Uno no sabe lo que es estudiar hasta que no oposita. Por lo menos si, como yo, has hecho una carrera que podría terminar casi cualquiera que sepa leer y escribir. Yo pensaba que estudiaba mucho, pero en realidad lo que hacía era llegar tarde a la biblioteca, leerme el 20 minutos, echar una horita, irme a tomar café, echar otra horita, dar vueltas por la sección de literatura inglesa, echar un ratillo más e irme a casa a comer porque tenía hambre. Por la tarde, más de lo mismo. Como lo hacía con cierta continuidad (en época de exámenes, que yo antes de enero nunca he tocado un apunte) y tengo un buen cerebro, he sacado notas razonablemente buenas con un esfuerzo moderado.
Ahora estoy mutando. De una estudiante normal me estoy transformando en OPOSEITOR: un modelo de estudiante que te repugna hasta que empieza a suscitar tu admiración y que, sin darte cuenta, te fagocita y se apodera de tu alma.
¿Cómo se convierte una en Oposeitor?
Uno: empiezas a llegar a la hora a la que abren la biblioteca, o puede que cinco minutos antes, para coger sitio. Realmente, creo que esta es la característica de Oposeitor que peor llevo, porque me apaño sistemáticamente para entretenerme en casa antes de salir, pero lo compenso angustiándome un montón por llegar a las nueve y diez en vez de a las nueve en punto.
Dos: dejas de tomar café. Tus descansos se reducen a ir y venir del servicio o, como mucho, a comer algo de pie en el pasillo con cara de pena. Porque ésa es otra: el auténtico Oposeitor está solo, porque él no ha venido aquí a hacer amigos.
Tres: te compras unos tapones de los oídos por si a) hay ruido ambiental, b) tu compañero de mesa está resfriado y no conoce el concepto “pañuelo”, c) te has sentado en frente de unos amigos muy amigos con muchas dudas sobre los apuntes.
Cuatro: empiezas a ponerte los tapones de los oídos siempre, aunque no haya ruido. Oposeitor posee la agudeza auditiva de Superman, y cualquier leve susurro alteraría su concentración de hierro.
Cinco: te sientas de cara a la pared y miras agresivamente a la gente que habla, diciéndoles con los ojos: “Os estoy escuchando y llevo tapones para los oídos”.
Seis: te compras un cronómetro y lo paras cada vez que te levantas o te distraes para tener un índice OBJETIVO de cuánto estás estudiando realmente. Los compañeros de mesa observan tu cronómetro con respeto y tú sacudes la cabeza con suficiencia sin dejar de mirar los apuntes.
Siete:llegas a la conclusión de que las manzanas son unas malditas ladronas de tiempo, así que cambias tu merienda por un zumo y te lo bebes a escondidas delante de tu mesa para no tener que levantarte. "Ojalá no necesitara comer", piensas, maldiciendo el deficiente diseño humano.
Ocho: te pones las manos sobre la frente estilo anteojeras. Si alguien se acerca y te saluda (algo difícil, porque ya hemos dicho que Oposeitor no tiene amigos) te sobresaltas un montón y dices: “perdona, es que no te había visto”.
Nueve: dejas de beber agua para no tener que mear; sobre todo si, como yo, tu vejiga tiene el tamaño de una cereza. "Ojalá no necesitara evacuar residuos", piensas, agitando un puño en dirección a Dios.
Diez: te das cuenta de que a) te sientas siempre en el mismo sitio (en la última mesa y de cara a la pared) y te pones nerviosa si alguien te lo quita; b) caminas hacia dicho sitio y mentalmente taraeas la música de Darth Vader en La Guerra de las Galaxias.
Una vez que la mutación se ha completado, tú la sistematizas en un decálogo y lo escribes en tu blog, para que así tu opo-obsesión se alimente de ti y siga crecieeendo y crecieeendo…
Argh.