massobreloslunes: Contrastes

domingo, 3 de febrero de 2013

Contrastes

Llevo un rato aquí sentada pensando sobre qué escribir. A veces me noto... no sé cómo explicarlo... descontextualizada. Como si mi escritura no estuviera relacionada con mi vida. Sobre todo hoy, que es sábado pero estoy sola en casa y sin ganas de salir. Podría ser cualquier día. Creo que la gente se está manifestando en Génova, y no me importaría ir si tuviera con quién. Ahora mismo, sin embargo, estoy sentada con Mia sobre el regazo (es tan ligera esta gata; parece de pluma) y no tengo intención de levantarme para manifestarme por nada.

He pasado la mañana comprando pintaúñas con Laura, una lectora que podría ser amor pero es odio, porque me acaba de presentar una marca maravillosa de esmaltes a diecisiete euros el tarro. Aun así, lo hemos pasado muy bien. Laura es estupenda, es preciosa y divertida hasta hacerte llorar. La expresión "tengo la vejiga como la gaita de Hevia" ha llegado hoy a mi vida para quedarse.

Sin embargo, aquí estoy yo sentada y pensando otra vez en la muerte.

Ayer por la mañana estaba en un ordenador del curro, grabando un CD con instrucciones de relajación para una paciente terminal. Había estado practicando con ella unos minutos antes y, madre mía: su cuerpecito tumbado inmóvil en una cama es bastante más de lo que cualquiera debería soportar. Bajaba yo después las doce plantas hasta psiquiatría pensando: "por favor, por favor, que sea capaz de hacer esto, que tenga fuerzas, por favor", y no sabía ni a quién se lo estaba pidiendo, porque no creo para nada en el Hombre del Espacio. No escribo esto para que penséis que soy fuerte, ni valiente, ni que pobrecita yo. He elegido estar ahí y no creo que sea más fuerte ni más valiente que nadie. Mi sensación con esto es muy rara. Al principio no sentía más que una piedad espantosa y mal entendida, un horror sin fisuras. Ahora es algo más parecido a una percepción global de todo. Algo un poco más ecuánime. Como si mirara a los moribundos y comprendiera de forma intuitiva que yo estaré ahí también en algún punto. Que hoy te toca a ti y mañana a mí, y que todo forma parte de algo más grande, más colectivo, como si estuviéramos desempeñando papeles aleatorios en una obra de teatro gigante.

Mientras grababa el CD se acercó mi tutora. "¿Para quién es eso?", preguntó. "Para una paciente de la catorce, que tiene mucho dolor". "¿Cómo estás llevando el tema del dolor?". Me encogí de hombros. "El dolor no lo llevo mal - contesté -. Lo que llevo fatal es la muerte". Me llevó a un despacho y estuvo hablando conmigo un rato. Que si onco es duro, que si es normal que se pase mal, etcétera. "Si sales de ésta, todo lo demás te va a parecer muy fácil. Incluida tu vida".

Tiene razón. La imagen de mi paciente tumbada me acompaña todo el rato en estos días. Es como un contraste constante con mi realidad y no me pone triste. Al contrario. Me hace sentir tan, tan contenta de tener todavía un futuro. Tan contenta de cualquier cosa, de todas las estupideces mínimas, de poder caminar escuchando música y cantando en voz alta cuando el trepidar del metro disimula mi voz. Te das cuenta de que lo estabas enfocando mal. De que todo lo que defines como molesto, u horrible, o angustioso, no es más que vida, afortunados pedazos de vida humana, oportunidades para olerlo todo, saborearlo todo, sentirlo todo.

Ayer hablaba con Cris sobre esto y sobre todo lo que haríamos y diríamos si nos fuéramos a morir en tres meses. Confesaríamos nuestros amores silenciosos, seríamos valientes y honestas. "Lo que pasa es que no nos vamos a morir en tres meses", dijo Cris. "Ya".

Yo no creo que haya que vivir como si te fueras a morir mañana. Sería todo demasiado loco y extremo. Sí hay que vivir como si te fueras a morir en algún punto. A lo mejor no es tan difícil. A lo mejor basta con comprender que todo está iluminado y que no se trata de buscar lo positivo. No hay positivo ni negativo. Hay vida, eso es todo, y las cosas van pasando y tú sólo te tienes que quedar ahí, lo más presente y atento posible. Disfrutar de esto que estás viviendo: experimentar tu tristeza y tu miedo con la misma profundidad que tu alegría y darte cuenta de que los momentos son preciosos. Todos. Es hermoso el momento en que te enamoras y también cuando te parten el corazón. Son hermosos el calor y el frío, el placer y el dolor.

Pensadlo así: casi todo está bien cuando no estás muerto.

Buenas noches y feliz domingo.

4 comentarios:

  1. me viene genial leer ese último párrafo en estos momentos. gracias :)

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  2. El poder deL cáncer y la posibilidad de morir. Ya la estás experimentando. Es curiosa la cantidad de vida que encuentras de repente en los sitios más insospechados. Eres emocionalmente muy sabia Marina, inteligente, intuitiva, reflexiva, honesta y tienes un gran corazón.

    Es cierto que no se puede vivir cono si te fueras a morir mañana pero creo que en un momento de la vida a casi todos nos toca vivir así, durante un tiempo. Luego todo pasa y volvemos a la vida normal pero nos queda el saber, el no olvidar apreciar los pequeños detalles como que la brisa del día acaricie tu cara o arremoline tu pelo como bandera. Saber que la vida son momentos, la felicidad son momentos, que hay que experimentar con los cinco sentidos y que pasan y que llegan otros momentos menos agradables, pero tambien son vida y ahí estamos para sentirlos y vivirlos y saber que también pasarán.

    Bueno lo cierto es que no he aportado nada nuevo a tu post jajaja y tu lo has contado todo mucho más ordenado y conciso. Me ha gustado mucho leerte. Te mando un beso y mucho ánimo.

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  3. Eres un amor!! Saca el tarrito de vez en cuando y míralo...un beso enorme!

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  4. Tienes razón (como siempre :p)

    A lo mejor lo de la descontextualización es porque aún no estás acostumbrada del todo a Madriz. A mí me pasa.

    Un besote!

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