massobreloslunes: Por eso me quedé soltera
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miércoles, 25 de enero de 2012

Por eso me quedé soltera, VI: la risa

Ya os he dicho que yo busco al MD: el Maromo Definitivo. Es un chico sexy e inteligente a la par que espiritual y deportista. Es una especie de superhombre cuya existencia ideal en lo profundo de mi mente me condena a morir soltera y rodeada de gatos.

Entretanto, un hombre divertido tiene mucho que hacer.

Yo tengo mucho sentido del humor. Mucho y muy amplio. Cosas que me hacen gracia, así que se me ocurran:
- Los juegos de palabras absurdos (¿Qué es una oreja? Sesenta minutejos).
- Loa chistes clásicos de los que tardan una hora en contarse, como el de Patxi Skywalker y la espada láser (necesario conocerme en persona para que os cuente el chiste entero).
- El humor negro negrísimo rollo Espeonza. Aunque, ¿a quién no le hace gracia Espeonza?
- El humor surrealista, como las tiras de Silvio José, el buen parásito.
- Los monólogos del Manu en Canal Sur.
- "Los euskolegas", de Vaya Semanita.
- El videoclip de "Qué pasa contigo tío". Creo que lloré la primera vez que lo vi.
- Mafalda y Garfield.
- Los cuentos de Saki.
- Mortadelo y Filemón.
- Chistes cortos y absurdos, como el del viejo con Alzheimer y cáncer o el del borracho que llega a su casa y su mujer le dice "Paco, ¿de dónde vienes?", y él contesta "¿Paco? ¡De Francisco!" (tiene más gracia en andaluz, por la fonética).
- Hacer que la gente rime cosas con "-ota" y "-olla" para poder decir "agárrame las pelotas/polla".
- Las chirigotas.
- Convertir frases inocentes en alusiones sexuales.
- Friends, Modern Family, Los informáticos y hasta Cougar Town, la serie rara de Monica la de Friends de mayor, que no le hace gracia ni a la PK.

Así que mi humor es muy versátil. Lo único que no me hace gracia son los vídeos de caídas así de forma gratuita y cierto tipo de humor violento o snuff como unos dibujitos de animales de peluche que se suicidan, que no recuerdo cómo se llamaban.

Así que un chico que me hace reír tiene mucho ganado. Pero no es sólo eso. Es que creo que no pudiera estar con alguien que tuviera un sentido del humor bastante poderoso.

Hoy iba por la playa y pensaba que Andalucía me gusta muchísimo. Es un lugar particular al que le tienes que tolerar muchas cosas: mucho ruido, gente que tira papeles por la calle así de forma gratuita, gente que ofende tu sentido estético enseñando sus lorzas sudorosas en mitad del verano. Hacer fiesta por todo, ser los que más gritamos del mundo, que escales en el norte y sólo haya pacífico silencio y que escales en el sur y no puedas oír lo que te dice tu compañero porque hay veinte personas haciendo chistes y diciendo chorradas a pie de vía. El calor en verano, el hacinamiento playero, los estereotipos, las hordas de guiris, el hecho cierto de que somos muy impuntuales. Pero te ríes, cojones. Te ríes tela de practicamente todo.

Es curioso, porque mientras que MQEN y yo tenemos un sentido del humor muy similar y nos seguimos riendo juntos muchísimo, la verdad es que J. y yo ahí no coincidíamos tanto. "¿Te has fijado en que en Futurama nos reímos en momentos distintos?", me decía él. Y era cierto. Y a él sí le hacían gracia las caídas y los peluches suicidas. Aun así, resistimos porque sí que coincidíamos en cierta parcela surrealista y boba y porque él era en general alegre. Algunas noches nos poníamos a contarnos chistes en bucle, chistes que además los dos nos sabíamos de antes, y podíamos pasar horas doblados en dos en el sofá del salón.

Para mí el humor tiene una dimensión muy amplia: considerar la vida una especie de broma gigante y reírse al máximo de la mayor cantidad posible de cosas. Verle la gracia a casi todo, como al chihuahua de mi vecino, que se llama Shakira, o al chico con esquizofrenia que le ha dicho hoy a otra paciente: "No, si tú eres buena persona; lo que te pasa es que tienes un problema con tus hormonas".

Así que no me gustan los secos ni los serios, aunque tenga ciertas fantasías chungas con los polvos castigadores. Quiero un chico que me haga reír y que se ría de al menos la mitad de las cosas de la lista que he incluido al principio. Y, muy importante, al que yo también pueda hacer reír mucho. Porque soy graciosa, de verdad; aquí no se nota tanto porque me pongo trascendente con una frecuencia preocupante. Pero soy graciosa.

*****
Pregunta del millón: ¿y qué pasa con el argentino?

Pasa que temo que me lea en algún punto, porque estamos demasiado cerca en la red y los caminos del Señor son inescrutables, y ya conocéis mi primera regla para escribir sobre gente.

Pero se ríe. Se ríe mucho. En los mismos momentos que yo. Y me deja pasar delante siempre.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Por eso me quedé soltera, V: La pasión

Hoy estaba yo durmiendo la siesta y soñando literalmente con escalar, es decir: soñando con la vía frente a mí, con el musgo verde que cubría la roca donde trepé ayer, con la manera de agarrar los cantos y las regletas y los bidedos y con que me caía justo al final. Luego luchaba con el despertar, porque emerger de las siestas de invierno me cuesta tela, y pensaba en la muerte, porque a esa hora es cuando me vuelvo consciente de mi mortalidad, no sé por qué.

Y entonces se me ha ocurrido: "encuentra algo que te apasione y hazlo", así rollo consejo para el blog nuevo. Todos deberíamos vivir momentos de gran pasión, aunque sea dosificados en una vida estable de persona sensate. Todo el mundo debería sentirse así en algún momento: echarse una siesta tranquila en el sofá chaiselonguero y descubrirse soñando con algo tan absurdo y friki como un trozo de pared.

A mí me gustan los tíos que se apasionan por cosas y el tipo de amor puro y extraño que generan por ellas. A MQEN le encanta la música, y no os creáis: es un puto coñazo. Me traía aburrida siempre con los discos de rock sinfónico que empezaban con temas instrumentales de veinte minutos. Aun así, era bonito. Me gustaba caminar por el campus de la Autónoma oyendo los discos que él me grababa, porque aunque no entendía nada pensaba: ésta es su sensibilidad, con esto vibra él. Era como escuchar su corazón.

También es verdad que no creo que sirve cualquier pasión. Hola, Marina, soy un apasionado de la filatelia, ¿te seduce eso? Pues mira, no, la verdad. Coleccionar sellos me parece una chorrada tamaño jumbo. Me seducen las pasiones así sexys, como el dibujo, o la montaña, o el piano; que pueda hasta cierto punto entender, supongo, y compartir. Porque me encanta pensar que alguien puede tener un amor tan intenso y tan ensimismado como el que tengo yo, por ejemplo, con escribir. Que exista algo en su vida que le consuele y le ayude tanto y, sobre todo, que se involucre con algo. Que piense que las cosas importan.

Hay que tener cuidado, claro, porque las pasiones tienen como grados de ser molestas. Un poner: un tío apasionado por los sellos será un rollo, pero a ti sus sellos te dan igual. Ni siquiera ocupan mucho espacio en casa. Ahora júntate con un tío apasionado por tocar un instrumento y aguántale ensayando horas y horas. O que tu maromo/a se flipe con escalar, a ti te la pele y ahora tengas que aprender a asegurar y pasarte los fines de semana en el campo, sentada en una piedra, oyendo hablar de pasos y de agarres y maldiciendo el día en que tu churri topó con esa adicción del Averno.

Porque es difícil entender a un apasionado, las cosas como son. Requiere grandes dosis de paciencia, respeto y buen humor. Requiere aceptar que su pasión es importante para él y es parte de lo que te enamoró. Lo ideal, claro, es que compartáis eso y que los dos vibréis con lo mismo, pero si no sucede tendrás que intentar comprender su pasión desde la tuya; si la tienes, claro. Quizá el verdadero problema lo tengas si es a ti a quien le falta.

Por último, que me disperso y tampoco estoy llegando a ninguna conclusión redonda y potente, real life story. Sábado por la mañana, día de escalada. Kpot y yo estamos desayunando en la venta de la Barca de Vejer de camino a San Bartolo. Entonces aparecen el Cabesa, al que llamamos así porque le dice a todo el mundo "cabesa", con su novia, que también va a escalar. "¿Os vais a venir al Mosaico?", les preguntamos. El Mosaico es uno de los sectores más famosos de la zona, donde grabé los vídeos de este post. "Qué va, cabesa", dice el ídem. "Me voy con Maribel a los sectores fáciles para enseñarle a escalar".

Los dos entran en el bar a pedir y el Kpot, que es una persona brutalmente apasionada con la escalada a un nivel cuasipatológico, se queda pensativo, rascándose la cabeza con la mano mientras fuma tabaco de liar.
- ¿Sabes qué? - me dice -. Me dan envidia estos dos. Pero no como pareja, no sé. Me da envidia él. Porque va a echar un día de escalada de mierda, ¿no? Ahí en las vías fáciles con su piba, enseñándole lo básico, sin apretar ni nada. Pero a él le compensa. Y eso es bonito.

Nos quedamos los dos reflexivos y meditabundos, supongo que preguntándonos, hasta cierto punto, si el amor a lo mejor es patrimonio de estas personas. De las que pueden vivir un día sin su pasión porque tienen otra más grande. O preguntándonos si somos ese tipo de personas, si hay algo de esa generosidad dentro de nuestros corazones exagerados. Preguntándonos, en general, que el Kpot y yo pensamos mucho. Imaginando, o al menos yo, que nos toca ese tipo de amor, mientras tomamos molletes con aceite de camino al Mosaico.

domingo, 16 de octubre de 2011

Por eso me quedé soltera, IV: Mi relación ideal

Últimamente me pasa que ya no busco tanto características concretas en un hombre, sino de la relación que pueda establecer con él. En lugar de hacer listas fastuosas como las cuarenta exigencias de Golfo, pienso más bien en una manera de actuar juntos. En la interacción.

Quiero sinceridad. Que cada paso que demos se base en el intento de ser honestos con nosotros mismos y con el otro.

Quiero tacto. Cariñitos a toneladas. Quiero fisicalidad, que nos toquemos, que nos sintamos, que nos abracemos.

Quiero ternura. Que minimicemos los defectos del otro y amemos sus cualidades. Quiero que mi pareja me mire con cariño cuando soy desordenada, cuando pido más chocolate o cuando me golpeo con el quicio de la puerta porque no tengo equilibrio.

Quiero respeto. Que siempre nos hablemos con consideración y tacto. Que no nos critiquemos nunca delante de otras personas, porque no nos sale. Que no perdamos los papeles ni en la peor de las discusiones.

Quiero humor. Mucho humor. Mucha alegría. Risas, juego, tomarnos la vida en broma, reírnos de los chistes malos, despertar riendo, follar riendo (también se puede follar serios de vez en cuando, que tiene su punto).

Quiero comunicación, lo que no quiere decir hablar obsesivamente de nuestros sentimientos todo el rato. Creo que si los sentimientos están claros y si uno tiene en cuenta el punto 1 (la sinceridad) no es necesario. Pero quiero que estemos en contacto, que nos queramos con palabras. Y, por el amor de Dios, quiero que me conteste los mensajes. Siempre.

Quiero que no haya luchas de poder. Que seamos generosos. Que no se nos olvide el otro y que empaticemos.

Quiero independencia pero quiero que contemos el uno con el otro. Que sea factible cambiar los planes por el otro, esforzarse un poco, sacrificarse a veces. Quiero tener un hueco en la vida de mi pareja. No quiero ser su prioridad siempre, pero sí a veces.

Y que nos admiremos. Que seamos nuestras mutuas personas favoritas. Que sepamos apoyarnos sin asfixiarnos.

Lamentablemente, no tengo claro que esto me vaya a ocurrir y, de hecho, por eso esto va archivado en la saga de "por eso me quedé soltera". Porque, seamos sinceros: la gente está como unas maracas. Los guapos están todos neurotizados. Los buenos están todos pillados, pero los solteros son todavía peores, porque están recubiertos de múltiples capas de despecho y cinismo.

Si confío en un rincón de mi ser es porque, por lógica, pienso: si yo, que soy fabulosa, estoy soltera y disponible y sé querer y existo, debe de haber por ahí otro chico que sea fabuloso, esté soltero, disponible y exista. Y seguro que va buscando a una chica como yo. O quizá no, claro. Yo qué sé. Hoy estoy tan cansada que me siento como drogada. Y no sé ni siquiera por qué he escrito este post. Es un poco absurdo esto de planear cosas o soñar con cosas que no sabes siquiera si van a ocurrir.

En fin. Feliz lunes.

martes, 3 de mayo de 2011

I will love again, que decía Tina Turner


De un tiempo a esta parte sólo me interesan hombres inconvenientes. Son muy mayores o muy menores, tienen pareja, son amigos de mis exes o los conozco en un contexto meditador y antisexual. Me pregunto qué me pasa. A mi alrededor a la gente parece resultarle más o menos fácil encontrar pareja. A mí me parece que tienen que darse unas casualidades cósmicas tan raras en el espacio-tiempo para que me eche otro novio que ahora mismo me resulta ciencia ficción.

Mi teoría es que cuando las cosas no van es por algo; que hay algo en mí que está rechazando la posibilidad de tener pareja. Sé que podría pedir algo más light, un rollete, pero hay que tener en cuenta que yo establezco vínculos emocionales con un apio. Soy el tipo de persona que le da besitos a las paredes de su casa porque la quiere mucho. Si meto a un tío en mi cama con cierta frecuencia es más que probable que en tres días empiece a planear la boda en mi cabeza.

Así que si me enredo con alguien será porque piense que hay posibilidades de morir de amor para siempre. Y claro, siempre es mucho tiempo, especialmente cuando te pasa como a mí ahora y tienes el corazón escarmentado.

Por otra parte, yo soy una kamikaze del amor. Si un tío me mola me convierto en el caballo de Atila: por donde piso no crece la hierba. No tengo orgullo ni sentido común, ni pienso en el futuro ni en las consecuencias a corto-medio plazo. Así que opino que si conociera a un chico que me gustara de verdad y que estuviera mínimamente disponible, no habría historias de miedo al compromiso o a que me hagan daño. Me tiraría a la piscina y ya me arrepentiría después.

Así que no sé. Me gustaría tener pareja en algún momento. Creo que soy una buena novia, aunque J. me dejara por borde. Cocino demasiado bien como para quedarme sola. Tengo mucho que dar. Y a pesar de eso, sigo sintiéndome como si hubiera puesto una barrera invisible entre mí y la posiblidad de sentir, y el universo se estuviera dando cuenta de eso y estuviera alejando de mi camino a los hombres convenientes.

(O a lo mejor sólo necesito salir un poquito más).

lunes, 31 de enero de 2011

miércoles, 13 de octubre de 2010

Por eso me quedé soltera, III: De la media naranja a la ensalada de acompañamiento


Ya dije en la primera entrega de esta magna saga que me parecía que, a menudo, lo que actualmente llamamos amor no es más que una lista de características que básicamente son las nuestras. De repente descubres a alguien a quien también le gustan David Lynch, Murakami y los bocadillos de sardinas con tomate y piensas: "¡Fabuloso! ¡Una casualidad astral! ¡Somos dos almas gemelas destinadas a amarse en la eternidad!". Comenté también que creo que un amor basado en ese tipo de coincidencias está destinado a agotarse una vez que te das cuenta de que el otro no es un calco de ti, sino un ente individual con ¡sorpresa! cerebro propio.

Sin embargo, hay parejas que funcionan justo al contrario, que parecen basar la relación en el desequilibrio. Uno de los miembros es muy creativo, o muy inteligente, o un intelectual, o muy carismático, y el otro es más soso/lento/sin inquietudes o, como dijo alguien, "tonto como una piedra". Yo antes era un poco escéptica respecto a este tipo de parejas. Me daba la sensación, sobre todo cuando era el tío el más listo/interesante, de que buscaban una tía guapa, dócil y calentita que no les hiciera sombra. Ahora, además de que intento no criticar, me planteo que, como dice un personaje de Woody Allen en una de las últimas pelis, si la cosa funciona, ya va bien. El que la lleva la entiende.

Ahora bien: yo no paso por ese aro.

¿Por qué? Pues porque ya lo he vivido. He vivido la experiencia de estar con alguien a quien consideraba bastante menos estupléndido que yo en muchos sentidos. Y, si os digo la verdad, no es agradable. No es agradable para una misma y, sobre todo, no es agradable para el otro, porque se acaba dando cuenta. La línea que separa la aceptación de la condescendencia es lamentablemente fina.

Porque le acabas cortando el pelo al amor y decidiendo que te basta con esto, mientras el otro sea buena persona, friegue los platos cuando a ti no te apetece y esté calentito por la noche. Pero la energía ni se crea ni se destruye, sólo se transforma, y si para ti es importante meditar, reírte con los Monty Phyton o hablar de Kafka, y no lo haces porque a tu pareja se la pela a tope o porque, en tu opinión, no es lo suficientemente inteligente como para pillar los chistes, pues vas acumulando un caudal de frustración que tiene que escapar por otro sitio. O por otra persona.

Sobre todo, porque creo que está bien ofrecer lo que pides.. Y yo quiero que mi pareja piense que soy la hostia. Con mis taras, claro, y mis errores; borde, impulsiva, con cicatrices de acné y la circulación defectuosa, pero la hostia. Quiero que me quiera, pero también quiero gustarle. Así que actualmente creo que no puedo estar con alguien si no pienso que es la hostia. Sobre todo, porque si quieres a alguien aunque no te guste mucho, debes darle la oportunidad la oportunidad de buscar a otra persona que sí lo piense.

Y bueno, ya sé que últimamente están los comentarios poco animados, pero me gustaría saber vuestra opinión. ¿Creéis que existe el concepto ensalada de acompañamiento, o me lo estoy inventando? ¿Qué habéis encontrado, qué andáis buscando, qué creéis que busca la gente? ¿Habéis hallado el término medio en un nutritivo kiwi?

Venga, va, subidle la moral a esta bloguera o tendré que comentar yo bajo pseudónimo, y sería muy triste.

lunes, 30 de agosto de 2010

Por eso me quedé soltera, II

Pues sigamos con la búsqueda de las increíbles características del hombre al que llamaremos I., de inexistente. Recordemos que las características no van por orden de importancia; son todas más o menos igual de innegociables y se ordenan en función de lo que a mí me apetezca escribir cada día.

Hoy estaba pensando en la alegría. La alegría es uno de los rasgos más bonitos que puede tener una persona. Más que nada, porque la vida es esencialmente una basura bastante triste, llena de pérdidas, de frustraciones y de detalles molestos. Así que cuando te encuentras a alguien que es capaz de pasar por encima de eso y de ser optimista, sonriente y dulce es muy, muy agradable.

El tema de buscarme un novio alegre creo que va a ser un problema. Más que nada porque el último referente que tengo en ese sentido es J., y J. a veces era, como decía Phoebe la de Friends, como Papá Noel harto de Prozac echando un polvo en Disneylandia. De hecho, a veces daba hasta coraje: esos días en los que yo me levantaba de un humor regulero, o simplemente con sueño como la gente normal, y él estaba en plan "oh-dios-cómo-me-gusta-estar-vivo". Pero molaba un huevo. Molaba abrir los ojos en la cama, moverse un poco y ver las pestañitas de J. despegarse como resortes, y él sonriendo y diciendo algo como "buenos días, mi amor, qué guapa estás por las mañanas".

Además, una persona alegre te permite cometer errores. Yo soy bastante impulsiva y estoy bastante loca, así que necesito a alguien con una dosis suficiente de buen carácter como para amortiguar mis pifias, mis borderías esporádicas (sinceridad radical, lo llamo yo) y mis cambios de opinión. En realidad aquí estoy cayendo en la visión chunga del amor y buscando a alguien que compense mis defectos. Pero es que hasta que yo no me convierta en una persona dulce, ecuánime y perfeccionada en las virtudes de Buda, o doy con un tío así o vamos a durar dos días. Así que es una cuestión puramente práctica.

De todas formas, creo que yo también soy alegre. Intento ser amable y no andar escupiendo a la cara de la gente mi malestar emocional. Incluso cuando estoy cabreada, no me dura mucho tiempo, gracias a mi propia ciclotimia. Así que no pido nada que yo no esté intentando dar.

Recuerdo que hace unos años estuve en unos campos de trabajo y que el último día hicimos la típica velada de campamento. Los chicos tenían que imitar a las chicas y viceversa. Bueno, pues el tío que me imitó a mí iba con una toalla amarilla en la cabeza, dando saltitos y diciendo "¡Buenos días, qué día más fabuloso, cuánto os quiero, qué feliz soy!", en plan teletubbie. Y un psiquiatra que ha trabajado un mes en mi equipo me describió luego a un compañero como "la pelirroja sonriente". Por otra parte, puesto que no soy pelirroja, es posible que su capacidad de calibrar mi carácter sea igual de mala que la de distinguir colores de pelo, así que no debería entusiasmarme.

Total, que un tío alegre. Alegre quiere decir que si no encuentra aparcamiento, se pierde con el coche en una ciudad nueva, tiene un mal día en el trabajo, está estresado, nervioso etc., se esfuerce mínimamente por no amargarme el día a mí. Que no se quede horas en plan mutista y susceptible. Que piense que, aunque este mundo es en general bastante basuril, hay cosas perfectas y dignas de admiración, como las canciones de Extremoduro o los hipopótamos de chocolate, y que cuando encuentre alguna de esas cosas sea capaz de mostrarse ridículamente entusiasta con ellas.

Que me mande a la mierda si hace falta, claro. Pero que aproximadamente un cuarto de hora después (o bueno, un poco más si la cosa es grave, pero no mucho más) ya esté pensando en lo siguiente de la vida y en que yo soy un desastre pero soy buena gente, y tenga ganas de perdonar, olvidar y retozar alegremente sobre la cama.

Porque un hombre que prefiere hacer el esfuerzo de seguir cabreado antes que el de descabrearse, francamente, no es mi hombre.

Aish, qué triste va a ser cuando me quede soltera y encuentren mi cadáver en mi casa devorado por pastores alemanes.

lunes, 9 de agosto de 2010

Por eso me quedé soltera, I

He decidido comenzar una saga bloguera que tendrá como objetivo desentrañar las cualidades de mi pareja ideal y, por lo tanto, inexistente. Se va a llamar "Por eso me quedé soltera", y me ayudará a entender por qué me quedé soltera cuando llegue a la vejez y me encuentre rodeada de gatos.

Comencemos.

Desde que lo dejé definitivamente con J., hace ya casi seis meses, ¡guau!, dedico cierta parte de mi tiempo a pensar qué tipo de cualidades me gustaría encontrar en un tío para quedarme con él toda la vida. Más que nada por si resulta que las encuentro y no las reconozco.

En realidad, tengo una lista hecha. Las cuarenta exigencias. La idea se la copié a J., que escribió una lista parecida en su blog. Al final resulta que los dos cumplimos un número importante de las exigencias del otro (yo creo que cumplo todas las suyas, pero quizá me sobrevalore), y aun así no estamos hechos para estar juntos.

Así que he llegado a la conclusión de que esas exigencias son una tontería.

El amor no es una lista. Sobre todo porque esas listas son, en general, listas sobre nosotros mismos. Sobre nuestras cualidades y nuestros defectos. Hay dos tipos de requisitos: los que queremos porque creemos que los tenemos (que le guste leer, que le guste escribir, que le guste Paul Auster) y los que queremos para que compensen nuestras carencias (que se levante temprano y no gruña por ello, que me aguante, que me saque a la calle cuando a mí me da pereza). Encontramos a alguien así, nos volvemos locos/as por esa persona y pensamos que morimos de amor.

Precioso, vamos. Como Narciso mirándose embobado en el reflejo del agua.

Después resulta que la otra persona no es lo que creíamos. Que además de esas cuarenta exigencias tiene otra lista enorme, de doscientos o trescientos ítems, compuesta por sus propias características, sus neuras, sus miedos y su historia. Y ahora no es tan fácil querer, ¿verdad? Se nos llenaba la boca de amor cuando el otro encajaba perfectamente en el molde compuesto por nuestra imaginación.

Y la otra persona nos falla y entonces la damos de lado. No sé si tiene que ver con la sociedad de consumo. Esta idea tan curiosa de que las personas se pueden tomar y dejar como si fueran vaqueros del Zara. Yo nunca he podido comprender cómo se puede querer a una persona y después dejar de quererla, rollo interruptor de la luz. Ahora sí, ahora no. "Te he querido mucho", te dicen luego. Genial. ¿Y dónde está ese amor ahora? ¿Te lo has tragado? ¿Se ha deshecho porque ya no me lo merezco?

Supongo que existen muchas razones para "dejar de querer". Se puede aducir que el otro "ha cambiado". ¿Ha cambiado o siempre fue así? ¿Ha cambiado o tú te negabas a ver cómo era entonces para que se adaptara a tus expectativas? La gente no cambia tanto. ¿Ha cambiado él o has cambiado tú?

También se puede decir que en ciertos puntos de la vida se toman caminos diferentes. En ese caso no dejas de querer. Te separas con razonable amistad. Puede haber dosis variables de cabreo, claro; yo me he cabreado con J., pero no puedo decir que haya dejado de quererle. ¿Por qué? ¿Porque no quiere estar conmigo? Él es básicamente el mismo que había sido siempre. Otra cosa es que yo no quisiera darme cuenta. Es más: ahora es incluso mejor en muchos sentidos que cuando le conocí, porque ha madurado y tal. Así que le quiero; lo que pasa es que no quiero ser su pareja y, de hecho, ahora mismo ni siquiera le quiero como amigo. Pero espero que podamos serlo llegado el momento. Y mi amor permanece.

Y luego está el "me hizo daño, así que me alejé". De todas las razones, quizá ésta sea la más lógica, porque te alejas para protegerte. Pero igualmente, ¿por qué dejas de querer? ¿Porque no es como esperabas? ¿Pensabas que era un santo o una santa, incapaz de hacerte daño jamás? ¿Sus fallos le invalidan como persona? ¿Ya no te merece? ¿Crees que ese daño estaba dirigido a ti, expresamente? ¿Crees que quería verte sufrir? ¿No se te pasa por la cabeza que quizá él o ella también sufre, y que en general el dolor de otros no es más que el efecto colateral del propio dolor?

Si creo que puede existir un amor más fuerte y más duradero que todo eso, es porque lo he vivido. He vivido el amor después del cambio, después del rencor y después del dolor. Y os aseguro que es una relación más fuerte y más intensa que cualquier enamoramiento absurdo y engañoso, porque al amor se le suman el perdón, el conocimiento y la aceptación.

Así que mi primera condición es que mi hombre ideal comparta conmigo todas estas ideas absurdas y locas sobre el amor. Que me prometa que me va a querer siempre. Eso creo que es factible. Quizá no se pueda prometer que estarás con alguien siempre, pero puedes querer a alguien siempre. Si pones el suficiente interés. Si tienes el corazón suficientemente ancho.



Edito para añadir la tira entera: