massobreloslunes: Amor, I

martes, 20 de abril de 2010

Amor, I

Te pasa que te encierras tanto en tu historia concreta y mezquina que agarras al Amor y, para empezar, le quitas la mayúscula, y el Amor, tan creído, tan omnipresente en las canciones y en los cuentos de hadas, se convierte en el amor vulgar que tú piensas que te está destinado.

Le despojas de sus ropas ostentosas y le das unas más corrientitas: así tienes que ser, amor, le dices. Así, más sencillito, más asequible, estás muchísimo más guapo. Después le cortas el pelo, lo reduces a un lamentable marine, pero le sigue sobrando pelo, así que le afeitas la cabeza y ya parece salido de un campo de concentración o de una sesión de quimioterapia. No te importa que estén raídas las ropas del amor; para que no se note, se las arrancas del cuerpo y lo dejas en cueros. El amor con minúsculas va adelgazando, desnudo y desnutrido, pero a ti te da igual, porque piensas que tiene que ser así, que debe ser así: que no sirven de nada sus ropajes, sus cabellos, la superflua capa de grasa que recubre sus huesos, las proteínas de sobra que almacena en sus músculos.

Y el amor adelgaza y se consume en tus manos, y tú le dices que lo guapo que está, que vaya tipín se le está quedando, y se le caen las uñas y el poco pelo que le has dejado, y su cerebro se engulle a sí mismo para evitar desfallecer. Y al final, aunque el amor se muera, tú intentas embalsamarlo; al fin y al cabo, te dices, la vida era un incordio; puedes quedarte con tu precioso cadáver de amor, inmóvil y preservado para la eternidad con la cantidad suficiente de conservante.

Luego quién sabe, quizá sigas con tu momia más tiempo del recomendable, o quizá te des cuenta de que arrastras de un lado a otro a un cadáver que se descompone despacio. Si no tienes suerte, qué quieres que te diga; acabarás por pasar la eternidad aferrada a tu propio y hermoso montón de huesecitos huérfanos.

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