En eso pienso en la guardia del sábado con el MIR, que es amor. Es la única persona del mundo capaz de quitarte la angustia de los falsos viernes pre-guardias y hacerte llegar con ganas al hospital. La tarde es muy tranquila y la pasamos charlando entre la cafetería y los escalones al sol, junto a la puerta lateral del edificio antiguo. ¿Cuántas horas seguidas charlamos?, me pregunto después. Si echas la cuenta, pueden haber sido cuatro o cinco, de forma relajada pero ininterrumpida. Tomamos cocacolas sentados frente al tanatorio. Recordamos a los pacientes que compartíamos en Agudos. Entablamos amistad con una gata romana y flaca que se frota entusiasmada contra nuestras piernas.
Por la noche quedamos con la adjunta para tomar algo en la cafetería. A ella no le gusta el sandwich de pollo, así en general, pero se pide uno, porque ha educado a todo el personal de la cafetería para que se lo haga a su manera: con dos tostadas en lugar de con tres, sin mantequilla y muy tostadito. Mientras se lo preparan, le ponen una tapa de croquetas y se toma una cerveza con el codo apoyado en la barra. Lo hace en todas las guardias, todas las noches. Es absurdo, es decir: podría limitarse a pedir algo que sí le gustara en vez de traer en jaque a los camareros con el sandwich de pollo. Pero el sandwich es su cosa, y le da motivos para esperar un rato acodada en la barra y charlar con quien quiera que se esté quejando en ese momento de tener que aplastarle las rebanadas de pan bimbo con la espátula.
Cada uno tiene su cosa en las guardias, ¿verdad, MIR?, le comento mientras nos acercamos a la cafetería. Creo que mi cosa van a ser los colacaos de media noche, digo luego; desde que descubrí que la cafetería abre 24 horas no me puedo resistir a un colacao calentito justo antes de meterme entre las sábanas tiesas de la habitación de residentes. Pero después de la cena lo que me apetecen son conguitos, no sé por qué, y el MIR y yo cruzamos el vestíbulo desierto en dirección a la máquina de vending, que sólo puede ofrecerme unos M&Ms normales. Me los como con entusiasmo mientras el MIR fuma, intento que la gata se coma un yogur que he robado del comedor y la bautizo como Julia, por algo tan sencillo como que el gato de la adjunta del sandwich se llama Julio.
Nos vamos al dormitorio y charlamos otro rato. A ver si no llaman, dice el MIR, colocando con cuidado el busca sobre la mesilla de noche. Ya verás como no, contesto, ya verás como todo va a ir bien. Tú siempre haces que sienta que las cosas van a salir bien: me haces sentir segura. A pesar de que creo firmemente en lo que digo, a las dos suena la musiquilla de Nokia y nos levantamos sin una queja, y mientras caminamos por los pasillos desiertos que comunican el edificio viejo con el nuevo, miro la marca de las sábanas en la mejilla del MIR y pienso en la poquísima vergüenza que tiene el hospital recortándonos dinero de las guardias a los residentes. Después vemos al paciente, me deleito en la calma bondadosa del MIR y volvemos a la cama. Antes, eso sí, paso por la cafetería para tomarme mi colacao de media noche. Porque es mi cosa. Buenas noches, le deseo por segunda vez al MIR antes de dormir. Piensa en cosas bonitas. Tú también, me dice él. Piensa en Julia.
Últimamente, cuando tengo que hacer algo que no me apetece, como sacar la ropa de invierno, o lavar los platos, o acercarme a dar apoyo moral al roco nuevo que estamos construyendo aunque no sepa soldar hierros, me digo: Marina, ésta es tu vida, es la única que tienes y es tu responsabilidad hacer que funcione. Y me pongo al lío. Y, en general, estoy orgullosa de esta vida que estoy construyendo: de su gente, sobre todo, y de que sé que en el futuro me acordaré del MIR y de mí, juntos y contentos en las guardias de sábado, burlando la muerte sentados a las puertas del tanatorio y tentando a los gatos perdidos con colacaos de medianoche.
Qué bonito post para leer antes de irme a dormir.
ResponderEliminarEntrañable. A ver si duermo un poco mejor tras esta cálida lectura.
ResponderEliminar¡Ya te echaba en falta! Leí tus comentarios al cuestionario. Muchas gracias y a ver si te aputnas al próximo sorteo. Besotes.
EliminarSiempre es agradable ser echado de menos, jeje
EliminarQue bonito PIR!!, una crónica perfecta de nuestro sábado de guardia. Yo también estoy seguro que recordaré todos los sábados de guardia con la PIR. Un besote gordo
ResponderEliminarOtro para ti, MIR. :**** Claro que recordaremos esto, y las mañanas en el equipo, y las cocacolitas escapándonos de la Unidad a media mañana... La residencia es cansina, pero tiene su cosa ;)
Eliminarcomo mantra : ésta es tu vida, es la única que tienes y es tu responsabilidad hacer que funcione.
ResponderEliminarprecioso! me gusta cuando escribes así...
Es una buena frase, ¿verdad que sí? Yo me la digo mucho últimamente y me sirve. Me alegro de que te haya gustado el post. Un besote.
EliminarMe encanta, se contagia el optimismo! (y vivan los colacaos de antes de dormir!)
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