massobreloslunes: enero 2014

lunes, 27 de enero de 2014

Escalofríos

Está tú sentada, tan tranquila, tomándote una taza de caldito y dándote una vuelta por los periódicos digitales para ver qué se cuece por el mundo. Que si el referéndum catalán, que si la sanidad madrileña, que si a Dukan lo han expulsado del colegio de médicos. Tienes tu opinión sobre todo eso, claro, pero lo miras con cierta distancia: a través de la gruesa pared de metacrilato que te han enseñado a poner entre la realidad y tu mente.

Entonces lees que el gobierno cree que la reforma del aborto va a ser buena para la economía, y te vuelven a la cabeza los datos que has almacenado desde el sábado fatídico en que la ley acaparó los titulares. La necesidad de dos informes de psiquiatras, los días de reflexión, las nuevas normas en caso de malformación grave.

De nuevo, haces tus planes. Porque nunca se sabe, porque ningún método te ofrece un 100% de seguridad y porque si de algo estás tú segura es de que no quieres ser madre. Tienes tus razones, claro que sí, pero más importante que ellas es la certeza brutal que te corroe los huesos: respetas a quien lo elija, pero no quieres eso para ti, no quieres esa vida, no la quieres. Piensas que a ti no te sería difícil conseguir los informes psiquiátricos, que por algo trabajas en Salud Mental, pero luego te dices que al carajo; con tal de no aguantar la humillación de que otro decida por ti, mejor te miras un vuelo con Ryanair y te vas a Londres, como viste una vez en un capítulo de Cuéntame.

Y aun así, aunque sabes que lo tienes todo a tu favor y que, en cualquier caso, vas a gastar en condones lo que haga falta, y que muy mala suerte tendrías que tener para verte en esas, la sensación es distinta de la que te produce el resto de las noticias. Porque la ley del aborto te da miedo. Se te mete en el estómago como una presencia intrusa y cruel. La ley del aborto tiene que ver contigo, con tus entrañas, con tu futuro y con tu vida.

Te da escalofríos pensar en los niños que puedan salir de esa ley, porque recuerdas a tus pacientitos diminutos y cómo se te parte el corazón cuando intuyes que no son bienvenidos en su casa. Te da escalofríos pensar en las madres y padres que puedan salir de esa ley, en las depresiones posparto y las psicosis puerperales. Te da escalofríos pensar en los problemas de pareja, las peleas a gritos y las custodias compartidas.

Pero, sobre todo, te da escalofríos ponerte en la piel de la que no pueda conseguir los informes o pagarse el vuelo a donde sea. Porque tú, con toda tu suerte y todas las probabilidades a tu favor, no quieres ni imaginarte hasta dónde llegarías para evitar que pasara.