massobreloslunes

miércoles, 13 de julio de 2011

1. Sangrar

Ella le agarra suavemente la mano con la suya, y con una de sus uñas largas y limadas en pico le araña en el dorso, justo en la piel arrugada de los nudillos.
- ¡Joder! ¿Qué coño haces?
- Te hago sangrar.

No es un arañazo sensual, y a él le parece un gesto gratuito y brusco mientras observa asombrado cómo la capa superficial de la piel se despega del resto y cómo la sangre empieza a aparecer en puntitos pequeños y rojos.
- ¿A qué ha venido eso?
- A que quiero que sangres. ¿Cuándo fue la última vez que te hiciste una herida? Una de verdad, con costra, una herida de caerte corriendo, o de darte un golpe en la espinilla con el pedal de la bici.
- Yo qué sé, tía... - él se chupa el nudillo y nota el sabor a óxido en la punta de la lengua. De pronto le viene a la cabeza que eso debe significar que no tiene anemia y que debería estar contento.
- De adultos no sangramos, no nos hacemos heridas. Como mucho, te cortas cocinando o te pillas un dedo con la puerta del coche. Se nos olvida que la vida es física, que la vida duele y que las cosas que importan a veces hacen heridas - ella está seria mientras le dice eso, y él no puede creer que le esté largando una lección vital-filosófica a cuenta de arañarle con esas uñas de bruja que lleva.
- Y por eso quieres hacerme sangrar.
- Sí. Para que sientas que soy física. Para importarte.

Hay que joderse, piensa él.
Pero se siente extrañamente halagado mientras observa los arañazos en el dorso de las manos, con el orgullo difuso e inútil de las heridas de guerra.

martes, 12 de julio de 2011

Desafiando (otra vez)

Encantada me hallo.



Gracias a todos los que habéis comentado en el post anterior. Coincidiendo con la mayoría, yo me siento con ganas y fuerza para continuar con el post diario. Como dice Anónima del Averno, "que deje de ser un ejercicio de incertidumbre y se convierta en uno de fluidez". Sí he leído el libro, por cierto, aunque no había reparado en esa frase.
En un ejercicio de ironía poética, hoy me he quedado otra vez sin Internet. Tengo que decir que la gran mayoría del Michelian Challenge ha estado patrocinado por mi amiga la PK, quien amablemente me ha cedido su pincho de Internet porque aún le quedaba tiempo que ya había pagado y ella no lo estaba utilizando. Hoy el pincho ha decidido morir, así que os escribo desde la sala de reuniones de la UCI pediátrica del hospital. A partir de mañana empieza de nuevo la salvaje búsqueda de conexión a Internet desde donde poder lanzar a la red mi chorrada diaria.
De manera que empezamos un nuevo desafío: Un año de escritura diaria. Empezamos mañana con el 1 e intentaremos llegar al 365. No se me ocurre ningún nombre en particular para el desafío; si alguien tiene alguna propuesta, bienvenida sea.
Otra vez gracias a todos por comentar, por vuestro ánimo y por vuestra lectura, silenciosa o no tanto. Algún día escribiré una novela y será para vosotros.


(De hecho, no se lo digáis a nadie, pero planeo apuntarme al NaNoWriMo de este año) (Shhh)


Nota: No consigo ajustar bien los espacios entre párrafos :S Internet me odia mucho hoy.

lunes, 11 de julio de 2011

Clausura del Michelian Challenge -- TMC 30.

Curioso y apropiado que el TMC termine en lunes. Lo he cumplido (casi) todos los días, excepto el día que obligué a la PK a escribir tres frases en mi lugar porque no me daba tiempo entre escalar, manifestarme y apañármelas para respirar un poco. Pero si me perdonáis ese desliz, lo he hecho: he escrito todos los días durante treinta días.

¿Cuál es mi evaluación, una vez terminado el reto?

Si os digo la verdad, esperaba más. Esperaba llegar a algún tipo de epifanía escritoril. Pensaba que por fin podría unir esos fragmentos de identidad dispersa que soy yo como escritora en un todo coherente. Encontrar una voz, un tono, un hilo conductor que me llevara a través de las entradas del blog. Creía que adquiriría cierta seguridad y que me sentiría menos perdida al sentarme en este teclado.

Sin embargo, no es así. No he llegado a ninguna parte. Me sigo sintiendo igual de desorientada y despistada. Las sensaciones al escribir son como han sido siempre: algunos días mejores, otros peores. Hay días que no me salían las palabras de puro cansancio y el resultado me ha parecido una basura. Otros días me sentía a gusto, tecleaba con convicción y pensaba que no puede haber en el mundo nada mejor. En resumen: como siempre.

No sé si la calidad de los textos ha variado, para mejor o para peor. Quizá necesite más tiempo de escritura diaria para notar una mejora en ese sentido. Tampoco sé qué os ha parecido a los lectores. ¿Os gusta tener un post nuevo cada día, o al final acaba resultando cansino? ¿Creéis que se ha sacrificado la calidad por la frecuencia, que la frecuencia ayuda a la calidad, que ni una cosa ni la otra o que soy una pesada y os da igual lo que haga con mi existencia?

Creo que voy a seguir escribiendo todos los días. Me ha vinculado con el blog y conmigo misma de una forma que, si bien no ha supuesto una increíble trascendencia literaria, sí que creo que ha mejorado levemente mi vida y mis hábitos como escritora. Me gustaría comprometerme con un TMC más largo: un año de TMC o algo así (pero sin escribir TMC al final de las entradas, quizá). Pero antes querría saber qué opináis vosotros, los lectores. Va, regaladme un comentario. Me lo merezco. Soy una campeona.

domingo, 10 de julio de 2011

Publicidad -- TMC29

En un mundo de banners destelleantes, de ventanas emergentes, de anuncios detrás de los espejos de los bares y de Rafa Nadal en todas las marquesinas de autobús, resulta curioso estar en la playa, escuchar un zumbido, levantar la cabeza y ver una avioneta publicitaria cruzando el cielo. Te preguntas cómo todavía hay quien se gana la vida así y cómo todavía hay quien paga por ese tipo de publicidad, que asocias a veranos antiguos de Mikopetes y pelotas de Nivea.

¿Cómo será el conductor de una avioneta publicitaria? Te lo imaginas viejo y medio alcohólico, con una avioneta antigua y polvorienta aparcada en un rincón del aeródromo, amarrando perezosamente el anuncio a la cola mientras se fuma un cigarro y pasa de las normas de seguridad. Te lo imaginas escuchando al Fary mientras conduce aunque, ahora que lo pienso, no creo que pueda escuchar música con el ruido, que si ya es alto desde la lejanía de la tumbona no me quiero ni imaginar dentro de la cabina del conductor.

En realidad, pienso mientras tomo el sol en mi silla caletera y hundo los piececitos en la arena, tiene toda la lógica. Porque donde se ponga esta sensación plácida y segura de estar tirada en la playa, oír el zumbido, levantar la cabeza y esforzarse por leer lo que pone en el cartel ondulante, que se quiten Rafa Nadal, Natalie Portman y hasta el grimoso de José Coronado con los anuncios de yogures para cagar.


PD: ¡Mañana es la clausura del Michelian Challenge! Auguro un post espectacular y concluyente que resumirá la verdad de este desafío y por extensión de la existencia. O quizá un post cutre escrito a última hora porque el TMC se me suele olvidar hasta que no estoy a punto de meterme en la cama. No os lo perdáis, en cualquier caso.

sábado, 9 de julio de 2011

Novatos -- TMC28

¿Cuántos blogs nuevos se abrirán cada día? Y de todos esos, ¿cuántos aguantan más de una, dos, cinco, diez entradas? Alguna vez he pensado en cambiar de dirección y hay un montón que ya están cogidas y que no tienen más de dos post. Que, por otra parte, si pillas una dirección chula y luego no escribes, déjala libre para que la aprovechemos los demás, especie de egoísta de las ideas.

Ya he dicho que mi blog me encanta, y entre otras cosas me gusta el simple hecho de haber sido capaz de mantenerlo. No ha sido fácil. Ha habido épocas de desmotivación, marrones con familiares, amigos y ex novios, dificultades con la conexión a Internet, ausencia de comentarios en post que a mí me parecían maravillas de la literatura contemporánea... y un largo etc.

Escribir un blog, además de mantenerte en movimiento, te enseña a ser desapegado. Es un ejercicio de generosidad. También es peligroso, porque no deja de ser una ventana al mundo. Ya lo he dicho alguna vez: los que defienden que escriben el blog para ellos mismos mienten como perras. Si fuera así, escribirían un diario. Si escribes un blog quieres que en algún momento te lean: quieres contactar.

Si tuviera que darle un solo consejo a alguien que va a empezar a escribir un blog sería el siguiente: si no quieres que alguien lea algo, no lo escribas. No importa que intentes esconderte detrás de un seudónimo. La blogosfera es enana. Un comentario o un enlace te pueden delatar. Así que si escribes algo sobre alguien, tiene que ser porque si lo leyera podría fastidiarte, pero lo soportarías, y esa persona también podría soportarlo. Seguirías adelante con tu blog porque quieres escribir y eso es lo más importante para ti. Desde que tengo presente esa regla no he vuelto a tener movidas con gente por el blog. Sé que los que me quieren, en general, tienen que apencar con lo que hay aquí escrito, porque he puesto en una balanza lo que significa para mí publicarlo y lo que significaría que lo leyeran y gana lo mío.

(Esto no quiere decir que no esté dispuesta a retirar nada de lo que hay aquí, o que piense que nunca voy a volver a herir a alguien escribiendo. Soy falible pese a mi genialidad intrínseca).

Otro consejo importante es: resiste. No importa que le des igual a todo el mundo. No importa que te parezca que otros blogueros sean mucho peores que tú y les lea media España y parte de Sudamérica. No te preocupes de los demás. No te preocupes de los comentarios, ni de los seguidores, ni de las visitas. Resiste. Debe de ser algo que disfrutes mientras lo hagas, e igual que debes estar dispuesto a que te lea todo el mundo, debes estar dispuesto a que no te lea nadie.

¿Más consejos? Comprométete. Con el blog y con lo que sea. Si empiezas un blog y quieres que te lleve a alguna parte, tendrás que resistir más allá de dos, diez o hasta cien entradas. Igual que si empiezas a dibujar o a escalar. Mira que a mí me cuesta, porque yo soy de las que empieza con algo, se entusiasma y luego se harta... pero J. me lo dijo una vez, y tenía toda la razón: no sirve hacer un taller de fin de semana y dedicarte a otra cosa. Para que algo te sirva debes comprometerte y profundizar. Escribir entradas buenas y entradas de mierda, unas más graciosas, otras más tristes, liarla a tope y tener que borrar post porque tu madre o tu novio se han cabreado contigo y no te hablan.

Y ya está. Poco más. Escribir un blog es mucho menos inofensivo de lo que parece al principio, y mucho más importante. Aunque sólo sea porque hace falta valor para dejar constancia de tu experiencia en palabras escritas, y porque todo lo que implica relacionarse con humanos tiene el peligro de terminar hiriendo. Las personas se quieren y se hacen daño, me dijo una vez mi amigo A., el que ya no me habla. Sucede, ya está. Qué le vamos a hacer. Las palabras no son inocuas y hay que vivir con ello. Pero si esto de escribir te importa de verdad, si tienes dentro la llama que te hace querer sacudirte las emociones por las puntas de los dedos en dirección a un teclado Qwerty, encontrarás la forma de sacar la cabeza por el otro lado, tomar una bocanada de aire y seguir adelante. Seguirás posteando. Seguirás escribiendo.

viernes, 8 de julio de 2011

Poesía económica IV: Romance de la renta básica -- TMC27

¡Renta de emancipación,
es grande mi excitación
y en mi futuro yo veo
la posible automoción!

La crisis me había asustado,
por perdida te había dado;
¡grande ha sido mi sorpresa
cuando te me han ingresado!

De ti es lo más atractivo
tu carácter retroactivo.
Diez meses todos de golpe
suman un gran efectivo.

Mileurista me he acostado
y rica me he levantado
y a la Erika y a PK
a almorzar las he invitado.

¡Renta de emancipación
hoy me llenas de emoción!
Más vale tarde que nunca...
qué sabio, ¡cuánta razón!

jueves, 7 de julio de 2011

Ser adulta -- TMC26

La gente empieza a llamarte de usted por defecto.

Compras juegos de sábanas de matrimonio y te planteas cambiar tu almohada por una de látex, porque es mejor para el cuello.

Pagas impuestos, así que puedes decir "eso lo pago yo con mis impuestos" con cara de justa indignación.

Tus amigas empiezan a procrear.

Tienes una casa. La pagas tú. También el agua y la luz. Es tu casa, aunque sea de alquiler.

Veintiséis días seguidos de vacaciones te parecen una barbaridad...

... y en esas vacaciones, en lugar de querer irte a hacer el camino de Santiago o a meditar, lo único que te apetece es tumbarte a la bartola mientras alguien te abanica.

Dices frases que empiezan por "mi jefe..." (y normalmente terminan con "capullo").

Tus gastos extraordinarios ya no son jamón york o un paraguas, sino algo más serio, como unas gafas o un horno.

Vives sola y te encanta.

Dices frases que empiezan por "me voy a currar" (y normalmente terminan con "y no me apetece una mierda").

Tienes que gastar en comidas de trabajo, regalos para compañeros que tienen hijos y/o funerales y décimo del Gordo de Navidad.

Te gastas el dinero en lo que te sale del potorro. Te sigues sintiendo culpable después de hacer un encargo online a Lush de 40 euros, pero un poquito menos.

Puedes hacer regalos de verdad, sin tener que pedirle dinero a tu madre para comprarle un regalo a tu padre, y viceversa.

Te abres una cuenta nómina y una cuenta de ahorro. Te robas a ti misma de la cuenta de ahorros, pero bueno.

Haces cosas como limpiar las tuberías de vez en cuando para que no se atasquen.

Te planteas contratar a alguien para que te limpie la casa. Pero no lo haces porque te has gastado todo el dinero en la tienda Lush online, entre otras cosas.

Haces listas de lo adulta que eres y te planteas cuándo todo lo anterior dejará de hacerte ilusión y empezará a parecerte un coñazo.