sábado, 14 de junio de 2008

Divorcio

- Ella siempre me echa la culpa a mí, pero la verdad es que ella fue la que jodió nuestro matrimonio. Por cantar, tío. Por las puñeteras canciones.
- ¿Qué canciones?
- Cantaba todo el día. Por los pasillos, en la habitación. Mientras fregaba los platos o ponía la lavadora. Ni siquiera ponía la radio, sólo cantaba ella: una puta canción tras otra, mezclando trozos sin sentido, a voz en grito.
- Pero cantar es alegre, ¿no? No es para tanto.
- Tenía una voz horrible. Era como hacer chirriar una jodida plancha de metal contra el suelo. Una voz espantosa, tío, y no hacía más que cantar, y decía que no se daba cuenta, que no podía evitarlo. Me crispaba los nervios el puto chirrido, todos los días al llegar a casa: nada más que ese canturreo infernal. Ni siquiera tenía buen oído. A veces si siquiera sabías qué canción era.
- Así que la dejaste.
- Sí. La dejé.
- Realmente te entiendo, tío. Cantar mal puede ser muy desagradable.
- Sí, tío.
- Sí.