viernes, 23 de agosto de 2019
La muerte empieza a los treinta
Pablo y yo estamos cenando en una pequeña trattoria de Valsecca, un pueblecito en el Valle D'Imagna, cerca de donde estamos pasando las vacaciones. Pablo ha llegado hoy de pasar unos días viajando y escalando en la furgo y está muy guapo, con la barba crecida y la cara morena.
—¿Nos has echado de menos? —le pregunto yo, refiriéndome a mí y a Alana. Quiero que me diga que sí, que estar sin nosotras es extraño como no tener pies.
—Sí, y me da un poco de pena —contesta—. Porque cuando estoy con vosotras, echo de menos la naturaleza y la vida de furgo, pero cuando estoy allí, os echo de menos a vosotras. Es como si no fuera a estar completo nunca.
Me recordó a lo que pensé cuando cumplí treinta y andaba debatiéndome en las procelosas aguas de la decisión de si tener o no hijos. En algún momento, pensé: «ya nunca voy a ser feliz. Si tengo hijos, voy a echar de menos no tenerlos; si no los tengo, voy a preguntarme cómo sería no haberlo hecho».
Tengo la impresión de que a partir de cierta edad, uno ya no es por completo feliz nunca. Son demasiadas las sombras de todo lo que podría haber sido. Demasiados los caminos que vamos rechazando, las versiones de nosotros mismos que se van quedando atrás.
A veces pienso que feliz-feliz, solo se puede ser en la veintena. No porque tu vida sea mejor ahí que en ninguna otra etapa de tu vida, que no lo es, sino porque solo en la veintena todas las posibilidades parecen abiertas, nada se ha quedado todavía atrás y el fantasma de tu propia mortalidad aún te queda muy lejos.
Echo eso de menos de tener veintipocos. Eso y enamorarme.
Y soy consciente de que podría elaborar mucho más sobre esto, pero tengo un montón de sueño.
Yo también he pensado justo esto muchas veces. Y también estoy ya en la treintenta,y veo que un camino te cierra otro, y que cuantos más años cumples es una sensación que se acrecienta.
ResponderEliminarEn mi caso, además, estando en la treintenta ya puedo dar por bueno lo de de que te acabas arrepintiendo más de lo que no haces que de lo que haces.
Un abrazo.
¡A mis brazos!
ResponderEliminarA los cincuenta, una sigue echando de menos enamorarse. Pero ya sabe que no es buena idea.
ResponderEliminarGracias por volver a escribir por aquí!
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