martes, 11 de abril de 2006

¡¡Quiero ser escritora!! ¡¡Quiero ser escritora!!

¿A qué se dedica Marina en estas vacaciones de Semana Santa?
a) A disfrutar de lujos tipo baño limpio/cocina limpia/nevera llena (¡gratis!).
b) A buscar a su gata por toda la urbanización (la tía ha descubierto las ventajas de la libertad y se pasea a su antojo por patios y muros).
c) A quedar con sus amigas-de-la-infancia-a-las-que-adora.
d) A intentar ver tronos de refilón y sin que se note mucho, porque ella es progre y no puede admitir que le encanta la Semana Santa hasta el punto de ponerle los vellos como escarpias.
e) A leer a este señor.
No me ha gustado demasiado el blog de Rafa Fernández. Había escrito una larga crítica destructiva pero, de repente, me ha entrado cargo de conciencia y he pensado que entre blogueros no hay que despellejarse, que para eso está el gran mundo editorial. Además, yo no quería decir eso. Lo que quería decir es que, cuando estaba a punto de abandonar micabeza.com rogando a Dios que no me enviara nunca a un tío como Sigmundo, me dio por ver los vídeos. El primero que sale es el de Rafa en fin de año. Nos cuenta con su acento canario que él pasó la nochevieja solo, en calzoncillos, con un libro de Henry Miller en la mano y gritando ¡¡quiero ser escritor!! en cada campanada. Que luego se dio cuenta de que llevaba diez años pidiendo lo mismo y de que, al fin y al cabo, escritor ya era. Una mierda de escritor (son sus palabras, que conste) pero escritor, al fin y al cabo. Entonces cambió su petición por un "¡¡quiero ser escritor de éxito!!". Dado que ha ganado el premio al Mejor Blog De España y América Latina (ahí es nada), creo que su deseo se cumplió.
Esta historia tiene tres moralejas, a elegir una:
a) Es verdad que todos somos escritores. Uno de los axiomas literarios de Marina es: si escribes, eres escritor. Bueno, malo o regular, pero escritor. Porque, al fin y al cabo, ¿qué diferencia al nobel de literatura de mí? Vale, él es mejor (de momento xD), y cuando se sienta a escribir lo hace con expectativas de que le publiquen y aclamen. Pero cuando ese tío terminó su discurso de agradecimiento, se bajó del estrado y se fue a casa, también tuvo que sacar una hoja en blanco y comenzar a escribir. Sin seguridad, sin saber si iba a quedarse atascado en el siguiente capítulo, sin saber si su nueva obra llegaría al nivel de las anteriores. Cuando yo me siento a escribir, tampoco tengo seguridad, tampoco sé si me va a salir algo medio aceptable o una puñetera mierda. Vale que a nadie le importe, pero en esencia es lo mismo. Hale, Mr.Pinter, no se crea usted tanto. Lo que quiero decir es que ese tío es escritor y yo soy escritora, aunque muera sin que me conozcan más que las decenas de personas bienintencionadas que se pasan por aquí de vez en cuando.
b) Hasta el más repugnante y capullo de los escritores pretenciosos te puede regalar un momento bonito.
c) Debería pasar mi próxima nochevieja pidiendo con cada campanada algo parecido a lo del amigo Fernández, visto el éxito.
Hale, me despido. No estoy escribiendo mucho porque asumo que todos andáis por ahí, entre playas o inciensarios, y tampoc no us fa de res que una esté aquí comiéndose la cabeza para daros de leer.