sábado, 5 de febrero de 2011
Algunas cosas que me han pasado esta semana, no necesariamente interesantes o importantes
lunes, 31 de enero de 2011
Grandes cuestiones sobre la vida y el amor, II
viernes, 28 de enero de 2011
Él no pidió nacer
miércoles, 26 de enero de 2011
Amor dos punto cero
Empecé este blog el 26 de Abril de 2005, hace ahora más de cinco años. “Mas sobre los lunes” es el título de un capítulo de mi libro sobre escritura favorito ever, “El gozo de escribir”, en el que la autora cuenta que durante un tiempo se reunía con una amiga para escribir los lunes por la tarde. Hablaba de cómo en los días en los que la mayoría de la gente está ocupada por el trabajo y angustiada por la rutina, ellas habían sabido abrir un hueco para dedicarlo a la escritura. El espíritu del blog, por tanto, es un poco ése: igual que hoy en las playas de Cádiz se veía un hueco entre el mar y las nubes por donde se filtraba la luz con inesperada fuerza, la escritura puede abrir espacios de claridad en la maraña del día a día.
A lo largo de estos cinco años sólo he parado de escribir aquí una vez: durante el tiempo que me preparé el PIR. Después lo retomé, al principio despacio, casi con miedo, con entradas cortas, y después acabé por importar otra vez el material antiguo y subirme al carro con todas las consecuencias. De todos los proyectos que he llevado entre manos en mi vida, creo que éste es sin duda el que más me ha durado, y todavía me asombra mi constancia. La explicación es, supongo, que el beneficio es inmenso y el coste es reducido.
Casi todas las entradas las escribo del tirón; después, más que añadir, recorto sin piedad párrafos enteros, como una samurai de las teclas. Sé que hay posts más inspirados que otros. Mi amigo A., el que no me habla, me dijo un día con crudeza no exenta de razón: “Me gusta mucho cómo escribes, pero no siempre lo que escribes”. Pero creo que el tema de un blog, más que buscar la perfección en cada una de las entradas, es mantenerse en movimiento. Al final todo, lo bueno y lo malo, va quedando sepultado por las entradas nuevas, por la nueva vida. Como las distintas capas de suelo sobre la superficie de la tierra. No te queda más remedio que desapegarte de tu obra y dejarla fluir.
Quiero a mi blog más que a muchas personas. En su conjunto, me gusta el cuadro que compone: la firme voluntad de decir mi verdad en cada momento. Grace Paley dijo de sus primeros cuentos: “Los escribí con toda la verdad y la belleza de la que fui capaz”. Así escribo yo esto, desde el principio.
Nunca ha sido un blog muy leído. Aun así, he podido conocer a bastantes personitas curiosas por aquí, y puedo decir que mis lectores son un público reducido pero entregado. Gracias a este blog llegó a mi vida J., una de las personas más importantes de mis últimos años. He quedado con algunos lectores (no siempre con fines de guarreo, que conste), he charlado con otros por messenger o he intercambiado mails, y siempre ha sido una experiencia enriquecedora y divertida. Esa magia absurda y feliz de encontrar a alguien que se conmueve de la misma manera que tu.
“Lo que escribiré en la siguiente entrada del blog” es un concepto que me da vueltas en la cabeza casi todo el día y, aunque os parezca mentira, creo que es una parte importante de todo aquello que me mantiene cuerda. Porque los actos de uno son tan banales. Y si uno vive una vida finita, unidireccional, todo se va tan rápido por el desagüe. A mí a veces me crujen los huesos bajo el peso de todas las vidas que no he vivido, y también bajo el peso de la mía, de los momentos que han venido y se han marchado, de las personas a las que he querido y ya no están. ¿Dónde están los besos que le daba a J. por las noches, mi manera de abrazarle mientras se quedaba dormido, de sostener los sobresaltos de su cuerpo mientras se deslizaba en el sueño? ¿Dónde estamos A. y yo estudiando juntos en la biblioteca de aparejadores, saliendo a descansar a la cafetería, dónde está él riéndose cuando veía que me había llenado el jersey de migas con la palmera de chocolate? ¿Dónde está Málaga, dónde está Granada, dónde estoy yo? No tengo nada. Pero si lo escribo, por lo menos tengo eso. Y menos da una piedra.
Escribir aquí me ha salvado siempre. Cuando tengo un día de mierda o estoy convencida de que moriré sola y comida por los perros, me siento aquí y escribo algo. Puede ser bueno o puede ser una basura, pero mientras lo escribo no pienso en otra cosa. De repente mi miseria sirve para algo, como el abono que hace crecer las flores, y sé que éste es el verdadero sentido de mi vida. Sentarme aquí y crear. Construir algo nuevo donde antes no había nada.
Así que mientras recorro uno a uno los días de mi semana, ese camino veloz que va de lunes a domingo y que a veces se esfuma sin que uno sepa dónde fue, pienso en lo próximo que escribiré aquí. Planeo hablar de mi trabajo, de música, de libros. De las cosas que amo. He aquí lo que me gustaría que dijeran de mi blog: aquí están las cosas que Marina amó. Pienso en quién me leerá, en quién me mirará; porque existimos en la mirada del otro. Porque en vuestra mirada yo existo.
Ayer hablaba con mi R2 de lo rápido que aprenden los bebés. Son pequeñas maquinitas de asimilar, su trabajo a tiempo completo es acumular información sobre el mundo. En ese sentido, yo sigo siendo la Niña de Agua de la canción de Ana Belén: “Desde el alba dispuesta hasta la aurora/ descubres todo y todo te impresiona”. Paso el día vegetando tras el escritorio y de repente un paciente dice algo que me abre el corazón. Voy de camino a casa en el autobús, muerta de hambre, y me sorprende la claridad del cielo justo encima del mar, aunque el levante y la lluvia azoten sin piedad el paseo.
Me sorprende siempre la luz de la vida y escribo aquí para intentar compartirla. Y supongo que todo el post puede resumirse en esta última frase.
lunes, 24 de enero de 2011
Worst day ever
Mi madre me preguntó hace tiempo por qué me gustan los lunes. Le expliqué algo así como que no es que me gusten, sino que me parece que son muy vitales, muy intensos. A nadie le gustan los lunes, es verdad. Pero la vida en lunes no tiene más remedio que desplegarse.
Hoy ha sido un lunes de mierda. No sé si porque he pasado una noche terrible, entre vientos de levante y sueños hipervívidos, porque estoy dominada por el síndrome premenstrual o porque me han tocado pacientes especialmente poco estimulantes. La tarde me la he pasado acurrucada en el sofá, leyendo a Wallander bajo el flexo, huyendo de la lluvia horizontal que azotaba la calle y hundiéndome en las procelosas aguas de la autocompasión.
En la reunión de equipo de primera hora una auxiliar ha contado que hace un tiempo leyó en una revista que, según un estudio de nosequé universidad inglesa, el 24 de Enero es estadísticamente el peor día del año. El día en que la gente se considera más infeliz. Parece ser que la razón es que después de formular un montón de propósitos bienintencionados, el día 24 uno se da cuenta de que no va a cumplir esos propósitos. De que todo va a seguir más o menos como antes. Se salta la dieta, no va al gimnasio y encima descubre que le quedan tres euros en la cuenta del banco, porque lo poco que le sobró después de la locura navideña se lo ha fundido en ropa que no necesita.
Yo no hago propósitos. O, mejor dicho, hago muchos propósitos, pero no en año nuevo. No fumo, no estoy gorda y tengo dinero suficiente para acabar el mes. Aun así, ha sido un lunes de mierda, qué queréis que os diga, y resulta que coincide con que es 24 de enero. Así que me pregunto si la cosa mejorará mañana o si va a resultar que la infelicidad es tan predecible como todo lo demás.
domingo, 23 de enero de 2011
Noche en blanco
y de la soledad entre tus brazos.
Ahora, desde este lado de la cama,
puedo ver una ceja, un hombro, un codo
la mitad de tu barba,
la luz de las farolas en tu frente.
Caí desde mi vida hacia la tuya
en esta casa azul que desconozco.
Soy extranjera en medio de tu cuarto
y tú duermes desnudo, inofensivo;
yo vigilo tu sueño.
Ahora sé del peligro y de las horas
que se dejan caer en un goteo
de la noche hasta el alba.
Tú estás tan quieto que pareces muerto
y detrás de la ceja que me mira,
de la frente curvada bajo el pelo
están tus pensamientos, tus palabras
quizá tus pesadillas.
Yo estoy aquí tumbada
también con pensamientos, con palabras
vacía de mis sueños,
y te contempo insomne y desarmada
y miro de reojo en la mesilla
el móvil encendido,
y cuento los minutos
que separan tus párpados cerrados
de tus ojos abiertos,
y mi estancia extranjera en esta casa,
mi beca Erasmus en tu dormitorio,
del miedo acompañándome a la puerta,
del camino de espaldas a tu cama.