Hay personas que dicen que los cumpleaños son una estupidez. Que vaya tontería celebrar algo que no tiene ningún mérito: nacer y haber pasado otro año sobre este bonito planeta. Mi amiga PK me contó ayer que los aborígenes del centro de Australia celebran sus logros personales y espirituales en lugar del simple hecho de haberle dado la vuelta al sol. Como idea, está bonita y es progre, pero qué queréis que os diga: a mí lo de cumplir años me mola.
Anda que no se hacen cosas en un año. Te enamoras, te desenamoras, te parten el corazón y te lo parchean con cinta adhesiva. Conoces gente, escuchas canciones, vas a fiestas, te emborrachas. Haces exámenes, trabajos y estúpidas exposiciones en power point. Lloras, te preguntas cuántas pastillas te harían falta para dormir unos cuantos días sin enterarte de nada, sales a la calle y dices que vaya chorrada lo de las pastillas, que tú quieres estar despierta y comerte la vida. Te desvelas, te despiertas, coges mil millones de autobuses y paseas por la playa. Te peleas, te reconcilias, te mosqueas, te decepcionas, te ilusionas. Te haces vegetariana, adoptas un gato, te cambias de piso. Ves pelis, lees libros, escribes posts bobos y hermosos en tu particular propiedad privada.
¿No tiene mérito eso? Sí que lo tiene, tiene mérito existir, resistir. Tiene mérito convivir día a día con las mil contradicciones e injusticias de esta vida perra y seguir encontrándola hermosa o, como mínimo, lo suficientemente buena como para abandonar la idea de ponerse a contar pastillas.
Así que feliz cumple, Marina. Que cumplas muchos más, y que yo lo vea.