massobreloslunes: Al menos

lunes, 15 de julio de 2013

Al menos

Al menos ronca.

Eso pienso ahora mismo, mientras le miro dormir boca arriba, cubierto con mis sábanas de rayas color pastel. Al menos ronca, y ni siquiera es porque fume, que no fuma, sino porque alguna planta que todavía no ha identificado le da alergia y le tiene la nariz medio tapada.

Digo al menos porque, más allá de eso, es perfecto. No él. No yo. Nuestra relación. Ni siquiera nuestra relación: digamos que es lo bastante imperfecta como para ser perfecta. Los días se deslizan redondos como monedas. Nos despertamos hoy sobre las sábanas blancas de un hotel de Cuenca, y comemos entre risas en un bar donde al camarero casi le explota el cerebro al pedirle que le quitara la carne a una pizza. Escalamos poco y mal en los escasos sectores que este asqueroso sol de julio deja a la sombra. Volvemos a casa como en un videoclip: yo conduzco, él se adormila en mi hombro, hablamos, se hace cereales con leche de almendra en el asiento del copiloto y me va dando cucharaditas en la boca como si fuera un pájaro bebé.

Por la noche vemos Ruby Sparks con palomitas caseras en el salón de casa, debatimos sobre la peli tumbados en la cama mientras olemos la lluvia tras la ventana abierta y le leo un par de cuentos acodada sobre las almohadas. Luego hablamos de la muerte y nos abrazamos desnudos bajo las sábanas.

Y ni siquiera he empezado a hablar sobre sexo.

Me he levantado hace un rato de la cama porque, por un rato, pensar en la realidad de la muerte me abrumaba: ahora me aterra no sólo morirme yo, sino que se muera él, y la certeza de que las dos cosas van a pasar y de que las dos nos separarán. Sé que es ponerse intensa y que seguramente estamos hablando de algún efecto de la primera fase de la relación que se me pasará (¿tanatoerotofobia temprana?). O no, qué sé yo: me cuesta imaginar un estado posterior a éste en el que la posibilidad de perderle no me dé pánico.

"Mi certeza", me llama él, y me rasca la cabecita diciéndome que le da lástima pensar en toda mi vida anterior, tan a corazón abierto. Que entiende que haya sufrido por amor. "Conmigo estás segura", me explica, y me siento así; no tanto porque él vaya a ser bueno siempre, o a quererme siempre, sino porque saca lo mejor de mí con la suficiente frecuencia como para creer que puedo merecer y cuidar ese amor toda la vida.

Pero, como os decía, ronca, y no sé si son sus ronquidos o el miedo a la muerte lo que me mantiene despierta esta madrugada de lunes, cabreada ante la certeza de que otra vez voy a empezar la semana cansada. Qué vamos a hacerle. Dentro de unas horas, cuando me duelan los párpados y note en la lengua el sabor metálico de la falta de sueño, pensaré cómo duerme ahora mismo boca arriba, apoyando los dedos en la caja de sus costillas. En la curva que la barba dibuja en su mandíbula y en el recuerdo de sus ojos azules detrás de sus párpados. Y, por supuesto, pensaré en estos ronquidos terribles, disonantes y bruscos, que deja escapar a ratos entre sus labios traviesos y que estoy convencida de que en algún momento empezarán a gustarme.

2 comentarios:

  1. Ojalá supiera expresarme como tú, para expresar lo que me haces sentir.
    Seba

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  2. Qué bonito.
    Cuánto amor:
    :'))))
    G.

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