Sueño con escalar. Con escalar Muy Bien. No por ego ni por nada, sino porque convertirme en una persona que escala ya era para mí bastante increíble, pero convertirme en una persona que escala bien, que puede agarrarse de regletas estrechísimas y trepar por desplomes desafiando a la gravedad, me parece brutal y fascinante, y me encantaría ser esa persona. También sueño con la naturaleza salvaje. No sólo quiero escalar. Querría hacer rutas largas, dormir al raso, subir a cumbres, ver paisajes que poca gente haya llegado a ver, trepar grandes paredes. Son sueños lejanos, sobre todo desde esta islita de luz donde vivo ahora y que tiene la montaña más cercana a hora y media, pero supongo que no del todo imposibles. Me preocupan mis rodillas, eso sí, y mi reciente tendencia al descalabro. Pero lo sueño.
Sueño con vivir de escribir. No de escribir bien, sino de escribir simplemente. Si a mí me pagaran, digamos, a doce euros la hora, sin importar qué clase de material basuril saliera de allí, firmaría hoy. Una especie de oficinismo de la escritura. La idea de tener éxito con una novela no me atrae tanto; me parece que debe de dar muchos quebraderos de cabeza. En "La velocidad de la luz", Javier Cercas dice de su protagonista algo como "no quería escribir una novela, sino haber escrito una novela". A mí me pasa al revés. Me gusta el proceso, pero me da un miedo tremendo qué pasará cuando acabe. Igual no es más que miedo al fracaso.
Sueño con una vida totalmente distinta a la que llevo. Con ser una de esas personas que lo dejan todo y se van, por ejemplo, a un cortijo en La Alpujarra, como el de "Entre limones". Me gustaría muchísimo vivir en el campo algún tiempo. En el campo campo, así profundo y verdadero, aunque fuera incómodo y pasara frío. Me gustaría, como dijo una vez una señora cántabra que nos encontramos J. y yo yendo de ruta, "entrar en casa, encender la chimenea y que nieve todo lo que quiera".
Sueño con vivir en Estados Unidos, y a veces pienso que es porque, de tanto ver pelis sobre aquello y leer libros sobre aquello, tengo la idea de que si viajo allí entraré en una realidad paralela donde cambiará la consistencia del aire y mi vida será distinta. Pero quiero pisar la tierra de Auster, Capote, Faulkner, Irving, Dorothy Parker, Steinbeck, Carver, Flannery O'Connor, Hemingway, A.M. Homes y tantos otros. Quiero visitar Nueva York, San Francisco, Nuevo Mexico, Seattle... y también los grandes bosques, el Middle West, el Gran Cañón, Yosemite.
(Por cierto, tengo controlados a mis dos lectores americanos más asiduos: Ángel, desde Seattle, y Neikos, desde Chicago, pero hay alguien en California que me lee más que ellos dos juntos y tengo mucha curiosidad. Lector/a californiano/a: cuando te apetezca, me encantaría saber de ti)
Sueño con tener una familia mía. Me imagino con al menos tres niños, para que tengan opciones cuando se mosqueen unos con otros. Ningún perro: no me gustan los perros, pero sí un par de gatos caseros y mimosos. Y con ese chico inexistente que, sin embargo, sé que existe en algún lugar, pero que me preocupa que esté demasiado lejos o un poco distraído. Al principio será perfecto y después irá mostrando sus defectos, como todos, pero me conformaría con que después de X años de convivir conmigo, con los tres niños y los dos gatos, todavía tengamos de qué hablar siempre y siga haciéndome reír. Y con que si le veo acercarse después de haberse ido, por ejemplo al volver del baño en un bar, o cuando venga de trabajar al mediodía, yo siga asombrándome un poco de que esté conmigo.
Y éstos son un poco mis sueños, tal día como hoy. Algunos son potencialmente alcanzables: con las paredes, por ejemplo, todo es ponerse. Otros ya dependen un poco del destino. Pero ya sabéis: yo, el optimismo, la fe absurda. Somos todo uno.