massobreloslunes: 11/15/12

jueves, 15 de noviembre de 2012

Las galletas de Marian Keyes y otros asuntos absurdos

Desde que decidí lanzar en serio Psicosupervivencia, mi vida mental es una locura. Puede que por fuera parezca normal, pero por dentro estoy revolucionando el mundo de la psicología a nivel de usuario. Incluso he comprado un libro: "The 100$ Startup", sobre microbusiness alternativo. Es muy divertido. La idea no es hacerme rica, sino ganarme la vida ayudando a la gente. El libro hace mucho hincapié en la necesidad de "crear auténtico valor". Es decir: crear algo que sea verdaderamente útil. No se trata de vender humo, sino de pensar en cómo puedes hacer de éste un mundo mejor y cobrar por ello una cantidad decente.

Yo estoy cien por cien de acuerdo con eso. De hecho, las sufridas víctimas de mi lista de correo ya saben que voy a inventar un concepto nuevo: la heteroayuda. Creo que ya está bien de mirarnos el ombligo buscando la forma más rápida de acabar con la ansiedad.

[Consejo rápido de psicóloga: la ansiedad es parte de la vida. No se quita del todo NUNCA. Yo tengo ansiedad. Asúmelo.]

Total, que ando a medias entusiasmada con el proyecto y a medias luchando con mis demonios paranoides, que me dicen cosas como "el mundo no necesita otro libro de autoayuda, Marina. En serio".

He pasado la tarde en casa leyendo, navegando por Internet y reflexionando intensamente con el cerebro a toda máquina. Al final he puesto una lavadora, y como tengo un problema con el sonido del centrifugado (me perturba la mente), he salido a la calle a dar una vuelta.

Después de comprar en el chino aguja, hilo y una funda dorada para el móvil, me he metido en una librería. Mi idea era echarle un ojo a los libros de psicología divulgativa y autoayuda generalizada (AKA: La Competencia) para asegurarme de que yo tengo algo que ofrecer que no está ahí.

El problema es que yo en las librerías me lío, y cuando me he querido dar cuenta estaba leyendo entusiasmada un libro de recetas de Marian Keyes. Aquí es donde todos me miráis raro y me preguntáis: ¿En serio, Marina? ¿Marian Keyes? Y yo os digo que sí, sí, y mil veces sí, y que si algo tengo claro en esta vida es que pienso comprarme todos los libros que esa señora saque en el futuro.

La enésima vez que dejé a J. me recorrí Málaga llorando dentro de mi coche tres veces antes de que un libro de Marian Keyes me distrajera lo bastante como para evitar cortarme las venas. Cuando volví el año pasado del rudo norte, donde IA me había dejado el corazón hecho fosfatina, agradecí a Dios que en Atocha vendieran en edición de bolsillo una novela suya que todavía no había leído.

En el apartado "galletas" de su libro, Marian dice que las galletas son fabulosas, entre otras cosas, porque puedes hacerles formas. Entonces suelta la frase más épica que he leído en los últimos meses: "si me quedara una hora de vida, la pasaría haciendo galletas en forma de zapato". Me puesto a reírme en una esquina de la tienda como una retrasada. Va, Marian: eres grande. Te mereces ser millonaria.

No sé si tengo algo que ofrecer que no se les haya ocurrido ya a Punset, a Enrique Rojas o a Jorge Bucay. Seguramente, no. No hay nada nuevo bajo el sol, y ya en la antigüedad los chamanes decían que el demonio se había metido en ti; hoy los psicólogos modernitos lo llamamos "exteriorización del síntoma" y nos creemos que estamos inventando la rueda. Lo que sí sé es que querría que al menos un lector mío se descojonara solo en una librería o, en su defecto, delante del ordenador.

Así que voy comprarme el libro de Marian Keyes. Aunque quizá tenga que ahorrar un poco antes, porque estoy tiesa nivel llevo dos meses con las lentillas de quince días. Pero estoy contenta. Qué más se puede pedir.