Entonces nos sentamos en un banco y él se me empieza a poner triste. Y no es por mí; yo no sé bien qué ha desencadenado esta tristeza, pero no soy yo. Me habla de que el tiempo pasa muy deprisa y de cómo se está yendo la gente de su lado. Me habla de su ex. Yo no me lo puedo creer: a ver, notas, me entran ganas de decirle. Que me voy mañana, que igual no te vuelvo a ver nunca (¿tú sabes la de tiempo que cabe en la palabra nunca?) y me estás hablando de tu ex. Vamos, no me jodas. Pero, de hecho, lo entiendo.
Los exs son una cosa inmensa y desoladora. Toda esa intimidad que se va, todos esos años que quieres creer que no están perdidos, pero que de alguna manera sí que lo están. El notas del banco también me enseñó fotos de esta ex de la que os hablo, de un viaje que habían hecho juntos unas navidades. Se les veía contentos. Recuerdo en concreto una autofoto de los dos en mitad de la calle y cómo eran sus sonrisas. No eran sonrisas de posado: eran como los restos de haberse estado riendo mucho, muchísimo, justo un segundo antes, reírse de verdad, de algo que les había hecho mucha mucha gracia, y por eso abrían los dientes más de la cuenta y les brillaban tanto los ojos. En esa foto, sólo en esa foto, cabía toda la desolación del banco. Porque ése es el tamaño de la pérdida: el tamaño de las sonrisas enormes que producen los chistes que sólo entendéis vosotros.
Los exs, además, se quedan solitos, a merced de la vida. O eso nos parece a veces. Les vemos sufrir de lejos, nos conmovemos y, al mismo tiempo, sabemos que no podemos hacer nada. No nos corresponde a nosotros. Pensamos en todo el amor que hemos puesto en ellos y que ahora no está en ninguna parte. No es que lo hayan tirado por el suelo, porque si son buenos exs van a honrarlo de alguna forma. Pero no se sabe qué hacer con él: se coloca en una esquina, o en un altillo, como las cosas que no utilizas pero no te atreves a tirar.
Es curioso cómo cambian los significados de las canciones en función de quién las escuche. La PK dice que la canción de "Tenía tanto que darte", la de Nena Daconte, le pone de buen humor, porque escuchó cómo en un bar una madre se la cantaba a su hija. Yo recuerdo la primera vez que la escuché. Era fin de año, cenaba en casa de mi tía la de Madrid y, como siempre, las navidades estaban llevando al límite a mi ya precario sistema nervioso. Nos tomamos las uvas y luego empezó el desfile de cantantes de moda por el programa de la tele, y apareció Mai Meneses con su vestidito popero y el guitarrista, que está cañón, en una esquina del escenario. Y esa canción, cojones, esa canción tan simple y tan ñoña y tan jodidamente desgarradora. Tenía tanto que darte. Tantas cosas que contarte. Tenía tanto amor guardado para ti. Y yo, que llevaba toda la noche resistiendo los embates del drama familiar, casi lloro escuchando aquello, porque era mi primera navidad sin J. y, joder, tenía tanto que darle. Le había guardado tanto amor, siempre.
Por eso, notas del banco, no es bonito que me hables de tu ex, no es elegante, pero te entiendo. Entiendo que la eches de menos y que mires con cariño las fotos donde ella observaba el mar, profunda y distraída. Que sufras porque ella sufre. Yo sufro también cuando J. me dice desde el otro lado del Skype que no se encuentra bien, y extiendo la mano hacia la pantalla y acaricio su imagen pixelada: verídico, muevo los dedos de abajo arriba mientras hago con la lengua un ruidito que él me hacía a veces por las noches para que me durmiera. Un tch tch consolador.
Hoy le comentaba a Rorschach su último post y él me hablaba de cuando un ex es Tu Ex, no necesariamente tu última pareja, pero sí esa persona que siempre te va a poner un poco la carne de gallina cuando la veas por casualidad al otro lado de la calle. MQEN es mi ex y es mi amigo. J., de momento, es Mi Ex. No sé si dentro de unos cuantos maromos seguirá siendo mi Ex, con mayúsculas, ese ex que siempre te toca un punto débil del corazón y de la memoria. No sé si el del banco seguirá teniendo clavada para siempre entre los ojos a la chica de la sonrisa gigante. Es tremendo que vayan a seguir ahí, vetados y confusos, reteniendo entre sus dedos nuestro cariño y nuestros recuerdos. Siempre nos va a faltar más de lo que tenemos.
Y, sin embargo, ahí seguimos. Intentándolo otras veces, como si compensara. Olvidando de manera conveniente y selectiva, arriesgándonos como gilipollas. Sin asumir que, como decía Neruda, es tan corto el amor y es tan largo el olvido. O que, como decía mi amiga Eire, los novios son pasajeros, pero los exs son para siempre.