massobreloslunes: 07/24/07

martes, 24 de julio de 2007

El tiburón

Al final de este verano, puede que no haya influido mucho en la vida de los niños a los que doy clase. No sé si quedará algún valor incrustado en sus pequeñas cabecitas, o algún conocimiento del mundo, o alguna regla útil para la vida.

Lo que sí permanecerá es la canción del tiburón.

Dice así:
Tiburón tiburón
tiburón a la vista
bañista
que el tiburón
te va a comer (¡ñam ñam!).
Con mi pellejo
no va a poder.
Salte del agua mujer
vente conmigo a bailar
que el tiburón
te va a comer (¡ñam ñam!).
Ay ay ay ay
que me come el tiburón, mamá (bis)

Todo esto acompañado con gestos apropiados (la regla número uno para una canción infantil es que tenga gestos). Por ejemplo: para hacer el tiburón, juntamos las palmas sobre la cabeza, etc etc.

La canción del tiburón tiene numerosas posibilidades: cantarla en chiquito, en grande, bajito, fuerte, rápido, lento o sólo con gestos. El primer día que la canté, no pareció tener mucho éxito. Al día siguiente, algunos niños la tarareaban tímidamente. Ahora es el éxito del verano: todos los niños de la escuela, incluidos los pequeños aprendices de delincuente de la clase de los mayores, se pasan el día cantando el tiburón. Llegan por la mañana y piden el tiburón. Se van a sus casas cantando el tiburón en brazos de sus sufridos padres. Cuando quiero que se porten bien, les digo que si me hacen caso, cantaremos el tiburón. Mientras comen, dibujan o escuchan un cuento, se les va la olla y se ponen a cantar el tiburón.

El tiburón es el Harry Potter de las canciones infantiles.

Al cabo de una mañana, canto el tiburón unas diez veces. Si en este verano voy a trabajar seis semanas, es decir: treinta días laborables, cuando termine habré cantado esa maldita canción unas trescientas veces.

Entre eso, la ronquera, la terrible ansiedad y la sospecha permanente de que tengo piojos, este verano está siendo una experiencia bastante límite.