massobreloslunes: mayo 2007

martes, 29 de mayo de 2007

Estamos que nos subimos por las paredes






Dedicado a J., que va a sonreír un montón cuando lo vea.

domingo, 27 de mayo de 2007

Home, sweet home

(Basado en hechos reales)


A la puerta de mi casa
hay un frigorífico
una lavadora y una secadora.
Toman el aire conscientes
de la transitoriedad de las cosas.
En el garaje de mi casa
hay un grafiti enorme
de un duende azul que fuma un porro
en el que pone "Sicario".
La tele de mi casa
se ve en blanco y negro
desde hace meses
sin que nadie haga nada.
Mi madre ofrece a mi novio
yogures caducados.
Mi hermano se ducha
con su novia, y cantan Fito.
Y sobre la repisa del lavabo
antiepilépticos e inhibidores de la MAO
me miran y me dicen
"Tú serás la siguiente".

miércoles, 23 de mayo de 2007

Sobre soñar, dormir y etcétera

En ocasiones me da miedo soñar. No es una afirmación cursi en plan “me da miedo el futuro” o “no sé si soy digna de mis sueños”. Me refiero a soñar por las noches: la fase REM y demás. A veces estoy tumbada en la cama, calentita, descansando por fin al final del día, y me da por pensar que, en unos minutos, me voy a ver inmersa en la primera chorrada que se le ocurra a mi inconsciente. Hoy, por ejemplo, he soñado que engañaba a J. y me sentía culpable cuando le veía. Él estaba como avergonzado, una víctima completa, con la cara ruborizada y los ojos llenos de lágrimas. Yo me miraba al espejo y veía la marca de cinco dedos rojos en mi mejilla derecha, que sangraba por varios sitios. Por alguna extraña razón, esa era la señal de que le había sido infiel*. Después, yo tenía un brazo roto y nadie quería escayolármelo. Daba tumbos por todo el sueño con mi hematoma y mi deformación en el húmero y todo el mundo encontraba excusas para no arreglarlo. Y dolía bastante (¿cómo somos capaces de sentir dolor en los sueños? ¿a qué huelen las cosas que no huelen?).
Entonces me digo: ¿por qué yo, una chica sana y fiel, tengo que pasarme toda la noche lesionada y culpable? Ayer fui buena persona. Cumplí relativamente con mis obligaciones. Me merezco un descanso tranquilo. Así que me planteo si deberíamos poder elegir si soñar o no. En plan: “mira, pues sí, hoy me apetece: hoy quiero averiguar qué me deparan mis aleatorias neuronas”. O “pues esta noche más bien no. Preferiría una tranquilidad aburrida y reparadora, que ya he tenido suficientes emociones”.
Creo que si dejara de soñar, andaría por ahí dando tumbos, despierta y alucinada, y mi cerebro desquiciado encontraría la forma de hacer pasar las imágenes por delante como el cinexit. Puede que escriba un cuento sobre eso, un cuento superoriginal que gane algún concurso.
Otra cosa que me parece injusta de la fisiología humana es que no nos demos cuenta de cuándo dormimos. Decimos “me encanta dormir”, pero realmente no tenemos más que la sensación de relax de justo antes y la sensación, en el mejor de los casos, de haber descansado justo después. Me jode inmensamente que lo que viene nada más acostarse sea levantarse (y, en la gran mayoría de los casos, madrugar). Deberíamos poder dormir conscientemente: disfrutar del descanso, despertarnos varias veces y dejarnos caer otra vez dulcemente en la modorra. A lo mejor con entrenamiento se consigue.
Después de estas reflexiones profundas que van a enriquecer un montón vuestra vida intelectual, me voy a dormir.
PD: Me encanta Grace Paley. Leed a Grace Paley. Me gusta tanto que me da ganas de llorar. Me gusta tanto que me quita las ganas de escribir, porque creo que nunca voy a ser capaz de hacer nada parecido. En fin…

*Querido J.: no me acostaba con el otro tío, sólo nos dábamos unos cuantos besos. Te lo digo para que no te preocupes.

lunes, 21 de mayo de 2007

domingo, 20 de mayo de 2007

Ojalá

Cuando la Asociación de Víctimas del Ruido reunió a varios miles de socios en un periodo preocupantemente corto de tiempo, el alcalde decidió (por supuesto, en periodo electoral) decretar un año de tregua urbanística. Durante doce meses se pararían todas las obras de la ciudad. Las fianzas del último escándalo de corrupción en la construcción servirían para pagar un sueldo compensatorio a todos los empleados del sector, desde los arquitectos hasta el último peón de obra.
Después de un año de silencio sedante y puro, de aire quieto y libre de polvo, de paisajes calmos e inalterados, se decidió, por votación popular, que no era necesario retomar las obras. Todo estaba perfectamente bien así.

viernes, 18 de mayo de 2007

Excursión


Llegan en manada, trotando como cervatillos agotados. Están rojos y sudorosos, y se les transparentan los cuerpos delgados a través de las camisetas de propaganda.
La chica que dibuja les ve llegar y lamenta que la calle sea irremediable y obviamente de todos. Se reacomoda sobre el asiento de piedra y mira hacia la mole rojiza de la Alhambra, intentando reseguirla con el lápiz.
Se desperdigan a su alrededor, como canicas lanzadas sobre un alcorque de tierra. El profesor calvo se coloca frente al mirador y deja caer sin pasión algunos datos: aquello es la Alhambra, y lo de al lado es el palacio de Carlos V, y eso es la Torre de la Vela. Ni siquiera se molesta en reagruparlos, así que sus palabras sólo llegan, cansadas, a los oídos de los que se han colocado por azar a su lado.
A la chica que dibuja le cuesta concentrarse con todo ese jaleo a su alrededor. Uno de ellos ha encendido una consola portátil, y ella puede escuchar el ruido atravesando la tarde calurosa y quieta. Es ruido de música nerviosa, de acelerones, de explosiones, de muchas otras cosas acabadas en “ones”. Unos cuantos se agrupan alrededor del que juega y estiran los cuellos, aunque la chica que dibuja sabe que no hay nada más aburrido que mirar cómo juegan otros.
El chico gordo lleva la mejor ropa de toda la clase. Pantalones de marca, camisetas superpuestas, zapatillas descuidadamente dadas de sí. Se coloca junto a la chica que dibuja y la mira. En silencio, contempla cómo ella intenta dar sombra al árbol que tiene justo delante y borra una y otra vez con la goma de miga de pan. A la chica que dibuja le molesta un poco el chico gordo, tan callado, pegado a ella como sólo se pegan los chicos gordos y solos que ni siquiera saben ir a mirar cómo juegan otros.
El profesor calvo da una vuelta a la plaza, bebe agua de la fuente, se rasca la cabeza y contempla la Alhambra.
Los chicos cavilan cómo engañar a sus madres y subirse otro día a la plaza con unas litronas. No deben de haber cumplido los catorce años, pero la chica que dibuja no se escandaliza ni un poco.
Finalmente, el profesor da unas palmadas y los chicos desaparecen por la escalera, como agua escurriéndose por un sumidero. El chico gordo mira un momento más a la chica que dibuja, se aleja de ella lentamente y se va con los demás. Uno de los otros le pregunta al chico gordo nosequé cosa y, sin saber por qué, la chica que dibuja se alegra mientras le ve desaparecer, escalera abajo, bamboleándose despacio como un postre de gelatina.

lunes, 14 de mayo de 2007

Anaïs, Anaïs

El lunes día 14 de Mayo, la escritora malagueña-granadina Matilda presentará y leerá en el bar Anaïs (C/buensuceso, 13) su "librito" Mi fea preciosa.

Diez razones para ir a verme el lunes al Anaïs:

1. Porque la cerveza es barata y los libritos son gratis.
2. Porque así podréis conocerme y, si no os gusto, largaros sin que yo sepa quiénes sois.
3. Porque escuchar a otro escritor es una buena oportunidad para pensar "pero si yo soy mucho mejor que ella" y, así, reafirmar nuestra autoestima.
4. Porque puedes ligarte a un puretilla.
5. Porque irá J. y podréis intentar quitármelo, bloguerillas insaciables (empresa imposible, lo advierto de antemano, muahahaha).
6. Porque durante el resto de la semana podréis decir "pues el lunes estuve en una lectura de cuentos en el Anaïs" y quedaréis de puta madre.
7. Porque, ampliando lo anterior, cuando alguien os mencione el Anaïs diréis "ah, sí, yo voy mucho por allí".
8. Porque cuando tenga más éxito a lo mejor no es tan fácil conseguir sitio cuando lea.
9. Porque los libritos se revalorizarán en cuanto saque mi primer best-seller.
10. Y, lo más importante: porque vuestro apoyo es muy importante para mí (hala, ya lo he dicho).

Pues nada, ahí queda eso.

jueves, 10 de mayo de 2007

Los dos patitos

Pues eso... que hoy cumplo 22 estupendos, bien llevados y felices años. Y que luego postearé algo, pero quería daros tiempo para que me felicitarais xDD
Os quiero. Besitos.

domingo, 6 de mayo de 2007

Flagélate las meninges

Se le ocurrió a la PK. A su favor, diré que estábamos en una barbacoa y ella bebía copazos de ron sin hielo desde hacía un buen rato. En su contra, que creo que ya tenía pensada la idea desde antes de empezar con el ron.
-¿Y si le hacemos a la Guti por su cumpleaños una tarta con forma de hotel?
La Guti es una amiga nuestra que acaba este año la carrera de Alta Dirección de Hoteles (flipa), y que ha venido a pasar el fin de semana y a celebrar su cumpleaños con nosotras, sus amigas del alma.
- PK – le dije yo, buscando entre los vapores del alcohol sus ojos con los míos -, no es mala idea. Pero verás: lo que en tu imaginación es una tarta preciosa, con altos edificios de galleta y césped de azúcar teñido, en la realidad va a ser un montón pegajoso de tostarricas mojadas en leche con un cartel que diga “Hotel”.
- Que no, tía, que no, que yo he pensado en hacer casitas, y el césped de kiwi, y la piscina… pues no sé, con algo, pero una piscina.
El proceso de ideación y construcción de la tarta fue arduo. Tendríais que habernos visto en el Mercadona a la PK, a J. y a mí dando vueltas entre los estantes y pensando qué podía servirnos para nuestro engendro repostero. Recopilamos galletas, natillas, nata montada, sombrillitas de papel, kiwis y chocolate para fundir.
Pero hoy estoy aquí, queridos lectores, para plantear un reto a vuestro ingenio. ¿Cómo fabricaríais una piscina en una tarta? Tiene que ser azul, comestible (no necesariamente apetecible, pero tampoco tóxica) y resistente al paso del tiempo (al menos unas horas). Nosotros dimos con la solución (más concretamente, yo :D).
A quien lo averigüe, le doy a elegir entre un post-homenaje o una invitación a café el día que nuestros destinos se crucen en una misma ciudad.

miércoles, 2 de mayo de 2007

Marte, Venus y eso

Nueve de la mañana. Cafetería de la facultad. E., N. y yo desayunamos después de una práctica de memoria.

E.: Pues ayer tuve bronca con M.
N. y yo: ¿Y eso?
E.: Nada, tía, lo de siempre, yo estaba super cansada, le llamé y él al rato ya me quería colgar, como siempre. Y yo le dije: es que nunca tienes tiempo para mí, es que cuando te necesito tú no estás. Y acabé soltándole que no sabía si éramos compatibles, y nada, al final lo de siempre, nos arreglamos, pero tía, es que estoy harta, todos los días igual, yo queriendo contarle lo que me pasa y él dándome largas.
Yo: Ya, tía. Es que eso jode.
N.: Ya te digo que si jode.

Sorbo colectivo-solidario de café.

N.: Pues yo también tuve bronca ayer.
E. y yo: ¿Qué pasó?
N.: Que le llamé por la mañana porque tenía ganas de verle, para ver si me pasaba por su casa. Y me contestó “qué quieres”. Así, con esta voz, “qué quieres”, como si yo le estorbara, vamos, como si le interrumpiera. Y yo le dije que a mí no me hablara así, que encima de que le llamaba para verle. Y le dije que ese tono de voz se lo podía meter por donde le cupiera.
E.: Es normal, tía, es que es muy desagradable que te contesten así.
Yo: es que ellos no se dan cuenta, y un tono de voz dice muchas cosas.

Mordisco colectivo-solidario a la tostada.

Yo.: Pues yo también me mosqueé con J.
E. y N.: ¿Por qué?
Yo: nada, porque me dijo que me iba a llamar en media hora, y tardó una, y claro, yo ahí esperándole como una idiota, y luego encima cojo el teléfono y él “cómo está mi niña preciosa”. Mi niña preciosa. Hay que joderse. Pues esperando a ver si te da la gana de llamarle, imbécil, así está tu niña preciosa.
E.: Es que ya les vale a los tíos.
N.: Desde luego, ya les vale.

En algún lugar del planeta hay un hombre tranquilo. Lee, juega a la Play Station o toma algo con sus amigos. En otro lugar del planeta, una mujer acumula furia con la fuerza de un tsunami.
El mundo está lleno de tíos que no saben la que les espera.

martes, 1 de mayo de 2007

Reflexiones alpujarreñas I

- ¿Te imaginas vivir aquí?
- Molaría, ¿no?
- Umm… sí, claro.
- Imagínate: nos levantaríamos temprano, con todo este silencio, desayunaríamos mirando las montañas desde el porche.
- Menos en invierno.
- No, en invierno no, claro, que no veas si hace frío aquí en invierno.
- Vale, entonces en verano desayunaríamos fuera.
- Claro.
- ¿Y luego?
- Trabajaríamos en el huerto, supongo.
- ¿Tú sabes cultivar un huerto?
- Pues no… pero no tiene que ser difícil, no?
- Qué va, seguro que es fácil. Pero en verano no trabajaríamos en el huerto, ¿no? Que hace mucho calor.
- Ya te digo, en verano aquí hace un calor que no veas.
- Podríamos ponerle aire acondicionado a la casa.
- Sí, uno pequeñito no sería muy malo, ¿no?
- Qué va.
- ¿Y qué haríamos después de cultivar el huerto?
- Pues no sé… ¿cocinar?
- A mí no me gusta cocinar.
- Bueno, a mí sí. Yo cocinaría y tú arreglarías la casa.
- Genial.
- Luego dormiríamos la siesta.
- ¿Y por la tarde?
- Podríamos ir al pueblo de al lado, que es más grande. Al bar y eso.
- O a lo mejor incluso a Lanjarón, que no está lejos. No sé, a hacer la compra, o por si necesitamos algo de allí.
- Pues sí.
- Lo bueno de aquí es que Granada no está muy lejos. Podríamos hacer la compra una vez al mes en el Mercadona y vivir aquí.
- ¡Qué buena idea! Y ya que vamos a Granada, podríamos ir a la biblioteca a coger libros.
- Y al Anaïs a hacer vida literaria.
- Y al Bella Kurva a comer sushi…
- Pero qué rico hacen allí el sushi.
- Y luego volveríamos y pondríamos la chimenea y nos dormiríamos con el silencio.
- Claro.
- Qué bien se debe de vivir aquí, ¿eh?
- Desde luego.