Y el fresco por las mañanas. Y taparse otra vez por las noches. Y buscarse entre las sábanas en vez de apartarse porque el calor de un abrazo ya es excesivo. Y poder vestir a Alana con algo en vez de tenerla siempre en pañal y sudando como un pollo a la hora de la siesta. Y la noche llega antes. Y la mañana después. Y a mí me ayuda porque demasiada luz me satura el cerebro. Y el olor a proyectos que se parece al del café aunque yo ya no tome. Y volver al gimnasio y a reírme de Muslitos, el tipo que siempre lleva los muslos al aire aunque no los tenga particularmente sexys. Y a las clases de piano en la casa cutre y desaliñada de mi profesor. Y a la de música de bebés para Alana. Y usar de nuevo el Bullet Journal, que lo tengo abandonado. Y los boniatos a la vuelta de la esquina. Y el Pumpkin Spice Latte, que Dios lo bendiga.
Me encanta septiembre. Feliz septiembre.