massobreloslunes: Tú en febrero, todavía

domingo, 10 de febrero de 2013

Tú en febrero, todavía

Lo que tú no sabías esa noche es que yo no quería volver. Que esa noche, concretamente esa noche, pensaba mandarte de una vez por todas al olvido y seguir con mi vida, y que nada de la charla intensa y negociadora que habíamos mantenido minutos antes había servido para moverme un milímetro de mi postura. Entonces sacaste aquel relato: una hoja de papel sobre la muerte de tu abuela. Me la alargaste para pedirme opinión. Yo sabía que harías lo que quisieras. Que aguantarías estoicamente mis broncas por escribir frases de seis líneas, que discutiríamos un par de comas y que después tú corregirías el texto como te diera la gana. Anda que no teníamos broncas tú y yo por corregir textos. Eres una bruja, me decías, y yo así no puedo escribir. No respetas lo que hago. Tú siempre más y mejor.

Aun así, me pudo la curiosidad, cogí la hoja y empecé a leer. Y ahí estabas tú. Ahí estaba esa escritura nunca perfecta, pero sí sensible. Así has sido siempre. Capaz de ponerle palabras a las cosas con una precisión preocupante. Y durante mucho tiempo me bastó con eso, y me bastó también aquella noche. Te vi de pie junto a tu abuela muerta de miedo, con ganas de decirle todo lo que te habías callado en años, sabiendo que no podías acompañarla más allá de la última frontera, y me reenamoré de ti como una gilipollas.

Esa noche volví contigo por el relato. Lo corregiste como te dio la gana, claro; aun así, volví contigo porque quería estar con alguien capaz de sentir de esa manera.

Te sigo leyendo. Cada vez menos, porque publicas poco, pero te sigo leyendo. Me sigue sorprendiendo tu capacidad para sentir las cosas. Hoy hablas de por qué nos gusta ser parte de relatos, y explicas esa cualidad de peso existencial que sentirnos narrados aporta a nuestras vidas. Me recuerdas a cuando tenía catorce o quince años y decía mucho eso de que alguien era "un personaje". Y cómo me dio por ponerme mística, Matilda style, y reflexionar sobre que ser un personaje estaba bien porque quería decir que eras interesante. Ni bueno ni malo; interesante, y lo bastante lleno de matices como para que alguien quisiera escribir sobre ti.

Hoy leo lo de los relatos y me encanta que hayas puesto palabras a algo que yo había pensado desde siempre. Que sentirnos narrados es desafiar a la muerte. Yo escribo sobre la gente, ¿sabes? También sobre ti. Lo estoy haciendo ahora. Eres mi personaje. Y me siento mal cuando lo hago, verídico: como si estuviera robando almas o poseyendo realidades ajenas. Me propongo siempre inventar más, aliñar con más ficción los trozos de esta realidad que me fascina. Aun así, acabo relatando a la gente a la que conozco. No sé si les gusta o no. No sé si les da más peso. Ya lo he dicho; trato de entender y, en cualquier caso, ya no sé ser de otra manera.

Decía Hornby en 31 canciones que dejamos de escuchar un tema cuando, de alguna forma, lo resolvemos. Cuando deja de ser un enigma. Mientras siga escribiéndote, seguiré resolviéndote. Mientras tú sigas escribiendo y yo siga teniendo ganas de leerte, seguirás creando enigma, siendo enigma. Compartiré esto con el mundo porque me hace falta, y porque no creo que te importe ser parte de mi relato a estas alturas. Seguiré siempre un poco enamorada de alguien capaz de sentir como tú.

Y como último secreto, te confieso que eres mi lugar seguro. Que en los talleres de relajación del hospital a menudo nos dicen que imaginemos un lugar donde nos sintamos completamente a salvo, totalmente seguros; que yo siempre lo intento con las playas, los campos y el sandwich de plumas en que he convertido mi cama. Aun así, terminas por ser tú. Tú tendido bocarriba sobre tu cama de COU, inmóvil bajo el sol de media tarde, serio y dormido a la hora de la siesta. Yo encajada sobre tu pecho, tranquila como la gata Mia ahora mismo en mi regazo, sin ninguna necesidad de moverme, de acomodarme, de rascarme. Cien por cien conforme con el hueco que estaba ocupando en el espacio y el tiempo.

Que sigas siendo mi lugar seguro a estas alturas; hay que joderse. Confesiones de domingo de una mujer con esguince.

Aun así, gracias. Por escribir, por ser y por venir a calmar a mi mente inquieta en los ejercicios de imaginación guiada. Espero que alguien o algo te quite por fin el protagonismo de mis febreros. Quizá el año que viene. Quizá otro año.

4 comentarios:

  1. Lo siento, uno tiene cierto grado de atrevimiento, pero mancillar escritos como éste, con tonterías salidas a medias de mi cerebro y del teclado como que lo supera ampliamente. Y todavía me queda cierto grado de responsabilidad...

    ;-)

    Txabi

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  2. ¡Uys!. Si has dejado de moderar los comentarios... ¡Eso se avisa, que casi dejo cualquier vulgaridad.

    El de antes...

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  3. Este post es precioso, y yo tampoco quería estropearlo con mis palabros. De todos modos, bueno, al menos tienes un lugar seguro ;-)

    :*

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  4. A mi me ocurrió lo mismo cuando lo leí, que no quise estropearlo con dimes y diretes.
    Un lugar es un lugar y qué si es para siempre.
    Puede que febrero se quede para siempre.
    Supongo que lo importante será que tengas el resto de meses lleniiiiiisimo.

    Besos guapa¡¡

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