esperaba sentada en el murete del parque cercano. Fumaba tabaco de liar y balanceaba sus piececitos perfectos sobre la hierba. Él se sentía orgulloso de verla ahí, tan preciosa y tan joven, y se acercaba para recibir un abrazo estrecho que olía a sudor dulce y colonia de baño. "Estoy hasta los huevos de la crisis", decía, y Hache le consolaba, le contaba un par de chistes y tapaba con su manita el viento mientras él encendía un cigarro.

Le gustaba imaginar a Hache de muchas formas. Acodada en la barra del bar con todos sus amigos, riéndole los chistes, buscándole la mirada para marcharse cuando estaba cansada. Sentada al extremo de la mesa familiar los domingos al mediodía, sonriendo cuando le veía resoplar por la octava burrada que su hermano el pijo había dicho sobre la editorial del ABC. Quedándose dormida sobre su hombro en el cine, sin que parecieran molestarle en absoluto los tiros de las pelis de acción que él elegía siempre. Sobre todo, le gustaba imaginársela a su lado por las noches. Él leía bajo la lámpara y Hache, que siempre decía que tenía demasiado sueño para concentrarse, apoyaba la cabeza en su hombro y se quedaba dormida. Él pasaba las páginas con muchísimo cuidado, para no despertarla, y al final se deslizaba bajo el edredón como un gusano enamorado y también se quedaba frito.

Unos meses después, el chico de la sonrisa bonita conoció a una chica que también tenía una sonrisa bonita y que trabajaba con él. Parecía simpática, estaba soltera y, más aún, parecía interesada en él. Le esperaba para ir a comer al mediodía. Se acercaba a su ordenador con excusas. Una tarde de viernes le interceptó justo cuando salía de la oficina en dirección a casa. "Voy a ver una exposición al centro esta tarde - le dijo -, ¿te apetece?". Él pensó que sería agradable. La chica tenía una sonrisa muy bonita. Pero luego miró a Hache, que fruncía ligeramente sus bonitas cejas justo un metro detrás y se sacudía la melena con ese gesto que demostraba que estaba enfadada aunque intentara disimularlo. Se encogió de hombros. "Lo lamento mucho - dijo -. Me encantaría, pero no puedo. De verdad que no puedo".

jueves, 18 de octubre de 2012

¡¡SORTEO!!

¡¡¡Ya está hecho el sorteo!!!

Y para dar testimonio de tan magno momento, nada mejor que... ¡un vídeo!

Al revisarlo me he dado cuenta de que la calidad visual es muy mala (¡¡salgo deforme!!) y de que encima no se ve el número que sale cuando lo enseño, así que os tendréis que fiar de mí.




Enhorabuena al/la premiado/a (jijiji vais a tener que ver el vídeo para averiguarlo) y estaremos en contacto.



miércoles, 17 de octubre de 2012

Resultados de la encuesta

Queriditos:

Mañana se celebrará el GENIAL SORTEO. Para entretener la emocionante espera, aquí tenéis los resultados de la encuesta de lectores, copiados y comentados.

Primero: la edad. Entre los 25 y los 35 se mueve la cosa; más o menos lo que me suponía. Echo en falta a algún abuelito lector.

Lo del sexo ya me lo imaginaba por los mails que recibí cuando privaticé el blog. Once maromos para cuarenta y una maromas. Insisto en que así no conseguiré mi objetivo oculto del blog, que es casarme, así que dad la dirección a vuestros amigos. Recordad los requisitos: buena persona, divertido, listo, amable, moreno, escalador y guapete. Rubios guapos también me valen. 

Por cierto: debo de estar madurando si he puesto "buena persona" antes que "moreno". Me va a ir mejor en el amor a partir de ahora, ya lo veréis.

La mayoría llegó al blog por un enlace de otro blog. Me preocupa esa persona que me conoce en la realidad y se ríe de mí en silencio. Modo paranoide on.

 Me congratula tener lectores tan fieles. Casi un cuarenta por ciento de la muestra lleva aguantándome más de dos años, y nueve personas me leen desde hace cinco. Eso es mu bonito, gente. 
 También me alegra saber que la mayoría os pasáis por aquí todos o casi todos los días. Me motiva para escribir a diario o casi a diario.

Contenta de que os parezca buena la frecuencia de posteo, porque a veces me preocupa ser cansina. Un beso especial para esa personita que quiere que escriba todos los días, varias veces al día, porque nunca tendrá suficiente; es amor.

Y me quedo tranquila también con la longitud de las entradas, que a veces me da cargo de conciencia saturar vuestras retinas con mi verborrea.

Esto me ha gustado: que leáis más de una entrada al llegar. Es guay :)

Os molan la psicología, el amor y la bendita rutina o mi absurda vida. Está bien, porque en general es sobre lo que más me gusta escribir a mí. Algunos me habéis comentado que echáis de menos Psicosupervivencia; a Dios pongo por testigo de que si consigo terminar el NaNoWriMo, el siguiente proyecto será volver a escribir allí.


Sobre lo que echáis en falta: la ficción, los post absurdos y más psicología (¡¡¡más, más, que estamos muy locos!!! Jijiji) Veré qué puedo hacer en todos los campos. Creo que, efectivamente, debería trabajar más el absurdo.


Lo que más os gusta del blog es el enfoque. También me alegro de saber que nadie me lee sólo para saber si no acabaré sola y comida por los perros.

Me conmueve y masajea mi ego mortalmente que nadie piense que escribo mal. ¡¡Gracias!! La mayoría habéis contestado muy amablemente que os gusta todo, y eso es genial. El 33% piensa que me quejo demasiado por no tener novio; aun así, haré caso al 67% restante y seguiré dando la tabarra y preguntándole al mundo a voces por qué no me devuelve el amor que entrego.

¿¿¿¿¿¿Por qué, Señor?????? Si soy rubia natural. De verdad. Puedo demostrarlo de formas sólo parcialmente vergonzosas.



Esta pregunta me quedó un poco rara, pero bueno. Gracias por interesaros por mí y mi absurda vida. Me alegro de caeros bien.


Jijiji sois unos yonkis del blog. Qué genial.

Aquí es donde me enmarronáis para que escriba una novela este noviembre, ¿verdad? Con lo fácil que habría sido recopilar inocentes relatitos. Pues nada; ahí va a estar la tía. Será novela.



Sobre si saldrá en ambos formatos, pues imagino que sí. Depende del perezón que me dé maquetarlo para que se imprima bien en papel. Ya lo iré viendo.

¿De qué vais los que queréis que sea aireriana? Como si no tuviera bastante ya con lo mío. Me ha sorprendido que votéis mayoritariamente por un precio digno. Al final, lo más seguro es que venda el libro por la voluntad, así que todo el mundo quedará satisfecho.


Bueno, pues esto a ver si es verdad. Luego no quiero a nadie con excusas, ¿eh? Cincuenta libros vendidos, mínimo. Jo, la verdad es que vender cincuenta libros conmovería mi (solitario) corazón. Cuando empecé a escribir, nunca pensé que me leería alguien más allá de mi madre.

Está bien que no os haga pasar vergüenza ajena a ninguno, y también que la mayoría recomendéis el blog con gran entusiasmo. Los dos que no quieren compartirlo me parecen muy tiernos y les mando un abracito. 
Y después de este largo masaje en el ego, os dejo en la espera expectante del sorteo. Muchos besitos de miércoles y mil gracias a todos por contestar. 

lunes, 15 de octubre de 2012

Lista de participantes en el sorteo

Aquí os dejo la lista de participantes en el sorteo. La he sacado del formulario, así que si alguien sólo se apuntó en los comentarios de la entrada igual no aparece: avisadme y os incluyo. En dos o tres días se realizará el sorteo (chantatachán) y notificaré quién va a ser el afortunado ganador.

Esto es emocionante. Jijiji.

Sobre la finalidad de la encuesta. Pues la primera y principal es masajear mi ego, que es una razón tan buena como cualquier otra. La segunda, que necesito cierta motivación para escribir algo de más envergadura que este blog, y quería saber vuestra opinión y el posible recibimiento que tendría una iniciativa así. La tercera, que por raro que parezca, a mí me mola tela el feedback. Si no me gustara, escribiría un diario. Escribo aquí porque me gusta contactar con gente en el sentido más primario: establecer contacto, como los cablecitos que sueltan chispas. Y me gusta que me conozcáis y también conoceros. Y eso es guay. Los comentarios de la encuesta han sido muy dulces, amables y cariñosos, y oye, una tiene su corazoncito y esas cosas son el equivalente escrito a un colacao.

¿Curiosidad por conocer los resultados? Los publicaré en estos días, cuando pille un ratito para dedicarme a hacer capturas de pantalla y pegarlas en un post en condiciones. Anticipo que un 82% de la muestra dice tener un serio problema de adicción al blog (muahaha), mientras un 31% opina que me quejo demasiado por no tener novio. Vale, chavales: vais a flipar. Voy a sumergirme en mis celivibraciones (esas frecuencias que emito constantemente y que hacen que los hombres pasen de mí) y a obviar el asunto novio PARA SIEMPRE. Se acabó. Soy una monja virtual, entregada a sus amigos, libros, pacientes y rocas, no necesariamente por ese orden. Estoy muerta de cintura para abajo. He dicho.

Y sin más, ahí va la lista y sus números correspondientes. El número será como vuestra papeleta para el sorteo.

1. Aldery – hiperrealidad
2. Deira
3. Atún
4. Nym
5. Rorschach
6. Xocotajas
7. Els
8. Erizogirl
9. Cigi
10. Francesca
11. Bandini
12. Miscelánea
13. Chiguagua
14. Oviedo
15. Señorita Fuegos
16. Virginia Wolf
17. Marta (Galicia)
18. Yellow-5 (Salt)
19. Autocaravana
20. Viva usted
21. Laura_Madrid
22. Pescaíto Frito
23. Maik
24. Leti-cole
25. Ana María
26. Mon
27. Pájaros de barro
28. J – el lurker mandrileño
29. Tiklia
30. Briginoria
31. TambiénMarina
32. Alaisa18
33. Aran
34. Cruz de palabras
35. Batalecotal
36. Eire
37. Rubia Roneante
38. Ella
39. Majo
40. Primaveritis
41. Estrella
42. Georgina
43. "Mira, un buho", V+.
44. Ale R.
45. Neikos
46. Conan

Hale, corderitos, buenas noches.

domingo, 14 de octubre de 2012

(No me he muerto)

He pensado que quizá, pero sólo quizá, escribir un post sobre mi muerte y luego desaparecer tres días, y no anunciar que he regresado sana y salva de pasar el puente en El Chorro podía sonar siniestro. Así que aquí estoy con, por orden alfabético: cansancio, dolor muscular, hambre, heridas, resaca y el esmalte de uñas hecho una mierda. Lo último quizá no encajaba mucho en el orden alfabético, pero es cierto.

Podría escribir, acostarme tarde y empezar la semana en un bucle de sueño y agujetas, o no escribir, irme ya a la cama y comenzar mi lunes como si viviera en un anuncio de actimel. Os quiero, pero elijo la opción B. A cambio, os notifico dos cosas importantes:

1) 50 incautos justicos han contestado la encuesta para lectores. De esos 50, 13 querrían leer una novela mía, y como ganan por un margen estrecho a las otras opciones, no voy a tener más remedio que apuntarme otra vez al NaNoWriMo. Eso sí, con mejoras sobre el intento del año pasado que ya os iré comentando.

2) A lo largo de esta semana, por lo tanto, se celebrará el sorteo del pack de lector. Como soy un ser de amor y mañana es lunes, algo así como el patrón del blog, si alguien se ha quedado descolgado puede contestar. Por la noche publicaré el listado final de participantes. No os he confirmado a todos los que me habéis preguntado si se habían registrado vuestras respuestas porque no me ha dado tiempo, pero así por encimilla parece que sí. De todas formas, si alguien se echa en falta en la lista de participantes, que me avise.

Hale, pues a dormir. Y un beso especial a alguien, no recuerdo ahora mismo el nombre/ palabra clave, que en la parte de comentarios de la encuesta ha escrito que cree que me quiere de una forma virtual-rara. Eso es muy bonito y, seas quien seas, yo también te quiero a ti de una forma virtual y rara, aunque igual más camuflada en la masa (masilla) de lectores. Mil gracias.

Buenas noches a todos.

PD: Escalar mola.

viernes, 12 de octubre de 2012

La escena del crimen

Imaginad que me muero ahora. Como he muerto, no me presento mañana a las nueve y cuarto en la gasolinera de Cortadura para ir al encuentro de escaladoras que se celebra este puente en el Chorro. Mis amigos piensan que me he retrasado y esperan, después me acosan a whassaps, luego me llaman y, por último, se preocupan. Tardan un poco en averiguar donde vivo, y cuando la policía echa abajo la puerta de mi casa me encuentran ahí. Muerta, probablemente porque me atraganté con una nuez y no había nadie cerca para hacerme la maniobra de Heimlich. Que nadie pueda salvarme si me atraganto es una de las cosas que más me putea de vivir sola, junto con no poder llamar a mi móvil para que suene cuando no lo encuentro.

Como decía, estoy aquí muerta como una capulla y la policía científica acude para asegurar que me morí de muerte natural y que no vino nadie a meterme por la fuerza la nuez en la tráquea. ¿Qué verán cuando investiguen el piso?

Verán un piso que hoy, concretamente, está hecho un desastre. Sobre la vitrocerámica hay un brownie recién hecho que pretendo llevarme al Chorro, sólo porque cocinar pastel, comer masa cruda con los dedos y el olor a chocolate saliendo del horno, me dan sensación de hogar y me permiten sentir que estoy cuidando a alguien. No sabrán que ni siquiera he cocinado comida normal para mañana, y que llevo toda la tarde eludiendo preparar algo parecido a un equipaje de forma seria.

Verán la guitarra tumbada encima del sofá, con el mástil apoyado en la almohada donde me he echado una siesta relámpago. Se imaginarán que yo las siestas me las echo en el sofá por principio, y se preguntarán qué habré tocado con esa guitarra antes de encontrarme con mi destino trágico de atragantada. Si trastean el historial del ordenador, se enterarán de que he estado otra vez perpetrando Zahara y algo de Vetusta Morla al auditorio mudo de mi ventana abierta.

Verán los tapones de los oídos junto al ordenador, pero no creo que lo relacionen con la lavadora todavía puesta, y con que no soporto el ruido del centrifugado. Verán el bloc abierto encima del microondas y la foto que he copiado en estos dos días: el perfil de un amigo de la roquipandi asegurando a otro, mirando al cielo con la cuerda atravesando el plano. Quizá piensen que el dibujo no está mal: no sabrán lo descontenta que estoy con las proporciones del cráneo y lo mala que me ha parecido a posteriori la idea de utilizar un lápiz 2b para la cara y un 4b para el pelo.

Verán los tiestos de la furgo amontonados en la entrada, e ignorarán que me he apañado para dejar otra vez para el final el equipaje del finde. Que por mucho que me embargue la emoción cada vez que lleno las mochilas antes de salir hacia la roca, sigo aplazando los preparativos hasta que no tengo más remedio. Verán los platos sucios en el fregadero y sentirán un poco de lástima: quizá anticipen el Síndrome de Diógenes que pienso padecer cuando me haga vieja y tenga que vivir sola y rodeada de gatos.

No verán que hoy ha sido un día raro pero bueno, de biorritmos trastocados y estado de ánimo cambiante. Que ha empezado conmigo arrastrándome penosa por el hospital, pensando que Hoy De Verdad Que No Quiero Trabajar, y ha ido mejorando hasta encontrarme esta tarde sentada en el suelo de una librería, fisgando en las baldas de abajo y preguntándome por qué tengo tantas manías absurdas en lo que se refiere a los libros. Que hoy he cantado Shakira dentro del coche, como si mis ventanas fueran espejos unidireccionales y los peatones que cruzaban el paso de cebra no pudieran mirarme con preocupación. Que a lo mejor estoy mucho más cerca de ingresar en Agudos de lo que piensan.

Sabrían mucho de mí los polis que me encontraran y, al mismo tiempo, ignorarían mucho. Qué curiosos icebergs somos las personas. Cómo flotamos en el espacio del mundo enseñando sólo la octava parte de lo que sabemos, sumergiendo lo demás en una intimidad gélida, sacándolo a veces a flote (siempre con esfuerzo, siempre sabiendo que volveremos a hundirnos) para creer durante un rato que no estamos solos.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Un post me manda hacer Violante

La escritura es una herramienta muy buena, me dice Anxo mientras volvemos en coche de Vejer, poco antes de dejarme en la rotonda cercana a mi casa. Asiento con energía y digo algo como que la escritura es de lo mejor que tengo ahora. Me tengo que marchar ya y, por otra parte, llevamos todo el día intercambiando información, así que ya está bien. Mientras camino hacia casa, sin embargo, me pregunto si le habrá quedado claro del todo lo importante que escribir es para mí.

Llego a casa y me tumbo en el sofá. Hoy estoy cansada. Ha sido un día agotador. Uno de estos días en los que ves a gente, les escuchas y piensas: a mí se me escapan cosas, a mí me faltan cosas, yo como psicóloga hago aguas por todos lados. No me caben tantas historias en el coco. A veces me siento como si fuera un recipiente enorme de secretos ajenos, y pienso que como siga destinando a cada historia una cantidad tan generosa de empatía, me voy a quedar seca. Hoy he tratado de mirar a los pacientes con ojos de dibujante. Leí hace poco que cuando dibujas, todo el mundo te parece guapo. A mi eso me empezó a pasar hace ya tiempo, cuando Erika me reveló su concepto de hermosura y yo empecé a mirar a con ojos más amables. Hoy, sin embargo, es verdad que mientras mido proporciones de orejas y observo los juegos de luces y sombras, pienso que la gente no  es nada fea.

Como os decía, me tumbo en el sofá y duro allí concretamente diez minutos. Enseguida me obligo a coger la bicicleta. Va, Marina, que luego te alegras. Venga, que tu cuerpo necesita moverse ahora para poder descansar luego. Empiezo a rodar tan despacio que parezco discapacitada. Luego me voy animando y acabo haciendo sprints con entusiasmo y cierto miedo a salir volando en una curva. Las marismas son lo mejor que le ha pasado a mi vida deportiva desde la escalada. Los niveles de pereza para salir a pedalear por allí son cero: es tan llano, tan tranquilo, tan de no pensar. Me paro en un recodo a hacer dominadas en unas barras de madera y compruebo con vergüenza que mi máximo ha descendido de mis gloriosas seis este verano a unas patéticas y esforzadas dos. He de volver a entrenar.

Después de cenar algo, me siento frente al ordenador. Mi plan es ventilar el post del día y dibujar un rato. Antes de ayer imprimí unas cuantas fotos a tamaño folio y pretendo aprender a dibujar caras. Con conocidos es más complicado que con fotos de revistas, porque de los conocidos sabes más y no puedes mentirte. O se parece o no se parece. Y cuando consigues que se parezca, es mágico: analizo la longitud de las cejas, la curvatura de los labios y las proporciones y me pregunto qué milímetro de raya a lápiz ha hecho que la persona en mi dibujo sea mi colega y no cualquier tipo anónimo.

Esa es mi intención, ya os digo, y de repente me encuentro otra vez en uno de esos bucles en los que lo que escribo me parece una mierda y lo tengo que borrar sesenta veces, y mientras más tiempo pasa más cansada estoy, y mientras más cansada estoy menos disfruto de lo que escribo y menos me gusta. Al final me alejo del ordenador. Pongo algo de música. Me siento en el sofá mirando anonadada al frente, repasando todos los temas que se me han ocurrido a lo largo del día y que en su momento me parecían buenos. Saco mi libreta roja del bolso y la ojeo, a ver si por un casual apunté alguna brillantez hace un tiempo y la puedo rescatar ahora. En una página he escrito "Horror vacui" en letras grandes, y debajo un monigote se aprieta la cara como El Grito de Munch, o como el niño de Solo en Casa, si me apuras. El Horror Vacui no me inspira, así que me pongo a fregar los platos.

Y mientras estoy ahí, frotando la vajilla por vez número cincuenta millones desde que me hice adulta, pienso que sí, que escribir mola, pero que a veces es una puta maldición. Porque yo soy polivalente, como mi bici, y hay muchas cosas que disfruto y que me enriquecen. La escalada, la bici, nadar, dibujar, relajarme, ver pacientes, reírme, las buenas pelis y un larguísimo etcétera que más o menos os va sonando. Pero tengo la intuición de que en lo profundo de mí soy una escritora. A veces ni siquiera sé qué significa eso, porque, total: todo el mundo escribe, ¿no? Todo el mundo usa las palabras. Tampoco es tan mágico. De un tiempo a esta parte, ni siquiera tengo claro que evolucione. Me voy a embarcar otra vez en el NaNoWriMo e intuyo que voy a fracasar otra vez, y bueno, a lo mejor nunca jamás se materializa mi novela y se me queda todo en estos post que más o menos domino.

El caso es que todo eso da igual, porque soy escritora, vamos a admitirlo. Entonces, cuando no estoy escribiendo no es que no sea feliz, pero es como que no estoy cumpliendo con mi misión en la tierra. Igual esto suena muy dramático o igual es una gilipollez. "A quien Dios le da un talento, también le da un deber", le dicen en un momento de la peli al protagonista de Shine. La frase me resonó desde pequeña. Tengo el deber de escribir, he pensado siempre. De un tiempo a esta parte, no obstante, ya no es deber. Es la adicción a cumplir con la única actividad que nunca, nunca me ha hecho pensar que estoy perdiendo el tiempo. Lo único que, cuando la cosa se da bien, no me hace desear nunca estar en otro lugar.

Y aquí me encuentro, que al estilo del soneto aquel de Lope de Vega que se autoexplicaba, ya estoy casi al final de otro post más. La alquimia se ha repetido, he llegado al otro lado y estoy contenta. Sé que habrá que seguir, que mañana me encontraré otra vez en el mismo aprieto. Me mesaré los cabellos y me crujirán los dientes, meteré el dedo en el tarro de miel para consolarme y daré vueltas por páginas ajenas buscando inspiración. Al final saldrá algo. Siempre sale. Y, para variar, como de puro optimista a veces parezco idiota, terminaré alegrándome de mi talento, mi deber y todas estas tonterías que me explico para acabar decidiendo que escribir me gusta, sí, y bastante.

martes, 9 de octubre de 2012

Me desvanezco de sueño, así que sólo algunos datos provisionales sobre la encuesta para lectores.

1) Ya van 42 respuestas (¡¡gracias!!). Es decir, que quedan ocho incautos por convencer para que escriba un libro este noviembre. Animad a conocidos y amigos, a ver si sale algo.

2) Normal que no tenga novio, si de esos 42 lectores sólo 8 son hombres. ¡¡Así no llegamos a ninguna parte, gente!!

3) Por otro lado, un 30% de mis lectores piensan que me quejo demasiado por no tener novio, así que voy a intentar ocultar mi profunda y desesperada necesidad de afecto un poco mejor.

[En esa misma línea de pensamiento, os comunico que esta noche he soñado que tenía un perro. ¡¡¡No un novio!!! ¡¡¡Un perro!!! Ni mi subconsciente piensa que vaya a conseguir una pareja JAMÁS]

4) Os gusta tela la psicología y la autoayuda, lo que me motiva para retomar Psicosupervivencia. A ver si me animo a ello.

5) Sin embargo, el libro ganador, de momento, es una novela, que según la mayoría de lectores debería vender a un precio digno, porque peores cosas y más caras se ven por ahí. Os agradezco vuestra valoración de mi trabajo (insertar besitos).

Gracias de nuevo a todos. La encuesta no deja de ser un enorme y colectivo masaje a mi ego, pero es cierto que eso se necesita de cuando en cuando. Creo que a todos nos gusta una palmadita en la espalda después del esfuerzo y, aunque parezca que no, yo me esfuerzo mucho. Pero de buen rollo, que ya sabéis que me gusta.

Hale, a dormir. Muchos besitos. Shmuak, shmuak.

lunes, 8 de octubre de 2012

Dibujar y mirar

Saber pintar es saber decir las cosas. Es una frase de un cuento infantil: Julieta y la caja de colores. Como frase es bonita, pienso cuando la leo, pero no tengo claro que sea cierto. Saber pintar es saber mirar las cosas.

Estoy dibujando últimamente, ya os lo dije. Ahora mismo es la actividad que más me relaja. Se supone que si uno dibuja con toda su atención, el hemisferio izquierdo, el verbal, no tiene más remedio que callarse, y el derecho, que es visual y creativo, campa a sus anchas por la página en blanco.

No debes dibujar las cosas como crees que son, sino como son, me decía J. cuando íbamos lápiz en mano a las plazas del Albayzín. El problema es que desde pequeños hemos generado un sistema de símbolos para los objetos que nos rodean. Simplificamos, y cuando tenemos que copiar la realidad acudimos al primitivo sistema que utilizábamos cuando éramos pequeños. La cabeza es un redondel, los ojos están arriba, la nariz es un triángulo. Es necesario aprender a mirar de nuevo y darse cuenta de que los ojos quedan en mitad de la cabeza, que el cuello es más ancho de lo que pensábamos, que los ojos no son dos almendritas separadas en los extremos de la frente.

Dibujar es saber mirar las cosas, y curiosamente me acuerdo también de J. y de cuando fuimos a visitar iglesias románicas en el Valle de Liébana. Yo observaba las pinturas planas, la representación infantil de las personas, la ausencia de perspectiva, y me preguntaba si aquella gente no sabía mirar el mundo bien. Si realmente veían así la realidad y no se les había ocurrido algo tan sencillo como copiar sus líneas con toda la exactitud posible para intentar representarla de forma ajustada.

Yo dibujo, y mientras dibujo intento olvidarme de cómo pienso que es el mundo. Es una buena lección para la vida. La realidad no es como te gustaría que fuera. Dibujo personas y retratos, y después me entero de que es la mejor forma de empezar. A la mayoría de la gente las personas le resulta lo más difícil, el modelo que plantea un mayor desafío, así que si uno es capaz de dibujar personas, después se atreverá con cualquier cosa. Las áreas visuales del cerebro están engranadas con una precisión que asusta. Es fácil desconcertarlas: una línea un poco más larga o más oscura de lo que debería, o colocada unos milímetros más a la izquierda, y nuestro cerebro sabe que algo va mal, aunque al principio no sepa definir bien qué.

Disfruto de este ejercicio de observación atenta y del vacío repentino que se crea en mi cabeza. Recuerdo también las tardes del taller que hice en Granada, cuando me sentaba en un rincón de una plaza y pasaba tres horas seguidas sin levantar la cabeza del papel. Aquellas tardes, las tardes dibujando, fueron pocas pero extrañamente felices. Yo iba Reyes Católicos arriba con la carpeta tamaño A3 atravesada sobre mi espalda y después simplemente dibujaba. No recuerdo a ninguno de mis compañeros de taller: ni sus nombres, ni sus caras, ni lo que hacían. Sólo a la profesora, que se llamaba Alhambra, como la Alhambra, y a mí encontrando un placer desconcertante en callar al siempre hiperactivo caudal de mi cabeza.

Encuentro un tutorial sobre dibujo de retratos en Internet. Me llama la atención que diga muchas de las cosas que yo ya había pensado: que dibujar es más una facultad de la vista que de la mano, y que si uno lo intenta lo suficiente, después esa capacidad de mirar sin juicio se puede trasladar a lo que nos rodea. Intento ser dibujante cuando no dibujo: me miro en el espejo y, por una vez, dejo que se marchen las ideas preconcebidas que tengo sobre mí misma. Siempre he pensado que tenía los ojos de mi padre. ¿Cómo son los ojos de mi padre? Con las pestañas cortitas y claras, los párpados más bien estrechos, la mirada viva. La sonrisa de mi madre: una sonrisa horizontal de la que J. se reía siempre, porque la parte superior de los labios no termina de curvarse. La proporción entre el cuello y los hombros, entre la cadera y la cintura. Tomo nota de un ejercicio que consiste en dibujar un autorretrato mirándose en un espejo, y aunque creo que me queda mucho para estar preparada para eso, sé que sería interesante en algún momento del futuro.

Como siempre, pienso que aprender es la mitad de la felicidad. Aprender cosas nuevas y alejadas de la imagen de nosotros que siempre hemos tenido. Nada de salsa, percusión o esas habilidades relativamente sencillas de taller de fin de semana. Apunta alto. Aprende ballet, violín, pintura al óleo. Aprende algo para lo que pensabas que no servías en absoluto.


Es lunes y estoy contenta. Y para seguir el resto de la semana con el mismo buen pie, me voy a dormir antes de que se me haga demasiado tarde, no sin antes enseñaros mi última obra.


viernes, 5 de octubre de 2012

Ideal lifestyle

Quiero pasear por la playa por las mañanas. O nadar en la piscina, o entrenar; quiero hacer deporte por la mañana.

Quiero pasar una gran parte del tiempo al aire libre. Que mi despacho tenga ventanas al exterior. Poder tomar el sol un rato a lo largo de la mañana.

Quiero parar para comer cuando tenga hambre.

Quiero poder permitirme hacer parte de mi trabajo gratis. Quiero que me paguen bien por el resto.

Si acabo como psicóloga, querría poder trabajar con mi pareja. Me gustaría que también fuera psicólogo y poder pensar juntos a nuestros pacientes.

Si termino como escritora, espero no terminar con un escritor. Habría sangre.

Quiero tener jardín/ huerto y a) un maromo que lo cuide o b) suficiente dinero como para que alguien lo cuide. No sirvo para cuidar un jardín/ huerto. Lo sentimos.

Quiero libertad para coger vacaciones o días libres. No necesariamente muchos, pero sí cuando y como yo quiera. 

Quiero viajar.

Quiero volverme más fuerte, más ágil y más resistente para poder disfrutar de la naturaleza.

Quiero que alguien me limpie la casa. Tampoco sirvo para mantener una casa limpia.

Quiero mejorar tocando el piano y aprender algún otro instrumento.

Quiero vivir en un país extranjero y aprender el idioma.

Quiero una furgo más grande. En algún momento.

No quiero necesariamente niños. Son una opción, sí, pero una opción que engulle una cantidad de tiempo preocupante. Y me encanta el tiempo.

Sí quiero una pareja. Además, quiero que sea absolutamente fabuloso.

Quiero gatos. 

No quiero perros. Pero podría tenerlos. Creo que aprendería a amarlos.

Quiero paz interior. Aunque no estoy segura de lo que estoy dispuesta a hacer para lograrla.

¡Quiero escalar! (¿Alguien lo dudaba?)

Quiero escribir. Lo anoto ahora porque lo daba tan por supuesto que no me he molestado en ponerlo al principio.

Quiero sol la gran mayoría de los días del año.

Quiero dormir en la oscuridad y en silencio.

Quiero estanterías abarrotadas de libros. Me la pela mucho el formato electrónico. Quiero libros de papel de todos los tipos y tamaños, animando mis días y velando mis sueños.

Quiero vivir un montón de años, pero quiero estar sana.

No quiero morir. De momento. Seguramente nunca me apetezca mucho.

jueves, 4 de octubre de 2012

Gordos, soledad y novedades sobre el Acné del Averno

En esta vida hay muchas causas por las que luchar, así que elige una y lucha por ella. En mi caso, yo lucho por disminuir la cantidad de sufrimiento mental que tiene que aguantar la gente. Y ahora mismo, en concreto, mientras roto por Endocrino, soy una mujer en una misión, a saber: evitar la cirugía bariátrica.

La cirugía bariátrica, o reducción de estómago, consiste en que después de haber intentado perder peso un montón de tiempo con un montón de dietas bienintencionadas, sin que nadie te ayude a descubrir qué se esconde detrás de ese hambre que te devora, aterrada de vergüenza y de culpa, hundida porque te parece que el mundo no va a entender ni a aceptar nunca a nadie como tú... decides que lo único que puede hacerse contigo es abrirte en canal y cerrarte el estómago. Anular una parte de estómago y otra de intestino, disminuir tu hambre, limitar la absorción de nutrientes y obligarte por cojones a comer como es debido.

La gente adelgaza, ya lo creo que sí. También se desnutre con frecuencia preocupante, tiene diarreas, vomita, desarrolla problemas de imagen corporal, continúa teniéndole miedo a la comida y a su propio apetito. En mi opinión personal, la cirugía bariátrica es un puto drama. Y lo es porque, en realidad, es cierto que ahora mismo es la medida más efectiva contra la obesidad, y es cierto también que la obesidad en sí es un desastre. Para la imagen, la autoestima y la salud. Recordemos que no estamos hablando de personas con unos kilitos de más, sino de hombres y mujeres con ciento veinte, ciento cincuenta, doscientos kilos.

A mí me gustaría evitar aunque fuera una. Como Dios en Sodoma y Gomorra. Sacar a alguien de esa carnicería. Yo estoy convencida de que la relación con la comida es un noventa por ciento coco y un diez por ciento metabolismo, problemas de salud, genética o llámalo X. Hablas con las pacientes y todas te cuentan lo mismo: la ansiedad, la culpa, la vergüenza. Comer por aburrimiento, por impulso, porque "total, qué más me da". El horror de imaginarse una vida a dieta, las miradas de la gente por la calle y los niños que le dicen a la madre "mira, mami, mira ésa qué gorda". Por el amor de Dios: si incluso el MIR que ha entrado hoy a la consulta con la endocrinóloga ha dicho, literalmente, "qué asco de gordos".

Me generan mucha compasión. Igual que yo con mi AA (que, por cierto, creo que ha vuelto; más detalles en unos párrafos), los gordos se ven obligados a llevar su sufrimiento delante de la gente. Han tenido la desgracia de encontrar para consolarse algo que deja huella. Los demás pueden imaginar la cantidad de donuts, galletas y helados que se han comido y no deberían haber comido. Pueden apuntarles con el dedo y decir: "si tan sólo pusieras un poquito más de tu parte".

Como decía, creo que el AA ha vuelto. No puedo decir que me sorprenda, ni tampoco que no me importe. Creo que es el típico rebrote de otoño, combinado con los altos niveles de estrés que tuve que aguantar este verano, combinado con algún tipo de efecto secundario psicosomático de mis complejos y angustias. Así que estoy otra vez liada con lo mismo: que si mis dietas, mis ejercicios, mi relajación, mi paleofrikismo... mis cuatro cosas de sufridora cutánea. Y bueno, el lunes pasado pedí cita para mi médico de cabecera con un plan: pedir una derivación al dermatólogo y, posteriormente, arrastrarme sobre mis rodillas todo lo que hiciera falta para conseguir una receta de Roacután. Verídico. Era algo como "por el amor de Dios, se me está pasando la vida con esta puta enfermedad de los huevos". No podía más. Sencillamente, no podía más: no podía sola.

Puedo entender a los pacientes que se quieren reducir el estómago. Si yo me pudiera trasplantar entera la piel de la cara, lo haría. El problema es que no puedo, y que el Roacután, de hecho, es un tratamiento muy agresivo con muchos efectos secundarios, que te fríe el hígado, te daña las articulaciones, te reseca las mucosas y es tan perjudicial para un posible embarazo que te obligan a firmar un documento asegurando que vas a tomar la píldora. Y si yo realmente fuera al dermatólogo y le llorara por una receta de Roacután, sería un poco bastante hipócrita: dejándome la salud por el camino para tener una cara bonita durante un tiempo variable (porque el AA es como el mar: siempre vuelve).

Así que bueno, es una mierda esto de tener que llevar el propio dolor a la vista de todos. De verdad, es un ascazo. La pérdida de control, la vergüenza, el picor, el miedo. Leí hace poco la experiencia de otra chica con acné que utilizaba la expresión "inflicting my face on people". Algo como infligir mi cara a la gente. Es exactamente así como me siento en los días malos, y es (insisto) un sentimiento de mierda. Aun así, no os creáis; no lo llevo ni la mitad de mal que otras veces. Ando aquí experimentando con la enésima dieta superrestrictiva, durmiendo un montón y procurando tomarme la historia con calma. Ya se curará (o no).

Creo que ya lo conté, pero una de mis líneas de investigación sobre el AA fue la lectura de un libro sobre enfermedades psicosomáticas de la piel llamado Skin Deep. En él hablaba de que los problemas de piel cumplen una función en la vida de la persona, y tenías que buscar cuál era la que pensabas que se identificaba más contigo. Yo elegí dos. La primera era "your skin is playing sexual policeman", es decir: hacer de policía sexual. Creedme que es mucho más fácil pensar que la gente no te quiere por tu piel horrible que porque no les gusta cómo eres. Cuando me siento mal por el AA, ni siquiera me planteo intentar mínimamente ligar con alguien. No miro a los tíos a la cara.

La segunda era "your skin is telling the world you're not perfect". Tu piel le dice al mundo que no eres perfecta. Hay que joderse, pienso yo. ¡Claro que no soy perfecta! Claro que sufro. Sufro porque a veces me siento sola y tengo miedo del futuro, y a veces me da miedo la muerte, o que se me pase la vida, o que nadie más vuelva a abrazarme NUNCA, y la pobreza, y tener que volver a la casa familiar. Me da miedo la enfermedad mental, que toda la gente a la que quiero algún día se alejará o morirá. Me da miedo quedarme sola mientras todo el mundo forma hermosas familias felices, me da mucho, mucho miedo pasarme la vida probando dietas y milagros para librarme de esta puñetera lacra, pendiente de cómo me sientan las cosas, sin ser capaz de salir, tomarme una cerveza y un trozo de pizza, acostarme tarde y dormir poco.

Hoy es uno de esos días en los que me pregunto de qué coño va esto de la radical sinceridad bloguera, y qué clase de placer perverso encuentro en contaros mi vida. No lo sé. Algunas personas lo hacemos. Pienso en Geneen Roth, una autora que escribe precisamente sobre problemas de alimentación y que habla de su vida, sus desamores, sus problemas familiares y sus sentimientos con una crudeza impactante. Algunos lo hacemos. Pienso en cómo me siento cuando la leo y en qué misterioso mecanismo hace que saber que otras personas también pelean dificultosamente para salir adelante te haga sentir mejor.

Al final, lo malo de la gordura, del acné, de la diabetes, de otros mil problemas, otras mil historias de salud, es que nos aíslan. Me hablaba hoy una paciente de cuando le pusieron a dieta siendo niña y de cómo veía a las demás desayunar mientras ella sólo podía tragarse una pastillita verde con un vaso de agua. Dice que cree que lleva desde entonces intentando alimentar la privación de esa niña. Igual que ella quería sentarse a desayunar con las demás, yo a veces sólo quiero poder pedirme un mollete con aceite y un café con leche, y no preocuparme del gluten, del cortisol y la cafeína, de las proteínas y hormonas de la leche, de la inflamación, la hipoglucemia y todas esas mierdas.

Lo malo del AA es el aislamiento. Así que digo yo que esa es la respuesta: por eso lo escribo.

Pero supongo que al final todos estamos solos.