[NOTA: No sé qué cxxxnes le pasa a Blogger con el formato, pero la entrada sale rara. Mañana lo arreglo, que tengo sueño.]
Pues creo que ha llegado el momento de dejar de tener miedo al gafe y decirlo públicamente. Pero bajito.
Creo que me he curado.
Iba a colgar fotos, pero estoy esperando a que se borren las marcas y el antes-después sea aún más impresionante.
Estoy guapérrima.
¿Cómo lo he hecho? Pues la verdad es que no lo tengo del todo claro. Empecé a mejorar tomando omega 3 concentrado de alta calidad (que cuesta aproximadamente lo mismo que el líquido cefalorraquídeo de un unicornio primogénito). Después seguí mejorando cuando cambié de jabón y crema para la cara. Mejoré todavía más con una dieta hiperrestrictiva que lo quitaba básicamente TODO. No sé cuál de estas cosas surtió efecto; a lo mejor, como dice mi madre, simplemente ha llegado el momento de curarme. A lo mejor tanta dieta paleo, ejercicio, vida sana e intentos razonables por ser feliz han acabado por dar resultado. A lo mejor, siguiendo a los teóricos de la psicosomática, he resuelto algún tipo de conflicto interior y ya no necesito a mi acné.
El caso es que se ha ido.
No sé si va a durar para siempre. No sería la primera vez que vuelven los Brotes del Averno cuando creía que todo había terminado. Pero de momento disfruto de esta extraña libertad. Los que me leéis desde hace tiempo sabéis lo increíblemente duro que ha sido para mí todo este tiempo. Creo que ya lo he dicho. No tener acné no te hace automáticamente feliz, pero a mí personalmente tener acné me hace bastante infeliz casi todo el rato. Ahora que hago cosas como mirarme en todos los espejos sin evaluar previamente el tipo de luz, pintarme los ojitos sin que me perturbe estar tanto rato frente a mi propia imagen, acariciarme la cara a ratos como con sorpresa o hacerme fotos de cerca, me doy cuenta de hasta qué punto me dolía antes. Era una mierda, de verdad.
Lo más gracioso es que no sé si la gente se da cuenta. Algunas chicas me lo dicen. Los chicos me dicen que estoy más guapa, pero no sé si caen en la cuenta de por qué o simplemente no hacen referencia a la piel por educación. Todavía no se me caen los maromos rendidos a mis pies, pero dadme tiempo. Y creo que más importante que los demás es que me doy cuenta yo: estoy segura de que miro distinto y ando distinto.
El tema es que me siento orgullosa. ¿De qué, exactamente? Hace algún tiempo murió Michel Montignac, el autor de la dieta Montignac. Sabiendo lo que sé hoy de nutrición, la Montignac no es lo que se dice una dieta perfecta, pero fue pionera sacando a la luz muchos conceptos que hoy en día son básicos, como el índice glicémico o las grasas buenas. Pero, sobre todo, recuerdo algo que escribió Amanda sobre él cuando murió: que fue un hombre que tenía un problema (era gordo), se puso a investigar e hizo lo necesario para solucionarlo. Y que si toda la gente funcionara así, probablemente el mundo sería un lugar mejor.
Así que cuando me miro al espejo últimamente (y lo hago mucho; estoy desarrollando una especie de Síndrome de Narciso post Acné del Averno preocupante) lo que veo es un poco eso. Una persona capaz de solucionar sus problemas. Es duro decir esto, sobre todo porque yo me gano la vida intentando ayudar a la gente a arreglar los suyos, pero al final mi padre tiene razón, y la mano que nunca te falla está siempre al final de tu brazo. Y me vienen a la memoria las decenas de consultas con dermatólogos, naturistas y esteticienes; los miles de consejos bienintencionados; los cientos de pastillas y cremas y mascarillas y jabones y sus putos muertos. La de veces que he llorado este último año, no ya por verme fea, sino por verme SOLA; por sentir que nadie entendía lo que estaba haciendo, qué era eso de la paleodieta o por qué se alineaban todos esos suplementos encima de mi frigorífico.
Y bueno, aquí estoy. Guapa. Solucionada, por lo menos de momento. Y lo he hecho yo sola. Me preocupa la posibilidad de un nuevo brote. Hasta tengo pesadillas sobre el tema. Pero me preocupa menos que antes. ¿Por qué? Antes mejoraba por razones externas y los brotes llegaban como algo maligno y fuera de mi control. Como una plaga bíblica. Ahora no es que los controle porque, de hecho, ya os digo que no tengo claro qué he hecho para mejorar. Pero lo que tengo claro tal día como hoy es que en casi todos los problemas se pueden intentar soluciones nuevas. Siempre hay nuevas opciones, cambios, maneras de hacer las cosas. A veces el tema no es que no existan soluciones, sino que aún no somos lo suficientemente valientes o comprometidos como para ponerlas en práctica. Pero están ahí.
Silvia me escribió un post precioso donde hablaba de cosas muy bonitas, como mi ingenio, mi sabiduría o mi maravillosa vitalidad (cito textualmente). Habla de "esa persona que podríamos ser después de limpiarnos las costras de la superficie, los días, los abandonos, las adaptaciones cotidianas al miedo y la comodidad". Yo no sé si soy esa persona. Soy consciente de que me quedan muchos miedos, limitaciones y abandonos. Pero lo intento. Intento vivir lo mejor que puedo y hacerme cargo de mis problemas. Y si algo quiero transmitir aquí, además de que la vida es preciosa, y nuestro tiempo en ella es limitado, y debemos tirar adelante lo mejor que podemos... es que luchar siempre se puede. El AA ha sido para mí una gran batalla y aquí estoy: al otro lado. Así que luchad las vuestras, sean las que sean. Yo ya estoy preparándome para la siguiente.
Y va, no me puedo contener. Ésta soy yo tal día como hoy, en este momento en particular. La cam difumina, pero creo que se aprecia el efecto.

Os mando un besito porque me siento sexy.
Jejeje.