massobreloslunes: 10/31/10

domingo, 31 de octubre de 2010

Así que acné. La verdad es que si pudiera elegir, elegiría no haberlo tenido nunca. No me ha impedido tener una vida plena, pero me ha causado bastantes problemas. No es sólo que te veas fea todo el rato, sino que el acné (especialmente la forma quística que estaba adoptando el mío en sus últimos tiempos) duele, pica y molesta mucho. No quieres mirarte al espejo. No quieres hacerte fotos. No quieres que te toquen la cara. No quieres ponerte crema, ni maquillaje. No te compras ropa bonita, porque de qué sirve si tu cara es así de fea. En fin, que no es agradable y ojalá no hubiera tenido que pasar por eso.

Pero también he aprendido.

Para empezar, sobre el sufrimiento. Soy una psicóloga meditadora, así que el sufrimiento es mi objeto de estudio. Cuando lo ves en ti misma, cuando ves cómo tu cuerpo y tu mente te atrapan en el dolor, tienes la oportunidad de volverte más comprensiva y compasiva acerca del dolor de los demás.

Recuerdo que cuando estaba realmente mal de la piel, solía caminar por la calle y hacer listas mentales de las cosas de la vida que son peores que el acné:
- El cáncer.
- La amputación.
- La muerte de los seres queridos.
- La tortura.

Etcétera. Pero eso no hacía que me sintiera ni un poco mejor. Hoy día, de hecho, creo que si no hubiera tenido acné, seguramente mi mente habría buscado otro tema para hacerme sufrir, porque la felicidad por comparación no existe. También he comprendido cómo algo que a los demás les puede parece una chorrada para ti se convierte en un mundo. Siempre hay que respetar el dolor ajeno, y eso es útil cuando el mismo día ves a un paciente a quien se le ha muerto el hijo y a otro a quien le ha dejado la novia.

Además he aprendido que ese sufrimiento es el que motiva al cambio. Por supuesto, uno puede quedarse atrapado en la misma cantinela día tras día. En el pobrecita yo, no tengo remedio, por qué tiene que estar pasándome esto a mí, etcétera, etcétera. Pero si tienes el ánimo fuerte, es en el sufrimiento, propio y ajeno, donde encuentras el coraje para seguir. Cuando tocas fondo haces lo que sea para subir a la superficie. Cuando evitas mirarte en los espejos porque te das penita, haces lo que sea para curarte (hasta paleodieta). Cuando empiezas a tomar consciencia de tu potencial dañino, hacia ti y hacia los demás, es cuando no te queda otro remedio que trabajar duro para erradicarlo.

Me arrepiento de muchas cosas. E igual que no me gustaría haber tenido acné nunca, me gustaría también no haberme hecho nunca daño ni habérselo hecho a los demás. Preferiría ser buena por naturaleza (y calmada, reflexiva, constante y consecuente). Sin embargo, el pasado no puede borrarse. Poco puedo hacer ya por eso. El único consuelo que me queda es que es mirando atrás donde encuentro la fuerza para seguir adelante. Que es llorando las pérdidas como comprendo de forma más profunda cómo funciono y cómo puedo acercarme a la verdad.
Que mi basura es el compost para que crezcan las flores.

Actualización: piel



Hace mucho tiempo que no hablo de mi acné del averno.

Resumiendo:

Fui al centro de estética aquel. Sufrí indecibles dolores físicos, padecimiento mental y descamación cutánea. Mi acné seguía igual (o peor) y la señora decía que nunca se había enfrentado a unas glándulas sebáceas como las mías. Lo dejé tras unos meses, bastante tocada económica y emocionalmente. Aprendí que no hay que creer en las beneficiosas casualidades del destino. Las cosas van pasando porque sí, por puro azar, y a veces no llegan para tu beneficio, sino que te joden la vida y punto.

Tomé otro ciclo de Roacután de 4 meses. Era el CUARTO, y los efectos secundarios fueron peores que nunca (dolor muscular, cansancio, eczemas). Mi acné se curó. Empecé a tomar la píldora y me mantuve estable unos meses. Luego decidí dejar de tomar la píldora y tuve otro brote.

Volví a tomar la píldora y fui al homeópata, que me mandó bolitas, suplementos y dieta de la Zona. Al mismo tiempo, fui al dermatólogo, que me mandó antiandrógenos. Mi acné empezó a mejorar, pero dado que dejé la homeopatía a las dos semanas porque en realidad me parece una patraña sin sentido, creo que fueron los antiandrógenos. De la dieta de la Zona pasé mil, porque estaba con el PIR y no tenía fuerza de
voluntad como para eso.

He estado bien aproximadamente un año (¡viva y bravo!). Entonces empecé a retener líquidos por culpa de la píldora con sus consiguientes desagradables efectos secundarios (celulitis, piernas cansadas, arañas vasculares y ganancia de peso). Fui al dermatólogo para preguntar si había conexión entre mi acné y mis hormonas. Me dijo que tenía que ir al ginecólogo. Fui al ginecólogo para preguntarle lo mismo. Me dijo que tenía que ir al dermatólogo.

En estos momentos de mi existencia, he dejado la píldora (y perdido tres o cuatro kilos) y estoy atacando la vía dietética. Llevo mucho tiempo en manos de médicos y han resultado ser, con todos mis respetos, unos completos inútiles. Así que me he puesto en serio con el tema de la alimentación y he dejado de comer, de momento:
- Lácteos.
- Cereales. Sí, también los integrales.
- Legumbres.
- Azúcar y derivados.
- Grasas vegetales refinadas.
- Comidas procesadas en general.
- Alcohol.
- Café, té, chocolate.

¿Qué como? Pues carne, pescado, verduras, frutas, marisco y huevo. Lo que se conoce últimamente en los círculos de nutrición friki como paleodieta (ponedlo en google, que paso de escribirlo). Quien piense que me estoy pasando o que es una dieta muy dura, sólo os diré que probéis con doce años de acné recurrente y me digáis si después tenéis o no ganas de hacer dieta.

Ahora mi cara está bastante bien y va camino de mejorar. Además, me siento mucho mejor de algunas de mis otras taras, como el cansancio crónico o los bajones de azúcar cercanos al desmayo a media mañana. Estoy muy contenta de estar consiguiéndolo por fin, después de haber intentado tantas cosas, y sin basura hormonal o química en mi cuerpo o sobre mi piel. Si mejoro y me mantengo, daré más detalles sobre la relación entre acné y dieta, como contribución al mundo de los pobres sufridores cutáneos.

Y bueno, este es un post previo a lo que yo realmente quería escribir hoy, así que seguiré más tarde.

Como colofón, una fotito de cómo está mi cara en estos momentos.